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Los efectos de la guerra en Irán ya empiezan a notarse en el bolsillo del consumidor. El origen de las subidas está en el encarecimiento del gas y el petróleo, que repercute en las materias primas, y no parece que el escenario vaya a mejorar.

¿Podemos pensar en un techo para los precios? Una referencia podría ser lo que pasó durante la guerra en Ucrania. Con el barril de Brent a 137 dólares y el gas en el mercado europeo a 300 euros el megavatio/hora. Aunque ahora estamos lejos de esos niveles, el bolsillo de los ciudadanos encara las nuevas subidas muy tocado.

En algunos negocios ya notan que el consumo ha descendido desde el inicio del conflicto. Una disminución del consumo que unida al alza de la inflación podría provocar un shock económico.

El BCE ya alerta sobre el alza de los precios y sube siete décimas, hasta el 2,6%, sus previsiones de inflación para este año en la eurozona. Porque aunque la guerra acabara mañana tardaríamos semanas en notar la bajada de los precios.

Foto: Getty Images

Noche complicada para Israel, la peor desde que comenzó la guerra. Hay una víctima mortal en el norte del país. Y en el sur, más de un centenar de personas han resultado heridas en dos ataques iraníes, según las autoridades. Uno de ellos en esta zona residencial de la ciudad de Arad. El presidente israelí, el primer ministro y parte de su gabinete han visitado la zona: "Estamos aplastando al enemigo, aunque queda trabajo por hacer", ha reconocido Benjamín Netanyahu.

A solo 30 kilómetros de allí, en Dimona, otro misil impactó unas horas antes. Estos dos bombardeos que ha lanzado Irán sobre el sur de Israel cercan un punto clave: Négev, su principal instalación nuclear. Oficialmente es un centro dedicado exclusivamente a la investigación, pero desde hace décadas se da por sentado que Israel desarrolla ahí armamento nuclear.

Teherán ha confirmado que es su respuesta al ataque de este sábado sobre la central de Natanz, vital para su programa nuclear. Culpa a Israel, que se desvincula, y a Estados Unidos, que eleva la presión. Donald Trump ha dado un ultimátum. Golpeará las centrales eléctricas iraníes si Teherán no abre totalmente el estrecho de Ormuz en 48 horas. Pero Irán, lejos de doblegarse, amenaza con causar daños irreversibles a la infraestructura crítica de toda la región, que, además, sigue recibiendo ataques. Los últimos, en Irak, Emiratos Árabes y Arabia Saudí.

Foto: EFE / Magda Gibelli

Esto es el Líbano: Israel ha atacado este domingo un puente que comunica una región del sur con el resto del país. Israel asegura que va a volar todos los puentes sobre el río Litani porque, dice, son utilizados por Hizbulá.

Además, va a acelerar la destrucción de viviendas en el sur del país con el objetivo de evitar el aprovisionamiento de Hizbulá.

Foto: KAWNAT HAJU / AFP

Detrás de la guerra en Oriente Medio, hay otra guerra que no se ve: la de la dictadura iraní contra su pueblo. El régimen ha bloqueado Internet y amenaza por televisión: "Tenemos el dedo puesto en el gatillo". "Hay orden de disparar contra cualquiera que diga algo a favor del enemigo".

"Me da mucha rabia esa demostración de debilidad, no es otra cosa más". Behruz es iraní y no puede volver a su país. Quienes opinan contra el régimen corren peligro. "Os cogeremos del cuello. Confiscar propiedades será lo mínimo, vuestras madres harán luto".

Las amenazas llegan también por SMS como este: los que generen caos serán tratados como soldados israelíes, es decir, pueden ser ejecutados. Roya nos atiende desde su exilio en Estados Unidos. Su ONG denuncia que el régimen no utiliza los SMS para avisar de las bombas, pero sí para amenazar. Quieren evitar protestas, en enero solo pudieron pararlas con una masacre, explica.

Las reuniones públicas están prohibidas, mientras el régimen organiza eventos propagandísticos. La gente tiene miedo de las bombas, pero también de que paren las bombas y el mundo los deje solos con este régimen cruel, que acaba de ejecutar a tres jóvenes por participar en las protestas.

Foto: Majid Asgaripour / WANA

Un misil lanzado desde Irán ha impactado este sábado en Dimona, en el sur de Israel, ciudad donde se ubica el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, la principal instalación nuclear israelí. Las sirenas antiaéreas sonaron a las 19.07 hora local, tras lo cual se registraron varios impactos en la zona.

El ataque ha dejado al menos 47 heridos, la mayoría de ellos de carácter leve, aunque un niño de 10 años ha resultado herido de carácter grave por las esquirlas y hay una mujer en estado moderado, según el servicio de emergencias de la Estrella de David Roja (Magen David Adom). Los servicios médicos han atendido principalmente casos de caídas de personas que corrían hacia los refugios y a personas con ansiedad por los ataques.

En un segundo ataque en la localidad de Arad, también en la región del Néguev, al menos 75 personas han resultado heridas, entre ellas 10 en estado grave, incluida una niña de 4 años, y 13 moderados.

Israel posee armamento nuclear desarrollado a partir del uranio enriquecido en Dimona, aunque oficialmente nunca lo ha reconocido, siendo la única potencia nuclear de la región de Oriente Próximo.

La televisión estatal de Irán ha informado que este ataque sobre Dimona es una "respuesta" al ataque "enemigo" contra el centro de enriquecimiento de uranio de Natanz.

"El complejo de enriquecimiento Shahid Ahmadi Roshan de Natanz fue atacado esta mañana", ha informado la Organización de Energía Atómica de Irán (OEAI) en un comunicado recogido por la agencia IRNA.

La organización ha asegurado que, tras la realización de evaluaciones técnicas y especializadas en el área del complejo, no se ha detectado la liberación de materiales radiactivos. "No hay constancia de ninguna fuga de materiales radiactivos en este complejo y no existe ningún peligro para los residentes de las zonas cercanas a este sitio".

Por otra parte, Irán ha lanzado en la madrugada del viernes al sábado dos misiles contra la base Diego García, de utilización conjunta entre Estados Unidos y Reino Unido, situada en el océano Índico, aunque ninguno de los dos proyectiles ha logrado impactar contra el complejo militar.

El intento, con una separación de 4.000 kilómetros entre Irán y la base, muestra la capacidad de alcance del armamento iraní. Hasta el momento, Irán había desvelado un abanico de misiles con un rango máximo de entre 2.000 y 2.500 kilómetros de alcance. Uno de los misiles ha fallado en pleno vuelo y el otro ha sido interceptado por un buque de la Armada estadounidense.

El Ramadán ha terminado. La Gran Mezquita de Mosalá, en Teherán, está repleta de fieles. Los que no caben, rezan en la explanada o en la vía de acceso. Llegar hasta el templo es una carrera de obstáculos para un equipo de prensa extranjera, aunque cuente con todos los permisos. Dentro rezan algunos cargos del Gobierno. No asisten ni el presidente ni el líder supremo.

"Todos los años, en el fin del ayuno, escuchábamos el mensaje del ayatolá. Pero, por desgracia, ahora es un mártir de esta guerra", dice un hombre con nostalgia. La iconografía de Mojtaba Jameneí ha encontrado pronto su hueco. Los iraníes deben conformarse con su foto, porque no ha aparecido en público desde que fue nombrado el 8 de marzo. Nadie lo ha visto, pero sí han interiorizado su discurso triunfalista.

Foto: ABEDIN TAHERKENAREH/EFE

La batalla por Ormuz se recrudece. Su cierre asfixia la economía mundial y Donald Trump necesita reabrirlo para proclamarse vencedor.

A la zona se dirigen ya otros 5.000 infantes de Marina y seis buques. Un refuerzo militar que contradice su supuesta intención de reducir operaciones.

Según encuestas, el 65% de estadounidenses creen que prepara una acción terrestre. Ya sea desembarcar en la costa para eliminar lanzaderas de misiles o tomar la isla de Jark, por donde Irán exporta su petróleo. Sería un duro golpe para el régimen de los ayatolás, pero con riesgo de disparar las bajas. Por eso la gran mayoría en EEUU lo rechaza.

Hasta ahora, la guerra Estados Unidos e Israel la libran a distancia. Y así están protegidos por su superioridad tecnológica. Una vez que uno mete barcos en el Estrecho de Ormuz, esa distancia desaparece.

Trump tampoco encuentra apoyo internacional. Reino Unido le autoriza a usar sus bases para lanzar ataques, pero, como el resto de aliados, solo desplegará barcos si cesan los combates.

El estrecho de Ormuz no puede ser liberado sin ganar la guerra o sin que la guerra termine con algún tipo de acuerdo. Irán ofrece una alternativa: dejará pasar buques de Japón y otros países, si se coordinan con Teherán. Para aliviar la crisis energética, Trump vuelve a sorprender. Como ya hizo con el petróleo ruso, autoriza temporalmente a comerciar con el crudo iraní que ya esté en alta mar.

Foto: EFE / Tasnim News