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La temperatura del mar bate récord global por El Niño y la crisis climática: "Va más rápido de lo que se pensaba"

  • La media de la temperatura marina, excluyendo los océanos polares, alcanzó 21,1 °C en agosto
  • Es un dato "preocupante" que provocará previsiblemente fenómenos extremos más intensos
Imagen del mar en Baleares, donde se ha alcanzado la mayor temperatura jamás registrada en costas españolas
Imagen del mar en Baleares, donde se ha alcanzado la mayor temperatura jamás registrada en costas españolas

Nunca, desde que hay registros, los mares de la Tierra estuvieron tan calientes. El pasado 24 de agosto la temperatura media de los océanos, excluyendo el Ártico y el Antártico, alcanzó los 21,1 °C, el valor más alto desde que comenzaron las mediciones en 1979, según el servicio climático europeo Copernicus.

El alarmante dato se alcanzó además en un momento inusual del año, en agosto, no en marzo o abril, al término del verano austral. Detrás de este récord hay dos culpables, uno natural y otro humano: por un lado el fenómeno de El Niño, que periódicamente calienta las aguas del Pacífico oriental, frente a Ecuador y Perú, y por otro la crisis climática, cada vez más acelerada.

"El Niño está añadiendo calor al sistema, pero lo hace sobre décadas de calentamiento provocado por el ser humano", ha explicado Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), organismo del que depende Copernicus.

No es, además, un Niño normal. Se espera un "Súper El Niño" que se refuerce en los próximos meses, y las previsiones apuntan a que el será uno de los peores de la historia, lo que tendrá consecuencias en forma de sequías, inundaciones y calor extremo en distintos puntos del planeta.

El calor en el mar se almacena durante más tiempo

Para el climatólogo de la Universidad de Alicante Jorge Olcina, el dato es "preocupante" porque refleja, por un lado, "que el proceso de calentamiento va más rápido de lo que se pensaba a principios de este siglo XXI",y por otro, que "el exceso de calor de la atmósfera se está almacenando en los océanos".

"De todos los efectos que está teniendo este calentamiento climático, para mí el más preocupante es que se acumule calor en el mar", señala a RTVE Noticias, porque los océanos actúan como almacén del calor durante mucho más tiempo que la atmósfera, y van sacando este calor de forma progresiva con los años.

"¿Qué quiere decir esto? Que si consiguiéramos frenar las emisiones e ir normalizando el funcionamiento de la atmósfera terrestre, todavía tendríamos al menos un par de décadas de sobrecalentamiento debido a la salida de todo el calor acumulado desde los océanos hacia la atmósfera", expone.

Anomalía de la temperatura de la superficie del mar, el 22 de agosto

Anomalía de la temperatura de la superficie del mar, el 22 de agosto C3S/ECMWF

Noches sin sueño y fenómenos más destructivos

Aunque el dato es global, si centramos el foco en España el calentamiento del Mediterráneo es lo que más debe alertarnos, apunta el investigador de la UA. Este verano en la costa este española han sufrido ya una las principales consecuencias: noches tórridas, ecuatoriales o infernales -según la temperatura mínima que se alcance- que hacen imposible descansar y que tienen efectos en la salud.

"El calor acumulado en el mar lo que hace es que prolonga el calor ya no solo durante el día, sino también por la noche", señala. Valencia ciudad registró la noche más cálida desde que hay registros el pasado 20 de agosto, con una mínima de casi 31 grados, y decenas de localidades valencianas seguían a más de 35 ºC a medianoche.

El otro gran efecto son tormentas más destructivas alimentadas por la "energía" concentrada en el mar, que se libera si se dan ciertas condiciones de inestabilidad atmosférica. Ya se ha visto en las graves inundaciones en Tarragona, que han dejado dos muertos, y en el insólito tornado que arrasó un pueblo del sur de Francia el martes, algo impensable hace solo unos años. La zona mediterránea es "una de las regiones de Europa que más está manifestando estas evidencias de cambio climático".

Y la temporada de borrascas propia del final de verano y el otoño no ha hecho más que empezar. "En las danas o gotas frías se moviliza mucha más energía, las nubes concentran mucho más el vapor de agua y descargan con mucha más fuerza e intensidad", explica este profesor de la Universidad de Alicante.

"Teleconexiones" de El Niño en Europa

Todo ello cuando El Niño está apenas empezando a formarse. En eventos intensos de este fenómeno, que se da aproximadamente entre cada dos y siete años -el último gran El Niño tuvo lugar entre 2023 y 2024-, se altera el régimen de precipitaciones global. En zonas secas, como la costa del Pacífico de Sudamérica, se dan "inundaciones y tormentas" y en otras húmedas, como Oceanía y partes del sur de Asia, se reduce la actividad de los monzones y se producen sequías.

El fenómeno también eleva por lo general la temperatura global, con efectos que se suelen dar al año siguiente de su formación en el Pacífico. Por lo tanto, viviremos previsiblemente las consecuencias de El Niño en 2027.

Las "teleconexiones" de El Niño provocarán en Europa, probablemente, "un verano caluroso el año que viene" y una atmósfera "más inestable", especialmente a final del verano, con lo que aumenta la posibilidad de fenómenos extremos, detalla Olcina.

Se alcanzará el límite de 1,5 grados en 2029

Más allá de El Niño, lo que evidencia el dato histórico de Copernicus es una aceleración del cambio climático. La ciencia había fijado un límite de un calentamiento de 1,5 grados sobre niveles preindustriales como el umbral para evitar los peores efectos de la crisis climática. Según las tendencias observadas a principios de siglo, ese límite se sobrepasaría en 2041. Pero según las últimas estimaciones de Copernicus, alcanzaremos esa temperatura media en apenas tres años, en 2029.

Ante la mayor probabilidad de fenómenos extremos que trae este calentamiento, Olcina reclama "estar preparados y avisar de manera urgente a la población". "La sociedad española, muy específicamente la mediterránea, se ha ido transformando en lo que llamamos una sociedad ES-Alert", lanza. Preparación, adaptación y alertas para evitar que ocurran desastres agudizados por el cambio climático como la fatídica dana de Valencia de 2024.