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Las tormentas, arma de doble filo ante los incendios: de la lluvia como "aliada extraordinaria" al peligro de los rayos

  • Una lluvia suave humedece la vegetación, pero las precipitaciones torrenciales sobre terreno quemado aceleran la erosión
  • A pesar de la bajada de temperaturas, los expertos recuerdan que el peligro no ha acabado
Monte quemado en Celeiro de Mariñaos en Barreiros, en la mariña de Lugo, en 2025
Monte quemado en Celeiro de Mariñaos en Barreiros, en la mariña de Lugo, en 2025 EFE/Eliseo Trigo

Más de 200.000 hectáreas han ardido en España en lo que va de 2026, que se convierte ya en el tercer peor año en cuanto a incendios del siglo XXI. Ante fuegos cada vez más violentos, muchos de ellos imposibles de apagar, la lluvia como la que está cayendo estos días se convierte en una aliada fundamental para los equipos de extinción.

Tras la canícula, la época de mayor calor del año, llegan las características borrascas de final del verano, que ayudan o bien a apagar incendios activos o bien a evitar que se enciendan y propaguen debido a que humedecen la vegetación. Sin embargo, las tormentas son un arma de doble filo: con ellas llegan también los rayos y el viento, y si la lluvia es torrencial, la temida erosión.

"Si tuviéramos una semana de lluvia persistente y suave sería una aliada extraordinaria, pero una tormenta seca puede reavivar el fuego. Aún tenemos mucho territorio disponible para quemar", explica a RTVE Noticias el experto en incendios Ferran Dalmau, director de la consultora de ingeniería ambiental y protección civil Medi XXI GSA.

Esta semana nuestro país está mostrando una "doble cara" meteorológica, según apunta el meteorólogo de Meteored Francisco Martín. Por un lado, en el centro y oeste se están dando precipitaciones y tormentas, y en el este hay presencia de "tormentas con lluvias localmente fuertes, pero predominarán sobre todo las llamadas tormentas secas, acompañadas de muchos rayos y pocas precipitaciones".

Tormentas secas y reventones como los que hemos visto este verano son precisamente los fenómenos "más peligrosos" ante los incendios. Martín recuerda que la vegetación está "muy agostada" tras meses sin lluvias y con calor extremo, por lo que los rayos tienen un riesgo obvio.

Además, tal y como señala Dalmau, una tormenta de rayos puede provocar fuegos simultáneos, un reto mayúsculo para los equipos de extinción. Fue lo que ocurrió con algunos de los incendios más virulentos de las últimas décadas: como los de la Sierra de la Culebra (Zamora) o Bejís (Castellón), ambos en 2022.

Por ello, aunque estos días hayan bajado las temperaturas en buena parte del país, los expertos recuerdan que la temporada de incendios no ha acabado, y el calor se mantiene en el Mediterráneo. "No hay que bajar la guardia", apunta Dalmau. El ejemplo más reciente, el incendio declarado el jueves en El Saler, Valencia, que ha obligado a desalojar la pedanía y activar la UME.

El riesgo de erosión: 200 años para regenerar un centímetro de suelo

La lluvia suave ayuda a aumentar la humedad, a hidratar la vegetación -el combustible que nutre al fuego- y de esa manera permite "liquidar puntos calientes que puedan quedar incluso en zonas quemadas". También sirve para asentar la ceniza -"un nutriente y un factor de protección del suelo", detalla Ferran Dalmau.

El problema llega cuando esa lluvia cae de forma torrencial. Entonces, sobre todo en zonas de pendiente, puede "arrastrar suelo fértil", lo que es especialmente grave, ya que si un árbol tarda años o décadas en crecer, recuperar un solo centímetro de suelo lleva aproximadamente 200 años.

La lluvia intensa destruye bancos de semillas, lo que compromete la recuperación posterior del ecosistema, y también puede arrastrar cenizas, como se ha visto estos días en los ríos teñidos de negro en Extremadura, lo que contamina cursos de agua y acuíferos, y estos sedimentos arrastrados por el agua terminan colmatando los embalses.

Además, supone un riesgo para la vida. La erosión del monte a causa de los incendios de 2025 contribuyó a la velocidad alcanzada por las fatídicas riadas que dejaron dos víctimas en El Bierzo el pasado 15 de agosto.

¿Actuar o dejar que se recupere la naturaleza?

Tras un incendio, surge el dilema: ¿hay que actuar para evitar la erosión o hay que dejar que el monte se regenere? Para Dalmau, la respuesta en estos casos siempre es la misma: "Depende". Depende de la severidad del incendio: si esta ha sido media o baja, quizá hay que dejar que la naturaleza actúe por su cuenta, ya que hay partes del área afectada que no se han quemado y que permitirán que se regeneren las especies.

Depende también de si hay especies xilófagas que puedan expandirse en la madera quemada, de la pendiente del terreno y de en qué zona de la cuenca hidrográfica se encuentran. También hay que esperar, en muchos casos, a ver si la vegetación rebrota por su cuenta. Este experto en incendios señala que, por ejemplo, los primeros alcornoques ya están rebrotando en la zona afectada por el reciente incendio de La Vall d'Uixó, que ni siquiera se ha dado aún por extinguido.

La ley de montes, según Dalmau, obliga a restaurar la cubierta vegetal afectada por el incendio, algo que no siempre se cumple. "Una de las asignaturas pendientes que tiene la política forestal española es la restauración", considera, y cree que se debería incluir la regeneración dentro de la fase de emergencia para actuar con celeridad cuando se den las condiciones para hacerlo.

En todo caso, estas semanas, con las lluvias que se esperan, son un momento crítico para proteger el terreno recién quemado y permitir recuperar, cuanto antes, el verde ahora reconvertido en marrón.