La gran industria del ocio educativo, un negocio de 14.000 millones de euros al servicio de la conciliación
- Las empresas de actividades extraescolares dan trabajo a 160.000 personas en España
- El sector ha crecido de "forma explosiva" desde la pandemia y ya supone el 1% del PIB
Campamentos urbanos, colonias musicales, escuelas de surf, comedores escolares o cursos de intercambio de idiomas. Son solo algunos ejemplos de las actividades que se engloban dentro del llamado ocio educativo. Un sector que tradicionalmente se ha visto como de "juego" o "cuidado de niños" pero que en los últimos años se ha convertido en una industria gigantesca que ayuda a sostener la economía familiar porque permite que los padres puedan trabajar.
Los datos publicados por la Federación Estatal de Organizaciones Empresariales de Ocio Educativo y Animación Sociocultural (FOESC) revelan que este sector ya representa el 1% del PIB español, y moviliza alrededor de 14.000 millones de euros. Además genera empleo para más de 160.000 trabajadores y agrupa a unas 30.000 empresas entre pymes, cooperativas y asociaciones.
Prodet Proyectos Educativos es una de esas empresas. Carlos Verde es su coordinador y cuenta a RTVE Noticias que "el covid marcó un antes y después. Hemos crecido muchísimo desde entonces. La gente cada vez quiere tener a los hijos más ocupados en cosas que les gusten y eso está beneficiando mucho a empresas como la nuestra. Antes a lo largo del curso solo estaban apuntados a una actividad y ahora ya están apuntados a dos o a tres, además el abanico que ofrecemos cada vez es mayor, ya no es solo deporte".
El ocio educativo se especializa
Para Pere Mulero, presidente de FOESC, más que de una explosión del sector debemos hablar de una transformación estructural. Y es que el ocio educativo y sociocultural ha pasado de "ser percibido como una actividad complementaria a convertirse en un servicio cada vez más necesario para nuestra sociedad". Cuenta a RTVE Noticias que "este crecimiento tiene mucho que ver con los cambios que ha experimentado nuestra sociedad. Las familias necesitan nuevas soluciones de conciliación, pero también demandan espacios educativos de calidad fuera del horario estrictamente escolar".
Carlos Verde nos explica que la estructura financiera y logística de las empresas de ocio se ha vuelto muy compleja a medida que el sector se ha ido profesionalizando: "Hay que coordinar monitores, hablar con otros centros educativos, con las federaciones, los ayuntamientos, con las familias, organizar los horarios de cientos de niños, contratar, facturar, prevención de riesgos, seguros... además los ingresos no son estables por temporadas. Es algo muy cambiante. Nosotros podemos empezar un curso con 600 niños en una actividad y en diciembre llegar mucha gente nueva o irse otra tanta. Tenemos que ser muy flexibles y a la vez muy cuidadosos".
Parte de esa especialización tiene que ver con el crecimiento de la oferta disponible. Álvaro Moreno tiene un hijo y una hija, mellizos, tienen diez años y explica a RTVE Noticias que a lo largo de la escolarización de sus hijos en un centro concertado en Zaragoza ha observado una gran evolución: "Antes había uno o dos deportes. Ahora, el colegio concertado, como en nuestro caso, se esfuerza en dar muchas más alternativas. Te puedo hablar de 20 opciones diferentes más allá de de la actividad física, también música, teatro, informática, ajedrez, robótica, todo tipo de actividades para que todo el mundo tenga donde quedarse".
Niñas y niños de primaria tocando instrumentos en una actividad extraescolar. El catálogo de este tipo de talleres ha crecido mucho en los últimos años. Xavier Arnau vía Getty
El problema de la temporalidad
El problema de la temporalidad en el sector del ocio educativo es uno de los mayores retos estructurales que afronta esta actividad económica.
Entre las causas para explicar este fenómeno encontramos el propio calendario escolar, ya que la demanda se concentra por un lado de septiembre a junio con las actividades extraescolares y en verano para campamentos, pero las necesidades no son las mismas. Además, muchas de las empresas que forman parte de este sector dependen de subvenciones públicas o licitaciones anuales, lo que impide contratos indefinidos estables. A esto sumamos que, los puestos suelen ser de pocas horas al día, por ejemplo, la hora del comedor o dos horas de extraescolares por la tarde.
Todos estos condicionantes provocan que los salarios mensuales sean muy bajos debido a la parcialidad de las jornadas con contratos que en muchas ocasiones son solo de 10 a 15 horas semanales. Y ahí es donde entra en juego la figuro del empleado fijo-discontinuo. Aunque la reforma laboral obligó a hacer cambios para evitar el fraude de ley, los trabajadores siguen sufriendo periodos de inactividad, como los meses de verano o Navidad, en los que dejan de percibir su sueldo.
"Es un sector en el que se contrata por cursos. Por eso, solemos tener mucha rotación en los puestos de monitores. Suele ser gente joven, que tiene muchas ganas, pero que cuando va creciendo se va. En nuestro caso, hay un componente generacional muy interesante. Y es que muchos de nuestros monitores han sido usuarios de Prodet, pero el problema es que es muy difícil que haya continuidad y relaciones laborales de largo plazo", explica Carlos Verde.
Un grupo de jugadoras de baloncesto escucha las directrices de su monitora en una actividad extraescolar. Joos Mind vía Getty
Irene Santos tiene 34 años y nos habla del fenómeno contrario: trabajadoras de más edad. Ella trabaja como monitora de comedores en desayunos y comidas en dos centros educativos, uno público y otro privado, en la zona norte de Madrid. Su función consiste en dar el desayuno a los niños y planificar actividades hasta la hora de entrada oficial a los colegios. Más de lo mismo durante la comida. 23 horas semanales en total por apenas 700 euros al mes. Explica a RTVE Noticias que junto a ella, que es maestra de infantil y primaria, "la mayoría de personas que acceden a estos puestos de trabajo suelen ser mujeres mayores que han criado a sus hijos y trabajan en comedores para conseguir un dinero extra, las personas más jóvenes estamos aquí mientras buscamos un trabajo más acorde a nuestros estudios". Se queja del incumplimiento de las ratios, un trabajo muy fragmentado por horas, y de unas condiciones salariales que "rozan el salario mínimo".
Una herramienta al servicio de las familias y del desarrollo personal de los pequeños
Las empresas de ocio educativo tienen muy clara su labor social: "Está claro que desde el punto de vista económico, estamos creciendo, pero no estamos aquí solo para ganar dinero, somos la mejor herramienta para satisfacer las necesidades de las familias, para que puedan conciliar, ese es nuestro valor", asegura Carlos Verde de Prodet Proyectos Educativos.
Una visión que complementa Álvaro Moreno: "Considero que el ocio educativo es muy importante, no solo para ayudar a que a que salgan más tarde del colegio, que es lo que nos viene bien a los padres; sino para seguir educando a los niños fuera de las aulas en valores, en esfuerzo, en trabajo en equipo y en disciplina, ahí es donde está un valor incalculable para este sector".
Y concluye Pere Mulero, poniendo en valor la imbricación en la sociedad: "El ocio educativo ya no es simplemente lo que ocurre cuando termina la escuela. Es una parte esencial de la educación, de la conciliación y de la cohesión social de nuestro país; y detrás de todo ello existe un tejido empresarial formado fundamentalmente por pequeñas y medianas empresas".