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25 años del 11S

Nueva York, 25 años después del 11S: 1.099 víctimas sin identificar y decenas de miles de enfermos

  • Un cuarto de siglo después de los atentados, la identificación de las víctimas continúa abierta
  • La ciudad acaba de publicar más de 170.000 páginas sobre el aire tóxico de la zona cero
Restos de las Torres Gemelas envueltos en humo tóxico
Restos de las Torres Gemelas de World Trade Center tras los ataques del 11S, envueltos en humo que contenía sustancias tóxicas Dennis Van Tine Dennis Van Tine / Zuma Press / Europa Press
ÁNGELA GARCÍA ROMERO (CORRESPONSAL DE TVE EN NUEVA YORK)

Desde la ventana de su oficina, en la planta 45 del edificio Chrysler, Carlos Galtier sigue viendo el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas. Trabaja desde hace más de tres décadas en la Oficina Económica y Comercial de España en Nueva York y estaba allí el 11 de septiembre de 2001, cuando vio el primer avión estrellarse contra la Torre Norte del World Trade Center.

Los ojos del 11S: Carlos Galtier fue testigo del atentado contra las Torres Gemelas

Veinticinco años después, algunas de las consecuencias de los atentados siguen abiertas. La Oficina del Médico Forense de Nueva York todavía intenta identificar a 1.099 de las personas que murieron en el atentado. El programa federal de salud creado para los afectados tiene actualmente certificadas a más de 60.000 personas con enfermedades respiratorias o digestivas y a más de 52.000 con algún tipo de cáncer relacionado con la exposición al polvo que provocó el derrumbe.

A estos datos se suma una nueva controversia. El Ayuntamiento de Nueva York ha publicado más de 170.000 páginas de documentos sobre la calidad del aire y la actuación de las autoridades después de los ataques. Los archivos permiten conocer mejor qué sabía la ciudad sobre los riesgos de la nube tóxica y cuándo lo sabía.

1.099 víctimas todavía sin identificar

El 11-S sigue siendo, veinticinco años después, una investigación abierta. En los laboratorios de la Oficina del Médico Forense continúan analizando los restos humanos recuperados entre los escombros.

Desde 2001 se han recuperado casi 22.000 fragmentos humanos. El laboratorio decidió entonces retirar la humedad de los restos para evitar que siguieran degradándose, una decisión que permite analizarlos 25 años después con tecnologías que entonces no existían.

"Conservar los restos entonces nos permite trabajar con ellos hoy", explica Mark Desire, responsable del equipo que comenzó esta investigación tras los atentados.

De las 2.753 personas que murieron en el World Trade Center, 1.654 han podido ser identificadas. Otras 1.099, aproximadamente el 40%, continúan sin identificar.

Obtener ADN no es suficiente. Después, los investigadores necesitan encontrar una muestra familiar con la que compararlo. Entre las víctimas había ciudadanos de unos 80 países y localizar a algunos de sus familiares sigue formando parte de la investigación.

Los avances científicos permiten seguir consiguiendo resultados. En 2025 se anunciaron tres nuevas identificaciones y en agosto de 2026 Nueva York identificó por primera vez a una víctima del 11-S mediante genealogía genética forense, una técnica que permite buscar relaciones familiares más lejanas a partir del ADN.

Mark Desire reconoce que "una identificación, no cierra la herida de las familias, pero sí puede darles una respuesta". Y asegura que su equipo seguirá trabajando y aprovechando cada nuevo avance científico hasta intentar identificar a todas las víctimas.

Más de 52.000 personas con cáncer reconocido

La dimensión sanitaria de los atentados ha aumentado con el paso de los años.

Durante los trabajos de recuperación se retiraron de la zona cero alrededor de 1,8 millones de toneladas de escombros. La caída de las torres levantó una nube formada por cemento pulverizado, vidrio, amianto, metales y otros materiales que se extendió por el sur de Manhattan.

Bomberos, policías y equipos de rescate estuvieron entre los más expuestos, pero también respiraron ese aire vecinos y trabajadores que regresaron a la zona durante los días, semanas y meses posteriores.

El World Trade Center Health Program tiene actualmente certificadas a unas 60.300 personas con trastornos aerodigestivos, enfermedades respiratorias y digestivas, y a unas 52.700 con cáncer. Una misma persona puede tener reconocida más de una patología.

Karla Pericón trabajaba en Bank of America, consiguió salir de la Torre Norte, pero quedó envuelta en aquella nube. "Me cubrió de la cabeza a los pies", recuerda.

Meses después comenzaron el asma, las alergias y las bronquitis. Con el tiempo le reconocieron oficialmente el asma y el trastorno de estrés postraumático vinculados al 11-S. Después ha pasado por tres cánceres, de útero, ovario y mama, y sufrió un derrame cerebral en 2018, que le ha paralizado la mitad izquierda del cuerpo.

Entre los colectivos más afectados está el Departamento de Bomberos de Nueva York. El 11 de septiembre murieron 343 miembros del FDNY. Desde entonces, más de medio millar de bomberos han fallecido por enfermedades relacionadas con el 11-S, según los datos difundidos este año por el propio cuerpo.

Joseph W. Pfeifer, el primer jefe de bomberos que llegó al World Trade Center tras el impacto del primer avión, lo resume así: "Hemos perdido a más después del 11-S que el 11-S". Su hermano Kevin, también bombero, murió aquel día en la Torre Norte.

Actualmente, 10.562 miembros del FDNY tienen certificada al menos una enfermedad física vinculada al World Trade Center y 4.257 tienen algún cáncer reconocido.

Qué sabía la ciudad sobre el aire tóxico

La contaminación del aire ha vuelto al centro del debate coincidiendo con el veinticinco aniversario. La administración del alcalde Zohran Mamdani ha publicado una primera tanda de más de 170.000 páginas de documentos municipales sobre la calidad del aire, los riesgos para la salud y la respuesta de la ciudad tras los atentados. Es sólo una primera entrega y está previsto que continúen publicándose documentos durante los próximos doce meses.

Los efectos del humo durante el 11-S: enfermedades respiratorias y cáncer

Entre ellos están el denominado Harding Memo y 68 cajas de documentación del Departamento de Protección Ambiental que no fueron localizadas hasta 2025, pese a las peticiones realizadas durante años para acceder a ellas.

Según el Ayuntamiento, los archivos muestran qué sabía la ciudad sobre el aire tóxico, cuándo lo supo y cómo actuó para limitar su responsabilidad. También recogen que se encontró amianto en prácticamente todos los lugares en los que se realizaron análisis.

Zohran Mamdani ha acusado a responsables públicos de haber trasladado a los ciudadanos una falsa sensación de seguridad. "La gente enfermó porque los líderes en los que confiaban les mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico", afirmó al presentar los documentos. Preguntado posteriormente por responsables concretos, evitó señalar directamente a un antiguo alcalde y aseguró que la falta de transparencia se extendió durante varias administraciones.

La publicación reabre una polémica que acompaña desde hace años a los afectados. Mientras Nueva York trataba de recuperar la normalidad después de los atentados, miles de personas volvieron a sus viviendas, oficinas y colegios en el sur de Manhattan. Hoy siguen apareciendo enfermedades relacionadas con aquella exposición.

Las secuelas psicológicas

Las consecuencias del 11-S no han sido sólo físicas. Alfonso Martínez, policía retirado y uno de los primeros intervinientes, reconoce que todavía evita regresar a la Zona Cero.

"Estando aquí tengo la sensación todavía de que tengo que entrar y no hay edificio", explica junto al Memorial.

Alfonso Martínez recuerda que en 2001 apenas se hablaba de salud mental entre los policías y otros equipos de emergencia. "En ese momento no se podía hablar de esas cosas".

Las secuelas del 11-S, el día que cambió a Estados Unidos y a sus habitantes

Actualmente, más de 18.000 personas inscritas en el programa federal de salud tienen certificado un trastorno de estrés postraumático relacionado con los atentados. Sin embargo, un estudio del Registro de Salud del World Trade Center estimó que entre 34.600 y 70.200 personas expuestas pudieron desarrollar este trastorno.

William Rodríguez conoce esa otra consecuencia. Trabajaba en mantenimiento en la Torre Norte y tenía una llave maestra del edificio. Tras el impacto del avión, subió decenas de plantas, abrió puertas y ayudó a bomberos y trabajadores durante la evacuación.

Sobrevivió, pero durante doce años no fue capaz de utilizar un ascensor. Cuando pidió ayuda psicológica, asegura que se la negaron. "Hoy por hoy, si me hubiesen dado la ayuda cuando la pedí, estaría mejor", lamenta.

Cien millones de estadounidenses no recuerdan el 11-S

Este aniversario plantea además un reto diferente: cómo explicar lo ocurrido a quienes no lo vivieron. Unos 100 millones de estadounidenses, alrededor de un tercio de la población del país, nacieron después de los atentados o eran demasiado pequeños para recordarlos.

La enseñanza del 11-S varía entre estados y distritos escolares. Florida, por ejemplo, obliga a los alumnos de determinados cursos de secundaria a recibir al menos 45 minutos de formación cada año sobre la historia y las consecuencias de los atentados. Es, en la práctica, el equivalente a una sola clase, algo que supervivientes y familiares de víctimas con los que ha hablado RTVE consideran insuficiente para explicar no solo qué ocurrió aquel día, sino también todo lo que vino después.

El 9/11 Memorial & Museum ha convertido la educación de esa generación en una de sus prioridades. Para ellos, los atentados ya no son una experiencia compartida, sino un acontecimiento histórico que deben conocer a través de testimonios, imágenes y objetos conservados.

También han crecido en un país profundamente transformado por lo ocurrido aquel día. Después del 11-S, Estados Unidos aprobó la Patriot Act, creó el Departamento de Seguridad Nacional, endureció la seguridad aérea e inició la guerra de Afganistán. Dos años después, Estados Unidos invadió Irak.

Hay además otra consecuencia que sigue pendiente. Khalid Sheikh Mohammed, acusado de ser el principal cerebro de los atentados, continúa detenido en Guantánamo y el juicio principal todavía no ha comenzado. Después de años de disputas legales, su inicio está previsto para junio de 2028, casi 27 años después de los ataques.

Zohran Mamdani, el alcalde musulmán de Nueva York 25 años después del 11-S

Veinticinco años después, el sur de Manhattan está reconstruido y el World Trade Center vuelve a recibir cada día a miles de trabajadores, vecinos y turistas. Pero 1.099 víctimas siguen sin identificar, decenas de miles de personas continúan recibiendo tratamiento por enfermedades relacionadas con los atentados y la ciudad todavía está haciendo públicos documentos sobre las decisiones que tomó en aquellos días.

Desde la planta 45 del Chrysler, Carlos Galtier sigue mirando hacia el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas. Cuando se le pregunta si hay algún día en el que contemple esa parte de Manhattan sin pensar en el 11 de septiembre de 2001, responde: "Yo creo que no".