SEAT: el emblema que puso sobre ruedas a España y estuvo a punto de descarrilar en un despacho alemán
- El plan de ajuste anunciado por Volkswagen no incluye mención al futuro de SEAT
- Horas antes, se había filtrado la posible desaparición de la marca española antes de 2029
Nacer en Madrid en 1950, convertirse en un símbolo español y asistir a tu sentencia de muerte en un despacho alemán en una ciudad de la lejana Baja Sajonia en 2026. Volkswagen ha anunciado su plan de reajuste sin incluir ninguna referencia a SEAT, la firma que ha marcado la historia de España y que barajaba eliminar antes de 2029.
El ya no tan gigante teutón ha aprobado un plan de ajuste de 50.000 despidos entre su plantilla de 670.000 trabajadores en todo el mundo hasta 2030. También peligran cuatro plantas en Alemania y reducirá la producción de sus modelos un 50%. La junta directiva, por el momento, no ha dado la estocada final a SEAT. La esperanza se mantiene.
El SEAT 600: alivio de España
El recorrido para convertirse en símbolo de un país empezó en 1957, cuando se estrenó el SEAT 600. Más de tres millones de personas tuvieron uno entre los años 60 y 70; aquel llamado 'caballo de metal' podía alcanzar como máximo los 100 km/h en carretera. En numerosos casos, se costeaba con el pago 'religioso' de las letras mensuales -SEAT fue pionera en la introducción de sistemas de financiación- y dio momentos de felicidad a muchos domingueros que más de una vez sobredimensionaron las cuatro plazas de aquel coche con tal de echarse a la carretera sin dejar a ningún integrante de las familias numerosas de la época.
La Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) se creó en 1950 auspiciada por el régimen franquista. El dictador Francisco Franco se volcó con aquel proyecto: inauguró la primera fábrica de la Zona Franca en la ciudad de Barcelona, la visitó un año antes para supervisar las obras y regresó al menos un par de veces en los años posteriores.
El dictador Francisco Franco asiste a la inauguración de la fábrica de SEAT en Barcelona en 1955. EFE FOTÓGRAFOS ESPAÑOLES PÉREZ DE ROZAS
La mano dura regía el funcionamiento de la fábrica. "No podías ni encender un cigarro ni comer fuera de horas", declaró hace años Manuel García, jubilado de la compañía. A pesar de aquello, colocarse en la SEAT era "asegurar el futuro", contaba Pedro Jiménez a TVE en 2023, año en el que se cumplió 50 años de la fabricación del último 600. En los primeros años, aquella primera fábrica empleó a 900 personas que terminaban cinco coches al día.
Llegan los 60 y los 70: SEAT vive su expansión
El SEAT 600 es un símbolo del desarrollismo económico, esa transformación que ayudó a superar parte de la ruina de la postguerra y situó a muchos españoles en una naciente clase media. La evolución del país se trasladó a los pasillos de las fábricas: en la Zona Franca de Barcelona la rebelión obrera se cobró hasta 800 víctimas en la década de los 70. El presidente de Memorial de SEAT contaba hace años frente a las cámaras de RTVE que "en los 50, la empresa fue modelo del régimen franquista y luego se convirtió en modelo y referencia del movimiento obrero".
SEAT clausuró la década de los 60 con un millón de coches finalizados. Con esos mimbres, parecía cantado que los 70 serían los años de la expansión. Así fue: en el 1974 inauguraba planta en Pamplona (Navarra), en 1979 en El Prat de Llobregat y en 1975, el Centro Técnico de Martorell, ambos en Barcelona. La marca cerró esa década con 3 millones de vehículos vendidos y presencia en el extranjero.
Un SEAT 600 con matrícula suiza. GETTY IMAGES
Los 80: aterrizaje de la alemana Volkswagen
Los viejos SEAT tenían fama de duros, sencillos y fáciles de reparar. "Con un cordel hacías funcionar lo que era la correa del alternador", explicaba hace años Alberto Toquero, conocedor del tema, a TVE. Con una reputación más que consolidada, la marca desembarcaba en los 80 con otro icono: el Panda. Aquel utilitario triunfó y, cuatro años después, llegaría el Ibiza.
En aquella España en transición a una democracia en la que algunos miraban a Europa, Europa decidió mirar antes a la SEAT. En 1982, desembarcaba la alemana Volkswagen en el accionariado. Cuatro años más tarde, se haría con el 75%. Termina la década poniendo el primer ladrillo de la fábrica de Martorell (Barcelona), que se convertiría en su última gran planta y, a día de hoy, epicentro industrial de la compañía.
En 1982, la casa se apuntó otro tanto. El Papa Juan Pablo II anunció su visita a España, pero el 'papamóvil' no entraba por las puertas de los estadios del Real Madrid y del FC Barcelona. A contrarreloj, SEAT convirtió el Panda en un 'papamóvil' blanco que solucionó los trayectos de su Santidad.
El papa Juan Pablo II visitó España en 1992 y Seat adaptó el 'papamóvil' para sus desplazamientos. SEAT
Los 90: SEAT queda en manos germanas
En 1990, Volkswagen adquiere el 99,99% de las acciones. SEAT ha dejado de ser española, pero en esa década aún llegarán modelos que pronto triunfarían en nuestras carreteras. En 1993, el rey Juan Carlos I inaugura la planta de Martorell y, dos años más tarde, el entonces príncipe de Asturias Felipe de Borbón se convierte en conductor del coche número diez millones, un Toledo.
La marca deja atrás el siglo XX con el León que, según la compañía, es el coche más potente de su historia: motor de 180 CV, caja de cambios de 6 velocidades y tracción en las cuatro ruedas.
Hola siglo XXI; también adiós
La primera década del siglo XXI, la casa lanzará otros modelos y revisitará una y otra vez emblemas como el SEAT Ibiza o el León. También se adentrará en el mercado de los SUV (vehículos utilitarios deportivos) en 2015. En 2018, consolida la marca Cupra, tras utilizarla años antes como un distintivo que añadía a las versiones de sus clásicos. Cupra se dirige a un público joven y es la apuesta de la marca por el motor eléctrico.
Las cuentas acompañaron a SEAT hasta 2024, que cerró con un beneficio operativo de 633 millones. El 'romance' entre la marca y España se mantuvo durante la pandemia. En marzo de 2020, en plena pandemia, SEAT transformó su línea de producción para fabricar respiradores asistidos adaptando más de 80 componentes electrónicos y mecánicos, entre ellos, limpiaparabrisas o ejes de cajas de cambio.
Un motor de la marca SEAT. GETTY IMAGES
Los números fallaron hace poco. En 2025, el beneficio operativo fue de un millón de euros, un 99% menos que el año anterior. ¿El motivo? Los aranceles que la Unión Europa cobró por el Cupra Tavascan, que se producía en China y se importaba al continente.
SEAT tiene tras de sí 76 años. La planta de Martorell es su buque insignia; la compañía emplea a más de 14.000 trabajadores directos en Cataluña y genera más de 100.000 indirectos. Si hubiese dicho adiós en 2029, se hubiese marchado con casi 80 años y con Cupra como heredero para transitar el siglo XXI. Por el momento, la pelota de su futuro queda quieta en el tejado de un despacho alemán.