Una onda oceánica impulsada por El Niño elevará hasta 30 centímetros el mar en California
- El fenómeno, conocido como onda de Kelvin, aumenta el riesgo de inundaciones y de erosión en las playas
- Los científicos prevén tres o cuatro más este otoño e invierno, lo que mantendría el nivel alto durante meses
El nivel del mar en la costa de California podría subir hasta 30 centímetros a lo largo de octubre por el paso de una onda oceánica de escala continental que avanza hacia el norte por el litoral americano. El fenómeno, conocido como onda de Kelvin, está ligado a El Niño, que según la agencia estadounidense NOAA tiene muchas probabilidades de convertirse este otoño en el más intenso desde que hay registros fiables, en 1950. Un episodio de esa magnitud aumenta el riesgo de sequías, lluvias torrenciales y calor extremo en distintas regiones del planeta.
No se trata de una ola que rompa contra la costa como si fuese un tsunami. Es una ondulación casi imperceptible a simple vista que eleva el nivel del agua a su paso. Por eso no transporta grandes volúmenes de agua. Lo que viaja es la perturbación. Pero su efecto se nota cuando coincide con mareas vivas, mar de fondo o temporales, porque aumenta el riesgo de inundaciones y de erosión en las playas. "La regla general es que por cada dos a cuatro pulgadas (5-10 centímetros) de aumento del nivel de fondo del mar, prácticamente se duplica el riesgo de inundación", explica a la agencia AFP el oceanógrafo Dillon Amaya, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
Las ondas de Kelvin nacen cuando los vientos alisios, que normalmente empujan el agua cálida hacia el oeste del Pacífico, se debilitan por ráfagas de viento del oeste. El agua acumulada cerca de Indonesia "rebota" entonces hacia el este en forma de una enorme onda que viaja a lo largo del ecuador. A su paso, la termoclina, la frontera entre las aguas cálidas superficiales y las frías profundas, se hunde varias decenas de metros, y la capa cálida se vuelve más gruesa.
En superficie, la huella es mínima. El mar sube unos pocos centímetros, pero lo hace a lo largo de miles de kilómetros, y los satélites que miden la altura del océano registran con nitidez ese leve abombamiento. A comienzos de 1997, en la antesala de uno de los El Niño más intensos de los que se tiene constancia, el satélite TOPEX/Poseidon siguió en el Pacífico ecuatorial dos de estas ondas, que elevaban el mar 10 y 15 centímetros mientras hundían la termoclina 30 y 40 metros.
Atrapada contra el continente
Al llegar a Sudamérica, la onda se divide en dos ramas que avanzan pegadas al litoral, una hacia el norte y otra hacia el sur. Los oceanógrafos las llaman ondas atrapadas en la costa (coastal trapped waves, en inglés). Lo que las mantiene adheridas al continente es la rotación de la Tierra. El efecto Coriolis desvía el agua hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el sur, de modo que, cuando el agua elevada tiende a alejarse mar adentro mientras avanza hacia el polo, acaba empujada de nuevo contra la orilla.
La onda sigue el contorno de la costa, bordeando bahías, calas y ensenadas. Según los cálculos de Amaya, desde su origen en el Pacífico occidental hasta el golfo de Alaska recorre más de 25.000 kilómetros en unos 120 días, a una velocidad de unos 10 kilómetros por hora. Además, frena el afloramiento de agua fría profunda frente a la costa, lo que calienta el mar y altera los ecosistemas marinos.
Un problema mayor que los 30 centímetros
Una subida temporal de 15 a 30 centímetros puede parecer modesta, pero cambia el punto de partida desde el que actúan las mareas y los temporales. Si a ese nivel más alto se suman una pleamar y una tormenta invernal, el agua puede penetrar mucho más tierra adentro. La onda llega además sobre un mar ya elevado, porque otra onda de Kelvin alcanzó California en mayo y junio, y el agua más cálida ocupa más volumen. A ello se añade que El Niño suele favorecer inviernos más lluviosos y tormentosos en el sur de California.
Tampoco desaparece de un día para otro. Cada episodio de El Niño genera normalmente cinco o seis ondas de este tipo, y Amaya prevé que lleguen tres o cuatro más este otoño e invierno, lo que mantendría el nivel del mar anormalmente alto durante meses. Las más importantes suelen llegar en invierno. Se trata, en cualquier caso, de una subida pasajera, distinta del aumento sostenido del nivel del mar que provoca el cambio climático.
Un episodio de El Niño entre récords climáticos
Este año, El Niño está siendo excepcional y podría ser histórico. Aunque ya se le llama "súper El Niño", no es una categoría oficial. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) lo declaró oficialmente en junio y desde entonces no ha dejado de intensificarse.
Según la actualización publicada este jueves por la NOAA, hay un 83% de probabilidad de que entre octubre y diciembre supere en intensidad a todos los episodios registrados desde 1950, frente al 75% que estimaba hace un mes. Los últimos meses del año serán su momento de máxima fuerza. La Organización Meteorológica Mundial considera prácticamente seguro, con una probabilidad cercana al 100%, que el fenómeno persista hasta febrero de 2027. En la costa oeste de América, las ondas de Kelvin multiplican el riesgo. En California, los expertos prevén que estas ondas sigan llegando de octubre a febrero.
Entre los efectos previstos figuran los siguientes:
- Inundaciones costeras en California. En comunidades casi a nivel del mar, el riesgo de inundación se multiplica.
- Erosión de playas. El mar más alto, el oleaje del Pacífico Norte y las grandes mareas de octubre a febrero pueden causar una erosión excepcional.
- Más ciclones en el Pacífico y menos en el Atlántico. Los vientos de El Niño favorecen los ciclones tropicales en el Pacífico y reducen los huracanes atlánticos.
- Lluvias intensas en Sudamérica. Se esperan precipitaciones por encima de lo normal en la costa de Ecuador.
- Sequía anticipada en Centroamérica. En países como El Salvador se prevé que la época seca empiece en la segunda quincena de octubre.