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Hollande usa los eurobonos para robar el liderazgo a Merkel y quebrar el eje franco-alemán

  • El líder francés logra que los 27 y los medios se centren en su agenda
  • Se cuidó en marcar distancias con Merkel, con la que no se reunió previamente
  • Hace gestos para acabar con el monopolio de poder de Francia y Alemania
  • Sus propuestas de crecimientos fueron en parte aceptadas por la canciller

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Los eurobonos se interponen entre Merkel y Hollande

Para alguien que se hace llamar el "presidente normal", los gestos valen más que las palabras, más aún cuando tiene que hacer su debut en el escenario del que ha sido uno de los ejes principales de su campaña: la Unión Europea.

La forma en la que se desplazó a Bruselas -en un discreto tren de alta velocidad frente al lujoso jet de Sarkozy- y la persona con la que viajó en ese tren, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, no fueron casual.

Tampoco lo fue que no siguiese la tradición y renunciase a mantener ningún encuentro previo con Alemania para consensuar una postura ni que en las imágenes previas al comienzo  de la reunión guardase una prudente distancia con la canciller Ángela Merkel, que había empezado a perder la batalla del liderazgo nada más bajarse de su limusina.

"Los eurobonos no contribuirán al crecimiento de la zona euro", respondía la líder alemana tratando de reiterar que el tema no estaba encima de la mesa del encuentro de los líderes de los jefes de estado y de gobierno de los 27 convocado por el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy.

Minutos antes, Hollande predecía con total exactitud lo que iba a pasar durante las cinco horas siguientes en la sala de reuniones del Consejo Europeo: "Los eurobonos forman parte del debate".

Uno tras otro, los líderes europeos fueron desgranando su postura acerca de las euroobligaciones, como si el tema de la cumbre europea fuese realmente la emisión de deuda conjunta y no la articulación de políticas de crecimiento para sacar a la Unión Europea de la recesión económica en plena cura de austeridad alemana entre el clamor de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el G-8 y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la creciente impaciencia de Estados Unidos, que ve peligrar su recuperación económica.

Dicen los que estuvieron dentro de la sala donde durante cinco horas que se extendió el debate que Hollande fue de los que menos habló y pasó buena parte de su tiempo escuchando y asintiendo a los argumentos de su nuevo 'socio' en el panorama europeo, el prime ministro italiano, Mario Monti.

Sabía que su momento estelar llegaría a la salida, ante la prensa.

Merkel, en papel secundario

Su comparecencia -esta vez muy larga, alrededor de una hora- fue seguida por filas y filas de periodistas.  Mientras, en una sala anexa, Ángela Merkel se limitaba a leer un comunicado en el que constataba sus diferencias con Hollande sobre los eurobonos y apenas respondía un par de preguntas.

"Parecía casi como si estuviese feliz de ceder el escenario a Hollande sin luchar", ha considerado el semanario Der Speigel que, como el resto de la prensa alemana, ha constatado que la cumbre del miércoles fue la primera en mucho tiempo en la que Merkel no fue protagonista.

"Es la primera cumbre europea desde hace años que no está dominada por Merkel", añade el semanario, que considera que Hollande eligió de manera específica el tema de los eurobonos como tema central de la cumbre para "desafiar" a la canciller.

"Hollande fija la agenda europea", añade Die Zeit,  mientras que el populista Bild considera que en la disputa de los eurbonos Francia y Alemania "han marcado el territorio".

En realidad, como señala Liberation, más allá de los árboles de los eurbonos, el 'bosque' del pacto de crecimiento parece más despejado, más aún teniendo en cuenta que la mayoría de países, incluida Alemania, aceptan las propuestas del memorándum que Hollande anunció que enviará a las cancillerías europeas en campaña electoral.

Entre ellos, el empleo de fondos estructurales para reactivar la economía, el lanzamiento de los eurobonos de proyectos o el aumento del capital del Banco Europeo de Inversiones para ayudar a los países en problemas.

Acuerdos ensombrecidos

Todos estos asuntos forman parte del paquete de crecimiento que se aprobará en junio y que, a juicio de Van Rompuy, sirven para asentar "una nueva etapa" de la unión monetaria.

Más aún, uno de sus elementos recurrentes de campaña y el que más molestaba a Merkel, el de la posible renegociación del Pacto Fiscal para incluir el crecimiento, pasó completa -y sospechosamente- desapercibido.

Estos acuerdos quedaron eclipsados por los eurobonos de manera consciente por Hollande, que si bien en su memorándum no colocaba este asunto en primer plano, en la última semana lo ha rescatado como elemento decisivo para salir de la crisis.

La clave está, en buena medida, más en los gestos que en el fondo. 

Hollande ha confesó que es consciente que los eurobonos es una soluación a medio y largo plazo debido a que exige un cambio de los tratados.

Sin embargo, insistió en sus diferencias con Merkel, que considera que los eurobonos servirán para mutualizar la deuda y desanimar a hacer reformas a los países en problemas.

"Yo tengo otra concepción. Son la ocasión de mutualizar una deuda no pasada sino futura,  para que los países puedan acceder más fácilmente a la financiación en el mercado", recalcaba.

Luego, modulaba su mensaje y destacaba que no fue precisamente Merkel la que más se opuso a su propuesta, evocando un fuerte debate interno en el que reservó el papel combativo al primer ministro italiano, Mario Monti, que constató que "una mayoría de países" apoyaron las euroobligaciones.

Los eurobonos, para acabar con 'Merkozy'

Mientras, Hollande se limitó a expresar su sorpresa por lo mucho que se extendían algunos líderes europeos en sus intervenciones.

"Algunos expresaron sus ideas en unos pocos minutos, otros se tomaron un pedazo de la noche", observó divertido, para luego recalcar: "Eso es respetar la soberanía. Cada país debe ser escuchado".

En realidad, ése fue su mensaje central tras la cumbre, más allá de sus propuestas sobre la banca -consensuadas con Monti- y su apoyo explícito a Grecia para que reciba fondos estructurales que ayuden al crecimiento.

"La relaciones con Alemania son muy importantes pero no quiero dejar a los otros países a distancia. Quiero que Francia sea escuchada y apoyada por otros países. No quiero que mi relación con Alemania sea como la de un consejo de administración que se impone a los demás", señalaba a los periodistas en el tren de camino a Bruselas.

Uno de los asesores que le acompañaba aclaraba aún más las palabras de su jefe a la agencia Reuters: "No cree en el duopolio. No intenta sustituir a 'Merkozy' con 'Merkollande'. Quiere que su alianza esté ahí para servir al resto de Europa".