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Desastre ambiental en Argentina: una camioneta daña la Pampa del Leoncito que tardará décadas en recuperarse

  • Greenpeace tilda de "auténtica agresión" el desastre en un ecosistema donde "el hombre debe estar excluido"
  • El vehículo permanece atrapado en el fango y su rescate en helicóptero no se podrá realizar hasta diciembre
Vehículo de carrovelismo con vela blanca navegando sobre la llanura blanca de la Pampa del Leoncito, San Juan
El carrovelismo, deporte insignia del Barreal Blanco, aprovecha la superficie lisa de la Pampa del Leoncito que hoy peligra por una imprudencia. Jan Sochor GETTY / JAN SOCHOR

Al norte de Argentina, en la inmensidad del departamento de Calingasta, al pie de Los Andes, se extiende un milagro geológico que hoy sufre una "macana" de dimensiones históricas. La Pampa del Leoncito, una llanura de 12 kilómetros de largo por 3 de ancho compuesta por limos y arcillas, ha sido herida de gravedad por la imprudencia de un conductor.

Lo que para un turista distraído puede ser un simple error de navegación, para los expertos es un desastre ecológico que tardará un siglo en cicatrizar. Ante este escenario, el portavoz de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, ha sido tajante al calificar el suceso como una "auténtica agresión" en un espacio donde las intervenciones humanas deberían estar "totalmente excluidas".

El incidente ocurrió cuando Agustín Añó, un médico nefrólogo de 46 años, decidió adentrarse 1,5 kilómetros en una zona estrictamente restringida con su camioneta Toyota Hilux. El suelo, aparentemente firme pero traicioneramente húmedo por el fenómeno de "El Niño", succionó el vehículo.

En su desesperación por salir, el conductor realizó maniobras que profundizaron los surcos hasta los 25 centímetros, dejando una huella que, según la Universidad de San Juan, persistirá más allá del siglo XXII.

Un laboratorio natural bajo asedio

Para que en España se comprenda la delicadeza de este entorno, Miguel Ángel Soto señala que nos encontramos ante un "espacio muy vulnerable y muy sensible". La Pampa del Leoncito funciona como "una cuenca endorreica, una planicie sin salida al mar" donde la acumulación de sedimentos y agua genera lo que Soto describe como un "auténtico laboratorio natural".

En este rincón sanjuanino, microorganismos, bacterias, plantas y animales conviven en un "ecosistema muy singular" que ha sido alterado de forma irreversible por la tracción mecánica.

Soto establece un paralelismo directo con la geografía española para ilustrar la gravedad del asunto. Salvando las distancias kilométricas, este "Barreal Blanco" comparte la naturaleza de depresiones cerradas como la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, la laguna de Gallocanta, en Zaragoza o la de El Hito en Cuenca.

En todas ellas, la sedimentación progresiva y la salinización crean una lámina de vida que no tolera el peso del desarrollo humano. "Desde luego, en Gallocanta o en Fuente de Piedra no está autorizada la circulación de vehículos a motor", sentencia el portavoz, subrayando lo "lamentable" de que estos hechos ocurran en áreas protegidas.

La geología del tiempo detenido

El "laburo" de la naturaleza para nivelar el terreno en zonas áridas no sigue el ritmo humano, sino el geológico. A diferencia de los humedales europeos, donde la lluvia frecuente redistribuye los sedimentos, en San Juan el clima es extremo y seco. Esta escasez de precipitaciones significa que el agua no tiene la fuerza necesaria para rellenar los surcos profundos. Una huella en el Barreal Blanco es, literalmente, una cicatriz en el tiempo.

La importancia de este espacio para Argentina es triple: científica, turística y deportiva. Sus cielos, libres de contaminación lumínica, albergan observatorios astronómicos de vanguardia, mientras que su superficie lisa es la catedral mundial del carrovelismo, donde vehículos a vela se deslizan gracias al viento constante de la cordillera. Una superficie rugosa y marcada por neumáticos destruye la pista natural que hace posible este deporte y altera el paisaje que atrae a visitantes de todo el globo.

Un rescate de ocho millones de pesos

El "quilombo" legal y logístico apenas comienza. El alcalde de Calingasta ha confirmado que la camioneta sigue "encajada" y bajo custodia de la Gendarmería Nacional para evitar el vandalismo.

Sacar el vehículo ahora supondría destrozar aún más el suelo húmedo. Las opciones son esperar al verano austral —entre diciembre y marzo— para que el suelo recupere firmeza o realizar un rescate aéreo con un helicóptero, cuyo coste se estima entre los 8 y 8,5 millones de pesos argentinos —en torno a los 4.500 - 5.000 euros al cambio—.

La Justicia de San Juan no parece dispuesta a dejar pasar esta afrenta. El juez de paz ya ha impuesto multas de un millón de pesos —casi 600 euros— a otros turistas por realizar "trompos" en la zona, pero en este caso se busca elevar la causa al ámbito penal por daño ambiental agravado.

Mientras el desastre ambiental resuena en los medios internacionales, las autoridades argentinas en el exterior mantienen la cautela. La Embajada de Argentina en España consultada sobre este caso por RTVE Noticias ha contestado que "no tenemos comentarios adicionales que realizar" para, seguidamente, remitirnos a las "autoridades provinciales" en el caso "de ser necesario recabar más información".

Por ahora, el Barreal Blanco espera en silencio a que el tiempo —ese siglo de espera que vaticinan los expertos— comience a borrar la soberbia humana impresa en su piel de arcilla.