Después de Francia: la carrera desigual por prohibir las redes sociales a los menores
- Francia es el primer país de la UE en prohibir las redes a menores de 15 años, siguiendo la estela de Australia
- Una psicóloga infantil y un experto en geopolítica digital analizan si esta ola regulatoria puede prosperar en otros países
El Parlamento de Francia aprobó este martes, con un amplio respaldo de 243 votos a favor en el Senado y 279 en la Asamblea Nacional, una ley que prohíbe a los menores de 15 años registrarse o mantener una cuenta en redes sociales. La medida, impulsada por el presidente Emmanuel Macron, entrará en vigor de forma escalonada: las nuevas cuentas quedarán bloqueadas a partir del 1 de septiembre de 2026, mientras que las ya existentes deberán cerrarse desde el 1 de enero de 2027.
Francia se convierte así en el primer país de la Unión Europea en aprobar una prohibición general de este tipo, aunque no es el primero del mundo: Australia vetó ya en diciembre de 2025 el acceso a plataformas como Facebook, TikTok o YouTube a los menores de 16 años.
Lo que dice exactamente la ley francesa
La norma excluye de la prohibición a enciclopedias en línea, plataformas de software libre y proyectos educativos de código abierto, y no fija un sistema concreto de verificación de edad: serán las propias redes sociales las que deberán implementarlo. La ley también prohíbe el uso de teléfonos móviles en institutos.
No obstante, la medida no está exenta de dudas. Legisladores de la formación de izquierdas Francia Insumisa han cuestionado su constitucionalidad, y organizaciones como e-Enfance han advertido de que su aplicación práctica, es decir, identificar y suspender cuentas ya existentes de menores, no será inmediata.
Por su parte, la ministra delegada de Asuntos Digitales de Francia, Anne Le Hénanff, aseguró tras la votación de su país que otros 15 países de la Unión Europea estudian seguir el modelo francés, citando expresamente a España entre ellos.
"Coalición de voluntarios digitales": el otro camino europeo
Frente a la vía de "cada país por su cuenta" que ha tomado Francia, existe otra fórmula ya sobre la mesa: agrupar a varios Estados dispuestos a avanzar juntos sin esperar el consenso de los Veintisiete. El presidente Pedro Sánchez ya anunció en febrero, en un evento en Dubái, una propuesta española, todavía en el Congreso, enmarcada en lo que llamó una Coalition of the Digital Willing, en la que España se uniría a otros cinco países europeos.
Es una fórmula —apunta Darío García de Viedma, investigador del Real Instituto Elcano especializado en política tecnológica y digital— que ya ha funcionado en otros ámbitos. "Si es imposible conseguir consenso en algunas políticas con los Veintisiete Estados miembros, pues hacemos un pequeño grupo de países que avanzan por sí solos. Se ha demostrado en los últimos años que es el tipo de agrupación que funciona, porque es muy difícil mover a los Veintisiete".
El problema, advierte, es la fragmentación: si cada país legisla por separado, "no creo que el resultado sea mayor protección para sus menores y sus poblaciones, sino más fragmentación", con "coste de cumplimiento para las plataformas, margen de arbitraje regulatorio entre países y, por lo tanto, asimetría entre menores de la misma Unión Europea".
El límite legal es la Ley de Servicios Digitales
Cualquier movimiento nacional choca con un marco ya existente: la Ley de Servicios Digitales (DSA) europea. Según García de Viedma, cada Estado miembro conserva la competencia para fijar la edad mínima (13, 14, 15 o 16 años), "pero no puede imponer a las plataformas que se salgan del marco de la DSA". La Comisión Europea, afirma el investigador, ya ha advertido a los Estados de que cualquier medida debe ir consensuada bajo ese marco común.
Hay, de hecho, una vía más ambiciosa sobre la mesa: la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, mostró en un discurso en Copenhague su interés por impulsar una regulación a nivel comunitario. Sería, según García de Viedma, “mucho más interesante” al evitar la fragmentación, aunque prevé resistencia. "Conociendo sobre todo Italia y Alemania, es probable que lo veten".
En la UE y más allá: los casos de Reino Unido, EE.UU. y el "modelo chino"
Conviene no olvidar al precedente mundial, Australia, que fue el primer país del mundo en aprobar una prohibición de este tipo, vetando en diciembre de 2025 el acceso de los menores de 16 años a las principales plataformas sociales. Su ley ha servido de referencia explícita para el debate europeo: la propia normativa francesa cita el modelo australiano como precedente directo.
Dentro de la Unión Europea, encontramos distintos planteamientos sobre esta cuestión. Dinamarca ha propuesto formalmente restringir las redes sociales a menores de 15 años, pudiendo permitir excepciones parentales desde los 13 años; mientras que Grecia está pendiente de presentar en el Parlamento la prohibición del acceso a plataformas para menores de 15 años, fijando el inicio de su aplicación. Irlanda figura también entre los países que estudian una normativa de este tipo, en línea con el resto de socios europeos que citan el precedente francés.
Similar es el caso del Reino Unido, donde el Gobierno británico evalúa medidas similares. Este debate se suma a la presión ya existente por la Online Safety Act, la ley británica de seguridad en línea vigente desde 2023, centrada hasta ahora más en el contenido que en el acceso por edad.
Al otro lado del charco, García de Viedma señala que en Estados Unidos varios estados, como Utah, Florida o Arkansas, avanzan también en restricciones de acceso, aunque por una vía indirecta: “Es la única manera que tienen de regular las redes sociales, porque si no, se acogen a la libertad de expresión” que protege la Primera Enmienda. Varias de estas leyes estatales, no obstante, han enfrentado bloqueos y demandas judiciales por su posible colisión con esa misma enmienda, lo que ha retrasado su aplicación efectiva.
El investigador apunta además a una asimetría llamativa con China, uno de los pocos territorios que llevan años regulando este terreno: los jóvenes chinos usan una versión de TikTok llamada Douyin, “mucho más protegida”, con límite de horas de uso y más contenido educativo que la versión que utilizan los adolescentes occidentales en la misma plataforma.
Tres adolescentes miran la pantalla de su teléfono móvil Getty Images
El riesgo de la VPN y la identidad digital europea
Preguntado por si una prohibición legal es fácilmente esquivable, García de Viedma no tiene dudas: "A nada que el joven sea suficientemente mayor como para ir al cole y que otro compañero le cuente de la existencia de las VPN, ya lo va a hacer". El riesgo, señala, no es solo de exposición a contenido no regulado —pone el ejemplo de la pornografía extrema o ilegal, más accesible fuera del marco europeo—, sino también de seguridad nacional: un estudio del Parlamento Europeo muestra que los ecosistemas de internet más débiles reciben más injerencia rusa y china.
Como posible solución técnica, el investigador apunta a la futura Cartera de Identidad Digital europea que, de implementarse según su diseño actual basado en tecnología de conocimiento cero, permitiría a una plataforma verificar solo si un usuario es mayor o menor de cierta edad, sin acceder a su fecha de nacimiento o DNI. "En principio tiene mucho sentido. Hay que ver cómo se implementa y quién es el responsable de hacerlo", matiza.
La mirada psicológica: "El cerebro está en modo avión"
Desde el ámbito clínico, la psicóloga infantil Carmen Esteban (@mipsicologainfantil) subraya que la adolescencia es una etapa de “poda sináptica”, en la que el cerebro elimina conexiones y genera otras nuevas a partir de las experiencias vividas. Si esas experiencias ocurren frente a una pantalla, explica, “el cerebro está como en modo avión: no hay una estimulación que promueva estas conexiones sinápticas”. Eso afecta, añade, no solo al desarrollo neuropsicológico, sino a la socialización, la tolerancia a la frustración y la gestión emocional que solo se entrenan en el mundo offline.
Esteban rechaza el argumento de que la prohibición fomente un uso clandestino: "una cosa es prohibir el acceso", dice, "y otra la educación digital". “Meter a un niño de 12 años que a nivel cerebral no tiene la percepción del riesgo en un mundo donde no controlamos, es una locura”. La solución, defiende, pasa por educar desde los colegios y las familias, para que a partir de los 15 o 16 años, “que ya han madurado más”, los adolescentes puedan poner en práctica esas experiencias con criterio propio.
Sobre la edad elegida por Francia, considera que "depende más de la madurez individual que de un número fijo", aunque prefiere que cualquier límite se sitúe "en la segunda mitad de la adolescencia, con mucha supervisión y con control”.
¿Qué pueden hacer las familias mientras tanto?
Sobre el efecto de una prohibición como la francesa en las familias, Esteban es clara. No cree que traslade presión a los padres, sino que la alivia, al obligar a las plataformas a asumir parte de la responsabilidad de revisar perfiles de menores y cuentas falsas. Preguntada por si España podría chocar con una barrera tecnológica insalvable para aplicar una medida similar, se muestra optimista: "Yo soy positiva con esto. Creo que quizás para la generación actual llegamos tarde, pero para las próximas sí".
Antes de que llegue cualquier veto institucional, la profesional recomienda a los padres fomentar actividades offline que ilusionen a sus hijos, cuidar sus habilidades sociales y su círculo de amigos y dar ejemplo con su propio uso del móvil. También pide tener en cuenta la madurez individual del menor: “Si es un niño que sin el móvil ya se suele meter en problemas, no le demos un teléfono, no le demos unas redes sociales, porque los problemas se van a multiplicar”.