La UE comienza a aplicar su nuevo reglamento de envases: prohibirá las monodosis de plástico en hostelería en 2030
- El nuevo Reglamento Europeo de Envases comienza a aplicarse este 12 de agosto
- La primera medida inmediata será la prohibición de sustancias PFAS, compuestos químicos en envases alimentarios
Los clásicos sobres de kétchup, mayonesa, mostaza, azúcar o leche para el café tienen fecha de caducidad en la hostelería europea. Sin embargo, su desaparición no será inmediata. El nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR, por sus siglas en inglés) establece que, desde el 1 de enero de 2030, no podrán comercializarse determinados envases de plástico de un solo uso destinados al consumo dentro de bares, restaurantes, cafeterías y hoteles.
La medida forma parte de una reforma mucho más amplia con la que Bruselas pretende reducir la generación de residuos, impulsar la economía circular y fomentar que todos los envases comercializados en la UE sean reciclables o reutilizables en condiciones económicamente viables.
El texto entró en vigor en febrero de 2025 y comienza a aplicarse de forma general este 12 de agosto de 2026, aunque muchas de sus disposiciones lo irán haciendo de manera progresiva hasta 2030 y 2040.
Los plazos: qué cambia en 2026 y qué no
Uno de los aspectos que más confusión ha generado es el calendario de aplicación de la norma. Aunque el reglamento comenzará a aplicarse de forma general el 12 de agosto de 2026, eso no implica que bares y restaurantes deban retirar inmediatamente los sobres de salsas, condimentos o azúcar.
La Asociación Española de Industriales de Plásticos (ANAIP) recuerda que la implantación será escalonada y que las principales prohibiciones no se aplicarán este año.
En 2027, los establecimientos deberán permitir que los clientes utilicen sus propios recipientes sin pagar suplementos. En 2028, tendrán que ofrecer alternativas reutilizables para la comida y bebida para llevar. Y será el 1 de enero de 2030 cuando entre en vigor la prohibición de determinados envases monodosis de plástico para consumo dentro de los locales.
La principal novedad inmediata es la limitación de determinadas sustancias PFAS en los envases destinados a entrar en contacto con alimentos. Estas sustancias, conocidas como 'químicos eternos', se utilizan para aportar resistencia al agua o la grasa y pueden persistir durante años en el medio ambiente y en los organismos vivos. Diversos estudios científicos han asociado la exposición a determinadas PFAS con posibles efectos adversos para la salud
Qué productos desaparecerán en 2030
La prohibición afectará a buena parte de los formatos más habituales de la restauración en Europa. Entre ellos figuran los sobres individuales de salsas y condimentos como kétchup, mayonesa, mostaza, azúcar o sal. También a las tarrinas con pequeñas porciones de mantequilla, miel, mermelada, azúcar o leche para café cuando se utilicen en bares, restaurantes, cafeterías y hoteles para consumir dentro del establecimiento.
También desaparecerán los pequeños envases monodosis de champú, gel, jabón o pasta de dientes, conocidos como 'amenities', que los hoteles ofrecen como artículos de cortesía en las habitaciones.
No es el fin de todas las monodosis
El reglamento no supone una prohibición generalizada de todos los envases monodosis. La restricción se centra en usos concretos y especialmente problemáticos desde el punto de vista ambiental.
Los sobres y envases monodosis seguirán permitidos para acompañar pedidos de comida para llevar o servicios de reparto a domicilio. También podrán utilizarse en hospitales, clínicas, residencias y otros centros asistenciales cuando existan motivos sanitarios o de seguridad que justifiquen su empleo.
Asimismo, los consumidores podrán seguir comprando monodosis en supermercados y comercios siempre que cumplan los requisitos de reciclabilidad y sostenibilidad establecidos por la normativa.
Envases pequeños pero difíciles de reciclar
La Comisión Europea considera que estos formatos representan el modelo de 'usar y tirar' que pretende reducir. Aunque son pequeños, generan grandes volúmenes de residuos y suelen estar fabricados con materiales multicapa difíciles de reciclar.
El Reglamento 2025/40 establece requisitos de sostenibilidad y etiquetado para todos los envases comercializados en la UE, restringe determinadas sustancias químicas, reduce el sobreenvasado y fija criterios de reciclabilidad más exigentes para los próximos años.
La Comisión recuerda que los envases consumen alrededor del 40% del plástico y el 50% del papel utilizados en la Unión Europea y representan el 36% de los residuos sólidos urbanos.
Cómo se adaptarán los bares y restaurantes
El cambio será visible para millones de consumidores. Las monodosis serán sustituidas progresivamente por dispensadores rellenables, recipientes reutilizables, sistemas de recarga, formatos a granel o envases retornables.
Para la hostelería, la transición supondrá adecuar equipamientos, procesos de higiene y sistemas de servicio, para reducir el número de envases desechables utilizados diariamente.
Desde el sector del plástico, agrupado en organizaciones como ANAIP y EsPlásticos, sostienen que las empresas ya están adaptando materiales, procesos y diseños para incrementar la reciclabilidad de los envases y cumplir los futuros requisitos de reutilización y contenido reciclado previstos por el PPWR.
Una regulación más ambiciosa, pero no exenta de críticas
El reglamento fija como objetivo reducir los residuos de envases por habitante un 5% en 2030, un 10% en 2035 y un 15% en 2040 respecto a los niveles de 2018. Sin embargo, organizaciones ecologistas como Greenpeace consideran que la normativa es insuficiente y "los plazos son demasiado dilatados". "Bienvenido el reglamento, pero de nuevo se queda corto y se pone a los pies de los lobbies de la industria, la distribución y los fabricantes de envases", explica a RTVE Noticias Julio Barea, responsable de la campaña de residuos de Greenpeace.
La entidad valora la eliminación de determinados plásticos de un solo uso y las exigencias sobre recogida selectiva, pero cree que el texto final contiene demasiadas excepciones y no ataja con suficiente contundencia el crecimiento continuo de la producción de plásticos.
Greenpeace también recuerda que algunas de las medidas que ahora incorpora la normativa europea ya estaban contempladas en España. La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular, aprobada hace cuatro años, ya establecía el impulso a la reutilización, la reducción de envases de un solo uso y mecanismos para avanzar hacia modelos de consumo más sostenibles. En opinión de Julio Barea, "la ley española incluye medidas que ya superan o igualan al reglamento, sobre todo en plazos". Y lamenta que algunas de estas normas "deberían estar funcionando desde hace años y siguen sin aplicarse".
Una de ellas es la implantación efectiva del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) para botellas, latas y otros envases de bebidas. El representante de Greenpeace reitera que "España debería tener un sistema de devolución y retorno de envases que tendría que entrar en vigor en 2026", y se muestra escéptico sobre los plazos para su implantación. "La industria y algunas comunidades autónomas, como Madrid, han dilatado el proceso y están esperando precisamente este reglamento que obliga a toda la Unión Europea en el año 2029. Tendría dos años para aplicarse en España y eso nos llevaría al año 2031", apunta.
El sistema de devolución y retorno, indica Julio Barea, funciona en casi todos los países de la UE, como en el vecino Portugal y en Alemania, que "recupera más del 98% de los envases adscritos al sistema", y recuerda cómo en España, durante muchos años, era tradicional devolver el casco de las botellas de cristal en las bodegas o supermercados. "Si todo esto está inventado y funciona estupendamente", exclama.
Greenpeace afirma que buena parte de estas medidas han avanzado con lentitud y reclama una aplicación más decidida tanto de la legislación nacional como de la europea. En este sentido, Julio Barea advierte de que "si no cerramos el grifo de la generación de residuos, difícilmente vamos a poder solucionar el problema". Y es categórico al afirmar que "el usar y tirar se tiene que acabar. No podemos seguir así. Nos cargamos el planeta".
Un cambio simbólico con impacto real
La desaparición de los sobres de kétchup o de las pequeñas tarrinas de mantequilla puede parecer una medida menor, pero simboliza el cambio de rumbo que persigue la Unión Europea en materia de residuos.
Más allá de estos productos concretos, el reglamento establece nuevas reglas para todo el ciclo de vida de los envases y obliga a fabricantes, distribuidores y establecimientos a replantear la forma en que los productos llegan al consumidor.
La pregunta ya no es únicamente cómo reciclar más, sino cómo generar menos residuos desde el origen mediante sistemas de reutilización y recarga. En ese cambio de modelo, las monodosis de plástico son una de las primeras grandes víctimas de esa transformación.
¿Cuáles son las excepciones?
Comida para llevar y reparto a domicilio. La prohibición no afecta a las monodosis que acompañan pedidos de comida para llevar o servicios de entrega a domicilio. Los sobres de salsas y condimentos podrán seguir utilizándose cuando sean necesarios para el transporte o el consumo fuera del establecimiento.
Hospitales, clínicas y centros asistenciales. Los envases individuales seguirán permitidos en entornos donde existan razones de seguridad, higiene o atención sanitaria. Es el caso de hospitales, clínicas o residencias con necesidades médicas específicas.
Productos vendidos en supermercados. La normativa no prohíbe las monodosis comercializadas en el canal minorista. Los consumidores podrán seguir comprando sobres individuales de salsas, azúcar, miel o productos similares en supermercados y otros comercios, siempre que cumplan los requisitos generales de reciclabilidad y sostenibilidad establecidos por el reglamento.
Muestras y formatos monodosis fuera de la hostelería. Las muestras cosméticas o los formatos de viaje vendidos en tiendas no desaparecen. La restricción se centra en los pequeños envases de un solo uso ofrecidos en hoteles y alojamientos turísticos para una reserva individual.
No se prohíben todas las monodosis. Uno de los aspectos más relevantes es que el reglamento no elimina todas las monodosis. La prohibición afecta a determinados usos y contextos concretos, no al formato en sí. De hecho, algunas empresas del sector recuerdan que gran parte de los envases monodosis seguirán siendo legales fuera de los ámbitos expresamente vetados por la norma.