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Lo que tus hijos consumen en redes sociales puede marcar su salud mental (y no siempre para mal)

  • Un estudio con más de 800 niños españoles revela que la búsqueda de información positiva es una herramienta clave
  • Los expertos instan a fomentar un entorno digital que priorice la conexión humana y la detección temprana
Una adolescente sonríe a su teléfono móvil en un parque soleado, transmitiendo una sensación de bienestar y conexión social.
La alfabetización mediática y el acceso a redes de apoyo digitales son pilares fundamentales para proteger la salud mental de los menores españoles. GETTY IMAGES

La salud mental de los más jóvenes se ha convertido en una prioridad absoluta para la salud pública en España. El Gobierno de España está tramitando el proyecto de Ley Orgánica que elevará de 14 a 16 años la edad mínima para crear cuentas en redes sociales sin consentimiento paterno. La medida aún no ha entrado en vigor porque, aunque el proyecto de ley fue aprobado por el Consejo de Ministros y remitido al Parlamento para su debate y votación hasta que se publique en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Iba a ser en mayo. Se ha pospuesto.

En un contexto donde el uso de las tecnologías digitales marca el día a día, una reciente investigación liderada por Daniel Barredo-Ibáñez y un equipo internacional de investigadores expertos en comunicación y psicología publicada en la revista Humanities and Social Sciences Communications aporta luz sobre cómo el consumo de medios puede actuar no solo como un factor de riesgo, sino también como un potente escudo protector para los menores de entre 10 y 15 años.

El estudio, que ha contado con la participación de 804 niños y niñas, destaca que la exposición a contenidos que promueven el apoyo social —consumido por un 13,3% de los encuestados— y las noticias de carácter general (12,7%) se asocian con entornos más saludables para el desarrollo emocional.

Refuerzo del efecto Papageno

Estos resultados refuerzan el llamado "efecto Papageno" que demuestra que una narrativa mediática —constructiva e inspiradora— puede proporcionar pautas para contrarrestar conductas destructivas y reducir la ideación suicida.

El investigador principal del estudio y profesor de la Universidad de Sevilla, Daniel Barredo-Ibáñez, ha hecho un llamamiento a la prudencia ante el impacto que el entorno digital tiene en los sectores más jóvenes de la población. Según Barredo-Ibáñez, las evidencias científicas actuales y los hallazgos de su propio equipo obligan a que el consumo de redes sociales por parte de menores sea “tomado con cautela”.

Esta advertencia se fundamenta en la preocupante “prevalencia de contenidos tóxicos” y en la propia arquitectura técnica de las redes, diseñada para condicionar el comportamiento del usuario. El experto subraya que el binomio formado por el “diseño algorítmico de estas plataformas” y los diversos “efectos negativos” que se están detectando vinculados a su uso supone un desafío creciente para la seguridad y el bienestar de los menores en el ecosistema digital..

Factores de protección frente a la vulnerabilidad

La investigación distingue claramente entre la ideación suicida —pensamientos relacionados con el deseo de dejar de vivir— y el comportamiento suicida, subrayando que la mayoría de los menores que experimentan estos pensamientos nunca llegan a realizar un intento. Por ello, el enfoque preventivo es fundamental.

Las redes sociales, a pesar de sus retos, pueden ser espacios beneficiosos que fomentan comunidades de apoyo, ayudan a evadir emociones negativas y permiten buscar ayuda entre iguales que han superado desafíos similares.

Para Lucía Caro-Castaño, profesora de la Universidad de Cádiz y coautora del estudio, el impacto de las redes sociales en la ideación suicida infantil no es una "realidad homogénea", sino que depende estrictamente de variables como el género, la edad o el tipo de plataforma.

Frente a los riesgos, la investigadora destaca en declaraciones a RTVE Noticias que estos espacios pueden ofrecer "efectos potencialmente protectores" al actuar como refugios de conexión social. Para aquellos menores sin apoyo en su entorno físico, el mundo digital brinda un "sentido de pertenencia" y un alivio "liberador" al permitirles compartir sus vivencias con personas que atraviesan situaciones similares.

El papel crítico de la privacidad y el acompañamiento

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es la asociación de ciertos comportamientos con mayores niveles de riesgo. La publicación frecuente de fotografías de la vida privada y la búsqueda activa de información sobre el suicidio en la red son señales que requieren atención.

La presión por la validación social y la comparación constante en el entorno digital se han convertido en factores de riesgo críticos para la salud mental de los menores. Según Lucía Caro, plataformas como Instagram o TikTok, al estar "centradas en el vídeo y la imagen", intensifican que los jóvenes se comparen no solo con sus iguales del mundo presencial, sino con versiones "idealizadas" de físicos y estilos de vida ajenos.

El peligro aumenta al entrar en juego perfiles de celebridades o incluso "influencers virtuales", lo que lleva a los adolescentes a compararse, en última instancia, con "personas que no existen". Esta dinámica genera una profunda insatisfacción en aquellos perfiles más sensibles a la presión estética o social.

En este ecosistema, la visibilidad es casi una obligación, ya que un perfil sin imágenes suele ser "interpretado como falso". Para Caro, los menores se encuentran atrapados en una paradoja de vulnerabilidad: se sienten "impelidos a mostrarse" para obtener métricas de éxito que consideran indicadores de aceptación, aunque el resultado no esté en sus manos.

La experta advierte que el éxito de una publicación y la llegada de los ansiados likes "no depende sólo de lo que sus contactos decidan hacer", sino de la decisión arbitraria de un "algoritmo" que determina qué contenido merece ser visible y cuál debe quedar en el olvido.

La censura no es la solución

Sin embargo, el informe señala que la solución no es la censura, sino una presencia digital consciente. Los expertos sugieren que el uso de filtros de palabras clave y, sobre todo, la moderación humana en las plataformas —capaz de distinguir entre contenido dañino y publicaciones que buscan apoyo mutuo— son esenciales para mitigar riesgos.

La investigadora Lucía Caro, especialista en comunicación y redes sociales de la Universidad de Cádiz, ha puesto el foco en la responsabilidad de las grandes tecnológicas sobre el comportamiento de las nuevas generaciones.

Según la experta, estas empresas han priorizado la rentabilidad económica por encima del bienestar social de sus miembros. “Desde hace más de una década estas plataformas privadas están mediando la socialización de los jóvenes y, por tanto, deben ser más transparentes sobre lo que sucede en ellas. Hasta ahora se han centrado en maximizar el beneficio que, en su ámbito, se centra en capturar la atención de sus usuarios”, advierte Caro, señalando la opacidad que impera en el sector.

Algoritmos al servicio del beneficio económico

El estudio analiza cómo las arquitecturas digitales están diseñadas para retener a la audiencia mediante mecanismos que pueden resultar nocivos. La experta explica que esta estrategia “ha derivado en el diseño de algoritmos que personalizan el contenido a partir de lo que ya nos gusta, tendiendo a ofrecer en muchos casos contenidos cada vez más controvertidos y extremos, para garantizar el mantenimiento de nuestra atención”.

Asimismo, denuncia las limitaciones de la inteligencia artificial en la gestión de comunidades, destacando que los sistemas actuales han demostrado ser incapaces de detectar los matices del lenguaje humano para diferenciar cuando alguien busca apoyo o cuando busca radicalizarse o hacerse daño; de hecho, los usuarios crean cada día nuevas palabras para evitar la censura de la moderación algorítmica, es lo que llamamos algospeak”.

Ante este escenario, la profesora de la Universidad de Cádiz urge a implementar cambios estructurales en la supervisión de las redes sociales, reclamando una intervención más humana y ética. “Señalamos la necesidad de mayores controles —internos y externos a las plataformas— y de que sean personas las que supervisen contenidos potencialmente peligrosos”, afirma.

No obstante, esta solución plantea nuevos retos éticos y laborales para la industria tecnológica que todavía no han sido resueltos. “Esto último abre un nuevo debate porque, ¿cómo cuidamos la salud mental de estos moderadores humanos? Realmente, necesitamos seguir investigando sobre este asunto”, concluye la investigadora.

Hacia un entorno digital más ético

Para avanzar en la protección de la infancia, la investigación propone que las escuelas y familias promuevan pautas de consumo mediático responsable. Es crucial fomentar contenidos que, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ofrezcan directrices de prevención en lugar de relatos sensacionalistas.

El estudio concluye que, con el enfoque adecuado, los medios de comunicación y las plataformas digitales pueden dejar de ser percibidos solo como una amenaza para convertirse en aliados vitales en la promoción del bienestar de los jóvenes, especialmente para quienes padecen situaciones de aislamiento social y no encuentran apoyo en su entorno inmediato.

Mirones, publicadores y socializadores

Un segundo trabajo científico publicado por el mismo equipo en la revista Media International of Australia a partir de los resultados de la misma encuesta permitió a los investigadores detectar tres perfiles de usuarios a partir de su uso de las redes sociales y conectarlo con posibilidad de experimentar ideación suicida. Hallaron tres perfiles:

En primer lugar los mirones o lurkers que se centran en un consumo pasivo de los contenidos en estas plataformas, no comentan, no chatean, no publican y básicamente consumen contenidos. En un segundo lugar están los publicadores o sharers cuyo uso se focaliza en crear y distribuir contenidos en estos espacios. Y en tercer lugar, los socializadores o interactors que se centran en la interacción recíproca online (chats, comentarios en público, etc.).

Los investigadores han encontrado una relación directa entre los encuestados que presentaban un perfil de consumo pasivo (lurkers) y la posibilidad de experimentar ideación suicida, ya que, en su uso de la plataforma, estas personas no podían beneficiarse de los factores protectores que este medio puede aportar como la sensación de conexión o pertenencia social, algo que sí podían lograr los otros perfiles a través de diferentes estrategias. En los otros dos perfiles de uso, la conexión con la ideación suicida apareció cuando se expresaron altos niveles de cibervictimización o ciberbullying.

¿Necesitas ayuda? Canales de apoyo disponibles

Si tú —o alguien que conoces— está pasando por un momento difícil, recuerda que no estás solo y hay personas preparadas para escucharte y ayudarte:

  • Línea 024: Servicio multilingüe de atención a la conducta suicida (Gratuito, anónimo y disponible 24/7)
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717
  • Fundación ANAR (para menores): 900 20 20 10
  • Emergencias: 112