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Aunque la psicopatía suele asociarse con criminales extremos, algunos expertos advierten de que estos perfiles también están presentes en la vida cotidiana y en posiciones de poder. Analizamos qué define realmente a un psicópata, su grado de responsabilidad sobre sus actos y cómo ciertos rasgos pueden incluso favorecer el ascenso en ámbitos como la política. Además, profundizamos en un caso concreto: el del presidente de EE.UU., Donald Trump. Lo hacemos de la mano de a Vicente Garrido, catedrático de Criminología de la Universidad de Valencia y autor de El psicópata integrado.

También hablamos de Cuba, tras el séptimo apagón nacional en año y medio; de las conversaciones entre Honduras y EE.UU. para poner coto al crimen organizado; o de las aclaraciones del presidente colombiano Gustavo Petro, tras su acusación.

Noche complicada para Israel, la peor desde que comenzó la guerra. Hay una víctima mortal en el norte del país. Y en el sur, más de un centenar de personas han resultado heridas en dos ataques iraníes, según las autoridades. Uno de ellos en esta zona residencial de la ciudad de Arad. El presidente israelí, el primer ministro y parte de su gabinete han visitado la zona: "Estamos aplastando al enemigo, aunque queda trabajo por hacer", ha reconocido Benjamín Netanyahu.

A solo 30 kilómetros de allí, en Dimona, otro misil impactó unas horas antes. Estos dos bombardeos que ha lanzado Irán sobre el sur de Israel cercan un punto clave: Négev, su principal instalación nuclear. Oficialmente es un centro dedicado exclusivamente a la investigación, pero desde hace décadas se da por sentado que Israel desarrolla ahí armamento nuclear.

Teherán ha confirmado que es su respuesta al ataque de este sábado sobre la central de Natanz, vital para su programa nuclear. Culpa a Israel, que se desvincula, y a Estados Unidos, que eleva la presión. Donald Trump ha dado un ultimátum. Golpeará las centrales eléctricas iraníes si Teherán no abre totalmente el estrecho de Ormuz en 48 horas. Pero Irán, lejos de doblegarse, amenaza con causar daños irreversibles a la infraestructura crítica de toda la región, que, además, sigue recibiendo ataques. Los últimos, en Irak, Emiratos Árabes y Arabia Saudí.

Foto: EFE / Magda Gibelli

Un misil lanzado desde Irán ha impactado este sábado en Dimona, en el sur de Israel, ciudad donde se ubica el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, la principal instalación nuclear israelí. Las sirenas antiaéreas sonaron a las 19.07 hora local, tras lo cual se registraron varios impactos en la zona.

El ataque ha dejado al menos 47 heridos, la mayoría de ellos de carácter leve, aunque un niño de 10 años ha resultado herido de carácter grave por las esquirlas y hay una mujer en estado moderado, según el servicio de emergencias de la Estrella de David Roja (Magen David Adom). Los servicios médicos han atendido principalmente casos de caídas de personas que corrían hacia los refugios y a personas con ansiedad por los ataques.

En un segundo ataque en la localidad de Arad, también en la región del Néguev, al menos 75 personas han resultado heridas, entre ellas 10 en estado grave, incluida una niña de 4 años, y 13 moderados.

Israel posee armamento nuclear desarrollado a partir del uranio enriquecido en Dimona, aunque oficialmente nunca lo ha reconocido, siendo la única potencia nuclear de la región de Oriente Próximo.

La televisión estatal de Irán ha informado que este ataque sobre Dimona es una "respuesta" al ataque "enemigo" contra el centro de enriquecimiento de uranio de Natanz.

"El complejo de enriquecimiento Shahid Ahmadi Roshan de Natanz fue atacado esta mañana", ha informado la Organización de Energía Atómica de Irán (OEAI) en un comunicado recogido por la agencia IRNA.

La organización ha asegurado que, tras la realización de evaluaciones técnicas y especializadas en el área del complejo, no se ha detectado la liberación de materiales radiactivos. "No hay constancia de ninguna fuga de materiales radiactivos en este complejo y no existe ningún peligro para los residentes de las zonas cercanas a este sitio".

Por otra parte, Irán ha lanzado en la madrugada del viernes al sábado dos misiles contra la base Diego García, de utilización conjunta entre Estados Unidos y Reino Unido, situada en el océano Índico, aunque ninguno de los dos proyectiles ha logrado impactar contra el complejo militar.

El intento, con una separación de 4.000 kilómetros entre Irán y la base, muestra la capacidad de alcance del armamento iraní. Hasta el momento, Irán había desvelado un abanico de misiles con un rango máximo de entre 2.000 y 2.500 kilómetros de alcance. Uno de los misiles ha fallado en pleno vuelo y el otro ha sido interceptado por un buque de la Armada estadounidense.

El uso de las bases está regulado en un convenio de 1988 entre Estados Unidos y España. Se ha ido ampliando y renovando, en su última fase, año a año. Su siguiente vencimiento sería a finales de mayo. La posición del Gobierno desde el principio de la guerra en Irán ha elevado la tensión en las relaciones con Trump, que este viernes se mostró abierto a plantearse una retirada no solo de esas bases de Rota y de Morón, sino también de las de otros aliados que no colaboren en el estrecho de Ormuz. El Gobierno ya le ha contestado: "Hay que respetar la posición española y, desde luego, no podemos aceptar ningún tipo de injerencias en lo que es un compromiso firme e inequívoco con la paz".

Lo enmarcan en una "reflexión" de Trump. No hay un planteamiento expreso, dicen, por lo que piden cautela. Las bases se tienen que usar, afirman, en el marco del convenio, "no para una guerra ilegal". Mientras tanto, Podemos insiste en que se saque al Ejército norteamericano de nuestro país.

Y Junts asegura que la posición del Gobierno es más por intereses electorales.

Foto: REUTERS / Nacho Doce

La batalla por Ormuz se recrudece. Su cierre asfixia la economía mundial y Donald Trump necesita reabrirlo para proclamarse vencedor.

A la zona se dirigen ya otros 5.000 infantes de Marina y seis buques. Un refuerzo militar que contradice su supuesta intención de reducir operaciones.

Según encuestas, el 65% de estadounidenses creen que prepara una acción terrestre. Ya sea desembarcar en la costa para eliminar lanzaderas de misiles o tomar la isla de Jark, por donde Irán exporta su petróleo. Sería un duro golpe para el régimen de los ayatolás, pero con riesgo de disparar las bajas. Por eso la gran mayoría en EEUU lo rechaza.

Hasta ahora, la guerra Estados Unidos e Israel la libran a distancia. Y así están protegidos por su superioridad tecnológica. Una vez que uno mete barcos en el Estrecho de Ormuz, esa distancia desaparece.

Trump tampoco encuentra apoyo internacional. Reino Unido le autoriza a usar sus bases para lanzar ataques, pero, como el resto de aliados, solo desplegará barcos si cesan los combates.

El estrecho de Ormuz no puede ser liberado sin ganar la guerra o sin que la guerra termine con algún tipo de acuerdo. Irán ofrece una alternativa: dejará pasar buques de Japón y otros países, si se coordinan con Teherán. Para aliviar la crisis energética, Trump vuelve a sorprender. Como ya hizo con el petróleo ruso, autoriza temporalmente a comerciar con el crudo iraní que ya esté en alta mar.

Foto: EFE / Tasnim News