El origen del estigma de los 'heavies': ascenso, moda y caída del metal en España
- Una tragedia en un concierto de Scorpions en 1986 marcó un antes y un después en la percepción del rock en España
- La moda, la actitud y los prejuicios han acompañado a los metaleros hasta el cierre de Madrid Rock y la sala Canciller
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El 5 de septiembre de 1986, el estadio del Rayo Vallecano en Madrid acogió un concierto de Scorpions que terminó en tragedia. Miguel Ángel Rojas, un joven de 23 años apasionado del heavy metal, fue asesinado durante una pelea en las gradas del estadio por una puñalada en el corazón durante una pelea con un militar estadounidense, el cual fue condenado a 15 años de prisión por homicidio. Este suceso, aunque aislado, dejó una huella profunda en la percepción social del rock y sus seguidores en España.
Tanto la prensa como la opinión pública no tardaron en asociar rápidamente el incidente con la violencia inherente al género, alimentando estigmas que perduran hasta hoy y señalando a todo un colectivo. Los amantes del heavy metal quedaron estigmatizados por escuchar letras revolucionarias con riffs estridentes. El rock dejó de ser un símbolo de lucha social y pasó a serlo de marginados sociales.
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El homicidio de Miguel Ángel Rojas: una tragedia en el estadio
Miguel Ángel Rojas del Castillo, residente en Madrid y trabajador en una fábrica de colchones, asistió al concierto de Scorpions, con la ilusión de disfrutar de su banda favorita. Sin embargo, durante la actuación del grupo telonero Michael Schenker Group, se desató una pelea en las gradas centrales del estadio. En medio del tumulto, Rojas recibió una puñalada en el corazón que le costó la vida. La noticia fue portada de todos los medios al día siguiente, quienes destacaron la violencia en el evento dentro de todo el suceso, pese a ser un hecho aislado.
El estigma del heavy metal: agresividad y drogas
Tras el asesinato de Rojas, los medios y la sociedad en general comenzaron a asociar el heavy metal con comportamientos violentos y el consumo de drogas. La imagen del metalero como una persona agresiva y peligrosa se consolidó, alimentada por estereotipos y prejuicios. Sin embargo, se ha demostrado que estos estigmas son completamente infundados. La mayoría de los aficionados al metal son personas pacíficas que encuentran en la música una forma de expresión y pertenencia, lejos de la violencia y las drogas.
La verdadera imagen del metalero: moda y actitud
Más allá de los prejuicios, el metalero español ha sido una figura de resistencia cultural. Su estética, caracterizada por chaquetas de cuero, camisetas de bandas y un estilo rebelde, ha sido interpretada como una declaración de independencia frente a las normas establecidas. Esta imagen, aunque a menudo malinterpretada, refleja una identidad forjada en la adversidad y el rechazo social. Lejos de ser sinónimo de violencia, representa una subcultura que ha aportado riqueza y diversidad a la escena musical española.
Caída del metal en España
Pese al incidente, el rock continuó vivo en los años 90 con nuevos subgéneros como el grunge, el rock industrial, el death metal o el nu metal. Pero se fue desinflando poco a poco. El primer batacazo llegó en 1995, con el cierre de la mítica sala Canciller, el templo del heavy metal en Madrid y toda España, donde artistas nacionales e internacionales —como Ozzy Osbourne, Iron Maiden o Def Leppard, entre otros— habían dado espectáculo. Ahora es un supermercado.
Además, al empezar el siglo XXI un acontecimiento marcó para siempre la industria musical: el fenómeno de Operación Triunfo. Con el nacimiento de los realities en la televisión, la industria se reformuló para coger a nuevos talentos, auparles hasta lo más alto, exprimirlos y dejarlos de lado. Junto a ello surgieron también los avances tecnológicos e Internet, que cambiaron por completo la forma de consumir música, dejando las cintas de casete, los vinilos y los CDs completamente marginados para dar paso a lo digital con reproductores como los MP3 y, más tarde, las plataformas de streaming.
La venta de discos cayó en picado, provocando otro cierre: el de tienda Madrid Rock, que empezó sus andaduras en 1981 y se había convertido en un referente en la calle Gran Vía de Madrid, tuviese que cerrar en 2005. Desde entonces, los gemelos José y Emilio Alcázar, más conocidos como 'los heavies de la Gran Vía', están presentes frente al edificio que una vez albergó la mítica tienda de discos desde hace más de 20 años: "Ayudamos a los que trabajaban aquí. Estuvimos haciendo campaña unos meses para que se fueran por la puerta grande. Nadie se imagina lo rayante que es estar en el mismo sitio durante 25 años todos los días. Siempre estaremos aquí, diluviando o lo que sea, 'in te name of the rock and roll", dicen ambos hermanos en el documental. Además, lamentan que una de las principales calles de Madrid se haya convertido en escaparates y "vendedores de trapos" debido a que "la sociedad ha aceptado cambiar cultura por trapos".
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