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Paro-EPA

"He trabajado de camarero, en una granja, de modelo... Todo 'en negro' y con contratos basura"

  • España es el segundo país de la UE con mayor tasa de temporalidad
  • Es el primero en cuanto a porcentaje de temporales involuntarios
  • Expertos y organismos internacionales alertan de la precariedad en el empleo

Por
Tablon con ofertas de empleo
EFE

El paro, en cifras

Tasa de paro: 23,67%

Paro femenino: 25,01%

Paro masculino: 22,53%

Paro juvenil: 52,39%

Hogares en paro: 1.789.400

Empleos creados: 151.000

Población activa: 22.931.700

Fuente: EPA tercer trimestre 2014

“Para cubrir gastos, hay que trabajar en lo que salga. Me da igual el lugar de España en el que trabajar: no tengo problema en moverme y en hacer lo que sea. He trabajado de camarero, de guardia de seguridad, en una granja, de modelo… Todo en negro y con contratos basura. Tuve un contrato de ayudante de camarero de seis horas a la semana, con el que hacía en realidad jornadas de 35 horas semanales; en otro me daban de alta dos meses y trabajaba diez… Nunca eran contratos de más de dos o tres meses”. Este testimonio de Ignacio, un sevillano de 36 años licenciado en Biología y becado en universidades de Brasil y Polonia, es solo un ejemplo de los millones de trabajadores que encadenan en España un contrato temporal tras otro.

En el mismo caso está Raúl, palentino, de 37 años y licenciado en Historia del Arte, que ha trabajado con contratos temporales de teleoperador, recepcionista de hotel o dependiente de tienda. También Marina, de 28 años y salmantina, licenciada en Bellas Artes y especializada en maquillaje de efectos especiales, que intercala empleos de camarera, cuidadora de niños y dependienta con trabajos ocasionales en su campo, muchas veces sin cobrar. O Laura (nombre ficticio, ya que desea mantener el anonimato), una licenciada en Historia que, a sus 52 años, encadena empleos temporales en bibliotecas con sueldos decrecientes y tareas que exceden lo contenido en contrato. Para huir del paro, la madrileña Lucía (también nombre ficticio) –con 38 años y formación profesional en artes gráficas- ha recurrido al autoempleo: vende panes y postres caseros y ecológicos a pequeñas colectividades.

Temporalidad por encima de la media europea

España es el segundo país de la UE con mayor tasa de temporalidad -el 23,4% en 2013-, solo por detrás de Polonia (26,8%) y muy por encima de la media europea (13,8% en ese mismo año), según los datos de Eurostat. En la última Encuesta de Población Activa, correspondiente al tercer trimestre, la tasa de temporalidad ha vuelto a repuntar hasta el 24,64%.

Además, la gran mayoría de esos empleos temporales son involuntarios. Según un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el mercado laboral español, el 91,7% de los trabajadores que tuvieron este tipo de contrato en 2013 se conformaron con él porque no había otra alternativa. Esa tasa marca un máximo, aunque –según ese mismo estudio- ya desde el año 2000, España ha tenido “constantemente” la tasa más alta de empleo temporal involuntario de la UE.

En el contexto actual, la temporalidad se ha convertido en sinónimo de precariedad laboral, pero como advierte el sindicato UGT en su informe Lo que no sabías sobre precariedad laboral, esa situación “tiene otras muchas facetas”: cuando no existen derechos laborales como los de formación o información; cuando la jornada de trabajo lleva implícita un exceso de horas sin reconocimiento ni compensación económica; cuando la empresa pone trabas a la promoción interna de sus trabajadores; cuando el desempeño del trabajo se realiza en una empresa donde las condiciones de trabajo no respetan lo pactado en el convenio colectivo, o cuando ni siquiera existe ese convenio.

Detrás de esa precarización está la recesión, que ha provocado “la destrucción de empleo asalariado, la caída del empleo en el sector público, el mantenimiento de los niveles de temporalidad o el impulso de la contratación parcial”, tal y como resume la Fundación 1 de Mayo en su último informe Diagnóstico y reflexiones sobre la precariedad en España.

Como cuenta Ignacio a RTVE.es, en el master en Sistema de Información Geográfica y Gestión de Espacios Naturales que cursó en la Universidad de Zaragoza, de los 22 alumnos que no tenían un trabajo previo, “solo dos pudieron conseguir un empleo al terminar: uno se fue a Alemania y cobra 600 euros al mes, y otro se fue a Cardiff, donde ha trabajado durante un año como pastelero mientras aprendía inglés. Yo ahora, hasta que empiece el frío, trabajo de camarero en un hotel-restaurante rural de Teruel”.

¿Mercado dinámico o precariedad laboral?

Algunas instituciones y economistas destacan que los cambios legales de los últimos años han creado un mercado laboral más dinámico, que puede permitir reducir la segunda tasa de paro más elevada de la Unión Europea (la primera es la de Grecia).

Así, el nuevo índice de dinamismo laboral (IDL) elaborado por Meta4 y el IESE muestra que, entre 2010 y 2014, la movilidad del empleo ha crecido un 33%, lo que ambos organismos interpretan como una señal de que “las empresas buscan una mayor flexibilidad en su plantilla” y que, “por lo tanto, puede estar mejorando la eficiencia y existen mayores posibilidades para las personas sin empleo”.

Sin embargo, en sus conclusiones también reconocen que puede ser “una muestra del aumento de la precariedad, con una rotación creciente de plantillas y escasa retención y formación de empleados”. Así, al estudiar la evolución de la tipología de los contratos en ese período, observan “que el aumento del IDL se debe principalmente al incremento de la rotación en los puestos temporales”.

Así, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, ha abogado en numerosas ocasiones por poner fin a la rígida dualidad del mercado laboral. En agosto de 2013, el empresario propuso retirar a los contratos indefinidos algunos de sus "privilegios" e incrementar los de los temporales. Rosell insistió entonces en que los contratos deben responder a las necesidades de las empresas. "Los contratos no deben ser los que nos gusten, sino los que podamos hacer en función de nuestras necesidades. Si tenemos que contratar por días, horas, meses o años... fantástico. Estamos en un mundo absolutamente flexible", defendió.

El todavía vicepresidente de esa misma patronal, Arturo Fernández, apuntaló esa idea poco después al pedir "más fórmulas de flexibilidad en la contratación". "Lo que hay que buscar es que si una empresa está en apuros, con fórmulas diferentes se puedan mantener los puestos de trabajo", añadió Fernández, quien ha apostado muchas veces por los llamados minijobs. "A un parado, si se le puede ofrecer un contrato de cuatro horas y sacarle de la listas del paro, pues es mejor que estar en el desempleo. Cualquier fórmula es mejor que estar en el paro, tenemos que buscar fórmulas alternativas, flexibles, para que el paro empiece a bajar", ha explicado.

Aumentan los contratos a tiempo parcial

Sin embargo, según destaca el sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.) en un estudio de 2013 sobre los efectos sobre el empleo de la última reforma laboral, se está produciendo un "la calidad del trabajo se está deteriorando gravemente", lo que “se manifiesta en una intensa sustitución de trabajo asalariado a tiempo completo por contratos a tiempo parcial; una situación no deseada, en la gran mayoría de los casos, por las personas, no solo por la reducción proporcional del salario sino porque, por desgracia, en nuestro país se concentran muchas prácticas irregulares en la jornada parcial”, resume ese mismo informe.

La tasa de parcialidad de los asalariados ha alcanzado el 16,2% en 2014 –casi cinco puntos más que en 2008-, con lo que casi dos millones y medio de trabajadores asalariados tienen una jornada parcial en 2014, según el estudio "La dinámica de la temporalidad en el mercado laboral español en las dos últimas crisis” de la Universidad de Valencia.

La jornada parcial está muy extendida en muchos países europeos, donde se utiliza para compatibilizar la vida laboral con otros intereses o para conciliar necesidades de la vida privada o familiar con el trabajo. Sin embargo, varios estudios hechos en España revelan que cerca del 70% de las personas con contrato a tiempo parcial lo tienen por la imposibilidad de acceder a uno de jornada completa.

Raúl lo puede asegurar por experiencia. Hasta 2010, pudo encontrar empleos de jornada completa, pero a partir de entonces, “solo he encontrado contratos a tiempo parcial. Siempre estoy intentando encontrar algo a tiempo completo, pero no hay oferta”.

“En el último año, he trabajado en dos tiendas en el centro de Madrid y, últimamente, desde el verano, ha habido pocos clientes y poco gasto. Claramente peor que en 2013. Así que, en los últimos meses, he tenido dificultades para cobrar. Una de las tiendas la he dejado y, en la otra, mantengo un contrato de entre 15 y 20 horas semanales, por 400 euros mensuales, aunque esa cantidad a veces es mayor porque cubro las libranzas de la dueña y me paga las horas aparte”, explica el palentino a RTVE.es.

Para la OIT, ese empleo a tiempo parcial involuntario “ha pasado a ser un problema más apremiante en España a raíz de la crisis de 2008”. Según sus cifras, la proporción de trabajadores a tiempo parcial que preferirían tener un empleo de jornada completa ha aumentado del 36% al 63,3% entre ese año y 2013, mientras que en la UE la media era del 29,6% el año pasado, solo 4 puntos porcentuales más que al inicio de la crisis.

Jornadas ilegales y otras irregularidades

Ese aumento de la parcialidad convive con el mantenimiento de jornadas ilegales, es decir, las que superan las 42 horas semanales. Según los datos de CC.OO., en España había en 2013 más de un 1,3 millones de personas asalariadas con esas jornadas rebasan el límite legal, lo que supone el 12,2% de los asalariados en el sector.

“En 2013 se detecta una reducción de las horas totales de trabajo en las jornadas legales a tiempo completo y un incremento del número de horas en las jornadas parciales, horas extraordinarias e incluso las jornadas ilegales”, asegura este sindicato.

Lucía sufrió esas jornadas durante los años que trabajó como diseñadora y directora de arte en una agencia de publicidad. “Trabajaba muchas horas y parte de ellas, me las pagaban en negro. Mi sueldo era alto e intentaron forzarme a que me fuera: dejaron de pagarme las horas extra y, al final, no me pagaban nada, mientras el resto de empleados sí cobraba. Se pasaban meses sin abonarme la nómina y, cuando estaba a punto de llegar el momento en que podía denunciarlos, me pagaban medio mes, o un mes”, relata a RTVE.es.

Al final, Lucía fue despedida, pero no recibió indemnización porque la empresa cerró y aún está esperando cobrar del Fogasa. Ahora, después de más de dos años sin encontrar ningún empleo en su especialidad de artes gráficas, ha montado un pequeño negocio de cocina ecológica.

También es la realidad vivida por Marina durante una estancia en A Coruña. “Allí, primero tuve un contrato como camarera de 4 horas, pero trabajaba 12. Cotizaba como 4 horas y las horas extra las cobraba, aunque menos de lo que habría correspondido”, cuenta a RTVE.es.

Pero sus mayores problemas llegaron después, cuando trabajó en una heladería de esa misma ciudad. “Firmé un contrato de formación de 5 horas durante 5 días a la semana. El resto de horas hasta 9 diarias debían ser cursos o estudios. El dueño me dijo que, por esas 9 horas diarias me pagaría 800 euros. Al final, trabajé la mayoría de los días más de 10 horas, no recibí formación y hice más tareas de las que me dijeron, y se negó a pagarme lo acordado porque dos o tres días cerré antes de llegar a las nueve horas porque no había nadie”, recuerda la salmantina.

Acudió a un sindicato y denunció su situación: “Conseguí que me cambiara el contrato y que reconociera las horas hechas, al hacer el cálculo, tenía que pagarme más de 2.700 euros. Al final, acordamos que me pagara 2.000 euros porque me había pagado por adelantado un mes. Además, fueron dos inspecciones de trabajo y le multaron por la situación en la que tenía a todos los trabajadores -casi todos eran más jóvenes que yo-, pero no les cambió las condiciones”.

La precariedad y los abusos castigan mucho a los más jóvenes, pero cada vez más, se extiende también a colectivos de mayor edad.

Laura, de 52 años, trabaja los sábados con un contrato fijo de auxiliar de biblioteca en un centro municipal donde la plantilla se ha reducido a la mitad desde el comienzo de la crisis. La misma empresa que cubre ese servicio mediante una externalización, la ha contratado durante unos meses para realizar catalogaciones de material de archivo en una gran biblioteca, de lunes a viernes. “Me han ofrecido hacer ambos trabajos, lo que supone trabajar de lunes a sábado, por un sueldo de 1.000 euros mensuales, pero hasta ahora me han pagado menos”, explica a RTVE.es.

No prima la calidad del trabajo hecho, sino quién lo haga más barato”, constata esta historiadora metida a bibliotecaria por vocación, que ve muy difícil que su situación laboral mejore.

Reducción del sector público

En esta situación del mercado laboral ha influido mucho lo ocurrido en el sector público.

Según explica el estudio sobre la temporalidad de la Universidad de Valencia, entre 2008 y 2011, la destrucción de empleo se concentró en el sector privado y el empleo temporal –que redujo un 26% en esos tres años- y “el sector público experimentó un efecto compensador creando empleo neto”.

Sin embargo, a partir de 2011, “la destrucción de empleo en el sector privado baja de intensidad, pero se concentra en el empleo indefinido, y se añade la significativa caída del empleo público, tanto temporal (204.500) como indefinido (142.600)”.

“El creciente recurso a externalización y subcontrataciones en las actividades más propias del sector público, así como drásticas reducciones en la intensidad y calidad de estos servicios y el predominio en su gestión de la lógica privada del beneficio contable y la eficiencia a corto plazo, incidiendo particularmente en la gestión de la fuerza de trabajo (reducciones de plantilla, precarización, degradación de las condiciones de trabajo, etc.)” explican para los autores de este informe valenciano la irrupción de la precariedad en un campo que se había mantenido relativamente al margen hasta ahora.

Más trabajadores pobres y falsos autónomos

La conjunción de todos estos procesos ha provocado un fuerte aumento de lo que se denomina trabajadores pobres, que pone en evidencia que el hecho de tener empleo ya no es garantía para acceder a unas condiciones de vida dignas, según el último estudio sobre precariedad de la Fundación 1 de Mayo.

De acuerdo con los últimos datos disponibles de la Comisión Europea, en 2012 se produjo un incremento de la pobreza laboral, que alcanzó el 12,3%, lo que mantuvo a España como el tercer país con una pobreza más alta entre los trabajadores, únicamente superado por Rumanía (19,1%) y Grecia (15,1%).

También preocupa a la OIT el repunte en España del número de “trabajadores autónomos económicamente dependientes”, los denominados TRADE o falsos autónomos, que –según sus datos- creció un 33% entre el cuarto trimestre de 2010 y el mismo período de 2013.

Los trabajadores autónomos económicamente dependientes son personas autoempleadas que dependen de un solo cliente, del que obtienen un mínimo del 75% de sus ingresos.

Según la Organización Internacional del Trabajo, “es difícil estimar la magnitud exacta del problema en España porque no se han recogido cifras relativas a este fenómeno de manera sistemática”. El INE ha incluido algunas preguntas en la Encuesta de Población Activa (EPA) para tratar de medir su número, pero esos registros no son accesibles al público. Además, la obligación legal desde 2009 de formalizar un contrato entre el autónomo dependiente y su principal cliente ha producido cifras que no corresponden a la realidad de esta práctica, ya que hasta diciembre de 2013 solo se habían registrado 13.000 de estos contratos.

Un riesgo para la economía del país

Como resultado de todas estas situaciones de precariedad, “las trayectorias laborales están cada vez más marcadas por la ausencia de perspectivas de progreso, interrupciones y rupturas”, advierte la Fundación 1 de Mayo.

“La incertidumbre se está convirtiendo en una sensación que impregna cada vez más vidas de trabajadoras y trabajadores, en un contexto en el que la posibilidad de tener que hacer frente a situaciones adversas es cada vez mayor, los costes son mayores y la capacidad de hacerles frente y superarlas es menor”, alerta esta institución.

Ése es el sentimiento que resume Ignacio, que ve muy difícil lograr un trabajo estable que corresponda a sus expectativas vitales. “Tengo la sensación de que en los próximos tres o cuatro años, se buscará gente más joven y para gente más preparada y más mayor, como yo, será más difícil encontrar un trabajo. Creo que estoy muy preparado en cuanto a formación, pero para acabar de sentirme preparado en lo mío, me falta trabajar… Pero al mismo tiempo, tengo que buscarme la vida para pagar gastos y poder pagarme más formación. Por eso, he echado mi curriculum en todas partes, hasta en una tienda de frutos secos… A mi edad, te entra la prisa, sientes un desasosiego… Te empiezas a preguntar qué pasa, algo falla. Y lo único que necesitas es trabajar”.

Pero, según la OIT, esos impactos a nivel personal tienen consecuencias también en la economía del país. “El crecimiento económico no será sostenible si se basa en condiciones de trabajo pobres e inseguras, salarios reprimidos, en un aumento en el número de los trabajadores pobres, y en un incremento de las desigualdades. Por el contrario, el proceso de desarrollo se verá favorecido a través de la puesta en marcha de políticas e instituciones que ayuden a crear más y mejores empleos”.

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