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Si te gusta 'Inés del alma mía'... Otras series de mujeres que cambiaron la historia

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Inés del alma mía es una serie histórica, romántica y guerrera basada en la novela de Isabel Allende, que rescató del olvido la vida de Inés Suárez de Plasencia, una mujer cuyo papel fue determinante en la conquista de Chile. Con personajes reales y un reparto de lujo, es una de las grandes apuestas de ficción de RTVE para esta temporada, y ha sido nominada en los Premios Iris a la mejor producción

¿Tienes ganas de conocer más series semejantes a Inés del alma mía, que recuperen el protagonismo femenino y señalen a aquellas mujeres que participaron en la historia y dejaron su huella, para bien o para mal? Estas son algunas que puedes ver Alacarta o en las principales plataformas de streaming

Isabel (RTVE)

En Isabel, Michelle Jenner se pone en la piel de Isabel La Católica, una mujer que tuvo que luchar para ser reina y puso en marcha la cadena de acontecimientos que llevó a la creación del Imperio Español. Con tres temporadas que están disponibles en RTVE, cada termporada aborda una etapa en la vida de Isabel I de Castilla, esta gobernanta religiosa, adulada, respetada u odiada que, concediendo su apoyo a la expedición de Cristóbal Colón, hizo directamente posibles los eventos que se cuentan en Inés del alma mía

Rodolfo Sancho (El ministerio del tiempoVoces) interpreta al que se convertiría en su marido y rey de España, Fernando de Aragón.  

No recomendado para menores de 12 años Capítulo 1 de Isabel
Transcripción completa

(Agoniza).

Majestad, majestad.

¡El rey ha muerto!

¡El rey ha muerto!

¿Qué ha ocurrido? ¿A qué viene tanta prisa, caballeros?

Lo siento, alcaide,

traemos un mensaje para doña Isabel, infanta de Castilla.

¿Sabéis si antes de morir mi hermano dijo algo

o firmó algún documento sobre quién heredaría su corona?

No, alteza.

¿Daréis fe de vuestras palabras?

No tengáis duda de ello.

No hay tiempo que perder; Chacón, preparadlo todo.

Perdón, alteza, hay algo que debéis saber.

Diego Hurtado de Mendoza ha convocado una junta

para dilucidar quién es heredera de la corona:

vos o doña Juana, la hija del difunto rey Enrique.

No hay nada que dilucidar.

Se acabó tener paciencia; ya he tenido bastante.

Alteza, tal vez deberíais esperar la decisión de esa junta.

Al contario, razón de más para darse prisa.

Muchas cosas hemos pedido los Mendoza

y apenas nos dieron migajas.

Pero... No esperaré, Cabrera.

Os ruego que deis a estos caballeros ropa secay comida caliente.

Luego, convocad al comendador, a jueces y a regidores.

Ese es el protocolo, ¿no es cierto?

Portazo

¿Qué os preocupa?

Vuestro marido,

¿qué opinará de no estar presente en la proclamación?

Fernando lo entenderá,

él también ha luchado para que llegara este momento.

¿Y si no lo entiende? ¿No tiene menos carácter que vos?

Entonces, aprenderá algo importante: él mandará en Aragón,

pero quien manda en Castilla soy yo.

¿Malas noticias? El rey Enrique ha muerto.

¿Y a qué viene tanta seriedad? Todo va con nuestros planes.

Hemos ganado la batalla y vos seréis rey de Castilla,

como lo seréis de Aragón.

¿Qué más os cuenta vuestra esposa?

La carta no me la envía Isabel, sino su cronista,

mi amigo Alonso de Palencia.

Ya, ¿y qué os preocupa?

Que quiera proclamarse reina sin mí a su lado.

Dios quiera que no cometa ese error.

Don Rodrigo de Ulloa, contador mayor del reino.

Don Garci Franco, miembro del Consejo Real.

¿Juráis por Dios que el rey, don Enrique,

ha fallecido, que estuvisteis allí para saberlo.

(Los dos): Juro.

¿Dijo el rey en sus últimas palabras, o dejó escrito alguno

que fijara legítimo heredero que reinase en estos reinos?

Juro que ni habló ni escribió sobre el tema.

Así también lo juro.

Apelo al derecho de la infanta Isabel

a suceder en la Corona al rey Enrique como hermana legítima

y heredera universal que es por los Pactos de Guisando.

Y puesto que aquí se halla su alteza

aquí debe ser proclamada, según las leyes de estos reinos.

¿Alguien se opone a ello?

Que así sea.

Bullicio

¡Viva la reina! -(Todos): ¡Viva!

¿Está todo preparado?

Sí, majestad.

Vos id a mi lado, que bien merecido lo tenéis.

Por fin vais a tener vuestra Corona. Y vos vuestra venganza.

¿En que pensáis?

En una niña con la que jugaba al ajedrez.

Isabel,

Isabel, os toca mover pieza.

Pero hay algo que no entiendo de este juego.

¿El qué?

Ser reina es algo muy importante, ¿verdad?

Lo es.

Entonces, ¿por qué solo se mueve de cuadro en cuadro,

si hasta los alfiles y las torres tienen más lustre y movimiento?

Buena pregunta.

¡Mamá!

Hola preciosa.

¿Mi hija juega bien al ajedrez, don Gonzalo?

Aprende rápido, alteza. Ojalá hiciera lo mismo con el latín.

Es hora de ir a rezar.

¿Qué tal ha pasado la noche?

Bien, aunque con ella nunca se sabe.

Está tan feliz, y de repente...

De repente, llama a don Álvaro.

Sí, es como si le viera, como si pudiera hablar con él.

La gente del pueblo ya lo comenta en la plaza.

¿Puedo preguntaros una cosa?

¿Por qué recuerda a don Álvaro y no a su marido?

En todos estos años no la he oído nombrar al rey Juan,

que en paz descanse. Es una larga historia.

¿Se puede saber qué haces cosiendo?

Porque no hay dinero ni para costureras.

El rey Enrique ni responde a mis cartas,

acabo de mandar mensaje de ello al arzobispo Carrillo,

a ver si consigue algo con su influencia.

Pero si Isabel y Alfonso son sus hermanos.

Será que tiene cosas más importantes que hacer.

¿Estáis seguro que este artilugio puede funcionar?

Tendréis un hijo, ya lo veréis, majestad,

he rezado para que así sea.

Mal asunto que la ciencia necesite de oraciones.

No os desaniméis, majestad.

Vuestro problema es el ayuntamiento, nada más.

Si fuese otro, esta cánula no tendría vuestra semilla.

Ahora solo se trata de simular la... -¡Queréis dejar de hablar

y hacer lo que tengáis que hacer, por Dios!

Sí, majestad.

Tranquila, Juana.

Bien parece que dedicáis más tiempo al combate que a los rezos.

Y vos más tiempo a las intrigas que a la espada.

Bien sé que os basta con la palabra

para manejar las cosas a vuestro antojo.

No creáis, ya no tanto, todo va de mal en peor en palacio.

Enrique solo tiene ojos para el advenedizo de Beltrán,

y aún no ha nacido heredero.

Eso me preocupa más, Pacheco.

Si con la segunda esposa tampoco puede,

ya no podrá decir que es víctima de un embrujo.

Hasta la gente del pueblo hace chanzas con eso.

Dicen que es cien veces más fácil estafar a un judío

que el rey tenga un hijo.

Y si no tiene hijos, ya sabemos quién heredaría la Corona.

El infante don Alfonso.

Por supuesto, no iba a ser su hermana Isabel.

¿Una mujer reina de Castilla?

Ruego a Dios que no permita tal barbaridad.

Las mujeres no están hechas para gobernar reinos,

sino para casarse y tener hijos.

Cuando Isabel crezca la casaremos con un príncipe o rey extranjero,

como es costumbre.

Don Alfonso será el heredero.

¿A cazar a Madrid?

¿No podéis hacerme compañía en momentos tan difíciles?

(Alterada): No, claro, preferís ir a vuestra reserva

a hacer compañía a vuestros animales.

Calma, el médico recomendó reposo.

(Grita): No hago más que reposar, Enrique.

Por favor, no quiero estar sola.

No lo estaréis: están vuestras damas.

Y cualquier cosa que necesitéis, Juana, cualquier cosa,

llamad a don Beltrán,

que como mayordomo de la casa real os la conseguirá.

Hay asuntos en los que solo puede ayudar un esposo.

¡No me sigáis, no quiero más sombra que la mía!

Disfrutad de vuestros animales, parece que os place más que yo.

Lo siento, majestad, no os merecéis esas palabras.

Bueno, no le falta razón.

¿Sabéis por qué me gustan más los animales que las personas?

Porque son leales cuando acompañan y nobles cuando luchan;

ellos jamás te traicionan ni te exigen nada.

(Gemidos).

¡Seguid!

Llaman a la puerta

Podéis pasar.

Buenas noches, majestad.

Estáis sola.

Sois muy perspicaz, Beltrán.

Me habéis hecho llamar, ¿en qué puedo serviros?

Majestad, por favor.

El rey ha ordenado que os llamara si necesitaba algo.

¿Me rechazáis?

Jamás haré nada que el rey no me ordene.

Buenas noches, majestad.

¡Qué flores tan bonitas, cómo huelen!

Pues no se hable más.

Beatriz, ¿qué hacéis arrancándolas?

Para vos, majestad.

No me deis ese trato, ya no soy reina.

Para mi lo seréis siempre, señora. -Y para la gente de Arévalo.

Yo no debí ser reina nunca, ¡entendéis!

¡Nunca!

¿Qué le pasa?

(Alucina): Don Álvaro...,

por favor..., tenéis que perdonarme.

(Susurra): Don Álvaro.

(Las dos): Señora, ¿estáis bien?

¡Señora!

Yo solo he cazado uno.

No te quejes, que de latín sabes más que yo.

Pues en la Corte es más útil el latín que cazar conejos.

Ya me gustaría conocer la Corte.

¿Es verdad que ahí se escucha música a todas horas?

¿Y se representan obras de teatro y los poetas leen sus rimas?

Cierto, vuestro hermano en eso es igual que vuestro padre.

Podría invitarnos a visitarla. Todo a su tiempo, Isabel.

¡Mirad!

Esperad aquí.

¿Qué habrá pasado, hermana? No lo sé.

Tenemos que volver a palacio. ¿Qué ocurre?

Nada, pero quiero que cuando lleguemos

os quedéis en vuestros aposentos.

Habéis hecho lo que teníais que hacer.

Estábamos tan asustadas...

(Llora): Hablaba con don Álvaro, como si lo tuviera delante

y nosotras no veíamos a nadie..., de repente se desmayó.

Tranquila, Beatriz, tranquila.

Isabel, ¿qué haces aquí? Es mi madre.

Señora, ahora está descansando... Quiero estar con ella.

Haced lo que os he dicho. Pero...

¡Ahora mismo!

Las órdenes son para obedecerlas.

Pasad, pasad.

Por favor, don Juan, comed con nosotros.

Gracias, señor.

Sabéis que no soy de costumbres morunas.

¿Qué queréis? Hablar con vos.

A solas.

Quieto.

(Suspira): Pacheco, si tenéis que decir algo,

decidlo delante de don Beltrán de la Cueva.

No hablaré delante de este advenedizo.

¿Os atrevéis a insultarme? -¿Acaso no lo sois?

Ocupáis cargos que por linaje, otros merecerían más que vos.

Retiraos, retiraos, retiraos.

Desnudad el torso.

Majestad.

Obedeced a vuestro rey.

¿Veis...

esta cicatriz?

Sí, la veo.

Pero no visteis el espadazo que la causó,

no estabais allí.

Yo sí,

a punto de morir en la frontera mora

y ningún noble hizo nada por evitar mi muerte segura.

Solo Beltrán lo hizo

y estuvo a punto de perder la suya.

Miradla bien, Pacheco, miradla bien,

miradla bien.

Y cada vez que no entendáis porqué le quiero a mi lado,

recordadla.

La recordaré,

pero vos recordad otras muchas cosas.

Hum.

¿Puedo retirarme, majestad?

Por supuesto.

Y vos podéis vestiros.

Con vuestro permiso, majestad.

Sabéis que Pacheco no es santo de mi devoción,

ni yo de la suya,

pero toda Castilla sabe que os ha acompañado hasta el trono.

Pero no sé si lo ha hecho para quedarse con él.

Es una época nueva, Beltrán,

y Castilla necesita hombres nuevos y leales.

Los necesita tanto como yo un hijo, para que cesen rumores y chanzas.

(Indignado): ¿Cómo se atreve a faltarme así?

Y más delante de ese afeminado,

seguro que le gusta más que su esposa, por eso no la preña.

No os creáis los rumores que vos mismo lanzáis.

Recordad que vuestros enemigos decían lo mismo de vos y el rey.

¡No me cambiéis de tema!

He educado a Enrique y he eliminado a todo aquel

que se interponía entre él y la Corona.

(Grita): ¿Y ahora así me paga?

Calmaos, os lo ruego. -¿Por qué habría de hacerlo?

Maldita la necesidad que tenemos de reyes

si son como este.

No le gusta su cargo, todo lo tengo que hacer yo

porque el señor prefiere tocar el laúd,

hablar con poetas

y poblar sus reservas de animales exóticos.

¿Sabéis que le ha regalado el embajador de la India?

¿Oro, especias? No, para qué.

Un leopardo. -¿Un qué?

(Grita): Un leopardo,

una especie de lince pero con menos bigotes.

¿Esto se hunde y a vos os da por reíros?

Tranquilo, aún nos queda una baza importante.

¿Recordáis cuando hablamos de su posible heredero,

el infante Alfonso? -Perfectamente.

He recibido una carta de su tutor, don Gonzalo Chacón, al que conocéis.

De ella se deduce que el rey Enrique no cumple con la retribución pactada

a la muerte de su padre, Juan II,

y que tiene a su madrastra y a sus hermanos Isabel y Alfonso

a dos velas.

Por si algo le pasara a nuestro rey,

tal vez deberíamos ir pensado en el siguiente.

¿Qué planeáis?

He pensado que si vos colaborarais con algún dinero que añadir al mío,

el infante Alfonso y su preceptor Chacón

nos lo agradecerían cara al futuro.

Me parece buena idea.

Yo mismo se lo llevaré. -Preferiría hacerlo yo,

vuestras relaciones con Chacón no son buenas;

no se habrá olvidado de lo que le hicisteis

a su buen amigo don Álvaro de Luna.

El tiempo lo cura casi todo,

y lo que no, lo cura el dinero.

Sí, pero...

Vos sois experto en rezos y con la espada,

dejadme a mí las negociaciones.

Gracias por vuestras atenciones,

hacéis que nuestro viaje sea doblemente agradable.

Primero, porque es grato encontrar a personas tan queridas.

No tenéis nada que agradecer, excelencia,

en esta casa se atiende bien hasta a los mendigos.

¿Qué no íbamos a hacer con quien viene de la Corte?

Gracias, alteza.

Veo que vuestra hija es digna heredera

de la belleza de su madre.

Y vuestro hijo guarda los modales exigidos

a todo maestre de la Orden de Santiago.

Así lo quiso su padre, el rey, en su lecho de muerte.

Y Alfonso hará honor a tal cargo.

Un cargo de riquezas inigualables.

Lástima que esas riquezas tengan que pasar antes por la Corte,

porque aquí no nos llega ninguna.

Me ha informado el arzobispo Carrillo.

He venido a solucionar el problema.

Muy bien, pues sabiendo ya la buena nueva,

creo que será mejor que negocien los hombres.

Hijos, es hora de ir a dormir.

Don Gonzalo, ya sabéis que gozáis de toda mi confianza.

Creo que yo también os dejaré; soy hombre de acción

y las palabras me marean más que el vino.

La de vueltas que da la vida;

otra vez frente a frente.

Espero llevarme mejor recuerdo de esta ocasión

que de la última vez que nos vimos.

Seré sincero con vos:

sé que hay cosas que jamás me perdonaréis.

Es difícil perdonar

a quien instigó la muerte de don Álvaro de Luna,

mi maestro y amigo.

¿Habéis disfrutado del poder que conseguisteis con ello?

El pasado es como la leche derramada,

ya no se puede recoger.

Hay que pensar en el presente, en el bien de Castilla.

Para mí lo primero es el bien de los infantes

y lucharé por ellos, sin que me duela el pasado.

Me alegra oír esas palabras,

puede que nuestros intereses sean pronto los mismos.

Perdonad que os importune, señora.

¿Qué hacéis vos aquí? -Solo quería hablar con vos.

Sé de vuestros problemas económicos,

sé que yo no soy de sangre regia como vos...

Os ruego me dejéis entrar a mi alcoba.

Escuchadme: yo os podría ofrecer seguridad,

no os faltaría de nada, ni a vos ni a vuestros hijos.

Sois tan hermosa... -¡Os ordeno que os retiréis!

¿Por qué chilláis? No os voy a hacer ningún mal.

(Forcejeos).

Retiraos.

Mi tío, el arzobispo de Toledo, y yo hemos dispuesto adelantaros

todo lo que os debe el rey.

Espero que sea suficiente.

Lo es, y sobra.

¿Queréis decir que este dinero no viene del rey Enrique?

No, el rey tiene otras tribulaciones que espero no perjudiquen al reino.

Supongo que querréis algo a cambio.

Que sigáis cuidando de los infantes

y que les hagáis saber a ellos y a su madre

quién les defiende en la Corte.

(Angustiada): Ayuda, ayuda, por favor.

Ya no sois reina, y si lo fuisteis

fue porque os metieron en la cama de un rey como una furcia.

¡Dejadla en paz!

Vaya, la infanta ha salido mandona.

Hija, vuelve a tus aposentos, por favor.

No hasta que se vaya.

¿Y me vas a obligar tú? No, os voy a obligar yo.

¿Qué hacéis, malnacido?

Nadie que me haya dicho eso ha seguido viviendo.

¡Deteneos!

Guardad la espada, hermano.

Ahora mismo.

Señora, siento esta afrenta.

Será mejor que descanséis, señora.

Y vosotros retiraos, os lo ruego.

Si queréis que colaboremos, atad bien corto a vuestro mastín.

¡Se puede saber qué intentabas!

Nada, lo juro, solo estaba siendo amable.

Pero me despreció, me miraba con asco.

¿Quién se cree esta gente que es, Juan?

No son mejores que tú ni que yo.

Tienes que hacer solo que yo te diga.

¿Entiendes, hermano?

Solo lo que yo te diga.

¿Tres faltas ya? Mi artilugio ha funcionado.

¿Es verdad lo que decís?

Que caiga muerto ahora mismo si no es así, majestad.

La reina está embarazada.

Esto abre un nuevo camino para la medicina

y nadie podrá decir que lo ha conseguido un médico judío.

Podéis marcharos,

os aseguro que seréis pagado con creces.

Gracias, majestad.

(Emocionado): Vamos a tener un hijo.

¿No os alegráis?

Claro, tanto como vos.

Fue la razón por la que me trajisteis a Castilla

y jamás hubiera sido feliz si no os hubiera ayudado él.

Gracias, Juana.

Por eso, me atrevo a pediros un deseo.

¿Cual es?

El futuro de Castilla lo llevo en mi vientre

y nada ha de interponerse entre nuestro hijo y la Corona.

Os he convocado con urgencia, como mis principales que sois,

porque quiero que seáis los primeros en saber la noticia:

la reina está embarazada.

Murmullos

Maravillosa noticia, majestad.

Vuestra felicidad es la nuestra, señor.

Deberíamos festejarlo con el pueblo. No, ya habrá tiempo cuando nazca.

Pero encargaos de difundir la noticia,

estoy harto de rumores e intrigas. Así se hará.

También ordeno otra cosa:

quiero que los infantes Alfonso e Isabel

sean traídos de inmediato; mi esposa así lo desea,

y yo también.

Pero, majestad, la salud de su madre es débil

y apartarles de ella podría traer consecuencias funestas.

Peores consecuencias para ellos y para mi hijo

serían que alguien les quisiera utilizar contra mi persona...

y mi reino.

Me parece una sabia decisión, majestad.

¿Opináis vos lo mismo, Beltrán?

No opino sobre lo que dice mi rey: obedezco.

Curiosa manera de ocultar vuestra falta de ideas.

Rogaría al marqués de Villena que delante de un Mendoza

nadie sea vilipendiado por su fidelidad al rey.

Seguro que no lo ha hecho con esa intención,

¿verdad, Pacheco?

Por supuesto que no, majestad. Menos mal.

Por un momento he llegado a pensar que ni en días tan felices como este

iba a librarme de vuestras disputas.

Os pido la palabra, majestad. Hablad.

Me gustaría ser yo quien traiga a los infantes

doña Isabel y don Alfonso. Concedido.

Señora.

No os llevéis a mis hijos, eminencia, el rey va a tener el hijo que quería,

¿por qué me quita a mí los míos?

Poneos en pie, señora, os lo ruego, poneos en pie.

Ya está todo preparado.

No estés triste, madre.

Solo es un viaje, y por fin vamos a conocer la Corte.

¿Y si no queremos ir?

Si el rey lo manda, tendremos que ir.

Las órdenes hay que obedecerlas, Alfonso.

Estad tranquila, madre.

No sé que va a ser de mí sin vosotros, hija.

Vendremos a veros.

Tenéis que estar contenta; por fin se acuerdan de nosotros.

Si no les importáramos, ¿nos llamarían?

Eso es lo que me preocupa: que les importéis demasiado.

No os preocupéis, seremos cuidadosos y educados

y nunca dejaremos que nadie nos falte a la dignidad y al orgullo

porque somos hijos de reyes

y porque vos nos habéis educado para serlo.

Y dejad de llorar, os lo ruego.

Que no quiero acordarme de mi madre llorando por sus hijos.

Juradme que cuidaréis de ellos.

Con mi vida si fuera necesario, creedme.

Música y bullicio

¡Qué pequeño era Arévalo!

Aquí están.

Isabel, Alfonso, bienvenidos a la Corte.

Gracias, majestad.

Gracias, majestad.

Os presento a don Beltrán de la Cueva,

mayordomo de la casa real, estará atento a vuestras peticiones.

Será un placer serviros, altezas.

¿Dónde está mi hermano, el rey? ¿No viene a recibirnos?

Seguro que su majestad está atendiendo asuntos de gobierno

que no pueden esperar. -Así es, en efecto.

Me han dicho que eres muy piadosa.

Me he permitido colocar

un pequeño altar y un reclinatorio en tu alcoba.

Os lo agradezco de corazón,

así podré rezar por mi madre y me sentiré menos sola.

Estad tranquila,

vuestra alcoba no está lejos de la mía,

por si necesitáis algo a cualquier hora.

Pues, no hay más que decir:

Beltrán, vamos a enseñarles sus aposentos.

Por supuesto, majestad.

Aunque antes pasaremos por la cocina,

seguros que estáis hambrientos del viaje; por aquí.

Golpes

Gemidos

Gemidos

(Reza): "Pater Noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen Tuum,

fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,

et dimitte nobis débita nostra".

Gemidos

Gemidos

¡Eminencia!

Eminencia, por favor, abridme.

¡Eminencia!

¿Qué sucede, alteza?

¡Isabel, esperad!

(Solloza).

Isabel, querida, tienes mala cara, ¿dormiste mal anoche?

Me costó un poco al principio,

pero luego pude dormir sin problema.

Buenos días, majestad, ¿puedo pasar?

¿No tenéis que oficiar misa, eminencia?

Venía precisamente para invitar a los infantes a ella.

Señora.

Perdón.

¡No! Que lo limpie él.

Ni se te ocurra hacerlo, Alfonso.

Recuerda lo que nos han enseñado. ¡Limpia lo que has tirado!

Somos hijos de reyes, y mi hermano no va a limpiar nada.

Gracias, pero no es la limpieza tarea de un arzobispo.

Pido permiso para salir de la sala. Lo que gustes.

Así me evitas tener que aguantarte, niña insolente.

Vamos, Alfonso.

¿Sabéis dónde está el rey?

Llevadme donde esté, os lo ruego. Esperadme fuera.

Comprendo vuestra impaciencia por tener un hijo, majestad,

pero todo esto es innecesario.

¿Quién sois vos para decirme lo que es necesario o no, eminencia?

La historia da muchas vueltas, majestad,

y no conviene sembrar vientos porque se recogen tempestades.

¡Ja! ¡Ja, ja, ja, ja!

¡Vino!

Mirad, el rey está practicando con arco.

Sí, estos deben de ser los asuntos de Estado

que le impedían recibirnos.

Ruego perdón por interrumpir vuestra tarea, majestad.

¡Hermanos, qué alegría me da el veros!

No, perdonadme vosotros a mí

por no haberos recibido personalmente

ayer tuve un día muy atareado y hoy..., hoy iba a saludaros...

después de tirar con arco.

¿Qué tal vuestra estancia en la Corte?

Precisamente de eso quería hablaros.

Pues hacedlo con toda confianza, Isabel.

Ruego nos deis permiso

para volver a Arévalo con nuestra madre.

No..., no es tan fácil, hermana.

Entonces, dejad que ella venga a la Corte.

Ella ya reinó la Corte; no es su sitio, Isabel.

¿Por qué nos habéis hecho venir?

Isabel, un rey no tiene por qué dar razones de sus órdenes.

Tranquilo, es mi hermana quien me lo pregunta.

Estáis aquí por vuestra propia seguridad.

Son tiempos convulsos

y cualquier noble sin escrúpulos puede utilizaros de bandera

para intereses mezquinos en contra de la Corona.

Pero nosotros siempre os seremos leales.

Sois muy joven para explicaros todo con detalle,

con el tiempo entenderéis lo que hago.

Y cuando nazca mi hijo podréis volver tranquilos a Arévalo.

¿De verdad? Por supuesto.

Ejercer el poder es muy complicado, tiene sus responsabilidades

y vosotros, como familia del rey,

tenéis que empezar a aprender las vuestras.

Vos, Isabel, sin ir más lejos,

pronto deberéis casaros con quien se os proponga.

Perdonadme, pero yo me casaré con quien quiera.

Cuando llegue ese día, Isabel,

tendréis que mirar por el bien de Castilla

antes que por el vuestro.

Tranquilo, dejadla soñar ahora que puede.

Os voy a proponer algo que creo os gustará.

¿Queréis ser la madrina de mi hijo?

¿Yo la madrina?

Será un honor, Enrique.

Y vos, por la cara que ponéis mirando las dianas,

seguro que estáis deseoso de probar con el arco.

¿Puedo?

¡Por fin habló! (Ríe).

Empezaba a temer que fuerais mudo; claro que podéis.

Tomad. ¡Arco!

Este Enrique nunca dejará de sorprenderme,

es como si fuera dos personas en una.

No recibe a sus hermanos, permite que la reina les humille

y luego les trata con un cariño que emociona verlo.

El rey es capaz de no saludaros un lunes

y acordarse del cumpleaños de vuestros hijos

el miércoles siguiente.

Es peligroso, a veces pienso que algo le falla en su cabeza.

Es el rey.

Esperemos que ahora, con la descendencia, todo se calme.

Por cierto, vos que tenéis tratos con Dios,

preguntadle si el Espíritu Santo ha obrado el milagro

de que se le pusiera dura.

Porque que lo haya logrado

un viejo médico castellano con su ciencia...,

¿quién va a creerse eso?

Prefiero cree en milagros

que en los rumores que por ahí circulan.

Supongo que los conocéis. -¿Que el padre es Beltrán?

Los conozco bien.

Los he propagado yo, ¿quién si no puede haber sido?

Viaja con la reina, la visita en sus aposentos...

Es su obligación: es mayordomo de palacio.

Y al parecer, también el semental.

Y bien pagado.

El rey le ha duplicado sus bienes desde el embarazo de la reina.

Vos seguid de cerca a Alfonso, protegedle.

A él y a su hermana, que sepan que estamos a su lado.

¿Seguís pensando en Alfonso como futuro heredero?

Nunca se sabe.

Si el rey no cambia; algo tendremos que hacer.

(Suspira): Pobres, solo piensan en volver a Arévalo con su madre.

El rey les ha prometido que les dejará partir

en cuanto nazca su hijo.

Exacto:

su hijo.

Porque como sea niña,

que Alfonso e Isabel salgan de esta Corte

será otro milagro.

Tranquila, un poco más.

Un poco más.

Llanto de niño

¿Qué ha sido?

Niña, majestad.

Dejadme que la vea, dejádmela.

Mi niña.

Hola, mi amor.

¿No os acercáis?

¿Acaso la vais a querer menos por ser una niña?

Ya tenéis lo que tanto queríais,

¿podremos volver ahora con nuestra madre?

No es momento de hablar de eso, Isabel.

Laman a la Puerta

Podéis pasar.

¡Hermana!

Tenemos que hablar con Enrique,

tenemos que recordarle su promesa de que en cuanto fuera padre...

¿Qué ocurre?

Que no volveremos a casa, Alfonso.

Pero..., ¿por qué?

Porque es una niña, don Gonzalo, por eso mis hijos no volverán.

Y vos lo sabéis tan bien como yo: un hijo habría asegurado la sucesión.

Una hija casada con un rey extranjero pondría Castilla en manos extrañas.

La vida de mis hijos ya no será la misma

con el nacimiento de esa niña.

No os preocupéis:

moveré Roma con Santiago para protegerles.

Sé que lo haréis,

y que lucharéis, aún sabiendo que tenéis la batalla perdida.

Tengo tanto que agradeceros, don Gonzalo...

Por favor, señora.

Dejadme hablar, por si mañana no puedo.

Vos en vez de odiarme por promover la muerte de don Álvaro,

vuestro maestro,

habéis educado a mis hijos como si fueran vuestros.

Vos no firmasteis su sentencia.

Pero yo... intrigué para que el rey la firmara.

Lo siento tanto.

Por eso... Dios me castiga, don Gonzalo, lo sé.

Por eso hace que me visite el espíritu de don Álvaro,

para recordarme mi pecado.

¿Puedo pediros un favor?

Visitad a mis hijos.

Hacedles saber que su madre los quiere

y los querrá siempre.

Y volved con noticias suyas.

Os juro que lo haré, alteza,

pero antes haré lo que pueda para que vengan a visitaros.

¿Y cómo lo vais a conseguir? Hablaré con los Mendoza.

Solo ellos pueden convencer al rey de que les deje volver.

¿Os gusta?

Temo hablar de arte con su excelencia;

sabéis mucho más que yo.

Siempre tan prudente, Chacón, y hacéis bien

porque esta pintura es peor que el estiércol en una ensalada.

¿Sabéis quién la ha pintado?

No, excelencia. Yo mismo.

Dios mío, soy un pintor desastroso.

Probablemente por eso pago a los buenos pintores,

para que ellos trabajen a su libre albedrío.

Es una forma de equilibrar la balanza, supongo.

Ya sabéis que los Mendoza siempre buscamos el equilibrio.

Y la justicia:

el honor de vuestra familia no admite duda en el reino.

Por eso he acudido a vos.

Gracias por vuestras palabras, pero vuestro esfuerzo es en vano.

¿No vais a hacer nada por los infantes?

No debo.

Vos sois un buen cristiano

y tenéis que saber que su madre está gravemente enferma.

No insistáis,

el rey ha decidido y nuestra misión es obedecer.

No soy un intrigante como Pacheco, que se mueve como una veleta.

Ni queremos ser más reyes que el propio rey,

como quiso serlo vuestro amigo, don Álvaro de Luna.

Nosotros, los Mendoza, debemos ser estables

y no admitimos otras influencias que las del rey.

Y más ahora, que ha tenido a bien

casar a don Beltrán de la Cueva con mi hija Mencía.

Lo siento, don Gonzalo.

Bien,

solo me queda daros las gracias por vuestro tiempo.

No hay de qué,

siempre es un placer hablar con alguien tan culto como vos.

Por cierto,

en unas horas salgo para la Corte a jurar lealtad a la princesa Juana:

si queréis acompañarme...

Iría, pero solo para ver a Isabel y Alfonso

y sé que eso no es posible.

Ya he escrito al rey varias veces sin respuesta.

Eso le pierde a veces a nuestro querido rey:

su falta de elegancia y de cuidado por el detalle.

No os preocupéis, venid conmigo, yo me encargaré de que les veáis.

Os doy mi palabra.

Eso me es suficiente,

nada vale más que la palabra de un Mendoza.

Reunión de nobles con el rey, empieza el teatro.

No hagáis bromas. -¿No veis que todo es una farsa?

Mirad a Beltrán.

¿Qué hace del lado de los Mendoza?

¿No sabéis las últimas noticias?

La hija de don Diego Hurtado de Mendoza

se casará con nuestro amigo Beltrán.

¿Beltrán va a entroncar con los Mendoza?

Y recibirá el condado de Ledesma;

nunca un puto fue pagado tan generosamente.

¿Necesitáis más pruebas?

Bastón de mando

¡Sus majestades los reyes!

Miradlos detrás, como perrillos falderos.

Por fin os dais cuenta de la situación.

¡Tiene la palabra el rey!

Bienvenidos, damas y caballeros.

Estamos hoy aquí reunidos por una sola razón:

jurar lealtad a mi hija Juana como heredera de la Corona.

Podéis comenzar.

Los presentes, según sean nombrados,

jurarán lealtad a la princesa doña Juana

postrándose ante ella.

Doña Isabel de Castilla, infanta del reino.

Don Alfonso de Castilla, infante del reino

y excelentísmo maestre de la Orden de Santiago.

Don Alonso Enrique... -¿Vos queréis?

¡Jurar! No tengo alma de mártir.

Pero, si lo que decís es cierto, algo habrá que hacer.

Y se hará:

venid a verme esta tarde y lo sabréis.

Su excelencia don Alfonso Carrillo de Acuña,

arzobispo de Toledo.

Os toca, mirad la cara de la niña; es igual que su padre.

(Susurra): La llamaremos la Beltraneja.

Tal vez tengamos suerte y nos dejen volver ahora.

No te hagas ilusiones, Alfonso.

Llaman a la Puerta

¡Pasad!

¡Don Gonzalo! Alfonso.

Isabel.

Muchas gracias, excelencia.

No hay de qué, lo que prometo lo cumplo.

Contadnos, ¿cómo está nuestra madre? Con muchas ganas de veros.

Por eso me ha enviado, para que le de noticias vuestras.

Pero, ¿está bien?

Muy bien, ha vuelto a coger el gusto de los paseos por el campo.

Le faltáis vosotros, es lo único que le apena.

¿Qué tal vuestra vida en la Corte?

Mal. No exageres, Alfonso.

Mal, mal, no, nos cuidan.

Echamos de menos vuestras clases y las de nuestra madre

pero no tenemos queja.

Pero si acabamos de hablar... ¡Tonterías!

Un día malo lo tiene cualquiera, Alfonso.

Decidle a nuestra madre que estamos bien

y que no tenemos queja de nada.

A veces no te entiendo, hermana.

¿Por qué no nos damos un paseo por el jardín?

Hace un día precioso. Por mí, encantado.

Alfonso, ¿me dejas un minuto con don Gonzalo?

Quiero darle un mensaje para Beatriz.

Os espero fuera.

Vos diréis.

¿Me concedéis unos minutos para escribirle una carta a Beatriz?

No tardo nada, y así podréis llevarla a Arévalo.

Por supuesto, os espero fuera.

No os dejéis marear por las quejas de mi hermano.

Gracias por el consejo.

Isabel, ¿habéis sido sincera en vuestras palabras?

¿Es verdad que estáis bien en la Corte?

¿Es verdad que mi madre está bien?

Claro, ¿por qué os habría de mentir?

¿Y por qué habría de mentiros yo a vos?

Soy hija de reyes, no mentiría nunca.

Ya veo que os manejáis con la responsabilidad

que debe tener una reina.

Si Dios quiere que llegue a serlo, no dudéis de que estaré preparada

y será gracias a vos.

Por la presente declaro

que se me ha hecho jurar forzado y contra mi voluntad

lealtad a la princesa Juana,

que es hija de la reina, pero no del rey.

¿Estáis seguro de lo que afirmáis?

¿Estáis seguro que queréis seguir trabajando de notario?

Sí, excelencia. -Pues escribid, necio.

¿Queréis también dar fe de este asunto?

No, con vuestro juramento basta.

(Os escribo esta carta a vos, Beatriz,

pero quiero que la leáis en alto delante de don Gonzalo y doña Clara,

a mi madre no, que no quiero que sufra).

Perdonad, don Gonzalo,

por no haber sido clara con vos delante de Alfonso.

Aún no entiende ciertas responsabilidades

que, como familia de reyes, tenemos que asumir.

A veces con pena.

(Decid a mi madre que cada día sus hijos la quieren más

y siempre tenemos presente el día de nuestra despedida).

A vos, don Gonzalo, agradeceros vuestros cuidados y atenciones

que más que las de un tutor han sido las de un padre,

pues padre os podemos llamar.

Porque de los pechos de vuestra esposa,

mi querida Clara, me amamanté.

A vos, Beatriz,

mi mejor amiga,

mi hermana,

deciros que os echo de menos

porque aquí no puedo hablar con nadie

ni divertirme, como lo hacía con vos.

Juro que si algún día Dios me lo permite...

(Haré pagar a quienes me están haciendo vivir este infierno,

porque no pondré la otra mejilla,

sino que cobraré ojo por ojo, diente por diente.

Porque no puedo entender verme aquí presa,

lejos de mi familia, que lo sois.

Os quiere, Isabel).

Isabel.

Isabel.

Perdona, Alfonso, se me había ido el santo al cielo.

Está refrescando, deberíamos volver a palacio.

¿Para qué? No hay nadie allí a quien quiera ver.

¿Sabes por qué vengo aquí?

Miro al cielo y me imagino que estoy en Arévalo

y recuerdo a la gente que quiero y no me dejan ver

desde hace cuatro largos años.

No te vengas abajo, hermana.

Enrique ha ordenado celebrar fiesta por tu mayoría de edad.

Sí, pero en esa fiesta no estará madre.

(Suspira): Yo también la echo de menos.

Mucho.

Pero hay cosas que mejor no pensar todo el rato en ellas.

Te equivocas, hay que hacerlo.

Yo no olvido, ni olvidaré nunca.

(Suspira): Vamos a palacio.

Si no te importa, preferiría seguir un rato aquí sola.

Me sorprende que pongáis tanta confianza en mí.

Sé que solo vos podéis interceder por nosotros ante el rey, majestad.

Hmm..., me lo pensaré.

Os lo ruego,

es solo una visita a nuestra madre.

Son años los que llevamos años aquí, desde que se nos trajo de Arévalo.

No sabemos nada de ella,

y su salud ya era delicada cuando nos fuimos.

Pensad en ella vos, que sois madre.

¿Qué sentiríais si os apartaran de vuestra hija?

Os lo suplico.

Por mi hermana y por mí.

Dejadnos a solas.

Levantaos, por favor,

sois el maestre de la Orden de Santiago.

Hablaré con mi esposo, el rey.

¡Gracias, majestad!

Pero antes os pediré un favor.

En la celebración del cumpleaños de vuestra hermana

lo sabréis.

Y si queréis volver a vuestra madre, lo aceptaréis sin queja alguna.

¿Os queda claro?

Sí, majestad.

Música cortesana

Perdonadme, tengo asuntos importantes que tratar.

Vuestro hermano tiene claros sus objetivos.

A veces pienso que Dios dispuso

que tuviera el cerebro en la entrepierna.

Mirad a Alfonso, ¿no le veis muy triste?

Muy triste y muy solo, sí.

Parece que en vez del cumpleaños de su hermana

estuviera en un funeral.

¡Atención!

¡Su majestad la reina y la infanta doña Isabel de Castilla!

Hermano, seguid con la dama de antes,

ya tuvimos problemas con la madre, no los tengamos también con la hija.

Estáis bellísima, Isabel.

¿No es cierto, Alfonso?

El vestido es precioso, hermana. Un poco escotado para mi gusto,

pero cuando a la reina se le mete algo entre ceja y ceja...

Todos sabéis

que no me gustan las celebraciones

y que más de dos personas son multitud para mí.

Pero hoy es un gran día:

mi hija, la princesa Juana, crece sana y feliz

y hoy cumple mi querida hermana su mayoría de edad.

Felicidades, Isabel.

Como regalo de cumpleaños

os concedo algo que esperáis hace tiempo

y que os habéis ganado por vuestra perseverancia:

podéis visitar a vuestra madre en Arévalo.

¡Gracias, majestad! ¿Has oído, hermano?

Pero tengo otro motivo más para estar alegre:

os anuncio el próximo nombramiento de mi fiel Beltrán de la Cueva

como maestre de la Orden de Santiago.

Pero si ese es el título que te dejó padre en testamento.

¿Qué has hecho, Alfonso?

¿Has oído eso?

(Iracundo): No estamos sordos,

no aguanto más, es hora de hacer valer mi juramento.

¿Me seguís? -Sin duda.

¡Aaay!

¡Qué alegría poder volver a veros!

Isabel, estáis hecha una mujer.

Sí, pero recordad que sigo siendo vuestra hermana mayor.

¡Beatriz!

¡Alfonso! ¡Qué alegría!

¿Y mi madre?

¿Dónde está nuestra madre?

Os acompañaré a verla.

El almirante don Fadrique, el conde de Benavente,

el conde Manrique; conde de Paredes, Diego Estuña; conde de Miranda,

el arzobispo Carrillo.

¿Estáis seguro, don Diego? Lo estoy, señor.

Todos preparan algo contra vuestra majestad

bajo el mando de Pacheco.

Y aún... hay más.

Ahorradme la lectura, os lo ruego.

Es un acta notarial,

tiene la misma fecha que cuando firmamos lealtad

a vuestra hija doña Juana.

En ella Pacheco da fe de que juró lealtad por la fuerza

y de que...

Es tan grande la infamia, que me cuesta decirla.

¿De qué da fe ese traidor?

De que vuestra hija es hija de la reina,

pero no vuestra, sino de don Beltrán de la Cueva.

(Grita indignado): Hijo de puta.

Ha estado preparando esto durante todo este tiempo.

Alfonso e Isabel serán sus próximas piezas

si no lo evitamos.

Beltrán... ¡Beltrán!

Hay que traerlos a la Corte de inmediato.

(Susurra): Madre,

somos nosotros.

¿Vosotros?

Sí, Isabel y yo, Alfonso.

No..., tu no eres mi hijo.

¿Dónde están mis hijos?

(Llora): ¿Dónde están mis hijos?

Para esto he regalado la Orden de Santiago,

para ver a una madre que ni me reconoce ya.

¿Dónde están mis hijos? Madre.

Portazo

Madre, tranquila.

Tranquila, tranquila.

Vamos, por favor, comed algo,

que sin comer no se llega a ninguna parte.

Gracias, Clara, pero no tenemos mucha hambre.

Yo también voy a tomar el aire. Os ruego que os quedéis, Alfonso.

¿Para qué, Chacón?

¿Vais a decirme la verdad?

¿Vais a decirme que mi madre ya estaba enferma

la última vez que nos visteis en la Corte?

¿Qué hubierais ganado sabiendo la verdad?

¿Tú lo sabías?

Lo supe desde el instante que le vi la cara a don Gonzalo.

¡Me tomáis todos por tonto! ¿Por qué no me lo dijiste?

Porque a veces es más importante la responsabilidad que la verdad.

Siempre tienes palabras para todo, hermana,

pero a veces las palabras no bastan.

¿Qué está pasando, don Gonzalo?

¿Sigue mi madre en sueños llamando a don Álvaro de Luna?

Sí.

Es hora de que me expliquéis todo lo que tenga que saber.

Era mi maestro y mi mejor amigo.

Nunca nadie defendió a vuestro padre como él.

Luchó contra los nobles que hacen de Castilla un avispero

y eso fue su perdición:

Pacheco logró que el rey firmara su sentencia de muerte.

No lo entiendo,

si eran tan amigos...

A veces los reyes son débiles

y aceptan cosas terribles para conservar el poder.

Pero el rey Juan no pudo soportar la pena por lo que había hecho

y murió en un año; vos teníais apenas tres.

Y mi madre empezó con sus delirios.

¿Y por qué quiso mi padre que fuerais vos mi tutor,

el mejor amigo de don Álvaro?

Por mala conciencia y porque sabía que os sería siempre leal,

y quizá porque yo no tengo la ambición de poder de don Álvaro;

no lo sé.

Me limito a cumplir el honor que me concedió.

Y si no tenéis ambición, ¿qué os mueve a seguir luchando?

Quiero que Castilla se quite de encima

los nobles que le chupan la sangre

y que no dudan en asesinar cuando les viene en gana.

Quiero una Castilla con un rey que mande y no se deje mandar.

Sueño con eso todas las noches.

¿Me permitís compartir ese sueño?

Nada me haría más feliz.

Señor, lo siento,

pero traigo órdenes del rey de llevar a los infantes a la Corte.

Alfonso ya está fuera con mis hombres.

¿Qué ocurre?

No es momento para explicaciones, alteza debemos partir de inmediato.

No sin antes despedirnos de nuestra madre.

Algún día haré pagar a Enrique por todo esto.

Cálmate, Alfonso, hay que mantener la calma.

Debemos evitar mostrar dolor o pena porque eso nos hará más débiles.

Ya llegará el día

en el que los que nos alejan de nuestra madre

se arrepientan de haberlo hecho.

¿Y si no llega el día en el que pase eso?

Juro por Dios que llegará;

no haré otra cosa en la vida que luchar por eso.

Niegan que nuestra hija tenga derecho a heredar el trono,

¿qué más tenéis que pensar?

¡Aquí están nuestras exigencias! ¡Habrán de ser aceptadas!

Un Mendoza nunca traiciona a su rey, ni siquiera cuando se equivoca.

El rey negociará, ha convocado una reunión en la Corte.

Para vivir así, no merece la pena ser hijo de rey,

mejor haber nacido campesino.

Castilla está dividida en dos y Alfonso e Isabel están en medio.

No queremos a nadie a nuestro lado. Será el doncel de vuestro hermano.

¿Doncel? Espía, querréis decir.

Aceptaré todas vuestras condiciones, todas excepto una:

no desheredaré a mi hija.

¡Ni se os ocurra!

No os quiero ver cerca de mi hija

o volveré a prohibiros que paseéis libremente por palacio.

Debemos convencer a los nobles que todavía están indecisos:

ofrecerles cargos en el futuro, sobornarles si es preciso.

Si vais a seguirnos, no os acerquéis más de veinte pasos.

Tienen que pensar que negociamos de buena fe,

darles algo importante.

¿El qué? A Beltrán de la Cueva.

¿Cómo es posible que no lo veáis?

Matadme, y la guerra que tanto queréis evitar

empezará mañana mismo.

¿Por qué nos hacen esto?

¡No sabéis lo que se espera de una mujer de la familia real!

Que tenga más dignidad que la vos tenéis.

Todo está preparado,

el arzobispo Carrillo os espera en las caballerizas.

¡Basta! Quieren que el rey firme, ¿verdad?

Si no, nos matarán.

Yo cumplo con mi obligación. -Tenéis un gran futuro, Gonzalo.

Sois el rey, ¿no?, nacisteis para mandar.

Algún día le diré a la reina lo mucho que la odio.

Por Castilla. (Todos): Por Castilla.

Tengo que evitar la guerra.

¿Calculáis las consecuencias de esa decisión?

¡Viva el rey Alfonso! (Todos): ¡Viva!

¿Qué le daremos a cambio? A Isabel.

Hay que evitar esa boda como sea,

si el rey de Portugal pone sus tropas al servicio de Enrique,

todo lo que hemos hecho no servirá para nada.

Los nobles se están dividiendo, sin Pacheco no son nada.

No voy a negociar con el rey, voy a sacarle de palacio y traerle.

¿Pretendéis secuestrarlo?

Si realmente está pasando algo, cuanto menos ruido hagamos, mejor.

¿Qué está pasando aquí?

Subtitulación realizada por Cristina Rivero.

Capítulo 1 de Isabel

The Spanish Princess (HBO)

Esta serie de Starz, que acaba de estrenar en HBO su segunda temporada, cuenta la historia de una de las hijas de Isabel la Católica y Fernando de Aragón, Catalina de Aragón, la princesa española a la que se le prometió desde que era niña el trono de Inglaterra. En cuanto tuvo una edad apropiada, dejó atrás España para contraer matrimonio con el Príncipe Arturo y convertirse en princesa de Gales; pero su muerte prematura la llevó, tras jurar que era virgen y su unión no había sido consumada, a casarse con su hermano.

Centrándose por primera vez en esta figura histórica, la serie reinterpreta a los Tudor y la figura temprana del rey Enrique VIII, que terminaría separándose del Papa y fundando la Iglesia anglicana para poder divorciarse de Catalina y contraer matrimonio con la famosa Ana Bolena, tantas veces representada, a quien finalmente mandó decapitar. 

Una coproducción entre España e Inglaterra que cuenta con apariciones de Alicia Borrachero (Isabel) en el papel de Isabel la Católica o de Alba Galocha (Néboa) en el papel de 'Juana la loca'. 

The Spanish Princess (HBO)

The Spanish Princess (HBO)

Reinas (RTVE)

Reinas cuenta la historia de dos mujeres enfrentadas por sus convicciones políticas y religiosas, María Estuardo de Escocia e Isabel I de Inglaterra, bajo la atenta mirada del monarca más temible de Europa, Felipe II de España, heredero del imperio más grande jamás creado. Rodada íntegramente en inglés y filmada en exteriores naturales de España y Escocia, está protagonizada por Rebecca Scott (Orgullo y prejuicio y zombies) y Olivia Chenery (Brotherhood).

No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 1: El regreso - ver ahora
Transcripción completa

Felipe II, el monarca más poderoso del siglo XVI,

luchó denodadamente por mantener el catolicismo en todos sus reinos,

especialmente en Europa,

donde un crecimiento del protestantismo

ponía en peligro su objetivo.

Isabel I de Inglaterra,

la reina virgen con una vida llena de enigmas,

momentos dramáticos y extravagancias,

estuvo muy cerca de casarse con Felipe II,

quien ya había sido Rey de Inglaterra

tras su boda con su hermanastra María Tudor,

apodada "La Sanguinaria".

Su inteligencia y cultura

hicieron que Isabel convirtiera a Inglaterra

en uno de los países más poderosos de Europa.

María Estuardo, reina de Escocia

con derechos sobre el trono de Inglaterra,

católica en un país protestante al que llegó llena de dificultades,

expulsada de Francia cuando enviudó de su primer marido, Francisco II,

y que se convertirá en la reina mártir.

Tres personajes que entrelazaron sus destinos

en la construcción de una nueva Europa.

¿Nerviosa?

Bueno, no sé...

Emocionada tal vez.

Cuando embarqué, me sentía triste

y ahora estoy encantada de regresar a casa.

Ya se ve tierra, majestad.

(Graznido)

(Graznidos)

Cuando me fui de aquí, solo tenía cinco años.

Apenas tengo recuerdos de mi infancia.

Volvéis a Escocia como reina, mi señora.

Y seréis recordada para siempre.

(Murmullos)

¿Es aún bienvenido?

Majestad, la tormenta atrasó nuestra llegada. Sin duda...

Sin duda, esta es una de las muchas dificultades,

pero... gracias de todas formas, mi fiel Melville.

Actúa con completa humanidad.

-Bienvenida, majestad. Levantaos, por favor.

Disculpad... que no hayan venido otros dignatarios a recibiros.

Señor alcalde, no se preocupe.

Nuestra partida desde Francia fue apresurada y la cruzada no ayudó.

Un carruaje os llevará hasta el castillo.

Vuestro hermano y el resto de lores os aguardan.

Prefiero ir a caballo.

Mis doncellas me acompañarán.

Como gustéis.

Gracias, señor alcalde.

No olvidaré su bienvenida.

(Relinchos)

(Relinchos)

(Trinos)

Como podéis ver, no es precisamente la corte de Francia...

No necesito un gran palacio. Prefiero construir un gran reino.

Sed bienvenida, majestad.

Gracias, hermano. Esperaba veros en el puerto.

Caballeros, es un honor estar aquí.

Espero hacerme acreedora de este recibimiento.

Por favor, aceptad

este pequeño obsequio como prueba de nuestro respeto y admiración.

Una Biblia...

Muy oportuno.

Sé que están alarmados porque soy católica,

así que quiero aclarar este asunto cuanto antes.

Majestad, no os preocupéis.

Ya habrá tiempo...

Mi primera resolución como reina de Escocia será no alterar

el estado religioso del país.

-Una resolución muy acertada, majestad.

No he terminado.

Pero demando reciprocidad en dicho acuerdo.

Es decir, tanto yo como mis sirvientes seguiremos

profesando la fe católica sin ningún tipo de inconveniente.

(GRITANDO) ¿Es que acaso pensáis celebrar misa aquí?

Sí, mi vociferante amigo.

En la intimidad de mi palacio.

Si celebráis la misa, seréis culpable de idolatría.

En Escocia, un pecado más grave que el asesinato.

Dejadme adivinar.

No me cabe la menor duda de que estoy hablando con John Knox,

líder de la Reforma protestante. Así es, el mismo.

Conozco vuestros escritos, reverendo.

Me asombró especialmente el que publicasteis

contra las mujeres gobernantes.

Obviamente, no os gustamos.

La monarquía femenina es repugnante.

Una mujer con poder es una aberración de la naturaleza,

y, como tal, debe ser exterminada. El Antiguo Testamento

ofrece el camino a seguir: Jezabel, Athalia...

Decididamente, no os gustan las mujeres.

Solo cuando se salen de su cometido. La Biblia lo dice...

Interpretáis las Sagradas Escrituras a vuestra conveniencia.

Me interrumpís.

Es uno de los privilegios de ser vuestra reina.

Seguro que más de uno de los presentes daría su fortuna

por haceros callar para siempre.

(Risas)

Refrescadme la memoria, hermano.

Si, como dijo San Pablo,

"no hay más poder que el que procede únicamente de Dios

y los poderes vigentes están investidos de Dios",

¿cómo justificáis el asesinato de reyes

que proponéis en vuestros libros?

Cuando el rey no es digno de su pueblo,

el consejo de lores debe tomar el control

en nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Recordadme qué significa "cinismo". Señora, ¿me insultáis?

¡No! Pero no pongáis en duda mi autoridad.

Mi cortesía tiene límites.

Si vuestros súbditos os aceptan como su reina,

tendré entonces que vivir bajo vuestra autoridad.

(SARCÁSTICA) Bien, bien...

Esa actitud os hará gozar de buena salud.

Y ahora, si me disculpáis,

tengo mejores cosas que hacer que discutir con vos.

¡Majestad!

¿Perdón, señora?

Si vivís bajo mi autoridad,

debéis dirigiros a mí como "majestad".

-Estaréis cansada, majestad.

Caballeros,

debemos dejar sola a la reina.

Gracias por su presencia y sus atenciones, caballeros.

Creo que me queda un arduo trabajo por hacer.

¡Amigos,

me alegro mucho de veros!

-¿Su majestad sigue cazando?

-Deben estar a punto de regresar. -Hace tiempo que partieron.

-Seguro que están cobrando buenas piezas.

¡Hermana, qué sorpresa tan agradable!

No os esperaba.

Mateo.

-Majestad,

sabemos que la reina Isabel de Inglaterra

está financiando a Guillermo de Orange.

¿Isabel?

(RÍE)

Está arruinada.

-Precisamente necesita expandirse.

-Eso... se arregla con nuestro ejército.

-Perdonad que discrepe.

Ya ha habido suficiente derramamiento de sangre.

El apoyo de la Santa Sede es básico.

Recordad nuestros tratos con su Santidad.

-Mejor siempre

la diplomacia que las armas.

Tengo que dominar la situación lo antes posible.

Europa está al borde del desastre.

Caballeros, en marcha.

-Majestad, deberíais descansar. Vuestro último ataque de gota...

Lo primero son mis vasallos,

la justicia y mantener el orden en el imperio.

¿Y su salud?

Está en manos de Dios, Él proveerá.

Vamos a palacio, el tiempo apremia.

Querida hermana,

tendrás que cuidar de nuevo al príncipe Carlos.

Él te adora y es pieza fundamental en el futuro de Europa.

-Será un placer, hermano.

¡Su majestad la reina Isabel de Inglaterra!

(Carraspeo)

-Majestad. Estáis más bella que nunca.

Sois muy halagador, "sir" Hawkins. ¿Qué me traéis?

Un grupo de nativos de Sierra Leona.

¿Salvajes?

No exactamente, majestad. Son una raza trabajadora.

Con la disciplina adecuada

pueden ser muy útiles.

(HABLA EN OTRA LENGUA)

Por su tono, no sé si está saludándome o insultándome.

Están felices por encontrarse ante su majestad.

Y desean haceros un regalo.

Es precioso. Gracias.

Si os complace, majestad,

bailarán para mostraros sus capacidades artísticas.

Y mientras tanto, me gustaría hablaros

de mis futuros proyectos.

-Hum...

Que así sea.

(Suena música de percusiones)

(Bailan al compás de la música)

-Majestad, próximamente quiero encabezar

otra expedición a Sierra Leona.

Y deseáis que yo la financie, como si lo viera...

Si me permitís explicaros su objeto...

-¿Importar bailarines?

-Escuchadle, señora.

-Como ya os he dicho,

Sierra Leona es una tierra de hombres fuertes y trabajadores.

Podemos comprar hombres y convertirlos en esclavos.

¿Pretendéis llenar Inglaterra de esclavos desnudos?

Desde luego que no, majestad.

Pero en el Nuevo Mundo los necesitan.

Si compro esclavos en Sierra Leona y los vendo en Santo Domingo,

el beneficio puede ser muy cuantioso.

Esto empieza a interesarme.

Con lo obtenido, traeré productos del Nuevo Mundo

que venderé aquí y multiplicaré los beneficios.

Si todo sale como espero,

podremos crear una ruta comercial que enriquezca tanto

a su majestad como a su siempre colaborador.

¿Qué necesitáis?

Tres barcos y dinero para comprar esclavos.

Os daré tres barcos.

¿Y el dinero?

¿Por qué comprar algo que se puede obtener gratis?

He oído que esos barcos negreros portugueses navegan sin escolta.

Comprendo, majestad.

Lord Cecil, despachad con "sir" Hawkins

los términos del acuerdo.

-Como ordenéis, majestad.

-Brillante y perversa, como siempre.

Todo el mundo cree que nado en la abundancia.

Nada más lejos de la realidad.

Bueno, es mejor así. También creen que eres virgen.

Nada más lejos de la realidad.

(Sigue la música de percusiones)

(GRITAN)

(ENFADADO) ¿Reinar?

¡Por encima de mi cadáver!

-Fue coronada reina de Escocia

cuando apenas tenía unos meses, hace 18 años.

Para ser una potencia europea, alguien debe llevar nuestra corona.

-Pero no una mujer..., y mucho menos católica.

Si le damos el poder, nos arrastrará a la perdición, como hizo Jezabel

en Israel. -Cálmese, reverendo.

Que lleve puesta la corona... no significa que tenga el poder.

Aquí está bien. Sigamos.

A ver...

Me encanta, muy bien.

Esas cortinas quedarán perfecta aquí.

¿Está todo a vuestro gusto, majestad?

Por favor, en la intimidad tratadme como lo que soy.

Vuestra hermana.

Es un honor serviros, querida hermana.

Creo que juntos haremos grandes cosas.

No dudo en que me serviréis bien, hermano.

Quiero presentaros a David Rizzio, mi consejero particular.

¿Consejero? Creí que solo erais un músico.

Tengo la suerte de que mis consejos suenan a música

en los oídos de la Reina.

Él es lord Maitland, mi mano derecha.

-A su servicio, majestad.

Señor Rizzio...

Hermano, es bien sabido por vos

que abandoné este país siendo una niña.

Así que os necesitaré para ayudarme

a gobernarlo. -Será un honor.

En Francia

me asegurasteis que no ambicionáis mi corona. Por eso quiero apoyarme

plenamente en vos.

Los bastardos no tenemos ese tipo de ambiciones.

No nos podemos permitir

tal lujo.

¿Y qué otras ambiciones se pueden permitir los bastardos, señor?

Supongo que las mismas que vos, Rizzio.

Que mi hermana sea feliz

en el país que le ha tocado reinar. No dudo que seré feliz...

Y ahora, si me disculpan, estoy agotada del viaje.

Quiero descansar antes de la cena. Muchas gracias por todo, hermano.

¿Qué opináis?

-Es inteligente, segura de sí misma...

-Muy atractiva, y creo que ambiciosa.

Tiene la fuerza de los Estuardo.

-Son nuestros genes.

-¿Será controlable? -Soy el regente.

Y su hermanastro.

Está estrenando juguete, démosle tiempo.

-El que me preocupa es ese tal Rizzio.

-Demasiada confianza con la reina. -Bueno, es su consejero.

-En la intimidad, puede.

Pero tengo entendido que es un espía de la Santa Sede.

-¿Un tentáculo del papa?

¿Por qué en Escocia?

-Pura ambición.

Así tendría España, Francia y Escocia

bajo su influencia católica.

-Claro. Si María afianza su reinado católico,

Isabel estará rodeada.

-Una alianza y algo de dinero bien invertido,

y los ingleses pueden verse borrados del mapa.

-¿Y eso nos conviene? No me gustaría ver a la Santa Inquisición

asesinando gente por los prados escoceses.

-Bueno...

No adelantemos acontecimientos. Aquí puede pasar de todo.

-Desde luego.

Últimamente, los reyes caen como moscas.

(Caballos al trote)

(AZUZA AL CABALLO)

(AZUZA DE NUEVO)

(RÍE SATISFECHA)

Una vez más, la yegua gana al semental.

Eres imprudente. No es una buena cualidad para una reina.

Y tú, demasiado lento.

Buena cualidad para un amante, pero mala para un jinete.

¿Otra carrera hasta las caballerizas?

Eres incansable.

¿Quieres acabar conmigo?

Todavía no, es que me encanta... cabalgar.

(Golpes y voces de espadachines)

Lord Cecil os está esperando.

-"Eso es imposible".

María no firmará el tratado según está redactado.

-No podemos tener dos reinas en la misma isla.

¿Me habéis llamado para conspirar?

-Vaya, ¿os escandalizáis? Creía natural la traición en vos.

-Solo si el fin lo requiere.

De vos se dice que eliminaríais a vuestro propio padre

si os sintierais amenazado. -¿Lo creéis así?

-Sí, ¿por qué?

-Nunca haría eso.

¿Tanto queréis a vuestro padre?

-Considero que son más peligrosos los hijos.

-¿Entonces qué pretendéis?

-Una de las dos sobra. -No os andáis por las ramas.

-Nuestra verdadera amenaza son España y Francia,

y dos reinas nos debilitan.

-Y por tanto...

-Me parece que enfrentarlas

es la solución. -Y que gane la mejor, ¿verdad?

-No. La peor será la que gane.

Es lo más conveniente.

(Gemidos)

Qué placer.

Qué sensación.

Sí, bastante mejor que cuando nos encerraron en la Torre de Londres.

Si nos hubieran encarcelado juntos, habría sido más morboso.

Para nada, querido.

Sin duda tu morbo se multiplica ahora

por dejarte hacerlo con tu reina.

Que puede perderme en cualquier momento

si no me convierte en su rey.

Los hombres, insaciable Robert, para lo único que valéis

es para copular, y, sinceramente, no todos con el mismo acierto.

Por lo tanto...

Insinúas que no siempre te satisfago...

Digo que los hombres tenéis fácil sustitución.

Cómo te gusta dominar...

Por nosotros.

Por que dure.

Cualquier día

te poseo por donde Dios manda...,

te dejo preñada...

y no tendrás más remedio que hacerme rey.

Te aseguro que Dios no se mete en semejantes intimidades.

Y no necesito un rey, sino un amante.

Y el trono, y un heredero.

¿Mío? Eso ni loca. Terminan convirtiéndose

en la mortaja de sus padres.

A la pareja le dan razón de ser sus hijos.

No insistas más. Nunca me casaré, ni tendré un heredero

que me asesine por la noche mientras duermo.

Yo te protegería. ¿Cómo?

¿Igual que protegiste a tu esposa?

Eres cruel.

Sabes que la quería

y que no estaba a su lado cuando sufrió el accidente.

Ella fue muy oportuna, y tú fuiste muy hábil.

La mejor virtud de las mujeres de mis amantes

es saberse morir a tiempo.

¿Cuántos ha habido

antes que yo? Me ofendéis, "sir" Dudley.

¿Olvidáis acaso que aún soy virgen?

-Majestad, lord Cecil

desea hablar con vos. Decidle que voy enseguida.

Buenos días, majestad.

¿Recordáis que os he hablado

de lord Maitland, del consejo escocés?

Desde luego.

-Majestad.

Acabo de cumplir uno de mis más fervientes deseos.

Gracias. Nunca esperaría tal refinamiento

de un escocés. Debería conocernos mejor.

De quien me gustaría conocer

hasta el último detalle es de mi prima, vuestra reina.

-Dicen que es especialmente hermosa.

¿Y eso a quién le importa? El físico no gobierna.

-En el caso de vuestra prima sí.

No os entiendo.

Con su belleza,

despliega tal encanto natural

que tiene totalmente fascinado a su pueblo.

-No tiene nada que ver, los súbditos ingleses adoran a nuestra reina.

¿Estáis llamándome fea?

-El talento y la personalidad

no necesitan estética.

Cada vez os siento menos escocés.

-Y cuanto más lo conozcáis,

más útil lo veréis para nuestra causa.

Es la mano derecha de Moray,

hermanastro y hombre de confianza de vuestra prima.

Buen aliado, lord Cecil. Siempre adelantándoos al futuro.

¿Puntos débiles? Ninguno.

Excepto... ligeros trastornos de salud...

Ah, bueno, y la persecución implacable de John Knox.

¿Mi prima continúa celebrando misas?

-Todos los domingos.

Podría decirse que está convirtiendo su capilla privada

en un centro de conspiración contra su majestad.

-Peligroso. Hay que atajar eso cuanto antes.

En cuanto firme el tratado de Edimburgo.

-Eso no lo hará jamás.

-¿Por qué estáis tan seguro, lord Maitland?

-¡Dudley, amigo mío!

Qué sorpresa, no esperaba veros aquí.

¿Os conocíais de antes?

-"Sir" Dudley tiene la habilidad de aparecer en cualquier sitio,

incluso donde no se le espera. Cuide sus descortesías.

Nunca estuve de acuerdo con ese tratado,

pero ahora nos puede venir bien.

Prácticamente nos habían invadido los franceses.

-Y Escocia era la entrada del catolicismo.

-Con María al frente, se renueva la situación de emergencia.

-He oído que proliferan las misas por el norte.

Mi prima puede no ser peligrosa por sí misma,

pero me temo que la utilizarla contra mí.

La religión fortalece a los pobres y a los fanáticos.

-Su consejero privado, David Rizzio,

es en realidad un espía del Santo Padre.

-Si ese bastardo del papa interviene, nos estrangulará.

-Obliguemos a María a que se convierta a la fe protestante.

La describís como encantadora y presumida.

Eso coincide con frívola.

No esperará quitarme el trono, ¿verdad, Cecil?

-Casada y con un heredero, eso sería imposible sin una guerra.

-Eso mismo la digo yo constantemente.

-Con alguien que tenga nivel para ser rey de Inglaterra.

Quiero reunirme con mi prima.

Voy a hacerle entender, que, si no firma,

en vez de su prima, me convertiré en su peor pesadilla.

¡Dudley!

Más grande, señor Bautista. Ha de ser más grande.

Este monasterio es un reconocimiento a los beneficios

que nos ha otorgado Dios. Y han sido muchos.

Como deseéis, majestad.

-Majestad, hemos recibido noticias de Escocia.

La reina María envía parabienes y espera reestablecer

el comercio con nuestro país y el intercambio de embajadores.

Nos alegramos de su retorno a Escocia.

Su catolicismo pondrá en su sitio a esa hereje de Isabel.

-Nos convendría firmar una alianza con ella.

-Eso pondría en pie de guerra a Inglaterra. Y tal vez a Francia.

-No tememos a nadie.

Poseemos el mejor ejército. Caballeros,

por favor...

María tiene una cualidad que nos interesa.

-Por supuesto. Que es católica. Y que es viuda...

Y el príncipe está soltero.

-Majestad, el príncipe es demasiado joven.

Tiene 16 años. Los mismos tenía yo

cuando me casé con mi primera esposa.

Visión de futuro, caballeros.

Se lo he dicho muchas veces.

Majestad, permitidme que os presente al hermano Rodrigo López de Segura.

Desea haceros un regalo.

"Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez".

¿Lo habéis escrito vos?

-Así es, majestad.

No me convence este juego.

El rey no hace apenas nada.

Es la reina quien ostenta todo el poder.

Al contrario, majestad.

Es un juego de estrategia.

El rey tiene la inteligencia. La reina solo es su instrumento.

Son como los leones.

La hembra caza para el macho, que es el dueño de la manada.

Y a veces es... sacrificada para la supervivencia del rey.

Esto es demasiado peligroso, majestad.

Este bosque es conocido sobre todo por sus ladrones.

-Lord Cecil,

dejad de temblar como una novicia.

Quiero que el encuentro sea lo más discreto posible.

-Discreto sí, pero no temerario.

Por nuestro bien habría sido mejor que nos acompañase la guardia.

Habríamos llamado la atención

y todo el mundo sabría que estamos aquí.

No es esa mi intención.

Este lugar es indigno

de una reina.

A mí me encanta. Lo he elegido yo.

¿Vos, hermana?

Le parecía misterioso y romántico.

Ellos nos pidieron el encuentro

y yo he decidido el sitio.

Me muero por ver la cara de mi prima cuando entre aquí.

¿No os preocupa que vuestra prima

no os haya hecho una invitación oficial

y este encuentro sea un tanto irregular?

O bien lo ha querido hacer más íntimo

o se está protegiendo de un posible desencuentro.

Sed prudente.

Isabel puede ser peligrosa.

Tranquilo, hermano.

Somos dos primas que lo único que quieren es conocerse personalmente.

Eso es todo.

Eso y que el hecho de que seáis católica

choca frontalmente con el Tratado de Edimburgo.

Que pretende obligaros a ratificar.

¿Y renunciar al catolicismo? Jamás.

No es solo vuestra fe. Un matrimonio con un francés o español

y peligraría la soberanía de Inglaterra.

Todos países católicos. Es una buena idea.

Solo me casaré por amor.

Y si es un príncipe católico, muchísimo mejor.

Insisto, guardaos bien de Isabel.

Las mujeres son más civilizadas que los hombres,

incluso en Inglaterra.

Conducidme a vuestra mejor habitación.

Mary, ya sabes lo que tienes que hacer.

Ya han llegado.

¿Dónde está mi prima?

Aquí.

Lord Maitland, es mucho más bella

de como me la describisteis.

Querida prima,

ardía en deseos de conocerte.

Después de tanta correspondencia, es como si te conociera

de toda la vida. Eres tan bella,

tan...

Tan angelical.

Y tú prodigas tanta seguridad y personalidad.

Ya me habían ponderado tu inteligencia

y tu capacidad de gobierno.

Espero no defraudarte.

Quiero presentarte a mis consejeros, lord Cecil y "sir" Robert Dudley.

Ah, "sir" Dudley, he oído hablar mucho de vos...

Debéis ser un gran consejero.

Majestad, nada me da más placer que servir bien a mi reina.

Dejadme que os presente a mi trovador particular.

A falta de un mejor consejero,

tengo un magnífico músico a mi lado.

Mi fiel... Rizzio.

-Majestad, como verá,

no le falta sentido del humor.

Espero que me recuerde.

Soy el conde de Moray, regente de Escocia

y hermano de la reina. ¿Cómo poder olvidaros?

Fuisteis pieza fundamental en la firma de nuestro Tratado

de Edimburgo. Prima, te traigo un obsequio.

Mi retrato.

Es precioso.

Me tienes que presentar al pintor.

¿No tienes un buen retratista?

Me gustan más los paisajes.

Se dice que al último pintor que la retrató lo mandó decapitar.

Toma, el mío. A ver qué te parece.

¡Oh!

¡Un anillo!

Es maravilloso.

-Majestades, tal vez podríamos tomar un refrigerio

mientras hablamos del tema que nos ha reunido aquí.

¿A qué os referís?

Yo he venido a conocer a mi prima.

Por supuesto, y yo también. Pero el tiempo es oro y, como sabes,

tu condición de católica, que yo respeto,

hace imprescindible que ratifiques nuestro tratado.

¿Ese es el motivo?

Me parece un tema bastante delicado. Se firmó en mi ausencia

y sin mi consentimiento. Para que, entre otras cosas,

pudieras tener un país en paz donde reinar.

Un país donde reino. ¿Cuál es el problema?

Como católica, podéis concertar alianzas

que perjudiquen a nuestro país. -¿Por qué haría una cosa así?

¿Para apropiarse de mi reino, por ejemplo?

Soy descendiente de Enrique VII

y, por tanto, heredera al trono de Inglaterra. No tengo necesidad

de quedarme con nada que realmente

ya me pertenece. -¿Veis a lo que me refiero?

Puedes estar tranquila.

Nunca haría tal reclamación mientras estés viva.

Hay una obsesión patológica a mi alrededor sobre mi sucesión.

El que no me quiere ver casada y preñada,

me quiere ver muerta.

-¿Muerta?

Eso no ocurrirá mientras yo viva.

Tranquilo, querido amigo. Tengo la intención de sobreviviros

a todos. Ojalá pudiera decir lo mismo.

-¿Os sentís amenazada?

-De ninguna manera, goza del cariño y del respeto de todos sus súbditos.

Pues...

como no queremos perder nuestros reinos,

mejor unidas que enfrentadas por un tratado.

Completamente de acuerdo. Olvidémoslo.

Pero debes renunciar formalmente al trono de Inglaterra.

¿Bromeas?

Ni puedo ni quiero renunciar a un derecho divino.

¿Derecho divino?

¡Qué estupidez!

No tenemos alternativa. O estás conmigo

o estás contra mí.

-Majestades... ¿Me amenazas?

Tu existencia amenaza la paz de Inglaterra.

Y la tuya me priva de la corona.

Pero, tranquila, que no soy tan ambiciosa y sabré esperar.

Testadura e ilusa como tu madre.

Mejor ser testadura

que ejecutada por adulterio y brujería como la tuya.

He venido aquí como prima y amiga

para reforzar nuestros reinos con una alianza.

¿Qué alianza? Es una imposición en la que solo puedo perder.

Te creía más inteligente. Y yo a ti, menos autoritaria.

-Creo que es mejor dar por terminado el encuentro.

-Estoy de acuerdo.

Tendrás noticias mías. Sí, por favor, mándame tu retrato.

Soldados, acompañadles a la frontera.

Sois responsables de su seguridad.

(Campanadas)

Como sabréis, me he propuesto retomar el Concilio de Trento.

Gran idea, santidad. Contáis con todo mi apoyo.

Las ideas reformistas de Lutero y Calvino

nos están haciendo muchísimo daño. No dejan de ser meros teólogos.

Herejes, sí, pero teólogos.

Me preocupan más quienes les sustentan desde el poder.

Isabel.

Santidad, si queremos que el mundo siga siendo católico,

debemos eliminar a Isabel.

Si no, el protestantismo se extenderá por el Nuevo Mundo

y entonces ya no habrá remedio.

Duras palabras las vuestras.

Sobre todo, pronunciadas entre estas cuatro paredes.

Los herejes deben ser eliminados de la faz de la tierra.

Aunque lleven corona.

Estoy de acuerdo con vos.

Vuestra Santa Inquisición ha demostrado ser todo un acierto.

Una de las conclusiones del concilio

ha de ser extenderla a Italia y Francia.

Muy acertado, santidad.

Pero acabar con un pecador de Castilla

no es lo mismo que acabar con la reina de Inglaterra.

Santidad...

¿Puedo ser directo con vos? Desde luego.

Vuestro predecesor me tenía una inquina extrema.

Nunca me perdonó mis posesiones en Nápoles,

de donde era originario. Eso es agua pasada.

Nuestros enemigos aprovecharon esas malas relaciones.

Vos también pactasteis con Isabel cuando os convino.

Era la única forma de que abandonara el continente.

En este juego hay tres participantes,

y la mayoría de las veces

Francia se acuesta como aliada y se levanta como enemiga.

Es lo natural de un francés.

¿Y Flandes? ¿Y Escocia?

No os preocupéis por Flandes.

Y en cuanto a Escocia, vuelve a ser católica, sí.

Que haya una católica en el trono

no significa que todo el país lo sea.

Escuchadme.

Si conseguimos hacernos con Escocia, entraremos en Inglaterra.

Francia ya lo pretendió... y le salió muy mal.

España no es Francia.

¿Qué sugerís?

Sugiero convencer a María

de la conveniencia de contraer matrimonio con mi hijo,

el príncipe Carlos.

Excelente disparo, majestad.

Tenéis una puntería magnífica. ¿Cómo lo hacéis?

Es fácil.

Imagino la cara de mi prima en lugar de la diana.

(Risas)

¿Es tan fea como dicen? Horrorosa.

Pero tiene aún más fea el alma.

Otro estupendo disparo, majestad.

Continuad vosotras.

Demos un paseo, Rizzio.

Aquí no, Rizzio, pueden vernos.

Es que no soporto verte así... Tan... preocupada.

No estoy preocupada, sino decepcionada.

Creí que Isabel sería más razonable. Te envidia.

Por tu inteligencia, pero sobre todo... por tu belleza...

¿Hasta dónde crees que sería capaz de llegar mi prima?

Hasta donde le permitamos. Deberíamos reforzar tu seguridad.

Acabas de preocuparme. No exageres. Nunca llegaría a tanto.

Teme por su trono y económicamente no puede permitirse una guerra.

Podrías ser su principal objetivo.

Dame soluciones.

De sobra sabes que solo tienes una solución.

¿Cuál? Viene tu hermano.

Desde la reunión con Isabel está tenso y agresivo.

No me fío de él. Pero ¿te fías de alguien?

Solo de ti, majestad.

Buenos días, majestad. Buenos días, hermano.

Por muy temprano que venga a ver a mi hermana,

siempre os encuentro a su lado.

Para mí, los asuntos de la reina no descansan.

Y vos tampoco. Le pedía consejo

sobre cómo actuar ante la actitud de mi prima.

Y yo iba a decirle que debe contraer matrimonio.

Me sorprendéis, Rizzio.

Por su egolatría, Isabel ni quiere casarse ni tener descendencia.

¿Adónde queréis llegar?

Si María se casa, los ingleses la verán como una reina responsable

capaz de garantizar el futuro de su país.

Eso no es tan fácil. Escoceses e ingleses tienen

grandes diferencias. Deja que termine.

Si termináis casándoos con un príncipe católico,

español o francés,

tendréis fuerza para optar al trono de Inglaterra

e imponer vuestra religión en ambos países.

Isabel no lo permitirá.

Será la guerra. A eso mismo

me refiero.

Habláis así porque no será la sangre de vuestro pueblo

la que corra en el campo de batalla. No me hagáis reír.

Masacrasteis a vuestros compatriotas aliados

con los franceses sin parpadear. ¡Miserable!

¡Retirad esas palabras ahora mismo! ¡Basta!

¿Desenvaináis ante mí? Discutiendo no arreglaremos nada.

Tenéis razón, majestad.

Creo que aquí estoy de más. Con su permiso.

Adelante.

Cuida tus provocaciones. No siempre podré defenderte.

Es mejor tener un enemigo fuerte que un aliado débil.

Con tu llegada ha perdido todo su poder.

Tendremos que andar con cuidado.

Necesito a Moray para controlar a los lores.

No nos queda más remedio que acudir

a Maitland.

No me gusta Maitland. Siempre es demasiado amable.

Corre el rumor de que nos espía para Isabel.

Puestos a tener un traidor,

mejor que ese traidor sea de los nuestros.

Ese encuentro con María ha sido un completo error.

Está inquieta, furiosa...

-Eres su amiga, le pudiste aconsejar no hacerlo.

-Y tú eres su amante, y a ninguno nos hace maldito caso.

-No olvides que, antes de amiga o mujer, es reina.

-Bueno, es reina por accidente.

Parece que María no tardó en restregárselo

y recordarle que la reina de Inglaterra y de Escocia era ella

por sucesión y por designio... divino.

-Sí, bueno, María es el problema.

¿Dónde estabais?

Cuidando tu baño.

Si para eso hacen falta dos personas, no quiero imaginar

lo que necesitaríais para gobernar.

-Tranquilízate. Si fuera por él, viviría cosido a tu falda.

Sí. Siempre que esa falda condujese a un trono.

-¿Por qué...? ¿Por qué me haces pagar tus tensiones?

¿Qué te pareció mi prima?

¿Puedo ser sincero?

Ya has dicho bastante.

¿Cómo se puede ser tan estúpido?

Mi prima tiene la agresividad de los débiles.

Pero, sin control, puede ser un peligro.

-¿Y cómo viste a su hermanastro, el regente Moray?

Sobornable,

adulador... y nada de fiar.

-Isabel, no tienes nada que temer de María.

Es hermosa...

y, al parecer, hace con los hombres lo que le apetece.

Isabel, realmente no entiendo lo que quieres decir.

Decide de qué lado estás antes de cometer un error irreparable.

(CON RABIA) Si ella pretende inquietarme,

yo haré que no pueda dormir.

No estáis comiendo nada, majestad.

Es desagradable, fría, calculadora y ambiciosa.

Olvidadla.

-Al menos mientras cenáis.

-Ya sabéis que los disgustos os afectan al estómago.

Y mi prima me corta la respiración.

Esta carta es un nuevo insulto.

Insiste en que abrace la Reforma protestante.

-Os lo pido, majestad, comed algo.

Y por si fuera poco, ahora también he de preocuparme por mi hermano.

Majestad, señoras...

Se supone que cenábamos en el gran salón.

No estoy de humor.

¿Es que... pasa algo?

Dejadnos un momento. Os llamaré más tarde.

Estás infinitamente mejor desnuda.

Eres un cínico.

¿A qué viene eso?

Dices que me deseas,

pero me obligas a ofrecerme como esposa a toda Europa.

Me siento como mercancía. ¿Tan pronto te has cansado de mí?

Tu matrimonio no tiene nada que ver con nuestra pasión.

Es una cuestión de estado.

¿Qué? ¿El matrimonio o nuestra pasión?

El matrimonio.

Creía que los romanos erais más románticos.

Y yo, que las escocesas erais más frígidas.

Cualquier príncipe católico nos vale.

Incluso un infante.

Lo dicho, eres el romanticismo personificado.

Siento... ser tan pragmático.

¿Cómo me perdonarás?

Tú sabrás...

Oh, Rizzio.

Esta pasión me está volviendo loca.

¿Quieres que pare?

Si se te ocurre parar, haré que te corten... la cabeza.

Si mi prima es realmente virgen, no sabe lo que se pierde.

¿Por qué paras?

Tienes unas manchas muy extrañas en la espalda.

¿Qué dices?

Y en la cara también.

(Puerta abriéndose)

Varicela.

-¿Es grave?

-Bueno, en los niños, no.

Pero en los adultos puede provocar incluso la muerte.

-¿Quién lo sabe?

-Aparte de nosotros, sus cuidadoras.

-Que no salgan de aquí.

Nadie debe conocer la enfermedad de la reina.

Nuestro futuro puede depender de ello.

-No os preocupéis, lord Cecil.

-Esto confirma mis temores.

Si la reina muere sin descendencia, puede ser nuestro final.

-Me he ofrecido mil veces a ser su esposo.

-No insistáis, Dudley.

Ella no os considera digno de ser su rey.

-No hablamos de dignidad. Estamos hablando de descendencia.

-Ya hemos tenido suficientes bastardos en nuestro trono.

-Pues no nos ha ido nada mal.

¿Deseabais verme, majestad?

Sí, lord Maitland. Iré directamente al grano.

¿Qué os parecería si os hiciera mi hombre de confianza?

Esta proposición me pilla por sorpresa, majestad.

Ya lo veo, os estáis ruborizando.

No sabía que entre vuestras virtudes estuviera la falta

de ambición. ¿Qué decís?

¿Os interesa el cargo, Maitland?

Desde luego, majestad.

Muy honrado.

Con una condición. Decidme.

Debéis dejar inmediatamente de espiarme

para lord Cecil.

Majestad, no tengo palabras...

Me temo

que os hemos pillado in fraganti y ahora tenéis que cambiar de bando.

Otra vez.

Estáis ofendiéndome. Tranquilo.

Olvidaré vuestras indiscreciones si a partir de ahora me sois leal.

Contad con ello, majestad.

Vuestra primera misión consistirá en viajar a España.

Quiero que tratéis la propuesta

de matrimonio con el príncipe Carlos.

¿El hijo del rey?

Apenas es un niño y goza de poca salud.

El clima escocés le sentará bien.

Partid inmediatamente y mantenedme informada de las negociaciones.

¿Qué va a hacer tu hermano cuando vea que ha sido sustituido?

¿Sustituido?

Sigue siendo muy útil. No admitirá su pérdida de poder.

Siempre tan suspicaz...

Iniciará una batalla.

Pues... le combatiremos juntos.

(Pasos a lo lejos)

Majestad...

Hacemos todo lo que está en nuestras manos,

pero la fiebre no remite.

Y las heridas por la caída no terminan de cicatrizar.

En esta inmunda ciudad de agua corrompida

y repleta de enfermedades.

Creí buena idea trasladar la corte a Madrid,

pero empiezo a dudarlo seriamente.

-La ciudad está creciendo.

Muy pronto será el reflejo de nuestro imperio.

Madrid no representa nuestro imperio, que se sustenta en la fe.

Tengo pensado un lugar más digno

y que reflejará la gloria de nuestro Señor.

Así que lo habéis intentado todo...

-Así es, majestad.

Todo no, mi buen amigo.

¿Qué es esto, majestad?

Es la momia de fray Diego de Alcalá.

Fue un santo en vida y también lo es ahora.

Ayudará a sanar a mi hijo.

(Grito de terror)

Ya empieza a surtir efecto.

(GRITA ATERRADO)

Su cara es lo que me preocupa. Tiene muchas pústulas.

-"El ataque fue fuerte. -Mejor el desprecio"

que el aislamiento. ¿O has olvidado los meses encarcelados?

-Ya pagarán por ello.

Lo juro.

-No puedo controlar a todos.

A mí por supuesto.

Lo contrario es sublevación.

-No creo que a vuestra reina le gustase si se enterara.

¿Qué estamos buscando? "Un marido".

Quiero casarme contigo.

"Dinero es poder".

"Y si Felipe acumula más poder, será nuestra perdición".

No podemos permitirlo.

"Las murmuraciones que llegan a mis oídos"

son traición.

¡Puedo ver en vuestro rostro el de Jezabel!

Siempre igual. ¡Fuera! -"La reina María os considerará"

un insulto. -¡Maldito bastardo!

¡Quietos! -"Es una batalla,"

no un juego de damas. Dad la orden.

¡Por María!

-"María ya tiene

un pretendiente. Como vos deseabais, un lord inglés".

¡Jamás!

Reinas - Capítulo 1: El regreso - ver ahora

Juana la loca (Película, FlixOlé)

No es una serie, pero es la pieza que falta para completar la historia de Isabel la Católica y Catalina de Aragón. La famosa película de Vicente Aranda cuenta la historia de su hermana Juana (Pilar López de Ayala), enviada por Isabel y Fernando a Flandes para casarse con Felipe el Hermoso: un matrimonio político que, sin embargo, contó siempre con el amor apasionado de Juana, incapaz de soportar las infidelidades de su marido y objeto de enfermizos celos que terminarían con su confinamiento. Disponible en la plataforma FlixOlé. 

 Juana la loca (FlixOlé)

Juana la loca (FlixOlé)

Concepción Arenal, la visitadora de cárceles (TV Movie, RTVE)

Dejando atrás el Siglo de Oro y sumergiéndose en el siglo XIX, Concepción Arenal, la visitadora de cárceles narra la lucha de esta intelectual, escritora y humanista gallega, interpretada por Blanca Portillo, que luchó por mejorar las condiciones de vida de los presos y reformar las instituciones penitenciarias. En su obra denunció la mendicidad, la miseria y la condición de la mujer en su época, situándose en la línea ideológica de las sufragistas y siendo una de las precursoras del feminismo en nuestro país.

No recomendado para menores de 12 años Somos cine - Concepción Arenal, la visitadora de cárceles - ver ahora
Transcripción completa

(Truenos)

Profesor.

(ACE. FRANCÉS) Disculpe el retraso, pero no ha sido fácil llegar aquí.

-Lo imagino.

Alphonse Dumond, "Le Figaro".

Le agradezco que me haya concedido unos minutos.

Sé que no es muy dado a las entrevistas.

-Pero no hablaremos de mí, ¿no? -Eso lo dejamos para otra ocasión.

Hoy se ha aprobado el nuevo código penal.

Usted dijo que eso sería la culminación del trabajo

que ella comenzó. -Así es.

Por primera vez un código penal humanitario,

como ella quiso.

-La conoció personalmente, ¿verdad? ¿Cómo era?

Quiero decir como persona.

-Muy persistente, como usted. -Si uno no persiste,

no consigue nada en la vida. (RÍEN)

-Eso es cierto. Doña Concha consiguió muchas cosas.

Y cambió muchas vidas.

Aquellos fueron años inestables.

"El país se había desangrado con las guerras carlistas

e iba dando bandazos con breves gobiernos

de conservadores y liberales.

Pero no conseguía romper cadenas con el antiguo régimen.

Y otro tipo de espectáculo público

congregaba a los dignatarios y a la ciudadanía".

(Griterío)

(Griterío)

-¡Asesina!

(Timbre)

-Señora condesa. -Muchas gracias.

Oh, gracias a Dios.

Hay que darse prisa.

(Música trepidante)

(Griterío)

-Asesina.

(Tambores)

(GIME)

(GIME ASUSTADA)

(LLORA) -Hija.

(CONDESA) Dejen pasar. Paso.

Apártense, dejen paso.

Rápido, déjenos pasar.

Déjennos pasar, por favor.

Aparte el arma.

Detengan la ejecución.

-¿Quién lo ordena?

-La reina manda aplazarla hasta que se resuelva el caso.

-Señoras, me sorprenden.

¿También para semejante asesina han pedido indulto a la reina?

Nadie merece un espectáculo tan repugnante.

Su pueblo tampoco, señor gobernador.

(GIME)

(JADEA)

¿Todas las reclusas duermen en estancias como esta?

(JADEA EXCITADO)

(JADEA CON MÁS INTENSIDAD)

(JADEA)

Hasta la tercia. Y no te retrases.

(Se cierra la puerta)

(SUSPIRAN)

-¿Estás bien, Flor?

Antes de nada... De tus padres.

Les he contado nuestros planes. -¿Y qué dijeron?

-Tu madre, que ya se pone a coser el vestido de novia.

Y tu padre, ni mu. Pero parecía agradecido.

Toma, aquí van unas cuantas monedas de más.

Quizá la próxima vez el cabo de vara te deja más minutos.

-Ya sabes que la tercia me quiere de vuelta.

-Pues para un poco más de rancho. Estás en los huesos.

Supongo que la prisión obtiene buenos beneficios de este trabajo.

Esas cuentas las lleva el comandante.

Mi labor aquí es otra.

-Tú, holgazana. No te duermas.

(GIME)

¿Cuántas horas al día trabajan estas mujeres?

De sol a sol, como todos.

¿Y también reciben un salario como todos?

Reciben alimentos, sustento y apoyo espiritual.

Hay ropa de hombre, ¿de dónde sale?

De los presos de la prisión contigua.

Buenos días.

(Campanadas)

A la capilla.

(Campanadas)

Diariamente acuden a oraciones de prima, sexta y vísperas.

Cuánta devoción. No se haga ilusiones.

Son obligatorias, como todo lo demás.

Es la señora Arenal, visitadora de prisiones.

Él es Goyo, el cabo de vara.

Encantada.

Señor.

Blanco.

¿Le importaría seguir enseñándole el presidio?

Llévatela.

Sígame.

Estas son celdas de aislamiento.

¿Debe estar aquí la viuda de Taro? Por su propia protección.

Pero no será la única homicida del presidio.

Es la única que mató a sus propios hijos.

¿Y eso la condena al aislamiento?

Cuando llegó, las otras casi la matan a palos.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

La señora visitadora.

Señora Arenal.

Por favor. Señor Garrido.

Ya ha visto usted toda la prisión. Eso creo.

Y aún le quedan ganas de seguir con su trabajo de visitadora.

Más que nunca.

Me nombraron visitadora para cuidar de las presas,

no para abandonarlas.

Debería poner su empeño en tareas menos inútiles.

(Música de órgano lejana)

¿Y esa música quién la toca?

Sor Eloísa, una gran amante de la música.

Aunque me temo que la música no la corresponde.

(RÍE)

Debo admitir que es admirable

que con un número tan elevado de reclusas

reine el orden y no el caos.

Oración, trabajo y disciplina.

Esa es la receta.

Aunque no necesariamente en ese orden.

¿Es por disciplina o por voluntad propia

que muchas reclusas van descalzas?

Descalzas y sin sombrero.

Y no se han quejado, de momento.

Muchas de ellas no han tenido zapatos en su vida.

Ya, ya lo sé.

Con lo que la prisión gana con la limpieza de las pieles,

no tendrían por qué ir descalzas.

Es poco dinero, señora.

Cuando hablamos de curtidos, nunca es poco dinero.

Son muchos los gastos. Y hay prioridades.

Mire,

una cosa es hacer beneficencia a los pobres y a los huérfanos,

y otra muy distinta,

perder el tiempo con esas zarrapastrosas.

Con zapatos o sin ellos,

delincuentes son y delincuentes morirán.

Créame.

La mayoría son analfabetas.

Mujeres descarriadas, más que auténticas criminales.

Les prohíben todo contacto con el mundo exterior para evitar

malas influencias. ¿Ni siquiera con la familia?

No.

Esos hombres solo conciben el presidio

como un escarmiento diario.

A esas mujeres el mundo las ha dado por perdidas para siempre.

¿Qué podemos hacer nosotras, las Magdalenas?

Darles apoyo físico y moral.

Hablar con ellas, instruirlas.

Y guiarlas cuando salgan del presidio.

Yo encontraré más voluntarias.

A la fuerza, si hace falta. (TODAS RÍEN)

-¿Y la viuda de Taro?

¿Es cierto que la han aislado por su protección?

Dicen que las otras la atacarían si estuviera entre ellas.

Si se vuelven contra ella es porque tienen conciencia moral.

O falta de compasión

por quien ha caído más bajo que ellas.

¿Son empleados de la condesa? No.

Vienen a las clases gratuitas para adultos de doña Juana.

¿En su propia casa?

-Ella misma da algunas de las clases.

-Señora Arenal, preguntan por usted.

Perdonen.

Jesús, qué agradable sorpresa.

Tus hijos me dijeron que estarías aquí.

¿Cómo tú por Coruña?

Tengo un concierto pasado mañana en Santiago.

Te avisé por carta, ¿no te acuerdas?

No podía estar tan cerca y no venir a verte.

Londres, París, Bruselas...

Pero la verdad es que echo mucho de menos esta tierra.

El calor de la gente.

Y a ti.

En París vi tu "Manual del visitador del pobre"

traducido al francés. Me hizo mucha ilusión verlo allí,

entre Victor Hugo y Balzac.

No sería en compañía tan ilustre. Sí, ya lo creo que sí.

Allí estaba abriéndole los ojos a la intelectualidad francesa.

(RÍE)

Me alegra mucho verte tan animada.

Lo estoy.

Y asustada también.

¿Asustada, tú?

En presidio no saben con quién se las van a ver.

Esas mujeres llevan mucho tiempo aisladas.

No conocen sus derechos, no tienen esperanza.

La recuperarán.

Recuérdame el motivo de que no me visites a menudo.

¡Eh! ¿Por qué unas tanto y otras tan poco?

-Venga, pasa.

(Música inquietante)

-Eh, tú. ¿Qué haces?

¿Qué te has creído?

(FORCEJEAN)

-Al sitio.

(GIME)

Los carceleros les enseñan que las presas no son nada.

Y que el único método posible es la violencia.

En el colegio también nos pegamos para arreglar las cosas.

Alguien habrá que os diga que eso no se hace.

Ya sé que estáis hartos de que os lo diga,

pero si os dan y os insultan,

no tenéis por qué dar e insultar también.

Para eso os ha de servir la educación.

Tiene razón. Estamos hartos de que nos lo diga.

(RÍE)

(Campanadas)

Señora Arenal.

Sí.

Quería darle las gracias a usted y a la condesa.

Sé que pidieron indultos por muchos condenados.

Pero es que mi hija es inocente.

¿Es usted la madre de Petra? Sí.

Siento el calvario por el que están pasando.

(SOLLOZA) Es inocente. Debe creerme.

¿La ha visto usted? ¿Cómo está?

De momento está aislada, por su bien.

¿Quiere que le diga algo de su parte?

Dígale que la sigo esperando.

Buenos días.

Silencio.

Hoy no se come.

Buenos días.

Me gustaría presentaros a mi buena amiga Juana de Vega,

que me acompañará en estas visitas.

La asistencia es voluntaria.

Palabra que, imagino, habéis olvidado lo que significa.

Que si queremos, nos quedamos. Y si no, nos vamos.

(TODAS RÍEN) Eso es.

Pero creo que pueden ser interesantes para vosotras.

Os he escrito unas cartas que leeremos en voz alta.

También me gustaría mantener entrevistas con vosotras,

para ver de qué manera os puedo ayudar a cada una.

Cuando quieras, Juana.

(LEE) "Vuestra pobre alma está débil.

No se le exige cargar grandes pesos de arrepentimiento y virtud.

Hacedlos proporcionales a sus fuerzas.

Probad a hacer una cosa buena, aunque sea muy pequeña

y probad, sobre todo, a dejar de hacer

una cosa mala.

Si blasfemáis, por ejemplo,

no os digo que dejéis de blasfemar, pero si antes lo hacíais 20 veces,

que ahora sean 19.

Y luego 18, después 17..."

¿Cómo te llamas? María.

¿Qué te ha pasado?

¿Y si una presa le ha dado una azotaina de bienvenida?

La propia reclusa.

Según ella fue el cabo de vara,

por quejarse del trato de favor a otra presa.

Para gobernar a las presas, no queda otra que la disciplina.

Una cosa es la disciplina, señor Garrido,

y otra, la violencia.

Esas mujeres solo entienden a golpes.

Son como animales.

Han nacido con ese quebranto moral que las empuja

a la violencia y al crimen.

Nada evitará que caigan una y otra vez.

¿Qué me dice de los sobornos?

El presidio imita al mundo exterior.

Tanto tienes, tanto vales.

La escasez de alimentos es lo que provoca los sobornos.

Las reclusas pasan hambre.

El presupuesto del comedor es muy ajustado.

El contratista casi pierde dinero.

Muy bien.

Ni zapatos, ni comida.

Pero al menos, a los empleados habrá que instruirlos.

¿Instruirlos? Sí. Yo me encargaré de eso.

Respecto a las goteras,

ya sé que no hay dinero, pero esas mujeres lavan la ropa

de los presos de la prisión contigua.

Ellos podrían hacer algo a cambio, ¿no?

(LLORA) -¿Por qué lloras, Flor?

¿No has visto hoy a tu Pauliño?

Qué te pasa.

Si ya te queda poco para cumplir la pena.

-Gusté mucho tu carta. (ESCRIBE) -"Tu carta...

me llenó de alegría". -Sí, sí.

Pedí que me la lean mucho y ya me la sé.

-"Y tus palabras son como poesía".

(LEE) -"Yo no exijo que reprendáis a la compañera de prisión

que obra o habla mal.

Basta que calléis.

Que la ignoréis cuando se jacte de sus hazañas".

(GIME) -Déjame.

(SOLLOZA)

(GRITA)

-Chivata.

-¿Qué me vas a hacer? Déjame. (GIME)

Suéltame. No me pongas las manos encima.

¿Qué haces? (GRITA)

Ábreme.

Ábreme, cabrón.

(GRITA) ¡Ábreme!

El problema es que la enseñanza de la mujer

viene a ser hoy en día la enseñanza de la señorita.

Todas las clases sociales deberían disfrutar del saber.

Algo he oído sobre las prácticas que está poniendo en marcha.

Don Álvaro es el contratista de la prisión.

¿Realmente cree que la mujer no debe ser excluida

de ninguna profesión?

Sí. De las armas.

Ese se lo dejo al sexo masculino.

¿No le parece, don Álvaro, que el mundo seria más agradable

con mujeres en todos los oficios?

A mí me lo parecería si hubiese mujeres en las orquestas.

-Vaya, don Jesús.

Tenía entendido que las mujeres nunca faltan en su entorno.

-Lo que prueba que las mujeres tienen una sensibilidad especial

para apreciar la música y para interpretarla.

-Mujeres en las orquestas.

¿Y por qué no en la universidad? (RÍE)

¿O en los seminarios?

La mujer puede ser santa y mártir, pero es indigna para el sacerdocio.

No tiene lógica.

Siento mucho que no puedas quedarte más tiempo en Coruña.

Pídeme que no me vaya.

Sabes que no lo haré.

Lo sé, por eso te lo he dicho.

Prométeme que no tardarás en escribirme.

Lo prometo.

(Música inquietante)

-Visitadora.

Eh, visitadora.

Señor Blanco.

Hoy empezaré a entrevistarme con las reclusas.

Vaya trayéndolas para hablar conmigo.

¿No me ha oído?

Puede usted esperar sentada. Ninguna quiere ir.

Ya. Temen represalias, ¿no?

¿Quiere que se las traiga no voluntariamente?

(Grito)

(Sollozos)

(Gritos)

(GRITA)

¿Qué están haciendo? Dele sus zapatos y callará.

Suéltenla.

¡Suéltenla! ¡Basta ya!

Por el amor de Dios. ¡Suéltenla!

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

Ya está, ya está. (SOLLOZA)

Ya está, ya está. (SOLLOZA)

Llévensela de aquí.

A ser posible, a una celda donde pueda respirar.

Ya está.

Esta mañana estuve con tu madre.

No sé si te lo han dicho, pero viene a verte todos los días.

Me ha pedido que cuide de ti.

Lo de hoy no volverá a repetirse. Te doy mi palabra.

¿Me oyes?

(Portazo)

Me llamo Concha.

(Oleaje)

"Los críos tenían dos y tres años.

Estaban envueltos en sangre y sábanas".

Cosidos a cuchilladas.

Me encontré crímenes horrendos en mi vida,

pero nada parecido a esto.

Conozco los datos de la investigación.

Pero intento saber cómo era ella antes de pasar por el presidio.

¿A usted le pareció una persona en su sano juicio?

Por lo que leí en las actas,

cuando ella declaró se expresó con coherencia.

Ella siempre mantuvo la misma versión.

Que salió de la casa para ir al mercado de Oleiros

y cuando volvió les atacó un mozo salvaje,

una especie de cazador furtivo,

que según ella venía de los bosques a veces,

para espiarla a ella y a los críos.

Lo describió al detalle, pero hicieron una batida

y nunca lo encontraron.

Y cuando la sorprendieron

lavando su propia ropa ensangrentada en el río

¿no se vino abajo? ¿No dio muestras de dolor?

Estaba como ausente, ida.

Y desnuda, con medio cuerpo metido en el agua.

He hablado con gente, pero nadie cree que estuviera loca.

Dicen que era una chica triste,

dada al desánimo, pero no se le conocían rarezas.

¿Cuál pudo ser el motivo para semejante crimen?

Si no la locura, o la desesperación.

Cabo, ayúdeme, por favor.

¿Qué lleva ahí?

Cortesía de las Magdalenas.

Si alguna no encuentra de su talla, que lo diga.

Y no olvidéis que estoy aquí para escucharos.

Para ayudaros, para que me contéis

vuestras necesidades.

Pero, hija, así te despellejarás el pie.

Espera.

Toma, pruébate estos.

(UNA MUJER RÍE) Parece un pato.

(LAS PRESAS RÍEN)

-¿Te has puesto zapatos en tu vida?

-Para la primera comunión. (RÍEN)

-Anda ya, si tienes el estómago sin usar del hambre que has pasado.

(MOLESTA) -Dejádla en paz.

-Cuando salga de aquí me compraré unos zapatos rojos.

-¿Con qué dinero, con el que robes? -No robaría si pudiera trabajar.

Verdad, ¿María? -Esta, ni para criada.

-Si quiero, trabajo. -Eh.

No, no.

Pues claro que sí. ¿Por qué no?

Confiad.

No perdáis la esperanza.

Preparaos para cuando salgáis de aquí.

No tengáis miedo.

Usted no sabe lo que es vivir con miedo.

Claro que lo sé.

Si te libras de él,

serás dueña de tu vida.

(JADEA EXCITADO)

"A veces damos nombre de favor a la justicia

y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos

cuando no hemos sido más que justos".

Sé lo duro y desagradecido que es vuestro trabajo.

Que vuestra labor está muy poco reconocida

y encima lo único que recibís de las presas es rencor

y resentimiento.

Pero hay una manera de convertir ese rencor en respeto.

Cada vez que os dejáis sobornar,

que sois injustos,

y castigáis en exceso,

perdéis el respeto de las presas.

¿De qué nos sirve el respeto?

¿Preferís que os odien?

Que nos tengan miedo.

El respeto nos hace más obedientes que el miedo.

Si sois justos, os respetarán.

Y saldrán de aquí con fe en el ser humano,

que es el primer paso para no delinquir.

Vamos a leer y comentar en voz alta

algunos artículos de la "Ordenanza de los Presidios del Reino",

que son especialmente importantes para vosotros.

¿Ocurre algo? Señor Blanco.

¡Cabo!

Ya tiene la instrucción de sus reclusas.

Y hemos mejorado la comida. ¿Qué más quiere?

Esas mujeres trabajan muchas horas sin salario alguno.

Señora, si pagamos a las presas,

todos los pobres del reino querrán estar en prisión.

Pero con una pequeña cantidad... Quiere usted hundirme el barco.

El trabajo de esas mujeres no da mucho beneficio.

¿No ha pensado en otras fuentes de ingresos?

Yo, no. Pero veo que usted sí.

La mitad de la jornada laboral

podrían dedicarla a aprender a bordar.

Yo aportaría las maestras.

La mitad de los beneficios de los bordados

serán para la prisión y la otra mitad, para ellas.

Y mientras cosen, les leemos textos sagrados.

Por mí no hay inconveniente. Si a usted le cuadran las cuentas...

Así aprenden un trabajo para ganarse la vida.

Los dos sabemos que cuando salgan, no les darán trabajo

en una curtiduría.

¿Y un día más de patio a la semana?

Señora, no tiente su suerte.

Los jueves, a la hora de vísperas.

"Mi querido Jesús,

Han sucedido tantas cosas desde la última vez que nos vimos.

Me gustaría que estuvieras aquí.

Tenías razón.

Creo que las reclusas recuperan la esperanza.

Las Magdalenas las visitan a diario

y aprecian las mejoras que vamos consiguiendo".

Qué enredo.

(Música emocionante)

Que suba a las celdas.

Los sacos, a la entrada.

(RÍEN)

(Música emocionante)

Está usted empapada, señora Graña. He venido a verla a usted.

Venga conmigo.

A mi hija la volvieron loca en prisión.

O enloqueció cuando mataron a los pequeños.

¿Alguna vez Petra

había pegado a sus hijos?

¿O se había comportado violentamente con ellos?

Ella quería a sus hijos. Nunca les hubiese hecho daño.

¿Cree que les atacó aquel joven salvaje?

Lo que pasa es que no lo buscaron lo suficiente.

(Truenos)

Petra siempre dijo que aquella mañana

había estado en el mercado.

Pero nadie la vio allí.

(SUSPIRA)

Nadie la vio, porque no estaba.

Había ido a ver a un hombre.

Germán.

¿Germán?

Germán Bustos.

Un asturiano que vino a trabajar a Oleiros.

A mí nunca me gustó.

Pero ella perdió la cabeza por él.

¿Por qué nunca lo mencionó? Imagínese.

Una viuda que deja solos a sus hijos

para estar con su querido.

¿Qué pasó con ese hombre?

Marchó.

Llegó con el viento y se fue con él.

-¿Usted cree que lo hizo? ¿Que ella mató a sus hijos?

No lo sé.

Pero en cualquier caso debemos sentir compasión por ella.

¿Aunque sea una asesina? Entonces más todavía.

Eso es imposible.

Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen.

Pero hay que luchar y ser valientes.

(SUSURRA) Buenas noches.

(Campanadas)

Ayer vi a tu madre.

Te echa mucho de menos.

Se siente mal por no haber podido pasar más tiempo contigo,

cuando te quedaste sola con tus hijos.

Yo también enviudé.

Me quedé sola con dos niños pequeños.

Quise mucho a mi marido.

Pensé que yo también me moriría de la pena,

pero, ya ves... Saqué fuerzas de ese cariño

para seguir adelante.

Tu madre me habló de Germán.

Tú le querías, ¿verdad?

Y pensabas que él también te quería a ti.

Pero un día se marchó.

Y te diste cuenta de que ese cariño no era más que humo.

(SOLLOZA) Y aunque te quisiera,

¿habría cargado con tus hijos?

Ellos te separaban de él, ¿verdad?

Ellos eran los culpables. (GRITA)

(GRITA)

(GRITA)

Fuera.

¡Basta! ¡Basta ya, por Dios!

Le agradezco su intervención, pero la paliza sobraba.

No es culpa suya.

Encierros, palizas, cubos de agua helada...

Cualquiera se volvería loco en su lugar.

Esa mujer no debería estar aquí, sino en un sanatorio.

Tal vez pronto lo tengamos.

Hay un convento abandonado en Santiago,

que podría habilitarse como centro para dementes.

El arzobispo ya ha cedido los terrenos.

(SUSPIRA) Dios te oiga.

Juana, tengo que pedirte algo.

Tú tienes muchos contactos.

Ayúdame a encontrar a ese hombre.

Germán Bustos.

Por favor.

Necesito entender a esa mujer.

Veré lo que puedo hacer.

(Campanadas)

(Música de órgano)

(UNA MUJER SOLLOZA)

Acompáñeme, vamos.

Tranquila, yo me encargo.

Ven, hija. (SOLLOZA)

Esta paga por vuestros bordados

no es para malgastarla en sobornos.

Sino para que tengáis ahorros cuando salgáis.

¿Qué pasa, mujer? Ya tienes los bolsillos llenos.

(FLOR GIME)

-¿Qué pasa, Flor? Ya, ya, tranquila.

Cabo, ayúdeme.

Tranquila, tranquila.

Cabo, ¡muévase!

(GIME)

(GIME)

(Gritos)

(Gritos)

(Gritos)

(Llanto de bebé)

-Otro desgraciado para este mundo.

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(JADEA)

(Llanto de bebé)

(EL BEBÉ LLORA)

(Música de piano)

(RESOPLA)

(Truenos)

No me lo pone fácil.

Si pagara un poco más por las pieles,

paga muy poco por un trabajo muy valioso.

(Llaman a la puerta)

Perdón por la interrupción. No se preocupe.

Ya habíamos acabado la charla.

Creo que se conocen, ¿verdad? Así es.

Confío en que esté satisfecha con la alimentación de las presas.

Ha habido una mejoría y se lo agradezco.

Pero la economía del presidio se va a pique.

Pero las reclusas ya no se mueren de hambre.

Usted que es cristiano de misa diaria,

estará de acuerdo conmigo.

Señora, esas presas no tendrían con usted

la contemplaciones que usted tiene con ellas.

Hablaremos en otro momento. Señora Arenal.

¿Ha venido a propósito a provocara a don Álvaro,

o ha sido pura casualidad?

Casualidad.

Necesitamos aumentar la ración de Florentina.

Y ropa y cuidados para su criatura.

¿Y qué más?

Florentina no puede criar a su hijo en estas condiciones.

En eso estoy de acuerdo.

Llevaremos al niño a un hospicio.

El niño se tiene que quedar con su madre.

Florentina saldrá pronto en libertad.

¿Y eso cambia algo?

Ese niño estará mejor en un hospicio,

que con una madre prostituta que no tardará en volver a prisión.

Florentina no es prostituta.

La condenaron por hurto doméstico.

¿No es prostituta?

¿Y el niño, de dónde ha salido? ¿Del aire?

No creo que ese niño haya venido al mundo

por gusto de su madre.

La familia de Florentina querrá conocer al niño.

Si se permitieran las visitas... Si se va a poner así...

que se quede el niño.

Pero las visitas aquí solo las hace usted.

"Es preciso buscar un punto medio en el que dentro del cautiverio,

se le dejen algunos movimientos libres al cautivo.

A la reclusa,

se le dice todos los días y a todas horas que debe,

y nunca se le pregunta si quiere.

La reclusa no podrá cambiar la pobre percepción

que tiene de ella misma

ni se considerará como verdadera personalidad,

si no hace alguna vez lo que quiere".

(Gritos)

(Gritos)

(SE SOBRESALTA)

(LLORA)

(EL BEBÉ LLORA)

(Golpes)

(LLORA)

(SOLLOZA)

(Campanada)

(EL SACERDOTE DA MISA)

(HABLA EN LATÍN)

(Murmullos)

(HABLA EN LATÍN)

(SUSPIRA)

Señor Blanco.

¿Me permite ver su mano?

"Los cabos de vara procurarán ser moderados e imparciales

en el uso que se les permite de la vara".

(LEE) "Distinguirán los casos de descuido o negligencia

de los de insurrección o resistencia a mano armada.

En cuyo caso actuarán con decisión y todo rigor".

Nada de vara cuando la presa flojea en el trabajo.

Cabo, ¿podría leernos en voz alta el artículo 116 de la ordenanza?

Aquí. Artículo 116.

Bueno, mejor lo leo yo.

Este artículo es un poco difícil.

Señor Blanco.

Señor Blanco.

Doña Juana de Vega tiene una escuela de adultos en su casa.

Yo podría hablar con ella.

Las clases son por la noche.

"Garrido ha intentado llevarse al niño a un hospicio,

pero no lo ha conseguido.

Las presas se han volcado mucho con el bebé

como si con él recuperasen una dignidad perdida

hace mucho tiempo".

"Me encantará visitar el presidio la próxima vez que vaya a Coruña.

De tanto leer sobre las presas en tus cartas,

ya tengo ganas de conocerlas.

Y ese niño, a falta de una madre, ahora tiene un puñado de ellas".

"Hay una reclusa que era muy amiga de Florentina.

Tiene ya dos hijos y cumple condena por robar para alimentarlos.

Ejerce de escribienta en el presidio

y apenas le quedan meses para salir.

Sé que sería una buena madre para el niño.

Pero a ver cómo convenzo a Garrido.

Ya me puedo imaginar lo que me dirá:

'Si robó para alimentar a dos...'"

Qué no hará para alimentar a tres.

Catalina está decidida a llevar una vida virtuosa

cuando salga de aquí. Y tiene una familia que la espera.

A ver si nos entendemos.

¿Dice que una ladrona está más preparada para adoptar un niño

que un matrimonio cristiano y pudiente?

Está arrepentida de sus faltas.

Y el cariño que siente por el niño es el de una madre.

Señora, no se me ponga sentimental.

Ese niño se quedará aquí

hasta que se encuentre una familia que quiera adoptarlo.

Ni un día más.

Hola, Petra.

¿Cómo te encuentras?

Hoy hace un día bonito, ¿no te gustaría salir al patio?

¿O a comer con las demás?

Sé que las otras te pegaron cuando llegaste.

Pero las cosas han cambiado mucho.

¿Y el niño?

¿Se lo llevaron?

No.

Se quedará un tiempo más con nosotras.

Hasta que encontremos una familia para él.

¿Te gustaría verlo?

(SUSURRA) Va, tira.

(SUSURRA) Tus muertos.

(Música tranquila)

-De parte de la condesa.

(Música de intriga)

-Vamos. (ARREA)

¡So!

¿Germán Bustos?

La conocí en el mercado de Oleiros

Ella venía una vez a la semana a comprar

en un puesto en el que yo trabajaba.

Me dijo que era viuda.

Y que su madre era su única familia.

¿No le habló de sus hijos?

No.

Me enteré de que tenía hijos por casualidad.

Alguien la reconoció en el mercado y le preguntó por ellos.

¿Y usted cómo reaccionó al saberlo?

Ella sabía que yo no me quedaría en Galicia, tenía otros planes.

Luego me despedí del trabajo

y fui a verla para decirle que me iba a Asturias.

Después vino a buscarme a la pensión, estaba nerviosa.

Fuera de sí.

Me dijo que se venía conmigo.

Y que los críos ya no eran un problema.

Que se quedaban con la madre.

¿Ese encuentro fue el día de la muerte de los niños?

Sí.

¿Por qué no contó esto a la Guardia Civil?

¿Para qué?

Nadie se creyó la historia del chico medio animal

que decía que la atacó.

-La visitadora se está pasando de lista.

Con sus exigencias, el beneficio del comedor

se ha ido al traste.

Y con la tontería de los bordados, hay pérdidas en la curtiduría.

Sí, pero ha demostrado que los bordados son rentables.

Pagan los gastos y aún queda algo para las presas.

¿Desde cuándo se ha vuelto usted tan liberal?

Ya sabe usted que la señora Arenal informa al gobernador,

y que doña Juana lo ampara. Tiene muchas influencias.

Y usted se deja mandar como un cordero.

Tengo otras aspiraciones que dirigir el presidio

el resto de mi vida.

Yo podría utilizar mis influencias de Madrid para pararle los pies.

Pero si usted me ayuda, no hará falta.

Ya sabe que pago mis deudas generosamente.

-Cuídate mucho. -Lo haré.

La visitadora me encontró trabajo en casa de la condesa.

-Qué bien. -Me alegro por ti, Aurora.

-¿Y el chico de la cartas, qué?

-Pronto lo sabré. Solo le quedan unos meses para salir.

(LAS DOS RÍEN)

-Cuídate.

-Verás lo que tarda esa en caer otra vez en el vicio.

En un par de días la tenemos por aquí.

Señor Blanco.

Un matrimonio recomendado por Magdalena

tenía que visitar ayer al bebé.

¿Sabe usted qué pasó?

No se presentaron.

Que yo sepa.

Debemos abrigar bien a esa criatura ahora en invierno.

Como se nos enferme, más motivos daremos a Garrido

para que lo lleve a un hospicio o se lo dé a una familia.

Yo también perdí a una niña.

Era tan pequeñita como el bebé de Florentina,

pero enfermó

y Dios quiso llevársela muy pronto con él.

Ya no recuerdo su llanto.

Aunque es casi lo único que escuché de ella.

Pero hay algo dentro de mí que lo busca

cada vez que oigo a una criatura llorar.

Tendría ahora 15 años.

Me encerré en casa, como cuando murió mi marido.

La gente del pueblo me llamaba loca.

Pero hay un tiempo para cada cosa.

Hay un tiempo para llorar a los que se nos han ido,

y un tiempo para levantarse y seguir.

Y ahora que llega el invierno, debemos conseguir

que esa criatura lo pase sana y salva

y se quede con nosotras.

(LEE) "Oh, santísima Madre, hazme esta gracia

fija mi corazón...

(Llaman a la puerta)

Señora visitadora.

(TODAS SE SORPRENDEN)

-Anda, que vaya tela.

(SILBAN) Disculpe la interrupción, Eloísa.

Hoy tenemos el raro privilegio de recibir una visita muy especial.

Él es mi buen amigo

Jesús de Monasterio. (LE LANZAN BESOS)

Ha venido a visitarnos desde Santander.

El famoso violinista.

Qué sorpresa y qué alegría.

Jesús, quiero presentarte a sor Eloísa.

Concepción me ha dicho que es usted una amante de la música.

Y que deleita a las presas con el piano.

-Hago lo que puedo, no soy tan buena como usted.

Pero dejo que Dios guíe mi corazón y mis manos.

(PRESAS) ¡Guapo!

-Bach y Haendel son mis compositores favoritos.

-Yo soy más joven que la visitadora.

-Yo sé más trucos de alcoba. (RÍEN)

-Cuidado con esa, que siempre cobra.

-Las canónicas se me resisten un poco.

-Si sois tan buenas en el resto, como con el bordado,

seguro que podríais enseñarme muchas cosas.

(LAS PRESAS RÍEN PROVOCATIVAS)

-Y usted solo toca para los que pagan.

-Yo le doy una moneda si toca. -Y yo.

-Tócame a mí, tócame.

(RÍEN)

-Tóqueme.

(Música de violín)

-¿Qué va a hacer, señora?

Confía.

No lo haga.

(Música inquietante)

Su hija.

¿Cómo se llamaba?

Concepción.

(Música de violín)

(Música trepidante)

(UNA MUJER GRITA) ¡Fuga!

¡Fuga!

¡Fuga!

¿Cuántas?

Parece ser que son tres, Jacinta entre ellas.

Maldito concierto.

Nunca debí haberlo autorizado. Tranquilícese, volverán.

No tienen dinero ni a nadie. Dinero sí tienen

gracias a la señora visitadora.

La que se fugó es una asesina. No me diga que me tranquilice.

Cógete a cinco hombres y rastrea el monte con los perros.

No diga que no se lo advertí.

Les das la mano

y te arrancan el brazo.

Tengo entendido que una de ellas es una peligrosa asesina.

Fue condenada por homicidio, sí.

Compadezco a su próxima víctima.

Estas mujeres son incorregibles.

¿Qué regla hay para considerar incorregible a un penado?

La reincidencia, supongo.

¿Y en cuánto fijaría el número de reincidencias?

Dos, tres, ¿cinco?

Solo nos preguntamos, doña Juana,

si la labor benefactora de nuestras esposas

no estaría mejor orientada hacia otro destino que no fuera

el de la prisión de mujeres.

-¿Quién puede necesitarlo más? -Necesitarlo no es merecerlo.

La degeneración moral de la mujer delincuente

es mayor que la del hombre.

Puesto que ella no solo ha violado las reglas legales,

sino también las propias de su condición de mujer.

Pensar en la rehabilitación es una ilusión.

-Y un desperdicio del esfuerzo caritativo

de nuestras señoras.

-¿Acaso los presos varones no se fugan?

-Ve por la otra bandeja. (MOLESTA) "La condición de mujer".

Gracias.

Sé que a pesar de lo ocurrido,

ninguna de las presas lo olvidará.

Yo tampoco.

Señora condesa. "Esto puede tener consecuencias".

Ya has visto cómo se ha puesto el comandante.

Lo que ha pasado no es culpa tuya.

-Dísculpame, Concha.

Las malas noticias nunca vienen solas.

(Música inquietante)

La ejecución tendrá lugar dentro de una semana.

No sabes cuánto lo siento.

Petra, por Dios.

Todavía estás a tiempo de salvar tu alma.

He pedido que venga un sacerdote

para ofrecerte confesión. No tienes que rendirle cuentas

a nadie salvo a Dios.

Entrégate a él.

Y pide perdón por tus pecados.

"Mi vida, a quién le importa.

¿Quién soy yo?

Una hoja caída que un día barrerá el huracán".

(Llaman a la puerta)

¿Está tu madre en casa? Pase.

Gracias.

Madre.

Goyo.

¿Qué pasa? ¿Se sabe algo de las fugitivas?

Ni rastro, que yo sepa. Pero estaba visto.

Ayer Garrido me entregó una nota para don Álvaro.

Me usa de recadero porque cree que no sé leer.

No sabe lo de la escuela de la condesa.

¿Qué decía la nota?

Habla.

Son ellos los que organizaron la fuga de las presas.

¿Cómo?

¿Por qué?

Para mancharla a usted.

¿Garrido se juega el puesto facilitando la fuga de unas presas

solo para desacreditarme?

Garrido es marinero, no patrón.

Se sacaba su parte de los cuartos que sacaba don Álvaro

con los curtidos. Hasta que llegó usted.

Entiendo.

Señora visitadora,

yo no le he dicho nada.

Tranquilo.

Solo me preocupo por usted.

Don Álvaro es poderoso, ya sabe a lo que me refiero.

Gracias, Goyo.

¿Qué va a hacer?

(SUSPIRA)

Ser valiente.

Buenos días, señora visitadora. ¿Qué se le ofrece esta mañana?

Espero que no sea otro concierto.

Ya ha visto que esos esparcimientos solo son fuente de preocupaciones.

A usted lo que le preocupa son los beneficios

que obtiene del trabajo de las presas.

Le exijo que abandone por completo

toda actividad relacionada con curtidos.

O de lo contrario,

daré parte al señor gobernador.

¿Que usted me exige qué?

Ya me ha oído.

No creo que le guste saber que el responsable de la prisión

facilita la fuga de las presas más peligrosas.

No sabe con quién se está metiendo.

Creo que sí.

(Música de intriga)

El detenido ha sido encontrado fisgoneando en casa de la viuda.

La descripción coincide.

(ALTERADA) Es él. Él mató a mis hijos. Es él.

¡Es él! (GRITA)

Encontró al chico atacando salvajemente a sus hijos.

(Música de intriga)

Un cuchillo.

Yo chillé.

Levántese la capa, señor.

-Por eso, este tribunal le declara culpable

y le condena a la pena capital.

(SUSPIRA)

(LEE)"Muy señora mía, le comunico por la presente

que queda cesada de su cargo de visitadora

de cárceles de Galicia".

-Concha, espera.

Acabo de enterarme de la carta.

Le escribiré a la reina y pediré explicaciones.

No podemos permitir que el trabajo de tantos meses

se vaya al traste sin saber por qué.

Nunca nos dirán la verdadera razón,

pero las dos la sabemos, ¿no?

Es evidente quién está detrás de todo esto.

Entonces está claro que el gobierno

no tiene intención de moralizar las prisiones.

Pero la reina no se quedará sin saber lo que pienso.

¿Adónde vas? A Taro.

Me preocupa Petra.

A esa mujer no se la puede soltar así como así.

Podrán impedirnos entrar en el presidio,

pero no ayudar a esas mujeres cuando salen.

Voy al pueblo.

Estaré fuera solo una hora.

¿Por qué no te acuestas un rato?

Has pasado mala noche.

Pronto dejarán de murmurar a tu paso.

(Mugidos)

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(Niños gritando y riendo)

(Gorjeos)

(Tintineo metálico)

(Abucheos y gritos)

(GIME)

(Niños riendo)

(Niños riendo)

(GRITA)

(Niños llorando)

¿Hay alguien?

Petra.

(Niños llorando)

(GRITA)

(GRITA)

(Niños llorando)

(GRITA HISTÉRICA) ¡No llores!

¡No lloréis! ¡No lloréis!

¡No lloréis!

Petra.

Ya está, ya está.

Chist. Tranquila. Ya está.

Tranquila. (LLORA)

(SOLLOZA)

Yo volví de ver a Germán

y quería acabar con todo.

Yo estaba con el cuchillo.

Y entonces,

entró él

y quiso quitármelo.

¿Quién? Él.

¿El salvaje? Sí.

No era malo.

Venía del bosque, parecía un animal,

pero no era malo.

Le gustaban los niños.

Yo...

luché con él.

Le clavé el cuchillo.

Y entonces...

él vio a los niños muertos.

Y se escapó.

(SOLLOZA) Yo los maté.

Yo los maté.

(Música inquietante)

(SOLLOZA)

Chist.

(SOLLOZA)

Ya está.

Ya está.

Vas a tener que contar toda la verdad.

Ahora hay que salvar a ese muchacho.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Creo que he recogido todas mis cosas.

He dejado algunos libros que pueden ser útiles aquí.

Usted siempre tan optimista.

(SUSPIRA) Ya ve.

Casi nos engaña a todos.

Con su ayuda.

No todo ha sido en vano.

Al menos ahora irá a un hospital para dementes.

Que es donde debe estar.

Le deseo mucha suerte.

(Música de intriga)

(Murmullos)

(SUSURRA) ¿Qué dices?

(CUCHICHEA)

-Han despedido a la visitadora.

-Venga, hijas. ¿Qué os pasa?

Esto no ha hecho más que empezar.

(Música emocionante)

Atención. Volvemos a trabajar pieles a tiempo completo.

Se acabaron los bordados.

Celadores, pongan orden inmediatamente.

Señor Blanco, ¿no me ha oído?

Los cabos de vara procurarán ser moderados e imparciales

en el uso autorizado de la vara.

Celadores, pongan orden. "Distinguirán faltas de descuido".

"Las malas leyes formarán hombres peores que ellas".

-"Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie".

-"Nos levantaremos cuantas veces sea necesario,

porque el hombre que se levanta es más grande que el que no cae".

-Poco después,

Concepción fundó el periódico "La voz de la caridad",

donde no dejaba de denunciar la situación de las prisiones.

Publicó su famoso libro "Cartas a los delincuentes"

y muchos otros más.

La llevaron a convertirse en un referente moral e intelectual

en toda Europa.

Más tarde, Goyo se fue a trabajar con ella en la imprenta

del periódico. -¿Y usted?

-¿Yo?

Yo pude haber acabado en el hospicio.

Como Garrido quería.

O haber sido criado aquí, por las reclusas.

Pero no.

No, mi padre me llevó con él.

Luego supe que él saboteó todas las visitas de matrimonios

que venían a adoptarme.

Crecí entre el traqueteo de la imprenta

y el olor a tinta de los libros.

-Y usted se convirtió en uno de los penalistas españoles

más reputados.

Su madre estaría muy orgullosa de usted.

-"Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen".

Somos cine - Concepción Arenal, la visitadora de cárceles - ver ahora

Carta a Eva (RTVE)

Carta a Eva narra la historia de tres mujeres que cruzaron caminos en 1947: Eva Perón, antigua actriz y mujer del entonces presidente argentino; Carmen Polo, la esposa de Francisco Franco, apodada "la dictadora del dictador", y Juana Doña, proveniente de una familia de una familia de republicanos vencidos en la Guerra Civil, que perdió a su marido frente a un pelotón de fusilamiento y a una hija en un campo de refugiados.

No recomendado para menores de 12 años  Carta a Eva - Capítulo 1 - Ver ahora
Transcripción completa

(SUSURRA) Deséame suerte, Eugenio.

Pasos

Ve con cuidado, hija. No te olvides de la cruz.

Música lenta

Música de tensión

Voces de niños

Conversaciones de fondo

-Buenos días, señorita. Buenos días.

¿Otra vez a Valdemanco? Sí, señor.

¿Y esa bolsa? Para la ropa para mi vecina.

La pobre se ha quedado viuda. Ande, suba, que va a llegar tarde.

Gracias. Buenos días.

Música de tensión

Claxon

¿Cómo está el crío? Se me constipa cada dos por tres.

Con tanto racionamiento cuesta mucho conseguirle leche.

(SUSURRAN) Hiérvela bien. No seas pesada.

Que la hiervas bien, te digo, puede ser peligroso para el niño.

Qué obsesión, con la leche. Es por el bien de la criatura.

Los de la galería del llano me han pasado esto.

Lo que necesitan.

Suerte, camarada. Nos vemos pronto.

Juana, dile a tu hermana que se la echa mucho de menos.

-¡Señorita!

Música de tensión

Conversación de fondo

¿Qué hace? -¡Alto, alto!

Disparo y gritos

Música del Nodo

-(LOCUTOR) "La Organización de las Naciones Unidas,

actuando con perfidia y alevosía,

retira cobardemente a todos sus embajadores

y nos impone duras sanciones económicas,

excluyendo a España de la ayuda del Plan Marshall americano.

Pero nuestra potente y moderna industria

no necesita ayudas de ningún tipo frente a ese complot internacional.

Familia, religión y honradez continúan vigentes en nuestro país.

-Invocamos la libertad, nos llaman enemigos de la libertad.

Propugnamos la causa del pueblo

y se nos condena como enemigos de la democracia.

Invocamos la justicia social

y se nos apellida perseguidores del proletariado.

Propugnamos el fuego de la más honrada ciudadanía

y se nos expulsa como totalitarios. Practicamos la neutralidad

y se nos castiga como beligerantes.

Todos los estados y poderes del mundo confabulados

no podrían volcar la sangre que está en su frente fraticida

y toda el agua del océano que nos separa

no podría lavar la mancha de su traición

maldita con los siglos de los siglos en la conciencia de este pueblo

que nos une a todos frente a la cobardía y la traición".

Aplausos

El pueblo te adora, Paco.

Ya se enterarán los de la ONU de que no necesitamos su caridad.

El pueblo está pasando hambre, Carmen.

Si no paramos esta hambruna,

pisotearán lo que hemos levantado con tanto esfuerzo.

¿Tan grave es? Sí, es muy grave.

El único país que no ha retirado su embajada es Argentina.

Aislados no lograremos salir adelante.

¿Y qué piensas hacer?

Negociar con Argentina para que me vendan trigo.

Perón siempre ha sido buen aliado contra el comunismo.

Además, somos la madre patria. Yo rezaré unas novenas.

Esto es política, Carmen, no se arregla con misas.

Cursaré una invitación a Perón para que nos visite oficialmente.

Excelencia. Sigan, sigan.

¿Qué tal, Muguruza? ¿Cómo van esas obras?

Bien, mi general, hemos levantado los cimientos del ala este,

pero siguen en aumento las bajas de los obreros.

Esta semana, siete. Deberíamos incrementarles el rancho.

Están demasiado débiles. Son rojos, menos miramientos.

¿Te gusta cómo lo dejaremos, Carmen?

Mucho.

Estupendo, Muguruza.

¿Qué le parece a Su Excelencia si colocamos

otra cruz más pequeña aquí, fuera del recinto?

Aquí... aquí no estoy seguro.

Quizá... ¿Qué te parece aquí, Carmiña? Delante de la puerta.

Yo creo...

que aquí. Sobre tu mausoleo.

Para que en el futuro se acuerden de ti.

Ya lo ha oído, Muguruza. Las mujeres mandan.

A sus órdenes, Excelencia. Continúen.

(SUSURRA) Paco, no me llames "Carmiña" delante de la gente.

Queda un poco vulgar. Tienes razón, Carmiña.

(RESOPLA)

Campanas

¿Por qué pones flores aquí?

Son para tu padre.

¿Lo mataron aquí?

Sí, aquí lo fusilaron.

Y de milagro que no nos lo echan en la fosa, como un perro.

¿Por qué lo mataron?

Por comunista.

Por querer ser bueno y que a nadie le faltara de nada.

¿Qué te parece? Por eso lo mataron.

Papa debía de ser muy valiente, ¿verdad?

Música tierna

Ven, ven aquí.

Mira, Alexis, cuando tu papá estaba en capilla

con sus compañeros y le llegó la "pepa"...

¿La "pepa"? -Juani, no le hables de eso.

No, madre, no, que se entere. Que lo sepa y lo recuerde.

Un día podemos faltar nosotras y, entonces, ¿qué?

¿Dónde queda todo esto?

Hijo, la "pepa" era un papelito que decía que los iban a matar.

Así y todo, tu padre pidió un ajedrez.

Llegó el piquete de ejecución y él jugaba tranquilamente,

como si le quedara todo el tiempo del mundo para terminar la partida.

Y ahí quedaron el rey y la reina, sin poder dar jaque mate.

Mira si era valiente tu padre. Anda, Juani, déjalo ya.

Vamos para casa. Ven. Sí, adelantaos vosotros.

Yo pasaré por lo de la Emilia, a ver si le queda harina.

¿Pero todavía sigue? Creía que la habían pillado.

¿Qué va? Ya salió.

La dejaron hecha un ovillo pero sigue estraperlando.

Pues a ver si hay suerte. Este crío está en los huesos.

-(AC. ARGENTINO) General, no debería aceptar este convite.

Para la ONU España es profascista como la Alemania nazi o Italia.

Estados Unidos lo verá como una provocación.

Esto nos traerá aún más distanciamiento.

-¿Ud. qué opina, Benítez?

-No creo que ayudar a un pueblo necesitado

sea causa de distanciamiento, sino todo lo contrario.

-Yo opino lo mismo.

¿Cómo andan nuestras reservas de trigo?

-Bien. -¿Solo bien?

Yo diría que tenemos como para regalar.

Póngase en campaña para venderle a España el trigo que haga falta.

-Presidente, no sería conveniente hacerle boicot al plan Marshall.

Pondría en riesgo al país ante las naciones.

-Mire, Gramuglia, tenemos un buen negocio.

No lo pienso desaprovechar.

-Presidente, creo que la única manera de ayudar a los españoles

sin irritar a los norteamericanos es ampliar el recorrido del viaje

a otros países integrantes de las Naciones Unidas.

-Buena estrategia. ¿Y la invitación?

-Lo mejor sería despersonalizarla, enviar a alguien en lugar de usted.

-¿Y a quién? (GRAMUG.) Pensémoslo bien.

-¿Por qué no enviamos a su mujer?

-(SORPRENDIDO) ¿A la señora?

Con todos mis respetos, Sr. Presidente, pero...

a su señora le falta cintura política y roce social

para ser recibida en palacios y embajadas.

Aún no modera su lenguaje ni controla sus exabruptos.

-Lo puede aprender.

-No es mala idea, Gramuglia. El padre conoce bien a mi mujer.

Es su confesor y sabe todas sus virtudes...

(RÍE) y sus pecados.

Vos no me agradezcan. Yo les doy lo que les pertenece.

Ustedes tienen el deber de pedir. Por eso me odian los ricos.

Porque yo les despierto a ustedes las ganas.

"A los pobres, cosas de pobres", me dicen las damas benéficas.

Yo les digo que no: a los pobres se les da lujo para que deseen.

Cuanto menos se come, menos hambre se tiene.

En tres días vienen el intendente de B. Aires y el Ministro de Salud

y ustedes se van a ir de acá. Les prometo unas casas decentes.

(TODOS) ¡Bravo!

Para usted. Que Dios se lo pague, Evita.

Por favor, no me agradezca.

¡Ay, qué linda! Es muy linda. Gracias, gracias.

De nada, muy bien.

Por favor, no... Gracias, Evita. '¡Viva Evita!

Por favor, no me lo agradezcan.

(TODOS) ¡Bravo! Lilian, llama a mi hermano.

No se lleven nada. Algún recuerdo y algo para pasar la noche.

El resto lo dejan acá.

Aplausos

Escuchame bien, Juancito.

Llamá a Perón y que solucione ya lo de los traslados de vivienda.

Cuesta mucho encontrarlo. No me vengas con milongas.

Vos "sos" su secretario. Si tenés tiempo para tus bataclanes,

lo tendrás para lo que te pido. Cuando se vayan, que quemen todo.

¿Por qué? Porque nacieron en el barro.

Extrañarán el olor de la tierra y querrán volver.

Si encuentran un techo en pie, van a querer quedarse.

Van a arrancar el parqué del piso para hacerse un asado.

Entonces, le pondremos un segundo y un tercero.

Toma tiempo saber que se tiene derecho a vivir como la gente.

Vámonos.

Agua corriendo

Caballos

No pretenderás ponerte un vestido así, Nenuca.

No seas así, mamá, mira qué guapa está esta chica.

El modelito es un poco vulgar. Fíjate en este escote.

¿No te parece más apropiado este?

Parece una Mariquita Pérez.

No sé qué pensará tu padre. Mamá, es lo que se lleva ahora.

Lo llevarán las otras, tú no.

Hombre, D. Pedro, ya por aquí. (AC. ARG.) Buenos días, señora.

Me he permitido traer unas flores para usted y su hija.

Es usted muy galante, embajador. No hago más que corresponder.

Vaya con mi marido, tendrán cosas que contarse.

Disculpen.

Pacón, manda traer las dos últimas jacas.

Quiero verlas de cerca. Sí, mi general.

Excelencia, el nuevo embajador argentino está aquí.

Escogía dos de nuestras más hermosas jacas andaluzas

para enviarle a su presidente. ¿Qué le parecen?

Son las dos negras del final.

No, esas no, las del fondo.

Son hermosas.

El presidente Perón es un gran amante de los caballos.

Le va a estar muy agradecido. Solo atiendo a su generosidad.

¿Se sabe ya cuándo viene?

Mire, mi general, de eso quería hablarle.

Perón recién comienza su gobierno y son tantos los compromisos

que no puede atender su invitación.

Sugiere, sin embargo, que haga extensivo

el convite a su señora esposa

como símbolo de fraternidad entre ambos pueblos.

¿Y los barcos de trigo?

Obviamente, el negocio no se toca.

Mejor eso que nada. Echaremos la casa por la ventana.

Hágale saber al general Perón que recibiremos a su mujer

como a una reina y, por supuesto, el Gobierno español

correrá con todos los gastos.

Paco...

¡Paco!

A ver si nos va a salir por un ojo de la cara.

Nos dará de comer y su apoyo. Es lo menos que podemos hacer.

Es verdad.

En ese caso, habría que hacerle un regalo a su señora.

Que a mí bien que me trae flores.

(RADIO) "La Ilustrísima Sra. Eva Perón,

mujer del presidente argentino, viajará a España para tender

un arco iris de paz entre ambos pueblos

y abastecer con alimentos al hidalgo pueblo español".

-Dicen que esa, antes era actriz. ¿De las buenas o como tú?

Envidia cochina. ¿Envidia de qué, guapa?

No empecéis, ¿eh?

Come y deja de chafar el boniato, que no te ha hecho nada.

-Chist. -"El embajador argentino..."

-Escuchad.

Escuchad lo que está diciendo. -"...en esta tierra próspera.

En esta España, oasis de paz y de tranquilidad.

¡Ja! Eso, oasis de paz.

Lo que me faltaba. Esa fascista apoyando a Franco.

Bueno, al menos viene con algo de comer.

A ver para quién. ¿También traerá juguetes?

Alexis, que los argentinos no son los Reyes Magos.

(LA REPRENDE) Juani...

Pero tú tranquilo, yo te consigo el juguete que tú quieras.

Pues quiero un caballo. ¿Uno de verdad?

No, de cartón, como el de Carlitos.

Pues tu madre te regala uno para tu cumpleaños.

Te has vuelto a pasar con la leche. No se puede gervir tanto, coño.

-Valia, esa lengua. El niño.

Puerta, llaman

Música de intriga

¿Quién es? Es Genaro.

(SUSURRAN) ¿Qué ha pasado? La policía, desmantelamos el local.

¿Hay detenidos? Tres o cuatro, no sé.

¿Quién tiene los papeles? Manolo, tranquila.

Espérame.

¿Qué ha pasado, Juana? ¿Dónde vas?

No ha pasado nada. No me tomes por tonta.

¿Me meto yo con que enseñes las piernas?

¿A que no? Pues eso. Ahora vuelvo, madre.

¿Y Raúl, dónde está? Está bien.

-Por cada acción que hacen los del monte cae uno de nosotros.

Y ahora corremos el riesgo de que nos delaten los detenidos.

No, esos no van a cantar. ¿Por qué no?

Con las hostias que les van a meter.

-Estamos jodidos, Juana. Aquí ya no queda ni dios.

Ni se le espera. Ya, pero solo quedamos los tres.

Y tampoco es que seamos la santísima Trinidad.

-¿Cómo que tres? -Genaro, tú eres un crío.

-A mi edad ya perdí una guerra, imagina cuando como tú.

-(CHASQUEA) Eso, si llegas. ¡Ramón!

-Juana, tenemos que parar. Un tiempo.

Al menos, hasta que se tranquilice un poco la cosa.

¿Qué se tranquilice la cosa? Estamos acojonados, Juana.

Lo estarás tú. Yo no pienso hacer como el general Casado.

Entregó Madrid a los nacionales. Ese sí que estaba acojonado.

Cobardes como él nos han llevado a esto.

¡Por culpa de esta gente fusilaron a Eugenio!

¡Juana! Chist. Juana...

No grites.

(BAJO) Ahora, más que nunca, hay que estar unidos.

Y ser fuertes, si no seguimos nuestra lucha no servirá de nada.

La cosa está jodida.

Pero por cada golpe que nos den, tenemos que responder.

Decirles que no estamos con ellos. Ya. ¿Y qué propones?

Un atentado. -(RESOPLA)

-(RESOPLA)

-¿Dónde? ¿Has visto cómo está todo de vigilado?

En la embajada argentina, sin cargarse a nadie.

¿Por qué allí? ¿No habéis oído al nuevo embajador?

Dice que España es un oasis de paz y tranquilidad.

(ENFADADA) Que se entere el mundo de que eso no es así.

¿Cómo andamos de dinamita? -No andamos.

No nos queda casi nada y las canteras está muy trilladas.

-Conozco un lugar. -(DESPRECIATIVO) ¿Cuál?

-El Valle. Ahí hay dinamita para reventar el país.

-¿Y cómo cojones quieres que entremos al Valle?

-Mi tía, la monja, atiende allí. Puedo robarle los pases.

-Tú estás loco.

Quizá no. Pues estás tonto.

Pues no.

Uno, dos, tres...

Señora, no tiene que inclinarse tanto.

Las piernas, más rectas. Afloje las rodillas.

Con seguridad. Se me están yendo las ganas de ir.

Seguro que de niña ya soñaba con viajar a Europa.

De niña, pensar en ir a B. Aires era como pensar en ir a la Luna.

Es la gran oportunidad para darse a conocer en el mundo.

Madrid es la ciudad más hermosa del mundo.

Inténtelo de nuevo. Así.

Señora, ¿por qué se inclina tanto? No separe tanto los pies.

¿Y usted, por qué no se mete esta varita en el culo?

Tanto quilombo por un saludo de mierda.

Me tienen como una pelotuda haciendo reverencias.

¡Perón! Toda esta mierda no es para mí.

La gallega me tiene harta con esta "varecita".

Calmate, chinita.

Che, qué brava estás. No voy a poder con todo esto.

Sí vas a poder, vení acá.

Escúchame, ¿por qué no te llevas una dama de compañía?

¿Una dama de compañía? Sí.

La mujer de Eduardo, por ejemplo.

¿A Lilian? -Es de buena familia.

Habla inglés, francés y yo que sé.

La educaron muy bien, en un colegio religioso y todo eso.

Tiene roce social, tiene distinción. -Tiene todo lo que te falta a vos.

Vos callate, atorrante. (RÍE)

-Hablá con ella, chinita. Dale, haceme caso.

-Buenas noches, D María Eva. Buenas noches, ¿qué tal?

Muy bien, señora. ¿El señor Eduardo llegó?

Todavía no. ¿Y Lilian?

Abajo, con el nene.

Yo voy. No te preocupes, que no voy a hacer ruido.

Muy bien, señora.

(LILIAN CANTURREA)

(BEBÉ GIME)

-(SIGUE CANTURREANDO)

(SUSURRA) Acérquese, señora.

¿No es una preciosura? (BEBÉ) Ajo.

Es hermoso.

El tercero, ¿no?

El cuarto.

Tener hijos es muy sacrificado, pero dan tantas satisfacciones...

Ver crecer algo que lleva la sangre de uno es...

Es incomparable.

Ya lo va a saber cuando los tenga.

Liliancita, vos sabés que me invitaron a Europa, ¿no?

Lo sabe todo el mundo. Tenés que venir conmigo.

¿Yo, por qué? Porque hablás varios idiomas.

Sabés moverte entre la gente rica. Yo meteré la pata sin parar.

Señora, pero Ricardito es un bebé de meses. No lo puedo dejar solo.

Por favor.

No me pida eso.

(DECIDIDA) Lo siento en el alma, pero yo no puedo ir.

Teléfono

Yo voy.

-¿Un coñac, mi general? -Vale, métele.

¿Qué hacés, Ricardo? ¿Todo bien? Bárbaro, señora.

-Hoy se lució con los diputados.

Si seguís así, nadie te sacará de la presidencia del Congreso.

-General... ¿Y Lidia?

Está abajo cuidando a los chicos. -Permiso.

-¿Qué tal te fue con Lilian? La muy boluda no quiere ir.

-Tranquila, chinita.

Déjamela a mí.

(RÍEN TODOS)

-Hemos conseguido extender la gira de Eva.

Ha sido invitada oficialmente a Francia.

Y seguramente pase lo mismo con Inglaterra.

Pero lo más importante, che...

¡Italia!

¿Sabes lo que eso significa?

-¿El Vaticano, no? -La va a recibir el mismísimo Papa.

Seguro que la honra con la rosa de oro.

Quizá hasta consiga un marquesado pontificio.

-En Argentina solo la tiene la marquesa de Olmo.

Hasta ahora. Se querrá morder la lengua de la bronca.

(RÍEN TODOS)

Bueno... -Por el viaje de Eva.

(TODOS) Por el viaje de Eva.

Salud. -Salud.

-Lilian, me ha dicho Eva no la querés acompañar a Europa.

-No es eso, señor presidente. Los nenes son muy chiquitos.

No quiero dejarlos solos.

-Claro, claro. Yo lo entiendo.

-Bueno... y así Eva tampoco va.

-Por supuesto que Lilian irá.

A mi suegra le encanta quedarse con los chicos.

¿Verdad, mi amor?

-Sí.

¿Sí?

-Sí.

¡Sí!

Buenísimo.

Me encargaré que Lilian reciba de la Secretaría de Trabajo

una buena suma de dinero por los servicios prestados.

-No, no, Lilian lo hará por el bien del país.

Jamás aceptaríamos esa suma de dinero.

¿Les quema la plata a ustedes?

¿Vos entendés, Perón, a la gente de buena familia?

-¿Al final tendremos que conformarnos

con la esposa de Perón?

Eso parece. ¿Verdad, Paco? Ajá.

Es una buena ocasión para ponernos guapas.

Pero a guapas nos ganará, Pura. Sí, pero a señorío, no.

Eso no. Aunque esta mujer dicen que es imprevisible.

-No, Carmen. Eso es para mí.

Oye, Carmiña, ¿tú pondrías aquí otro conejo?

No sé, Paco.

Motor de camión.

Creo que aunque nos envíen sólo la primera dama

debería tener un recibimiento especial.

Por supuesto. Decretaré festivo el día de su llegada.

Habría que pensar donde la vamos a alojar.

Aquí, con nosotros. En el Pardo.

¿Aquí? Así la podemos controlar mejor.

Bueno, eso sí...

Estaría bien que yo la acompañara y organizara su agenda.

No, eso ya es cosa de política.

Yo no creo que sea cosa de política.

Arreglar una casa, atenderla... Eso son cosas de mujeres.

¿A que sí, Pura? -Y tanto, Carmen.

Los hombre no saben la cantidad de cosas que podemos solucionar.

Además, no sólo hay que poner bonita la casa,

hay que poner bonito el país, que no vea tanto pobre,

que no parezca que mendigamos el trigo.

Tú déjame organizarlo a mí.

Motor de avión.

-¡Gané!

Vaya con la marquesa. No pierdes prenda, ¿eh, Pura?

-Ay, Paco... (RÍE)

-Fíjate en lo que se gasta el dinero del pueblo este cabrón.

Y dicen que se construye una cruz de 155 metros.

-Seguro que la tiene pequeña. -Sí.

-A mí me han dicho que esmonorquídeo.

-¿Y eso qué es? -Que sólo tiene un huevo.

(RÍEN)

-¿Lo ves?

Están entrando. Te dije que los permisos funcionarían.

-¿Así que Sor Águeda se ha puesto enferma?

Sí, la pobre anda muy decaída.

-Normal con todo lo que veo por aquí,

preocúpense solo de limpiarlos y confortarlos cristianamente.

Sí, muy bien. -Poco más se puede hacer.

Claro. -Está bien que nos envíe repuestos.

Es lo que siempre digo yo. Caras nuevas necesitamos

porque no está nada bien andar siempre entre enfermos.

¿Qué les voy a decir que no sepan?

La verdad es que les admiro, yo nunca podría.

Solo bajo por aquí cuando es absolutamente imprescindible.

Aquí hay muchos porque los obreros se hacen cortes.

Todo el día picando... Usted ya me entiende.

No entiendo como Sor Águeda se organiza con tanto desbarajuste.

Aquí no hay quien se aclare.

Una habitación limpia es sinónimo de una mente ordenada

y más si hay que cuidar enfermos.

Toses.

¿No están acostumbrados, verdad?

Aquí es el pan de cada día. Silicosis.

Déme agua, doctor.

-Oiga, cabo. Le llaman de intendencia.

-Ustedes sigan. Sigan.

Voy a por toallas calientes. Vuelvo enseguida.

-¿Sola, no? ¡Juana!

-Coño, están tardando mucho, eh. -Ten paciencia, hombre,

La cosa no debe ser fácil.

-¡Vámonos de aquí! ¡Va! -¿Qué haces?

Arranca el motor.

-¡Sube!

-¿En serio eres capaz de eso?

Para el motor.

No he encontrado apósitos por ningún lado.

-Los tiene allí al fondo. Gracias.

Doctor.

Música.

-Los científicos americanos

a través de sus satélites colocados en órbita

han descubierto una nueva estrella,

y esa estrella soy yo.

Es él, es él, es él.

Música de cabaret.

(GRITAN DE JÚBILO)

-¿Qué haces aquí?

¿Eh? ¿Qué haces aquí?

He venido a pedirte un favor.

Quiero que me guardes esto.

-¿Esto?

¿Esto quieres que te guarde?

Tú estás loca.

Si quieres meterte en peligro, allá tú,

pero no me metas y menos a la familia.

Lo traigo aquí para proteger a mamá y a Alexis.

-Si quieres cuidar de ellos, ¿sabes qué puedes hacer?

Aparcar de vez en cuando tus ideas, eh.

Que con los ideales no se come.

También eran tus ideales. Por si no lo recuerdas.

-Sí. Y ya pasé por prisión. Y por torturas.

Y me prometí que nunca volvería a entrar en una cárcel.

Ahora prefiero traer comida a casa, no explosivos.

Se lo debo a Eugenio.

Prometí que seguiría adelante.

Aplausos y vítores.

¿Lo recuerdas, Valia? ¿Recuerdas, lo del mundo mejor?

Pasos acercándose.

-¿Qué tal? -No, lo dije bien.

-Era como lo ensayamos el otro día. -Cállate, boludo.

-No interrumpimos nada, ¿no? -Vosotros siempre interrumpís.

-Che, ¿no nos vas a presentar? -Es Juana, mi hermana.

-La tenía guardada. Mira qué bella.

-Sí, sí. De una belleza explosiva.

-Nosotros somos Di y Biondi, dos artistas argentinos.

¡Caramba! -Dos payasos.

Cómicos, querida. Pero sin tanto talento como Valia.

Con esas piernas puede llegar a donde quiera.

Nosotros estamos con lo más granado de Buenos Aires.

Argentina, la farándula. Mirad.

¿Esta no es Eva Perón?

-Ajá. Quítamela.

-Eso son cosas de Di, que está enamorado de ella.

-Y como ahora se cruza el charco... -Callate, boludo.

Y ésta, ¿qué? ¿Es buena actriz?

-Entre nosotros, no era muy buena.

-Está mucho mejor ahora con sus descamisados.

Descamisados? -La gente del pueblo.

-Los pobres, Juana, como nosotros.

-Allá la adoran. Hay que reconocer que está haciendo cosas buenas.

Eso me gustaría verlo. Valia, me voy.

-Espera, Juana.

Te coseré esas medias.

Gracias.

Vendrá Genaro a buscarlo -Más te vale.

Dile a mamá que tardaré un par de días en volver por casa.

-Perón quiere ampliar el cortejo con trece decanes del gobierno

y algunos agentes de prensa afines a nosotros.

Carmen Polo te ofrece el palacio de El Pardo como residencia.

Para el resto de la comitiva propone el Hotel Ritz.

Pide de una manera velada que seas discreta.

Bueno, nuestro embajador argentino, también.

Está bien, Juancito, ya entendí. Gracias.

Liliancita, ¿cómo es esa señora? -¿Quién?

La gorda, la mujer de Franco.

-Dicen que es profundamente católica y muy distinguida.

Eso es lo mismo que no me digas nada.

Yo también soy católica y muy distinguida.

-Señora. Sí.

-Éstas son las telas que propone Don Andreu.

¿Cuál pensás que elegiría la gorda?

-La negra, sin duda. Juancito.

¡Juancito!

-¿Qué? Anota el estampado.

-Sí.

-¿Le gusta como le quedaron las uñas, señora?

Perfectas. Basta de maquillaje. Sólo 'rouge' y uñas.

Consejo de Benítez, mi confesor.

No, hacedme una foto bien.

Gracias, Julio.

¿Te gusta mi peinado, Liliancita? -Te queda muy bien.

Pienso cambiar de peinado al menos tres veces por día.

-No sé si podrá, la agenda que marcó Carmen Polo

está apretadísima.

Esa gorda no me dirá qué tengo o no tengo que hacer.

¿Te tengo que decir donde se puede meter la agenda la gorda?

Risas.

En el mismo lugar donde le meteré

los tacos de los zapatos a mi hermano, el orto.

(VÍDEO) -La ilustrísima señora Eva Perón

en vísperas de su viaje a España

supervisa la generosa carga de alimentos

que con destino hacia nuestros queridos hermanos de España...

-No sé si necesitan tanto nuestro trigo,

la cena que nos han ofrecido es inmejorable.

El salmón lo pesqué yo mismo. -Estaba delicioso.

Es una pena que la señora Perón venga sin su marido.

-Sí, es una lástima. Nuestro presidente es tan simpático...

¿Ella no? -Por supuesto. Pero...

tiene mucho carácter. (RÍE)

Eso sí, su forma de ser es muy cercana al pueblo,

la quieren mucho.

Eso parece.

-"La condecoraron con las más altas distinciones...".

¿Han probado los calloncitos de dulce de leche?

Se han hecho para la ocasión. -Estaban riquísimos.

-¿Cree que a la señora Perón le gustarán?

-Estoy seguro. Ella siempre ofrece dulce de leche

en los desayunos con los pobres.

¿Desayuna con los pobres?

-Cada mañana, como un relojito,

ofrece el desayuno a la gente en los barrios humildes.

-¿La langosta, le gustará? A mi padre le vuelve loco.

Seguro que sabrá apreciarla, nenuca.

-De todas forma, no tienen por qué preocuparse por su paladar.

¿Ah, no? ¿Por qué? -Come como un pajarito. (RÍE)

Y sus gustos son muy sencillos.

-Lo mismo le da un salmón que una sopa de ajo.

(MOLESTA) ¡Ay, Pura!

(NODO) Activa en el trabajo,

atenta a su familia,

y sin olvidar el importante reto de afrontar una ímproba...

Enseguida estoy con ustedes.

(NODO) Nadie tiene tanta influencia sobre Perón

como su mujer, la exactriz Eva Duarte,

convertida en la mujer detrás del trono

más importante... -¿Qué te pasa, Carmen?

Esta mujer me pone nerviosa.

Es una mujer muy guapa.

Además, tiene estilo.

(NODO) -...en todas las manifestaciones del arte.

También en la calle...

-¿Cómo va eso, Genaro?

-Ya casi estoy.

-Pues venga, vamos para allá.

-¿Te has fijado en esa matrícula? -Sí, la tenemos en la lista.

-¡Mierda! -¡Qué pasa!

-Hay una furgoneta ahí parada.

-Esconde todo y estate callado.

-Documentación.

Vamos.

-Ramón Izquierdo, es uno de esos comunistas de mierda

que se nos escapó, coge el arma y vente conmigo.

Baja inmediatamente del vehículo.

¡Vamos!

¡Venga!

-Voy a ver qué lleva atrás.

-¡Alto, alto!

¡Alto!

Disparo.

-Está saliendo el embajador.

Estos se han rajado.

O tienen problemas con la furgoneta.

No sé qué es peor, Ramón o la puta furgoneta. ¡Ostias!

¿Qué ha pasado?

Le han detenido. ¡Coño!

¿Te han seguido? -No.

¿Y los periódicos? En la furgoneta.

Aquí aún queda un poco de dinamita.

-¿Qué queréis que hagamos con él? Terminar lo que hemos empezado.

¿Estamos locos o qué? Han detenido a Ramón,

irán a por nosotros, habrá que hacer un poco de ruido, ¿no?

Niño, vete a vigilar la otra esquina.

Motor de coche.

(SILBA FUERTE)

-Oiga...

Venga un momento.

¿Qué?

¿Qué, esperando a alguien?

A mi marido, que llega tarde, como siempre.

Ande con más cuidado, señora,

no son horas para ir sola por la calle.

Ya, es que acabo de salir de trabajar...

Está sangrando, ¿no deberían llevarle a un hospital?

¿Al hospital?

(RÍEN LOS DOS)

Sí, mujer, sí, ahora le llevamos, puede aguantar un poco más.

Vaya con Dios.

Dios con ustedes

Explosión y destrozos.

(MISA EN LATÍN)

(BAJITO) -Ha llamado el embajador argentino y...

¡Chis!

Si estos rojos atentan contra la única embajada

que nos queda, tendrán guerra. ¿La argentina?

Que detengan a todos los sospechosos, sean 2 o 200

y que les hagan cantar hasta tener a los culpables.

Y me los entregas,

que no me temblará el pulso para firmar sentencias de muerte.

-Sí, mi general.

Muy bien dicho, Paco.

¿Algo grave, doña Carmen?

¿Grave? Grave fue lo del frente del Ebro.

Su sermón fue muy digno, pero usted limítese al latín.

-¿Y hubo víctimas en el atentado?

-No, señor presidente, parece que fue una advertencia.

-¿Una advertencia de qué?

-Pues no le puedo decir,

pero le sugiero reforzar la seguridad de su esposa.

Creo que la señora debería evitar el contacto directo con el pueblo.

(RÍE) -¿Evitar que mi mujer se relacione con el pueblo?

(RÍE)

-La situación en España es inestable y la resistencia aún da coletazos,

a pesar de los esfuerzos el comunismo se mantiene,

aunque sea de una... Señor xx,

soy la señora de Perón

y escúcheme bien,

usted lo que tiene que hacer es representarnos correctamente,

y no darnos indicaciones.

Usted, como cualquiera que nombremos,

será un embajador para los salones,

las decisiones importantes las tomaremos acá en Buenos Aires.

¿Le queda claro?

-Sí, señora.

-Esta mujer me suena su cara.

Es la viuda de Eugenio Mesa, un dirigente comunista.

-Ese fue uno de los que mataron en el 41.

Pues ya está otra vez metida en la mierda.

-Deja eso, niña, que te vas a estropear la vista.

(BAJITO) -¡Paca, Paca!

¡Sube!

-¿Qué pasa? -Sube rápido, la policía.

-¿Pero qué ha ocurrido?

-La policía anda buscando a Juana, están en tu casa.

-Idos con Encarna, que ahora voy yo, ¡meteos en su casa, hazme caso!

-Son unos bestias, han reventado la puerta.

Pasa hijo, pasa.

-¿Quién es usted?

-Francisca Giménez para servirle.

-¿Vive aquí Juana Doña?

-Sí, señor.

-¿Dónde está?

-Hace días que no viene por aquí.

-E imagino que no sabrá dónde está esa roja malnacida.

-Esa roja malnacida es mi hija

y no, no sé dónde está.

-Nos la llevamos, a ver si se le refresca la memoria.

(TIEMBLA ASUSTADA) -¡Ay!

¿Vamos a dejar la casa así abierta? -¡Calla y tira para delante!

Francia y Portugal ya me invitaron oficialmente

y negociamos con Inglaterra.

Salvo España, los otros países no quieren poner un peso,

pero han buscado a alguien que pague los gastos,

no quieren enfrentarse con la bronca de la oposición.

-Puede tener problemas, sí. ¿Problemas?

No digas boludeces, se lo comerían vivo.

Escuchame una cosa,

los dos sabemos que si te acercaste al peronismo

es porque comercialmente te convenía.

Y esa flota que tenés no pasa por su mejor momento, ¿no es así?

¿Qué te parece si el estado te la compra como si fuese nueva?

¿La flota? Ajá.

Patrona, yo le acompaño a Europa como secretario,

y todos los gastos correrán por mi cuenta.

¿Hasta los vestidos?

-Hasta las bombachas, señora.

Perfecto.

Escuchame una cosa, un consejo,

¿cuál es la mejor modista en estos momentos en Buenos Aires?

-¿Por qué, dejará a Samandreu? Sí.

Quiero un vestido tan impresionante

que cuando me vea la mujer de Franco se caiga de culo.

-Hay una española, Ana de Pombo,

acaba de abrir una sucursal en Buenos Aires.

Pruebe con ella, dicen que es la mejor.

-Ahí tenéis la puerta.

¡Chis!

(BAJITO) ¡Mamá!

Hija, cómo estás. (RESPIRA AFECTADA)

Hijos de puta, cómo te han dejado.

¿Te pusieron corrientes?

No te preocupes, ni con todas las corrientes del mundo hablaría.

Ya lo sé, ya, solo vine a ver cómo estabais,

me dijeron que te llevaron a la DGS.

Sí, pero ya estoy fuera.

¡¿Dónde vas?! A ver al crío.

No deberías estar aquí, no es seguro.

¿Y qué hay seguro?

¿Qué tal, Valia?

¿Y tú, Juana?

Bien.

¿Y Alexis? Durmiendo en su habitación.

(PREOCUPADA) Mamá...

¿Ves lo que ha conseguido? -Valia, deja en paz a tu hermana,

que bastante he pasado yo.

Qué grande está.

(SUSURRA) Mañana cumple siete años. (SUSURRA) Jo.

(SUSURRA) He conseguido algo de dinero

para comprar el caballito de cartón,

como el de Carlitos.

(SUSURRA) Sí, hija, sí.

Como el de Carlitos. (RíE)

(SUSURRA) Cómpraselo tú.

(PACA) Pero se lo darás tú. Pues claro. ¿Me voy a perder eso?

Estruendo

Estruendo

Música de intriga

¿Dónde está Juana Doña?

-Aquí no está.

-Tranquila, putita.

¿O quieres venir con nosotros?

(POLICÍA) Nadie. (POLICÍA) ¿Debajo de las camas?

Música de intriga

¿Qué escondes debajo de la falda?

-(LLORA)

(VALIA: LLORA) ¡No me toque! ¡Que no me toque!

No me toque...

Es a mí a quien buscan.

Pues aquí estoy.

Ponle las esposas.

No sea que nos arañe.

-¿A dónde se la llevan? -Lo sabes muy bien.

Música de intriga

No se levanten.

Disculpen la tardanza. Fui al desayuno de los pobres.

Enseguida estoy con ustedes.

¿Qué hacés, Liliancita? Buen día, señora.

¿Novedades? El arzobispo y el ministro de guerra

llevan un buen rato esperando.

Que esperen.

Haced pasar a la modista.

(CARRASPEA)

No, no, no. Ustedes esperen un ratito fuera.

Siéntese.

No pensé que vendría a verme.

Y menos, tan temprano.

Toda la clase alta de Buenos Aires está en contra de mí.

Y venir acá la puede perjudicar.

Lo sabe, ¿no?

Sí.

Agradezco su coraje.

Mire, Ana.

Franco me homenajeará con la cruz de Isabel la Católica.

Mi sueño es que me ponga la insignia

delante de todos en la Plaza de Occidente de Madrid.

No es Occidente, es Oriente.

"Oriente" u "Occidente", me da lo mismo.

Lo que quiero es tener un vestido más lindo que el de las reinas.

Ajá. ¿Y cómo se imagina ese vestido?

Música de intriga

Música de intriga

Así.

(RÍE) Pero ¿si es el hada buena de Pinocho?

¿Vio la película? Sí.

Me encantó. A mí también.

Podríamos hacerlo de una sola pieza.

De encaje azul, bordado. Estrás.

Con una capa de plumas de avestruz.

Y con una cola...

del vestido... Una cola bien grande.

¿Cómo de grande?

No sé, de unos dos metros más o menos.

De la misma tela del vestido. ¿Qué le parece?

Más que una reina, parecerá una emperatriz.

Claro.

Llame a sus asistentas.

¿Ana?

Tiene intimidad con los oligarcas de Buenos Aires, ¿no es cierto?

(ASIENTE)

¿Qué opinan ellas de mi viaje a Europa?

¿Quiere la verdad?

Por supuesto.

Dicen que no se sienten representadas por usted.

Déjeme darle un consejo:

no se incline usted ante nadie, y menos allá, en España.

Y menos ante la mujer de Franco, esa es la peor de todas.

Hará cualquier cosa para hundirla.

Campanilla

-Buenos días.

Don Matías. Cierre rápido, que están aquí.

-¿Quién está aquí? -Las señoras.

¿Qué señoras? -La marquesa y la collares.

-¡Mierda! Esconde todo lo que puedas.

Timbre

Abra usted, por favor.

Campanilla

Buenas tardes, señoras.

Un placer. Nos honran con su visita.

Buenas tardes, señor.

¿Por qué hoy hay tantas joyerías cerradas?

Es el santo patrón de los joyeros.

Pero ¿hoy no es San Cristóbal? Ese mismo.

¿No es el de los conductores?

También, también.

Me han cogido a punto de cerrar.

-Esto es tener suerte.

-Una suerte. Sí, señora.

-Bonita, ¿no, Carmen?

(DUDA) No estoy segura. Me gustaría que la viera mi marido.

Aunque podría sorprenderle.

Me queda estupenda, ¿no?

Te estiliza la figura.

¿No querrá probarse esta?

Le estaría aún mejor.

Guarde sus baratijas, pillastre.

-Si es aún más... -No se hable más.

Quiero este. Haré promoción en las fiestas.

Se le llenará la tienda. (RÍE)

Se tiene que ser más sutil, Pura.

Es mejor interesarse por una pieza y dejar que te la regalen.

No hace falta pedirla.

Luego dirán que les exigimos, y eso, no.

Es el pueblo que nos quiere guapas. Déjalo, Carmen.

El joyero nos lo agradecerá toda su vida.

¿Tienes a punto tus mejores galas?

La verdad, no sé qué ponerme.

La mujer de Perón viste de una forma que...

me desconcierta.

Sí, es un poco peculiar.

"Peculiar" es la palabra, sí.

También le llaman otras cosas.

¿Qué pasa, Pura?

Unas amigas de Buenos Aires me envían esto.

¡Jesús!

Si está desnuda. Y esto no es todo.

Dicen que es hija bastarda.

Y que además de muchos amantes, estuvo más de un año

viviendo en pecado con Perón antes de casarse.

Pero no te he dicho nada.

(SUSURRA) Padre, tengo mis dudas sobre la huésped de Argentina.

Parece un poco...

No sé cómo decirlo. Sus vestidos son poco formales.

No se preocupe por unos vestidos, Doña Carmen.

Importa más el corazón de las personas.

Hay algo más.

¿Vio los noticieros con los pobres?

Los defiende de una manera que...

Me parece un poco comunista.

Quizá solo sea buena cristiana.

No conozco muchas buenas cristianas que enseñen las pantorrillas.

Y que hayan vivido en pecado con su marido.

(SUSPIRA) ¿No será pecado tratarla?

Las dos banderas, la de España y la de Argentina

deben ser del mismo tamaño.

Por mucho que vengan con trigo, la de España debe ser más grande.

Carmen...

las dos banderas serán iguales, y basta.

No saben que no tenemos con qué pagarles el trigo.

O sea, que les pagaremos en elogios.

Lo que digas. Pero esa huésped no se merece tantos honores.

Era actriz.

(LO REMARCA) ¡Actriz!

Es lo mismo que ser una pelandrusca.

Aquí dice que la llaman "la yegua".

Por subir al poder después...

Paco, haremos el ridículo.

No es para tanto.

Si hasta el Papa la recibirá.

Quizás le concedan un marquesado pontificio.

Un marquesado?

¿Sabes cómo la llaman en el Vaticano?

La Magdalena argentina.

Esto es demasiado horrible.

¿Adónde vas? Al baño. Estoy descompuesta.

(RÍE)

Puerta

Música dramática

Música dramática

Música dramática

Música dramática

Música dramática

Música dramática

¿Ves qué pasa por ser curiosa?

Va, tira.

Música dramática

Venga, vamos. Si te portas bien, acabamos enseguida.

Música dramática

Música dramática

-¿Qué pasa? ¿No saludas a los viejos amigos?

Pasa, pasa.

Siéntate.

¿Sabes a quién tuvimos aquí?

¿En esta sala?

A tu marido.

¿Te imaginas?

Tendrías que haber visto cómo cantó.

(RÍE) El muy cabrón. Lo soltó todo.

Un miedica traidor.

Como todos los rojos. Traidor fue el general Casado

cuando os entregó Madrid.

Si no, no estaríais aquí.

Tranquila, Juana,

que no estamos para hablar de Casado ni de Eugenio.

¿Un cigarrito? No, gracias. No fumo.

¿Seguro?

¿No fumabas con los milicianos?

No.

No será por puritana, porque las rojas sois unas putas.

(TODOS: RÍEN)

-Sígueme mirando así. Y te saco los ojos del revés, zorra.

-Déjala.

Presiento que se portará bien.

¿verdad, Juana?

¿De qué se trata?

De algo muy sencillo.

¿Qué sabes del petardito que habéis puesto en la embajada?

Quiero nombres de los participantes y el dirigente.

(GRITA) ¡Eso quiero!

No sé de qué me habla.

¡No!

No quiero tonterías. Sé que ha formado parte.

¡No me haga perder el tiempo!

No sé de qué atentado habla.

Juana, tú lo has querido.

Preparad las corrientes.

Esta hablará hasta de su primera papilla.

Música de pasodoble

Música de pasodoble

Música de pasodoble

-(INSPIRA)

-Dos penas de muerte.

La han condenado a dos penas de muerte.

(LAS DOS LLORAN)

-¿Qué vamos a hacer? -No sé.

-Pibita, ¿qué pasó?

-A mi hermana le han dado la pepa. -¿Qué?

-La pena de muerte.

-Lo siento, señora.

¿Qué pasó? ¿qué hizo?

-Puso explosivos en la embajada argentina.

-¿En la embajada argentina? -Sí.

-¿Por qué no piden un indulto? -Con lo piadoso que es Franco.

-Franco no es el único que la puede indultar.

Ella atacó la embajada argentina. ¿No es así?

Es como si fuera tierra argentina y en Argentina manda Perón.

Y su mujer. Y ella viene para acá.

-¿Que se lo pidamos a Eva Perón? -Sí.

-Si es más fascista que Franco. -¿Fascista? ¿No?

-Si fuera española, estaría a los tiros.

En Argentina no aguantaríamos esta injusticia.

¿Por qué se aguantaría acá?

Escríbanle una carta. No pierden nada.

Música dramática

Música dramática

Música dramática

Música dramática

Música dramática

¡Baja de ahí!

¿Qué miras?

¿No te gusta el plato?

¿Has olvidado la leche?

Estás en una cárcel.

Tráele una escoba para barrer la celda

así verá dónde cojones está.

-No podemos justificar los gastos

para recibir a la primera dama argentina.

Siempre pensando en dinero.

Si no son los actos oficiales, las cacerías.

Son innecesarias. Pacón.

Déjanos ya.

Debes firmar las sentencias de muerte.

Y dar el enterado.

Están los condenados por el atentado a la embajada argentina.

Enterado.

Quizá tu primo tiene razón con los gastos.

Debido a cómo es la invitada,

podríamos quitar algunos regalos.

Carmina, después de la siesta.

Uy.

Pacón, la información sobre Juana Doña es errónea.

Le piden dos penas de muerte.

No la fusilaremos dos veces. (RÍE)

Le conmutaremos una pena.

Enterado.

Enterado y enterrado, ¿no? (RÍE)

Disculpa.

Ahora vengo, Paco.

Pacón.

Te tengo dicho, que no le contradigas.

No lo hagas delante de mis narices.

Necesita a alguien que no solo lo adule.

¿No crees?

A tu primo trátalo como quieras, a mí, trátame de usted.

La conozco de hace mucho, señora.

A Paco no le conviene escuchar tu pesimismo.

Míralo.

Luego se queda triste y su salud se resiente.

(RONCA)

Ay, Perón.

Gobernar es muy ingrato. Siempre te lo dije.

Ahora ya lo sabes.

A veces pienso que deberíamos ir a vivir a otro lugar.

Y dedicar todo mi tiempo a hacerte feliz.

Iba a ser hasta cuando te pones hinchapelotas.

Che, Juancito.

Ay, tal vez no sepa demostrarlo.

Nadie en el mundo te quiere y te respeta como yo.

Digan lo que digan,

nunca te fui infiel.

(CHISTA)

Perdonadme, sé que no te gustan las confidencias.

Quiero que sepas, ahora que me voy sola,

sin vos,

que quedo en manos de Dios.

Gracias a vos, me he como...

purificado.

Es como si viviera por vos.

O sintiera por vos.

Incluso aprendí a pensar gracias a vos.

¿Sabes qué te pasa, chivita?

Que estás cagada por tener que subir a un avión. (RÍE)

No me jodas, Juancito.

Tú sufrís mucho, mi vida.

Pero vos me hacés...

tan feliz.

Es como si viviera en un sueño.

Cuando te casaste conmigo siendo presidente,

desafiaste al mundo entero.

Y me diste un lugar.

Y yo dejé de ser la puta del general.

Para ser la presidenta.

Pero, para mí, siempre serás mi putita.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Chivita.

¿Qué?

Échame una carrera de baranda.

¡Ya! (RÍE)

(LOS DOS RÍEN)

(RÍE) Chivita, que te agarro.

¡(CHILLA) ¡Perón! Te gano, te gano.

¡A ver!

Ha ganado, he ganado.

(RUGE) (RÍE)

Música clásica

Murmullos

Silbato

(DA PALMAS) ¡En pie! ¡Arreglen las celdas!

¡Inspección rutinaria!

¡Moved el culo!

Puertas: se cierran

-¿Qué? -Esto.

Pasa.

-¿Quién barrerá los pasillos? -Los barre la nueva.

Empezará por la suya, que apesta.

Va, espabila.

Música de intriga

Música de intriga

-(PACA) "Aguanta.

Te juro por lo más sagrado que te sacaremos de esta".

Los dejo por un tiempo.

Pero no olviden que, al irme, les dejo mi corazón.

Me voy a representar, no a los oligarcas,

sino a ustedes, al pueblo trabajador.

Voy a tender un arcoiris de paz

entre los descamisados de uno y otro continente.

Y se lo dice una mujer del pueblo, porque eso es lo que soy.

Una mujer que ama a su pueblo,

y que nada sería sin el general Perón.

¡Viva Argentina! ¡Viva!

¡Viva Perón! ¡Viva!

Murmullos

¡Escúchenme bien!

El mundo está pendiente de este viaje.

Así que, pobre del que dé calce para que nos tomen el pelo.

Eso va sobre todo por vos.

Déjate de discursos, Eva. Guárdalos para el aeropuerto.

Es tarde y nos esperan millones de personas.

Nos esperan, nos esperan.

Ya escucharon, muévanse.

Y no olviden lo que les dije.

Vamos.

Chivita. Ay, Perón.

Cómo te voy a extrañar. Y yo también a vos.

Ya te conozco. (RÍE)

Chiquella y Pili.

Se acaba de casar, lo relevé.

Che, ¿qué hacés vos acá? -Sr. Presidente, ya ve.

Veníamos a despedir a la señora.

-¿Qué despedida? Vos te vas con ella.

-Pero si acabo de casarme.

-¿Quién le hará los discursos? No te preocupes, me las arreglo.

Lo querés llevar, ¿sí o no?

Listo. Viajás con Eva y de paso visitás tu tierra.

Juancito, el señor se va con ustedes.

-Claro.

Te tocó, Azpiri. -Si solo llevo lo puesto.

Pero ¿cómo te vas a negar a nuestro presidente?

Piense que es por el bien de Argentina.

Vamos.

Así, cuando vuelve, lo agarrás con más ganas.

Ves qué fácil se arregla todo.

No sufras por estar a la altura.

Acordate de una cosa:

Los melones se acomodan al andar.

Anda, subí al auto. Nos juntamos en el aeropuerto.

Allá vamos.

A ver cómo me recibe la gorda.

Música melancólica

Música melancólica

Música melancólica

(LOCUTOR) "El mundo detiene su marcha ante la nueva Argentina,

que tiende puentes a los países más necesitados.

Doña María Eva Duarte, invitada por el Gobierno español,

recorre Europa enarbolando la bandera de la paz.

Buen viaje, compañera Eva. Y regresa pronto".

(SUSURRA) Lo intento, lo intento...

(SUSURRA ATROPELLADAMENTE)

Con devoción, hija mía.

(SUSPIRA)

(SUSURRA) Si lo intento, padre.

Contención, Doña Carmen

Excelencia.

Mire, padre. Conozco muy bien a mi esposa.

Sé que confía mucho en usted.

Cálmela.

O el encuentro con la invitada, será peor que las Cruzadas.

(DICTA) A mí...

me han fusilado...

"A mí..." -...a mi padre.

Y ahora... -(REPITE)

-van... -(REPITE)

-a fusilar... -(REPITE)

a mi madre.

-No la fusilarán, ¿verdad?

-No, ya te lo he dicho.

Pero hay que ponerlo así. -¿Van a castigar a mamá?

-¡Que no! Por eso escribimos la carta.

-¿Por qué quieren castigarla? -Escribe.

-A mi madre...

-A mi madre...

-Por eso...

le pedimos... -¿"Pedimos"?

-Pedimos que interceda...

-No es palabra de niño. "que pida".

-Eso. "que pida..."

Al Sr. Franco... -No tan rápido.

-Venga.

¿Por dónde vas? -Por "el Sr. Franco".

-Que tenga la bondad de perdonar...

-"que tenga la bondad de perdonar"...

-A mí mamá, y así no me quedaré solo.

Carta a Eva - Capítulo 1 - Ver ahora

The Crown (Netflix)

Esta superproducción cuenta la historia a través de los años del reinado de la reina Isabel II del Reino Unido: Winston Churchill, la princesa Diana (Lady Di) o Sarah Ferguson son algunas de las personalidades que aparecen por la que llaman "la serie más cara de todos los tiempos". 

 The Crown (Netflix)

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Vuelve a ver Inés del alma mía

No recomendado para menores de 16 años Inés del alma mía - Capítulo 1: Un nuevo mundo - Ver ahora
Transcripción completa

(Gritos)

(Disparos)

(GRITA)

(Disparo)

(Relincho)

(Grito)

(GRITA)

(Disparo)

(Toses)

(TOSE)

-(TOSE)

(Relincho)

¡Tambor, llama a batalla!

(Suena el tambor)

¡Señores!

¿A qué tenéis miedo?

¿Solo a morir?

¡Vergüenza me dais!

¿Acaso hemos viajado miles de leguas para llegar hasta aquí?

¿Y nuestros hermanos han muerto en vano

solo para rendirnos? ¡No!

¡No nos rendiremos!

¡No claudicaremos ni aunque nos quede el último aliento

en el cuerpo!

¡Que vengan!

¡Que vengan, que aquí les esperamos!

¡Porque no existe mayor gloria en este mundo que vivir

y morir peleando!

(Relincho)

¡Bendita España,

que pare y cría hombres armados!

-¡Por el emperador!

-(TODOS) ¡Por el emperador!

-¡Por Inés Suárez de Plasencia!

-(TODOS) ¡Por Inés! -¡Sargento mayor!

-¡Arcabuceros, a primera!

¡Señores soldados, calar picas!

¡Adelante!

¡En guardia!

(Cacareo)

Cavad aquí. Aquí hay agua.

Dios os guarde.

No, no hace falta. Dejadlo.

Gracias. -¡Inés!

¡Inés!

¿Qué ocurre, hermana? ¿Por qué esas prisas?

El abuelo quiere vernos. Pero ¿le ocurre algo malo?

Dios lo quiera.

(RÍE)

¡Ciudadanos de Plasencia,

la gloria y la aventura os esperan!

¡Alistaos en los Tercios!

¡Viajareis y conoceréis mundo sirviendo al emperador Carlos!

¡Tendréis honores

y riqueza sin fin!

-¿Iremos a Perú?

¿A luchar contra el inca? ¿A sus ciudades de oro?

-¡Cierto, hermano! ¡Al Perú, seguro!

Firma.

Dulce es la guerra para el que no la conoce.

¿Dulce? ¿Quién dijo tal sandez?

Píndaro.

¿Pin qué...?

¿Quién es? ¿Un general?

Sí, el general de los poetas griegos.

No lo conozco.

¡Vamos, señores,

alístense en los tercios!

¡Viajaréis y conoceréis mundos sirviendo al emperador Carlos!

¡Eh!

¿Estáis bien?

El ser soldado no os da derecho a tratar a la gente así.

Antes de juzgar, deberíais mirar en el zurrón, señora.

-Vamos, hermana, el abuelo nos espera.

Cuidado, Pedro.

"Pelo bermejo, mala carne y peor pellejo".

A lo tuyo, Aguirre.

¡Ciudadanos de Plasencia!

¡Alistaos en los tercios!

¡Viajaréis y conoceréis mundos sirviendo al emperador Carlos!

Tendréis honores...

Hace ya diez años que llegasteis a mí siendo apenas unas niñas,

cuando la innombrable se llevó a vuestra madre.

Sabe Dios que me hubiera gustado que hubieseis sido varones

para ayudarme con el negocio,

pero, bueno,... supongo que Dios lo quiso así.

Asunción, he decidido

que te casarás con Luis, el hijo del herrero,

lo tengo todo acordado con su padre.

-Gracias, abuelo.

-En cuanto a ti, Inés, no es suficiente dote para las dos.

Y ahora que soy viejo y necesito cuidados,

he decidido que te quedarás aquí, conmigo.

Podéis iros.

¿Por qué? ¿Por qué me hacéis esto?

Asunción, déjanos solos.

Por favor.

Cuando más lo necesitabais, os acogí,

os cuidé, os alimenté, os eduqué,

y ahora soy yo quien necesita atenciones.

¿Tan terrible te parece cuidar de tu abuelo?

No eres consciente, Inés,...

pero a los hombres no les gustan las mujeres como tú,...

con esa mirada rebelde y desafiante,

como la de tu madre.

Esos cabellos rojos del demonio

y esa forma de moverte...

Además, no sabes hacer nada.

Apenas sabes leer y escribir. Todos te engañarían, acabarías mal.

Créeme, te estoy haciendo un favor.

Sé encontrar agua, madre me enseñó.

Ese es un oficio de brujas y gitanos, indigno de una mujer.

Te quedarás aquí.

Así lo quiero yo y así lo quiere Dios.

Gracias, abuelo.

Os debo la vida.

Puedes irte.

Dios os guarde.

-Dios os guarde.

-¡La dote! Si está podrido de dinero.

Lo mejor sería que ese viejo y avaro abandonara este mundo cuanto antes.

Cuidado no vaya a ser que esté escuchando, Elvira.

¿Esa? Haría mucho mejor si fregara las escudillas como Dios manda,

en vez de olisquear nuestras faldas como una perra.

Aunque lo cierto, hermana, no envidio mucho tu suerte, ¿eh?

Será fácil de engañar.

-Quisiera probar una.

Hmm...

Ni el duque de Venecia habrá probado jamás semejante manjar.

Es tierna y suave por fuera,

y por dentro deliciosa,... como su dueña.

-Chist... En buen pollo te has fijado, Inés.

Anda, dame dos.

Es Juan de Málaga.

Viene a vender las mercancías con las que su familia comercia

por el Mediterráneo.

Cuídate de él, su codicia solo es superada por su lascivia de moro.

-Naranjas, ricas naranjas, señoras.

-Han sobrado muchas.

Ya están secas.

Ya sabes que don Alonso quiere que las sobras vayan al convento.

Llévalas tú.

-Inés,...

obedece.

¿Queda alguna empañadilla?

¿Es que acaso os persigue el diablo?

Soy Juan de Málaga, y desde hoy,

vuestro más humilde servidor.

Así pues, ¿qué mandáis?

Que se vaya vuestra merced por donde ha venido.

Veo que sois hacendosa.

No os basta vender empanadillas en la ciudad,

sino que salís extramuros. No son para la venta.

Las llevo al convento, para los pobres.

Ah. Son las que sobran...

¿Y a vos qué os importan mis asuntos?

Misericordiosa y caritativa, además de bella.

¿Os importa que os acompañe... o acaso os doy miedo?

¿Miedo? Sí.

¿De vos? Haced lo que os plazca.

Está bien. En ese caso,

y como iba diciendo, me llamo Juan.

¿Vos?

¿Vos os llamabais...? No os lo he dicho.

Os ayudo con la cesta. No, no.

Sí, dejadme.

Perdonadme. No, disculpadme vos.

Parece de vuestro gusto.

¿Queréis leerlo?

Gustoso os lo presto.

Ya, entiendo, no sabéis leer.

Os gusta meteros donde no os llaman, ¿eh?

Quedad con Dios.

¿Jamás volveré a veros?

¿No queréis leer conmigo el Amadís?

Os gusta burlaros, ¿verdad?

No, no.

Podría enseñaros.

¿Vos?

Pero ¿no habéis oído hablar de mí?

Juan de Málaga, gran mercader y mejor maestro.

¡Aquí, a la misma hora!

Pero ¿cuándo?

¡Mañana!

¡Inés! ¡Me llamo Inés!

(SONRÍE)

Se llama Inés.

(Balidos)

(Cacareo)

No, las llevo yo al convento.

-"La lectura es un placer que exige

comodidad, tanto para el espíritu como para el cuerpo".

Esta... esta es la a.

Mi hermana me enseñó las letras.

Ah... Sí.

Tanto mejor. Ahora solo tenéis que juntarlas todas.

Comenzad.

(LEE) "Libro...

primero...

del...

caba...".

(RÍE)

¿Os reís? No.

¿No? No.

Proseguid, os lo ruego.

(LEE) "Amadís que...

combatía

por la...

razón...

de la hermosura...

de su...

señora,...

arremetió...

contra el monstruo".

¡Las mujeres, cuando no son capaces de mantener castidad,

merecen tanto mal,

que no es bastante el precio de una vida para pagarlo!

¡No os descuidéis!

El demonio y sus obras acechan tras las sombras.

(LEE) "La crónica del muy...

valiente caballero

Amadís de...

de Grecia,...

emperador de Constantino...".

Constantinopla.

¿No sabéis lo que es?

No.

Esos ojos no pueden apagarse sin conocer la ciudad más bella.

Algún día os llevaré, pero antes...

Permitidme.

Ojalá pudieseis veros.

Cerrad los ojos.

Vamos.

Imaginad que vais...

en uno de mis barcos.

¿Lo sentís?

Es la brisa del mar.

Imaginaos... yendo por las costas de Italia.

Más allá, Grecia,

la de Alejandro Magno y Ulises.

Ahora llegamos a la parte más peligrosa del trayecto,

al estrecho de Dardanelos, que separa Europa de Asia.

Al otro lado,...

nos espera Constantinopla,

y sus tesoros a ti y a mí.

¡Pero ¿qué hacéis?!

Solo me queréis para satisfacer un deseo sucio, fugaz y pecaminoso.

Acabaréis en el infierno.

No me importa ir al infierno si con ello consigo llevaros al cielo.

No me vengáis con versos baratos. Quiero que seáis mi esposa.

Os amo, Inés Suarez.

Es que no lo entendéis.

No me puedo casar ni con vos ni con nadie.

¿Por qué?

¿Por qué? ¡Porque así lo ha querido Dios!

¿Dios?

Sí, Dios.

-(LATÍN) "Sancta Maria

mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et".

Amén. -Amén.

Cuidado.

Perdonadme, busco a Juan de Málaga.

Y nosotros también.

Siempre que hay que recoger desaparece.

¿Recoger? Pero, recoger, ¿por qué?

Nos marchamos mañana de la ciudad, después de Viernes Santo.

¿Por qué? ¿Queríais algo de él?

Sí, sí, decidle...

Da igual. Dadle esto.

(RIENDO) Este Juanillo es que no para, ¿eh?

Pensé que jamás volveríamos a vernos.

Os habéis estado burlando de mí.

Solo soy para vos una aldeana más, ¿no?

Una de esas mujeres con las que habréis estado en vuestros viajes.

Todo eso de Constantinopla, qué necia.

Cómo os habréis reído de mí, ¿eh? No es cierto.

Pensabais marchar y no me dijisteis nada.

¡Venid conmigo! ¡Déjame!

Escuchadme, os amo desde el primer momento que os vi.

No quiero volver a veros.

¿Eso es lo que deseáis? Sí, eso deseo.

Pronto os libraréis de mí. Cuanto antes mejor.

Jamás volveremos a vernos. Jamás.

¡Adiós! ¡Adiós!

(EN LATÍN)

(EN LATÍN)

(EN LATÍN)

(EN LATÍN)

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córdibus".

(EN LATÍN) "Infírma nostri córporis".

(EN LATÍN) "Virtúte firmans pérpeti".

(EN LATÍN)

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córdibus".

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córporis".

(EN LATÍN)

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córdibus".

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córporis".

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córdibus".

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córporis".

(EN LATÍN)

(EN LATÍN) "Infúnde amórem córdibus".

(Gemidos)

(EN LATÍN)

(LLORA)

(GIME)

(GIME)

Ojalá esto no acabara nunca.

No tiene por qué acabar.

Vendréis conmigo a Sevilla.

Y de allí, al Nuevo Mundo.

(Graznido de pájaros)

Dicen que hay inmensas riquezas.

Se habla de una ciudad hecha entera de oro,

El Dorado.

Allí, cualquiera puede ser príncipe

o rey.

Incluso reina.

Mentís. Ah, ¿sí?

Solo me queréis para satisfacer un deseo sucio y fugaz.

Sucio...

Pero, ¿fugaz?

¿Qué ocurre?

Has traído la deshonra a esta familia.

Sé que has estado por ahí fornicando con ese Juan de Málaga.

Pues sí, nos queremos, y quiere casarse conmigo.

Es amor, algo que vos no habréis conocido jamás.

¡Qué sabrás tú del amor!

¿Es que no lo entiendes, desgraciada?

Ahora que te ha hecho tuya, no vales nada para él.

¡Te convertirá en su ramera! Igual que tu madre.

Era mi niña.

Tu padre me la robó, era mi niña ¡y la convirtió en una puta!

-¡Inés!

Por eso me odiáis, ¿no?

Siempre lo habéis hecho, no soportáis que sea como madre.

Ella es lo que más detestáis. El deseo,

la libertad, la belleza, la generosidad.

¡Vos sois incapaz de mostrar ni el más mínimo de esos sentimientos!

Ingresarás en el convento.

Esa es mi voluntad.

-¡Sois un ser despreciable!

(Suenan las campanas)

-¡Entra!

¡Elvira, déjanos!

Pensé que te quedaría peor.

Ven.

El colgante de madre.

Quédatelo. Quiero que lo tengas tú. No.

Sabes que me lo van a quitar cuando vaya al convento.

Ella estaría orgullosa de ti, y yo lo estaré siempre.

Asunción, tengo que contarte algo.

No hace falta.

Hagas lo que hagas,...

yo nunca podré dejar de quererte.

Y tú también a mí.

(Puerta)

Don Alonso ha ordenado que no salgas de esta alcoba

hasta que no vayas al convento.

(Se cierra la puerta)

(Pasos)

(Puerta)

Estás perfecta...

Perfecta.

Conviene que te vayas acostumbrando a estos hábitos.

El convento es el lugar idóneo para ti, Inés.

Allí te enseñaran en profundidad la palabra de Dios.

Y verás...

Mira quién está aquí, tu amor.

Despídete de él porque es la última vez que lo vas a ver.

Todo esto lo hago por tu bien, Inés.

Solo por tu bien.

Te odio.

Te odio. Te odio.

¡Te odio!

¿Inés?

¿Inés?

Ya.

Prométeme que sabré de ti.

Sigue tus sueños, Inés.

Al menos una de las dos vivirá libremente su vida.

No te olvidaré, hermana.

Ve, corre.

-¡Inés!

¡Inés, vuelve! ¡Vuelve!

¡Juan!

¡Juan!

¿Dónde os habíais metido? Vámonos, luego os cuento.

(Relincho)

"Querida hermana...".

"Te echo de menos, pero nada más me une a ese lugar".

"No puedo ser más feliz

ni tener mayor dicha".

"Me casé con Juan en un pueblecito muy cerca de Sevilla".

"Ahora vivimos aquí".

"Desde la ventana de nuestra casa

se ven los barcos que vienen y van al Nuevo Mundo".

"Sevilla es la puerta de América".

"De momento, Juan acaba de ampliar su empresa con nuevos socios".

"Quiere devolverle a su familia el prestigio que tuvieron antaño".

"Ahora tiene un barco con el que está abriendo nuevas rutas

por el Mediterráneo".

¡No! ¡No!

"Lo hemos perdido todo".

"Todo".

¡Empuja! ¡Empuja!

(GRITA)

"Los socios de Juan nos lo han arrebatado".

"No te he dicho nada antes para no preocuparte,

pero ayer, Juan partió hacia América".

¡Juan!

"Separarnos, aunque doloroso, era la única solución".

"Ahora solo espero su vuelta".

"Con oro o sin él,

rezo a todas horas por volverlo a ver".

"Reza tú también, hermana".

"Reza por Juan".

"Querida hermana".

"Hace ya más de un año que no tengo noticias de Juan".

"Parto al Nuevo Mundo".

"Parto tratando de recuperar mi vida".

"Parto en busca de esperanza,

la esperanza de reencontrarme con Juan".

"Pero también tengo miedo".

"Tengo miedo de no volver y, sobre todo, de no volver a verte".

"Te quiero, hermana. Te quiero".

(Balido)

(Balido)

(Balido)

(Cacarea un gallo)

Cartagena es un sitio de paso. Aquí nadie conoce a nadie.

Solo yo me quedo...

para despedir a los que se van

y para recibir a los que vuelven, si es que vuelven.

Aquí dejan testamentos, direcciones...

¿Cómo decís que se llamaba vuestro esposo?

Juan. Juan de Málaga.

Ajá... Y aquí confían también su correspondencia.

Aquí está. Una carta de Juan de Málaga,

para una tal Inés Suárez.

En Sevilla.

Sí, soy yo.

Sí, yo soy su mujer.

Vamos, podéis leerla.

¿Y cuándo llegó?

Hace tan solo unos días, desde Cuzco.

Me temo que vuestro marido fue otro de los que partió al Perú,

atraído por esa leyenda del Dorado.

Un engañabobos

con el que los indios se burlan de nosotros y de nuestra avaricia.

Padre Gregorio, debo ir a Cuzco.

Necesito saber cómo hacerlo.

(JUAN) "Amada esposa".

"El Perú es la nueva Constantinopla".

"En esta tierra no se sabe qué cosa es el hambre porque se coge trigo

y maíz dos veces al año,

y hay más frutas de las que jamás hubierais imaginado".

"También hay minas de oro y plata".

"Gracias a un buen amigo, he hecho amistad con los Pizarro".

"Es nuestra oportunidad para hacer fortuna en esta tierra".

"Sin embargo, daría todas las riquezas de este mundo,

solo por tener un beso vuestro y volver a abrazaros".

"No temáis, muy pronto conseguiré que volváis a reuniros conmigo".

"Hasta la muerte, vuestro Juan de Málaga".

(Graznido)

(Graznido)

¿Sebastián Romero?

Y eso.

Pasa.

Pasa.

Me han dicho que lideráis una expedición hacia el sur.

Quiero ir con vos.

¿Vos?

¿Y qué se os ha perdido allí?

Eso no os importa.

Sí.

Sí que me importa.

Puesto que yo soy el jefe y patrón de esta expedición.

¿Y bien?

Quiero viajar al sur.

Quiero viajar a Cuzco en busca de mi marido.

(RÍE)

(RÍEN)

¡Va en busca de su marido!

¡Qué valiente!

Señora,...

id a fregad vuestras escudillas.

Vuestro marido está muerto,

o peor,

le capturaron los indios y ahora anda por la jungla

con un hueso en la nariz y un harén de indias detrás.

Ya lo he visto otras veces.

Quiero ir de todas formas.

Me temo que esto no es suficiente.

Es todo lo que tengo.

Yo creo que no.

¿Y este collar?

Es una baratija, no tiene valor.

Lo quiero. ¡Ya os he dicho que no tiene valor!

¿Por qué lo queréis?

Porque para mí puede que no tenga valor,

pero para vos,...

para vos sí.

No.

No.

Permitidme,...

os lo suplico.

(SOPLA)

Os advierto que serán marchas agotadoras por la jungla

y que no me haré responsable de vos si os retrasáis o ponéis enferma.

En el caso de que... Dios no lo permita,

fuerais secuestrada por los indios salvajes,

una mujer...

tan bella...

como vos,

no quiero ni imaginarme lo que os harían.

¡Salimos mañana al alba junto al fortín!

Dormid bien.

(RÍE)

¡Vamos, ponme otra jarra!

¡Alegría, que esto no es un funeral!

-Salud.

¡Vamos! ¡¿Qué pasa?!

¡Avancen!

¡¿Qué pasa, escoria?!

¡El que retrase la marcha ya sabe lo que le va a suceder!

¡Vamos!

¡Vamos, bastardo!

¡Más rápido!

¡Más rápido! ¡Vamos!

¡¿Qué pasa?!

¡Apartaos!

¡Moveos! ¡Vamos! -(SE QUEJA)

¡Levántate!

¡Vamos!

¡Esto es inhumano!

¡Le vais a matar! ¡Llevamos días sin parar de andar!

¿Acaso pensabais que el Nuevo Mundo era mejor que el Viejo?

¡Vamos, bastardos! ¡¿Qué pasa?!

(Los monos chillan)

¡Tú!

¡Arriba!

(Suena el agua del río)

En esta jungla,

hasta el ser que parece más inofensivo, puede ser mortal.

No hay que fiarse.

Esa rana era venenosa.

Solo tocarla, os habría matado en dos días.

No lo olvidéis.

¡Vamos! ¡Avancen!

¿Qué es esto, la procesión de Corpus Christi?

¡Vamos!

¡Vamos! ¡Muévanse!

¡Vamos!

-¡Vamos! -¡No os rezaguéis!

¡Venga, más rápido!

¡No os paréis!

(Graznidos de pájaros)

¡Vamos, bastardos!

¡Vamos! ¡Os voy a matar a todos!

Señora, por favor, sentaos.

Hace noches que quería pasar una velada con vos.

¿Tenéis hambre?

Las marchas por la jungla despiertan el apetito.

¿Un poco de vino?

Por vos,...

señora mía.

¿Un poco más?

Quería disculparme con vos.

La forma en la que me comporté el otro día...

No vayáis a creer que soy un salvaje.

Ya sé...

Ya sé lo que pensáis.

¿Si no soy un salvaje, cómo es que trato a los indios así?

Bien.

No son seres humanos,...

puedo hacer con ellos lo que me plazca.

No os da derecho para tratarlos de esa forma.

¿Sabéis?

Cuando llegué a esta tierra,

yo era pobre,

la gente me despreciaba,

pero ahora... ahora me respetan.

Os tienen miedo.

(RÍE)

¿Acaso no es lo mismo?

Si me permitís, me gustaría retirarme a descansar.

Antes de que os vayáis,

quisiera haceros un regalo,...

si me permitís.

Para vos.

El que seáis traficante de esclavos puede haceros pensar

que todo en esta vida tiene un precio, pero no es así.

Buenas noches tengáis, señor Romero.

(ESCUPE)

¡Puta!

¡Vamos, rápido!

¡Vamos, escoria!

¡Vamos!

¿Estáis bien?

¿Qué pasa?

¿Por qué paramos?

Vamos, vamos.

Vamos.

Apartaos.

¡Apartaos!

Apartaos.

-(GRITA) ¡No!

¡Sois una bestia inmunda! ¡Era un hijo de Dios!

¿Dios?

¿Qué Dios?

¡Ya os advertí!

¡El que retrasa la marcha y no es útil, será eliminado!

Aquí,

la única religión que conocen estos salvajes,

es la mía.

¡Aquí, yo soy Dios!

¡Vamos, escoria!

-¡Vamos!

-¡Hijo puta, vamos!

¡Venga, vamos!

¡Caminad!

¡Sube!

-¡Vamos!

¡Vamos! ¡¿Qué pasa?! ¡No os retraséis!

¡Vamos!

¡Moveos!

(Graznidos de pájaros)

¡Juan! Mi amor.

Mi amor.

(GIME)

¡Suéltame!

Suél... Quieta.

¡Puta!

No sois más que una puta.

Vas a ser mía.

Ahora el amo soy yo.

¡Suéltame!

¡Ah!

Puta.

(TOSE Y SE QUEJA)

(SE QUEJA)

¡Ayuda!

Tirad esta basura por ahí.

No merecía vivir.

(LLORA)

(LLORA)

¡Mujer!

El indio os llevará a Cuzco.

Tomad.

Creo que os pertenece.

¡Arriba, vamos! ¡Arriba he dicho!

¿Cuánto falta?

Pronto pronto.

Detrás de las lomas. Pronto.

¡Wañuy! ¡Wañuy!

¡No, no, no, no! ¿Adónde vas?

¡Wañuy!

¡Volver! ¿Qué es eso de "wañuy"?

Wañuy. Grande, wañuy.

¡No, no, no! ¡Debo ir a Cuzco!

¡A Cuzco! No, no.

Perdona. No, regresad.

Dime cómo tengo que ir. Seguir el camino.

Allí. No salga del camino.

Allí.

(Disparos)

¡Juan!

¿Señora?

¿Señora?

¿Estáis bien?

¿Dónde estoy?

¿Quién sois? Me llamo Pedro de Valdivia.

¿Cómo habéis llegado hasta aquí?

¿Qué lugar es este?

¿Es Cuzco?

Muy cerca.

¡Aguirre!

-Una mujer. ¿Cómo demonios ha llegado hasta aquí?

-Trae un caballo.

Vamos a sacarla de aquí. No, no, no.

Debo ir a Cuzco en busca... en busca de mi marido.

Tranquilizaos, señora. Os llevaré al Callao.

No, al Callao, no, tengo que ir a Cuzco.

Tengo que buscar a mi marido, ya os lo he dicho.

Sí. Se llama Juan de Málaga, seguro que lo conocéis.

-Cristóbal, ¿Juan de Málaga?

(NIEGA)

-Vuestro marido cayó en batalla

luchando como un valiente para el marqués de Pizarro

contra Almagro.

Pero...

¿No lo entendéis?

¡Cuzco!

¡Debo ir a Cuzco!

¡Cuzco!

Tranquilizaos. ¡Debo ir a Cuzco, allí está Juan!

¡Señora!

¡Juan!

¡Señora!

Mateo de Jumilla...

Juan...

Fernando Murguía...

Francisco Altamirano... Juan...

Manuel Domínguez...

¡Viva Valdivia! -¡Viva!

Don Pedro de Valdivia.

Siempre invicto.

¡Muerte a Almagro! ¡Muerte al traidor!

Matadlos.

¿Por qué han tenido que acabar así las cosas?

-Podemos ser dioses.

Todo lo arreglamos con lo que sale de la tierra.

Tú eres bruja.

"Tú sabes dónde ruge el agua bajo la tierra".

Bienvenida a la fiesta de carnaval.

¡Que suene la música y empiece el baile!

¿Valdivia está aquí también por el oro?

Las mujeres somos para los hombres

un territorio donde plantar una bandera, ¿no?,

y luego pasar a la siguiente conquista.

Elegisteis mal el bando, Valdivia,

con vos a mi lado, hubiéramos conquistado un reino

y seríamos más poderosos que Pizarro.

¿Qué reino es ese?

Chile, la tierra más hermosa del mundo.

(HABLA EN SU LENGUA)

(HABLA EN SU LENGUA)

Esto es Chile, y más al sur, una nueva Constantinopla,

y tú, su reina.

(HABLA EN SU LENGUA)

(Gritos)

Daría lo que fuera por una noche más a tu lado.

No te vayas. Te amo,

doña Suárez.

Te llevaría al fin del mundo si pudiera.

Nunca te abandonaría.

Todo nuevo reino se consigue mediante las guerras

y se amplía gracias a las victorias.

La única victoria se consigue con la destrucción del enemigo.

Salvasteis la ciudad cuando estaba perdida,

en vuestras manos está salvarla de nuevo.

Escuchadme todos bien,

es ella la que manda en esta expedición, y no Valdivia.

¿Estáis dispuestos a obedecerla?

No vuelvas a decirme qué he de hacer.

No hay nada que le guste más que el oro.

Lo sé.

La leyenda de un Dorado es lo que hizo a mi marido venir aquí.

Llevamos dos semanas aquí y nada.

¿Dónde está el maldito oro?

Si tengo que elegir entre mis hombres o los delirios de un loco,

lo haré.

-¡Nos atacan!

¡Nos atacan!

¡No nos rendiremos!

Cortadles la cabeza.

Atravesadlas con una pica y paseadlas por la ciudad

para que todo el mundo sepa lo que sucede a quien ose

desafiar a Pedro de Valdivia, ¡gobernador de Chile!

Inés del alma mía - Capítulo 1: Un nuevo mundo - Ver ahora

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