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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere que su rostro aparezca en los nuevos pasaportes que se emitirán con motivo de los 250 años de la independencia estadounidense. Es el primer mandatario que lo hace y solo un ejemplo más de la megalomanía que le ha llevado a poner su nombre a instituciones oficiales, documentos y hasta una flota de barcos militares. Trump quiere así pasar a la historia y, por eso, su cara ya aparece en algunos pases anuales para visitantes de los parques nacionales o en la llamada "tarjeta dorada" de visados que permite a extranjeros millonarios vivir y trabajar tras pagar una gran suma de dinero.

Foto: EFE/ Departamento de Estado EE.UU.

El rey del Reino Unido, Carlos III, tiró mucho de humor para amenizar el banquete de gala en su honor ofrecido por Donald Trump en Washington, durante su visita a EE.UU. Así cumplía con uno de los principales propósitos del viaje: rebajar la tensión entre sus dos países, tradicionales aliados, pero que han chocado en los últimos meses a cuenta de la guerra de Irán o los aranceles.

La jornada empezó pasando revista a las tropas con 21 salvas de cañón y la alfombra roja desplegada y acabó con un banquete. Por un día los dos países celebraron su amistad como si no estuviesen pasando por su momento más tenso en décadas. Trump llevaba semanas cargando contra el primer ministro británico, Keir Starmer, por no seguirle en la guerra de Irán. Carlos III, en su discurso en el Capitolio, habló de unidad, defendió la alianza de la OTAN, pidió apoyo para Ucrania y alertó sobre la necesidad de cuidar el planeta. Pocos monarcas han pronunciado un discurso ante el Congreso de Estados Unidos y él arrancó aplausos y risas. En la cena, un mensaje: "Estamos aquí para renovar nuestra alianza". Y un regalo a la medida del anfitrión: una campana de oro de la II Guerra Mundial con el nombre de Trump. Al presidente de EE.UU. le agrada tanto la familia real británica que la Casa Blanca bromeó con un pie de foto: "Dos reyes". Solo hubo un momento incómodo, cuando Trump se salió del guion para decir que Carlos III está de acuerdo con él sobre Irán.

Foto: Aaron Chown/PA Wire/dpa

Informático de formación, Cole Allen, de 31 años, era, hasta hace dos días, un profesor de instituto que vivía con sus padres en una localidad a las afueras de Los Ángeles. Ahora se enfenta a la posibilidad de pasar el resto de su vida entre rejas. Ha sido formalmente acusado de intento de asesinato al presidente.

Sin embargo, la Casa Blanca ha comenzado a culpar a la prensa y a la izquierda. La portavoz dice que algunos periodistas demonizan a Trump y que eso instiga a la violencia. Y el fiscal general, mientras presenta los cargos contra el hombre que intentó asesinar a Trump, lanza la misma acusación: "Vosotros los periodistas sois demasiado críticos, le llamais a Trump cosas horribles sin motivo, así que esto no debería sorprendernos".

Trump y su esposa Melania han pedido a la cadena de televisión ABC que despida a uno de sus presentadores más conocidos, el cómico Jimmy Kimmel por hacer una broma sobre ella días antes del ataque. "Melania, estás muy bella. Tienes el brillo de una viuda en ciernes", dijo. Kimmel aclara que era una broma sobre la diferencia de edad entre los dos. Pero Trump dice que es una llamada a la violencia.

El propio Trump es conocido por sus comentarios incendiarios: se alegró en público de la muerte de un fiscal que lo había investigado, y cuando asesinaron a un conocido cineasta, dijo que le había pasado por ser anti-Trump. Es un país polarizado, con la violencia política en auge, la Casa Blanca culpa a sus rivales y a sus críticos: a la izquierda y a la prensa.

Foto: REUTERS/Kylie Cooper

El tiroteo en la cena de los corresponsales de Washington recuerda un problema sin resolver en Estados Unidos: el de la violencia política en un país con más armas que habitantes.

En la cena había más de 2.000 invitados, entre los que se encontraban comensales relevantes que han vivido esa violencia política en primera persona.

Fotografía: Al Drago/Getty

El sospechoso del tiroteo en la cena de corresponsables de la Casa Blanca ha sido acusado formalmente del intento de asesinar el presidente de EE.UU., Donald Trump. Así lo ha decidido el tribunal federal de Washington ante el que ha comparecido este lunes Cole Tomas Allen, el profesor de California detenido por el Servicio Secreto cuando intentó entrar en el salón donde tenía lugar la cena, y que disparó contra, al menos, uno de los agentes. Allen podría ser condenado a cadena perpetua.

El sospechoso ha sido también acusado de otros delitos, como transportar armas de fuego entre estados y usarlas para cometer un crimen.

Foto: DONALD J TRUMP via Truth Social/Handout via REUTERS