La cosecha de cereales cae un 30% en plena escalada del gasóleo: ¿Estamos a las puertas de una crisis alimentaria?
- El gasóleo ha subido un 50% y los fertilizantes un 30% y provocan que sembrar sea "insostenible"
- La escasez y la carestía del cereal se trasladan al precio de pan, huevos, carne y lácteos
El sector del cereal se enfrenta a una compleja situación que puede poner en peligro la producción alimentaria: una mala cosecha, precios que suben por las crisis geopolíticas y unos agricultores asfixiados porque, aseguran, no son capaces de cubrir gastos.
Si empezamos por ponerle cifras a la situación, vemos que los precios en el mercado mayorista español están registrando repuntes del entorno del 15%. "Trigo blando, maíz y cebada han alcanzado en las últimas semanas sus niveles de precio máximos en 15 meses impulsados por la tensión en los mercados globales" según la patronal Accoe (Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España). En paralelo, se ha producido una caída en la producción cercana al 30%, de los 22 millones de toneladas de la campaña anterior a solo 14,5 millones esta, por la sequía y el calor extremo.
Pero nada de eso repercute en que el agricultor español reciba más dinero por vender su trigo: "El mercado de los cereales está ahora mismo manejando los mismos precios que cuando se fundó la Política Agraria Común (PAC) allá por 1960, pero con unos costes de producción que se han disparado diez veces más", denuncia en RTVE Noticias Óscar Salazar, responsable de cereales de la organización agraria COAG: "La maquinaria está intocable, el gasóleo agrícola ha subido un 50% solo este año, los fertilizantes más de lo mismo. Los agricultores pensábamos que la solución era aumentar el tamaño de las explotaciones, pero nos hemos dado cuenta de que eso es un camino sin salida".
¿Por qué el precio no sube lo suficiente para compensar una menor cosecha?
El principal motivo es que el precio se fija fuera. España es un país importador de cereal, sobre todo para alimentación animal. Nuestro país absorbe cerca del 40% de todo el cereal que la Unión Europea compra a terceros países porque no produce lo suficiente. De este modo, el precio en las lonjas españolas depende de lo que dicte el mercado internacional y no de la escasez en las explotaciones nacionales.
El presidente de la Asociación Comercial de Cereales de España (ACCOE), Marcos Martínez, explica que "las oscilaciones de precios vienen determinadas por las grandes bolsas internacionales como Chicago y París, así como por la situación productiva y climática en potencias clave para la exportación de grano como Ucrania y Rusia, lo que supedita los precios a la ley de la oferta y la demanda, pero a nivel mundial".
Un escenario del que se lamenta Óscar Salazar de COAG: "Las leyes europeas han favorecido al cereal de fuera. Ahora mismo, el 50% del grano que viene a la Unión Europea procede de Ucrania y nos lo están vendiendo como un acto de solidad con ese país cuando no es así. La gente tiene que saber que la mayoría de la producción de grano ucraniano está en manos de 10 fondos de inversión que ni tienen su sede social en ese país". Contundente, concluye que "las leyes europeas no están beneficiando a Ucrania, están favoreciendo a los fondos de inversión y arruinando al sector cerealista español".
Los precios actuales, unos 230 euros por tonelada de trigo blanco, están muy por debajo e los 300 euros que se necesitarían para cubrir los elevados costes de los fertilizantes y el gasóleo con una producción tan baja. Esta brecha entre los costes fijos y los bajos ingresos por hectárea ya deja unas pérdidas estimadas de 1.650 millones de euros para el sector agrario español.
La siembra de cientos de hectáreas en España en peligro
Los agricultores de cereal españoles llevan décadas denunciando que los costes de producción les asfixian. Explican que mientras el precio de venta de sus cosechas cae a merced de unas normas que se controlan en los mercados internacionales, los gastos diarios del campo no paran de subir. El precio del gasóleo agrícola, la maquinaria y los fertilizantes se ha duplicado en los últimos años debido a la crisis energética en Oriente Medio y los aranceles al gas ruso. Producir es el doble de caro, pero vendes a mitad. Resultado: no sale rentable sembrar, dicen
"Los agricultores se están planteando si con un gasóleo por encima de 1,50 euros les trae cuenta sembrar o no este año", explica en Radio Nacional de España Andrés Góngora, secretario general de COAG: "Estamos hablando de cientos de miles de hectáreas, sobre todo en Castilla y León, Castilla La Mancha y Aragón que se pueden quedar sin sembrar. Un escenario que causaría un grave perjuicio para la cesta de la compra", ya que un escenario de menos siembra, añade, "lleva aparejada más dependencia de cereales que vienen de fuera y, por lo tanto, generan una gran inseguridad en cuanto a la soberanía alimentaria de España"
En la misma línea se pronunciaba esta semana Cristóbal Cano, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), a las puertas del ministerio de Agricultura hasta donde acudieron a presentar una serie de reclamaciones: "Tenemos que dotar de viabilidad a miles de explotaciones agrarias. Hay una gran incertidumbre a la que se suma la insostenible situación de los precios. Necesitamos medidas urgentes que eviten que tengamos que pagar por trabajar. Todo lo que sea tener el gasóleo agrícola por encima de un euro es llevar a la ruina al sector. Esto una guerra injusta auspiciada por el sátrapa de Trump. Hay que hacer un llamamiento a sus cómplices para que vean a donde está llevando al sector agrario".
¿Hay peligro de escasez de alimentos?
Problemas de escasez no, pero sí de inflación. La cosecha de cereales de 2026 en España ha sido mala debido a la sequía y las olas de calor tardías, pero los mercados globales tienen grano de sobra. Países del hemisferio norte y grandes productores como Estados Unidos, Brasil o la propia Ucrania disponen de suficiente stock mundial. Al ser España un comprador premium internacional, siempre tiene la capacidad económica de adquirir el grano que le falta en el mercado exterior. ¿Cuál es entonces el problema? Que en España se produce poco y por debajo de costes y, además, toca importar cereales a mayor precio por los vaivenes geopolíticos. Conclusión: importamos inflación.
Que haya grano no significa que sea barato. La inestabilidad en el Mar Negro, las tensiones en Oriente Medio y el encarecimiento global del transporte marítimo y los combustibles presionan los costes logísticos. Si a las fábricas de pienso españolas les cuesta más traer el grano de fuera, ese sobrecoste se traslada directamente a la cadena alimentaria. Como consecuencia, los consumidores terminamos pagando más caros los productos básicos en el supermercado especialmente la carne, los lácteos y los huevos que han sufrido encarecimientos de hasta el 30% para el consumidor final.
"Yo lo he notado muchísimo con los huevos, en lugar de un producto básico, se han convertido en algo de lujo", nos cuenta Nerea con la que hablamos a las puertas de un supermercado. "No entiendo en qué momento hemos normalizado que media docena de nuevos random, ni camperos ni nada, cuesten dos euros", añade indignada. Se suma a la queja su acompañante. Se llama María y para ella "peor es lo que pasa con el pan, ahora una barra no te baja de 1,20 y con una calidad malísima, y hace dos días estábamos pagando 50 céntimos".
Son solo algunos ejemplos de un escenario que puede llevar al consumidor a una situación crítica en palabras de Óscar Salazar de COAG: "No lo dudes, podemos entrar en una crisis alimentaria sin precedentes en cualquier momento. Ya nos tocó vivir una crisis financiera en su momento y se tuvo que rescatar al sector, pues esto es lo mismo, hay que rescatar al sector agrícola", asegura el portavoz de COAG. Y es que explica que "los cereales son unas materias primas agrarias que se colocan en la base de la alimentación, tanto de la ganadería como de los humanos: pan, galletas pastas y piensos, todo viene derivado de los cereales y no solo estos productos, por extensión, otros se encarecen".
Y concluye: "Ni la Unión Europea ni España pueden prescindir de producir cereales, no podemos depender de terceros países, sería un suicidio para nuestra economía".