Campamentos, turnos, abuelos y trabajo: empieza la gincana de la conciliación para cuidar de los niños en verano
- Las vacaciones escolares se convierten en un desembolso económico de cientos de euros por hijo
- Los dos meses y medio de verano sin clases dificultan la conciliación para millones de familias
"Después de doce años, llevo un máster en esto", bromea Susana. Porque doce son los años de su primogénito y, desde su nacimiento, se recuerda a sí misma inmersa en cabriolas para compaginar trabajo y crianza. Hace seis años, la llegada de otra hija significó redoblar los esfuerzos para conseguirlo.
La de Susana es solo una de las millones de familias puestas a prueba cada verano con el final del curso escolar. La solución para muchas pasa por "recurrir a los abuelos, amigos o familiares o terminan por coger días de vacaciones o turnos en la pareja, un recurso que tampoco sirve para cubrir todos los días sin colegio”, destaca Alianza por la Crianza, una entidad que reclama “medidas urgentes de conciliación”.
Dinero, tiempo y paciencia: claves para conciliar
Pero este auxilio familiar no existe ni para Susana ni en muchos otros casos. Desde el mes de mayo, esta vecina de Madrid describe su vida como "una vorágine para conseguir campamentos" para sus dos hijos. Ella y su marido logran resolver el rompecabezas con dinero, tiempo y paciencia.
El puzzle de Susana ha empezado este año en la última semana de junio y su seguimiento exige concentración para no perderse. Su primogénito despedirá junio en un campamento en Asturias, con un coste de unos 500 euros. La pequeña irá a otro del 29 de junio al 15 de julio por un precio de 400 euros. Esos días, el mayor se quedará en casa por primera vez: una prueba para él y para sus padres. Luego, ambos hermanos pasarán las dos últimas semanas de julio en un campamento de la Comunidad de Madrid que supondrá un desembolso de 120 euros por menor. En total, Susana y su marido desembolsarán unos 1.140 euros en actividades para los menores.
El encaje de bolillos no ha terminado. La primera semana de agosto, los niños marcharán al pueblo con los abuelos. El marido de Susana se anticipará con las vacaciones a su mujer para unirse a ellos y, ya en la segunda quincena, el matrimonio coincidirá: los cuatro juntos irán a la playa con el objetivo de descansar.
"Es un jaleo tremendísimo", suspira Susana. El matrimonio se dedica a la construcción; ella es autónoma y tiene cierta libertad para ajustar horarios. Confiesa que tiene la casa pagada, unos ingresos medios-altos y que, incluso así, siente que no llega a las exigencias diarias. "Hay que decir basta y recapacitar", reflexiona.
Verano sin campamentos ni actividades
Ese basta se ha escuchado en el hogar de Andrea este año, pero solo en lo que respecta al pago de colonias escolares y similares. "Ellos van a un colegio concertado en Madrid y los campamentos son privados. Nos pedían 400 euros por semana y por niño", puntualiza. Como las cuentas no salían, su marido y ella han elaborado un plan de precisión suiza desde la última semana de junio hasta finales de agosto. La incógnita a despejar se limita hasta el 8 de septiembre, fecha de inicio del curso.
Para cumplir el itinerario previsto, su marido arranca sus vacaciones el primer día sin clases de los mellizos. Entonces, los tres se marchan a Gandía (Valencia) donde permanecerán tres semanas en un piso de la abuela paterna de los niños. Andrea se quedará por trabajo en Madrid y los visitará los fines de semana. Cada billete de ida y vuelta le costará 50 euros con descuento familiar (su marido es maquinista de Renfe) y destinará cuatro horas a cada trayecto.
Cuando las vacaciones del padre acaben, los niños se irán con los abuelos unos días a Segovia y desde allí despedirán julio. En agosto, pondrán rumbo a Cádiz con unos tíos abuelos y los padres irán y vendrán hasta mitad de agosto. Esos billetes cuestan entre 60 y 70 euros. Entonces, ella se quedará en el sur y su marido acudirá los fines de semana. "A finales de agosto regresamos a Madrid y ya no sé si pido teletrabajo o cómo me apaño los primeros días de septiembre hasta que empiece el colegio", admite. Andrea apenas coincidirá con su pareja en vacaciones.
Para evitar este tipo de situaciones, Alianza por la Crianza reclama "medidas reales de conciliación para todas las familias y que no dependan del poder adquisitivo". La entidad recuerda que los actuales permisos de 8 semanas por cuidado de hijos e hijas menores de 8 años no son remunerados "lo que, en la práctica, equivale a no tener nada". En la actualidad, existen dos semanas retribuidas por cuidado de hijo e hija menor de 8 años aprobadas en 2025, pero solo aplica a niños nacidos desde agosto de 2024.
Madre soltera: la odisea de conciliar
Si la familia es monomarental, que una única persona adulta asuma gastos, responsabilidades de horarios y reparto de vacaciones se convierte en una odisea. Carla es madre soltera de una niña de 3 años y confiesa que "en mi caso, da igual que sea verano. Todo es una auténtica locura porque nada está pensado para ayudar a las personas a que trabajen y tengan hijos", reflexiona.
Carla ha conseguido plaza en la ludoteca Concilia de Poio (Pontevedra) para julio y agosto. Parte del precio lo subvenciona el Concello y ella aportará 80 euros al mes. Además, durante todo el año necesita a una mujer que recoge a su hija a las dos de la tarde y la cuida hasta las cuatro, cuando ella llega a casa al salir del trabajo. Le paga unos 400 euros mensuales. Por tanto, destinará unos 480 euros cada mes de verano al acompañamiento de la niña.
Carla es cuidadora social y agradece a la vida "que su jefa sea tan comprensiva" y le permita adaptar horarios a las necesidades de su hija. Al poco de nacer el bebé, regresó a la casa de su padre de 88 años que, en la actualidad, "convive con un glaucoma" por lo que "solo puede estar con la niña unos minutos a solas". Con una nómina de 1.200 euros, vio peligrar el acceso de su hija a la ludoteca. "Me dijeron que iba por renta, imagínate", suspira.
Ausencia de red familiar
En Benidorm, Lidia y su marido crían completamente solos a sus hijos de 8, 6 y un año y medio. A esa ciudad se mudaron desde Córdoba por trabajo: ella dirige un camping y él tiene su propia empresa. Y que él sea su propio jefe "le permite adaptar los horarios" a las necesidades de los niños. Por lo pronto, este verano se cogerá las tres primeras semanas de agosto porque Lidia debe trabajar . Para los últimos días de junio y julio, ya han apuntado a los niños a sus respectivos campamentos y ludotecas. Cada estancia costará 180 euros y hay que sumar los 85 euros de comedor de la más pequeña. En total, unos 625 euros.
Lidia admite que se organiza "bien" con su marido, pero "siempre vamos con la lengua fuera". Ella se encarga de dejar a cada niño por las mañanas en su actividad correspondiente y su marido los recoge a la salida.
Una vez al mes, sus padres les visitan unos días desde Córdoba. Ahora mismo, tienen en el aire la última semana de agosto: su marido regresa a sus obligaciones. "Ya nos apañaremos como podemos", concluye Lidia.
Bien sabe Pilar que arreglárselas es posible porque ha logrado respirar algo más tranquila este verano. Ella disfrutará de tres días de teletrabajo y su marido, de dos. Llevarán a su hijo de 10 años "a algún casal de 8 a 2" para que juegue con sus amigos al fútbol, "porque se aburrirá en casa". Su hija, de 7 años, es una niña tranquila que se entretiene con facilidad y prefiere quedarse en la casa familiar de Sant Climent de Llobregat (Barcelona).
Una calma que contrasta con la gincana que la pareja ha enfrentado durante varios veranos. "Cuando eran bebés, teníamos el servicio de guardería de 9 a 12 horas", rememora. Un horario que no cubría la jornada laboral, por lo que tocaba añadir comedor, servicio de recogida para dejarlos a las 8 de mañana... “Cada niño necesitaba unos 600 euros al mes”, calcula Pilar, “llegamos a pagar incluso a una chica para que fuera a llevarlos o recogerlos por si nosotros no llegábamos". Aún se emociona cuando recuerda que dejó a su hijo con tres meses y medio en la guardería, pero "si necesitas el dinero, no te queda otra". Por suerte, todo túnel tiene su final, incluso el de la conciliación.