Osvaldo Canales es periodista y presentador de Hispantv, un medio iraní en lengua española.
En una entrevista con La Tarde en 24 horas, ha explicado qué supone trabajar en medio de un conflicto como el que vive el país persa. "Uno entra en una especie de alerta, pero no puedes perder el norte. Tienes que buscar la forma de proteger tu vida para continuar trabajando", ha aseverado.
En una guerra cada uno de los bandos trata de ganar también la batalla del relato y hacen llegar a los periodistas la información que les conviene, para ocultar lo que no quieren que trascienda, como por ejemplo, los daños que causa el enemigo, las víctimas civiles o los soldados caídos en combate.
Sobre este eje gira la censura militar de Israel, la que condiciona lo que RTVE puede contar. Se puede enseñar el lugar donde ha caído un misil, pero solo si es un edificio civil, no una base militar o un edificio gubernamental que pudiera estar cerca. Para Israel es información sensible que puede amenazar su seguridad o poner al descubierto el éxito del enemigo.
Un ejemplo más claro: está prohibido identificar con imágenes dónde están situadas las baterías antiaéreas que interceptan los misiles de Irán.
En Israel los periodistas pueden trabajar solos. En Irán, nunca van por su cuenta y les acompaña un fíxer, un local, que cuenta con el visto bueno del régimen iraní. Siempre es así, pero en tiempos de guerra, las restricciones de movimientos son mayores. No se puede grabar sin permiso, ni retransmitir en directo imágenes de las calles. Es la oficina de medios quien informa de los lugares atacados, a los que se puede ir.
Ganaron el Óscar el año pasado con A la sombra del ciprés, un corto minimalista sin diálogos, palabras que los iraníes Hossein Molayemi y Shirin Sohani no escatiman en su faceta de activistas. "No podíamos quedarnos callados", nos cuentan desde Los Ángeles. Enumeran los miles de muertos, amputados y detenidos, muchos condenados a muerte, que han dejado las últimas protestas. Ante la falta de respuesta, piden la ayuda de Estados Unidos. Para liderar la transición, confían en Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha. Un camino en el creen que no hay que negociar con el régimen. Su misión, insiten es alzar la voz por todos los que están silenciados en Irán.
Entre ráfagas de un viento racheado, violento, Shai Carmeli-Pollak, nos cita frente al mar, en Israel. Es el mar al que quiso llegar el protagonista de su película: un niño palestino, de Cisjordania.
La suya es una historia sencilla que retrata, sin pretensiones, la falta de libertades, incluida la de movimientos.
Un sistema retorcido, resume el cineasta israelí, de discriminación, de un apartheid que el Gobierno hebreo no quiere enseñar. Mejor película del año para la Academia de Cine de Israel. Para el ministro de Cultura, un insulto al Ejército y al Estado, merecedor de un recorte de ayudas al cine todavía por concretar. Pero con un efecto inmediato: la autocensura. Los cineastas, dice, se lo pensarán dos veces antes impulsar proyectos críticos, porque se exponen a ataques y problemas de financiación.
Y luego están esas películas que son casi imposibles de ver en Israel. Hace unas semanas la policía interrumpió la proyección de una de ellas, Palestina 1936, en un centro cultural, esgrimiendo razones de orden público. No puede verse en Jerusalén, sí algunos cines de la Cisjordania ocupada, lejos de los ojos de población israelí.
Fede Cardelús y Edith Rodríguez, vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras, repasan los 30 años de la organización en España y analizan el contexto actual del periodismo en el mundo.
Diego Rosales es un fotoperiodista de El Salvador que lleva años tratando temas de la actualidad política y social en su país. Él y su familia están acusados por la justicia salvadoreña de supuestos delitos de hurto por medios informáticos y asociaciones ilícitas. Hace unas semanas fue detenido por las autoridades españolas en virtud de una orden de Interpol. Reporteros sin Fronteras se ha puesto a trabajar para impedir que sea extraditado. Hablamos con Alfonso Bauluz, presidente de RSF y Diego Rosales.
El presidente de Estados Unidos ha dado un nuevo paso en la presión a Irán: impone un gravamen del 25% a cualquier país que haga negocio con Teherán. Su objetivo es presionar al régimen de los ayatolás para que detengan la represión de las protestas.
Foto: Colaborador/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS
La libertad de prensa atraviesa un momento crítico en todo el mundo, pero, especialmente, en América Latina. Según el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025 de Reporteros Sin Fronteras (RSF), todos los países de la región enfrentan situaciones problemáticas, difíciles o muy graves. En concreto, Nicaragua, Cuba y Venezuela se encuentran entre los más afectados, mientras que México, Colombia y Perú destacan por la violencia, el acoso y la criminalización de periodistas, a pesar de ser democracias consolidadas. Entrevistamos a Elena García, portavoz de RSF Internacional, para analizar estas tendencias preocupantes y la relación entre los ataques verbales a la prensa y el auge del populismo y la extrema derecha.
En Italia, un magnate griego pretende hacerse con La Stampa y La Repubblica, los dos periódicos más críticos con el gobierno de Giorgia Meloni. El empresario que quiere comprarlos, afín al presidente de EE.UU. Donald Trump, estuvo en la cena de gala que el presidente organizó hace unos meses en Catar.
La libertad de expresión retrocede en el mundo, ante el hostigamiento al periodismo. Es la principal conclusión del informe de la UNESCO 'Tendencias mundiales, periodismo: configurando un mundo en paz 2022/2025'.
Y ha aumentado la violenciafísica contra reporteros. Según el informe, entre 2022 y 2025 un total de 185 periodistas fueron asesinados en contexto de conflictos, aunque ha habido una muerte más desde su publicación y ya son 186. Es un aumento del 67 % respecto a los cuatro años anteriores.
También crece la autocensura entre los reporteros: periodistas que 'se contienen' a la hora de reportar temas conflictivos como, la corrupción, por miedo a represalias.