Irán y EE.UU. se disputan el control de Ormuz mientras los hutíes vuelven a amenazar la salida saudí por el mar Rojo
- El tráfico por Ormuz ha caído a mínimos mientras siguen estancadas las negociaciones entre Teherán y Washington
- Riad articula una coalición naval de 14 países ante una escalada hutí que amenaza la calma en Yemen desde 2022
La guerra dialéctica, más allá del conflicto armado, sigue manteniendo ocupados a Washington y Teherán. El antiguo jefe de los servicios de inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní, Hossein Taeb, ha afirmado este jueves que el estrecho se encuentra bajo control y administración de Irán horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, dijera justo lo contrario, y reivindicara para Estados Unidos el "control total" de este paso estratégico.
Sin embargo, ninguna de las dos afirmaciones describe por completo la situación. Estados Unidos dispone de una capacidad naval muy superior, mientras Irán conserva la posibilidad de condicionar la circulación mediante misiles, drones, minas, embarcaciones rápidas y el control de las rutas próximas a su costa. Teherán no necesita sellar físicamente el estrecho para provocar una crisis: le basta con elevar el riesgo hasta que navieras, aseguradoras y compradores decidan interrumpir o aplazar sus operaciones.
Así, el choque de versiones refleja una disputa que va más allá de la dialéctica: la navegación continúa gravemente restringida en el estrecho, las negociaciones entre EE.UU. e Irán se encuentran estancados y otros actores, como Arabia Saudí, siguen una política del "sálvese quien pueda" después de que su alternativa a Ormuz, el Mar Rojo, vital para sacar al menos parte de sus exportaciones de petróleo, también esté ahora amenazada por los nuevos ataques de los hutíes de Yemen.
En consecuencia, Riad está intentando articular una coalición naval a la que se habrían sumado 14 países para proteger la navegación, en medio de una escalada que amenaza con devolver a la guerra abierta la región sur de la península arábiga tras casi cuatro años de relativa calma.
El tráfico por Ormuz, reducido a mínimos
Por el momento, el cierre en el estrecho de Ormuz no es absoluto, pero el tráfico sí se ha reducido a una fracción de los niveles anteriores a la guerra. La empresa internacional de inteligencia de datos y análisis del comercio, Kpler, contabilizó el martes solo ocho buques en el estrecho, frente a una media de doce durante los diez días precedentes y los 130 o 140 que lo atravesaban diariamente antes del comienzo de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, el pasado 28 de febrero.
Solo un barco salió del golfo, mientras los siete restantes entraron por la ruta próxima a la costa iraní. Otro servicio de seguimiento, LSEG, registró once tránsitos. La diferencia entre ambos recuentos impide presentar una cifra cerrada, pero los dos confirman el desplome de la navegación comercial en la zona.
La importancia económica del paso es difícil de exagerar. Por Ormuz circularon durante el primer semestre de 2025 una media de 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo. El estrecho canaliza también alrededor de una quinta parte del gas natural licuado comercializado internacionalmente, según la Administración de Información Energética estadounidense.
El tráfico por el estrecho de Ormuz se reduce a mínimos mientras siguen estancadas las negociaciones entre Irán y EE.UU. AFP
Por su parte, la diplomacia ofrece de momento pocas garantías. Pakistán, que participa en los contactos, ha trasladado cierto optimismo sobre una posible fórmula provisional entre Washington y Teherán. Una fuente iraní, sin embargo, aseguró el miércoles a Reuters que no se había producido ningún avance y negó que estuviera acordada una prórroga del entendimiento anterior.
La contradicción no es menor. Los mediadores intentan mantener abierto el proceso, pero Teherán no quiere aparecer negociando bajo presión militar. Un funcionario iraní citado por el diario israelí The Times of Israel condicionó la reapertura del estrecho al final de las guerras de Gaza y Líbano y a la liberación de activos iraníes congelados. Se trata, no obstante, de condiciones transmitidas a través de una fuente, sin poder ser verificadas de forma independiente.
Arabia Saudí, presionada en sus dos salidas marítimas
El bloqueo de Ormuz afecta especialmente a Arabia Saudí porque obliga al reino a depender más de su salida occidental. El oleoducto Este-Oeste transporta petróleo desde los yacimientos del golfo Pérsico hasta Yanbu, en el mar Rojo, permitiendo que parte del crudo saudí eluda el estrecho iraní.
La región histórica de Yanbu Arabia Saudí, puerto de Yanbu Getty Images
Esa alternativa está ahora bajo presión. Los hutíes no se han limitado a amenazar barcos de bandera o propiedad saudí. El centro rebelde encargado de las advertencias marítimas comunicó a las compañías que cualquier buque que cargue o descargue mercancías en puertos saudíes puede ser sancionado o atacado allí donde se encuentre dentro del alcance de sus fuerzas.
La formulación amplía sustancialmente el bloqueo anunciado por los rebeldes: convierte en posibles objetivos a barcos y empresas de terceros países por el mero hecho de comerciar con Arabia Saudí.
La amenaza ya está alterando las operaciones. Algunos petroleros que transportan crudo saudí desde el mar Rojo han reducido o apagado sus transmisiones públicas de posición, lo que no significa que las exportaciones se hayan detenido, pero sí demuestra que las navieras están tratando de dificultar el seguimiento de sus rutas.
Además, los ataques han causado víctimas. Al menos seis personas han muerto en los últimos días después de que misiles hutíes alcanzaran el carguero Tihamah en las proximidades de Bab el Mandeb, entre ellas tripulantes y miembros de las fuerzas que acudieron al rescate. El incidente demuestra que el peligro no termina con el impacto inicial: también las operaciones de auxilio pueden quedar expuestas.
Vídeo difundido por el Centro de Medios de Ansar Alá muestra el lanzamiento de un dron hacia el oeste de Yemen, controlado por las fuerzas gubernamentales apoyadas por Riad AFP
Yemen vuelve a la dinámica de represalias
La escalada marítima coincide con un fuerte aumento de los ataques en tierra. Operaciones hutíes en Marib y Hadramaut mataron esta semana a alrededor de treinta integrantes de las fuerzas gubernamentales de Yemen - apoyadas por Arabia Saudí - y dejaron más de medio centenar de heridos. Otro ataque contra Najrán, en territorio saudí, causó once heridos civiles. En Mocha, una ofensiva con drones dejó siete muertos y una treintena de heridos, según las autoridades yemeníes.
El detonante inmediato fue el ataque del 13 de julio contra la pista del aeropuerto de Saná. Su autoría continúa siendo controvertida: los hutíes responsabilizaron a Arabia Saudí, mientras el Gobierno yemení reconocido internacionalmente se atribuyó la operación. Riad no confirmó haber intervenido.
Por el momento, lo que sí puede romperse ahora es la precaria situación surgida de la tregua auspiciada por Naciones Unidas. El acuerdo estuvo formalmente vigente entre abril y octubre de 2022 y después expiró. Sin embargo, la ausencia de grandes ofensivas terrestres y los contactos indirectos entre Riad y los hutíes permitieron mantener una calma de facto.
Riad busca aliados sin decidirse por otra guerra
Por su parte, Arabia Saudí ha respondido reforzando sus alianzas. Según información de la agencia Reuters, catorce países de la región habrían aceptado participar en una iniciativa de seguridad marítima impulsada por Riad, si bien todavía se desconoce la lista completa de integrantes, su cadena de mando, sus reglas de actuación ni su mandato. Por tanto, no puede presentarse aún como una coalición militar plenamente constituida y operativa.
Igualmente, a esta iniciativa se suma el pacto firmado en La Meca por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán. El acuerdo contempla mecanismos de coordinación entre ministros de Exteriores y Defensa, reuniones entre jefes militares, ejercicios conjuntos y cooperación en la industria armamentística. Sin embargo, no constituye por ahora una "OTAN de Oriente Próximo". De acuerdo a los estatutos fundacionales, recogidos por la publicación especializada Foreign Policy, la respuesta a una agresión exigiría consultas, no existiendo una obligación inequívoca de que los otros firmantes entren automáticamente en guerra.
Según interpretan distintos analistas consultados por RTVE, el pacto es visto como un intento de construir una arquitectura de seguridad regional menos dependiente de Washington, desarrollada sin participación iraní. Pakistán, en particular, quiere conservar margen para mediar entre Teherán y Estados Unidos y evitar verse arrastrado a los conflictos de sus aliados.
Riad también afronta limitaciones dentro de Yemen. El Gobierno respaldado por Arabia Saudí reforzó su posición después de recuperar en enero la ciudad de Mukalla frente a los separatistas apoyados por Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el campo contrario a los hutíes continúa fragmentado por las rivalidades políticas y territoriales y por las diferencias entre Riad y Abu Dabi. Arabia Saudí dispone ahora de más capacidad de presión, pero no de un frente yemení completamente unificado.
Los hutíes también arriesgan lo ganado desde 2022
Respecto a los hutíes (Ansar Alá o los "Partidarios de Dios"), que controlan alrededor del 30% de Yemen, podrían estar arriesgando en beneficio de Irán la posición que consolidaron durante los últimos cuatro años. Una nueva campaña contra Arabia Saudí daría a Riad incentivos para intensificar su apoyo a su rival directo, el Gobierno yemení, reactivar la guerra terrestre y tratar de recuperar territorios bajo control rebelde.
Los hutíes reciben apoyo militar, tecnológico y político iraní y comparten con Teherán una estrategia de presión contra Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí. Pero tienen también una agenda propia: conseguir reconocimiento como poder dominante en Yemen, obligar a Riad a financiar salarios y reconstrucción, afianzar su control sobre puertos y espacio aéreo y contener el deterioro económico en las zonas que gobiernan.
Así, la escalada puede servirles para movilizar a su base y reforzar su legitimidad interna, pero también amenaza con destruir su principal conquista desde 2022: haber obligado a Arabia Saudí a aceptar de hecho que no podía derrotarlos militarmente.
Marcha en favor de la milicia hutí, en Yemen v
Un país sin capacidad para soportar otra guerra
Sin embargo, una nueva ofensiva situaría a Yemen en condiciones aún más frágiles. Naciones Unidas calcula que más de 22 millones de personas necesitan asistencia humanitaria; 18,3 millones afrontan inseguridad alimentaria aguda; 2,2 millones de niños padecen desnutrición aguda y apenas el 59% de los centros sanitarios se encuentra plenamente operativo
La situación todavía no reproduce la guerra anterior a 2022, pero reúne varios de sus ingredientes: ataques transfronterizos, intervención regional, fragmentación del campo anti hutí y ausencia de una negociación política estable. La diferencia es que ahora Yemen está conectado directamente con dos de las arterias esenciales de la economía mundial, Ormuz y Bab el Mandeb.
En definitiva, el mayor peligro no es necesariamente el cierre completo y prolongado de ambos estrechos, una operación difícil de mantener militarmente. Es una sucesión de ataques suficientemente graves para obligar a Arabia Saudí a responder, disparar los costes del transporte y los seguros y convertir una campaña de presión marítima en una nueva guerra regional. Esa es la frontera hacia la que las partes, poco a poco, se están acercando.