El Prado muestra por primera vez todos los cuadros de costumbres de Valeriano Bécquer
- El hermano del famoso poeta pintó ocho cuadros por encargo en tres provincias
- Retrató un baile en Soria, una romería en Ávila y una fiesta en Zaragoza
Valeriano Domínguez Bécquer se vio opacado por la fama de su hermano menor, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, pero era un pintor notable al que el Ministerio de Fomento le encargó plasmar las costumbres de las provincias españolas en el último tercio del siglo XIX.
La encomienda institucional se realizó con destino al antiguo Museo de la Trinidad y Bécquer contó con una pensión por Real Orden de 6 de febrero de 1865 para realizar el trabajo. El empleo no le duró mucho, Isabel II fue derrocada en 1868 y además el pintor falleció dos años después.
Por primera vez, el Museo del Prado presenta Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres, una exposición que reúne los ocho cuadros al óleo que pintó en las provincias de Ávila, Soria y Zaragoza, comisariada por Pedro José Martínez Plaza.
Tipos populares
La muestra, que podrá verse en la sala 60 hasta el 8 de octubre, se completa con un par de dibujos -fotografiados por Laurent- y otros que se difundieron en revistas de la época mediante grabados. Además se conservan las cartas originales con las que Bécquer describía sus lienzos y se reproducen algunos extractos.
El conservador del XIX del Prado apunta que el pintor pretendía "dar una idea cabal y ajustada de los usos, costumbres y tipos populares de cada provincia". Bécquer es un pintor extremadamente detallista y estos cuadros "por su tamaño pequeño, necesitan verse de cerca y mirarse con atención".
El conjunto de cuadros, uno de los mejores ejemplos del realismo pictórico del XIX, comenzó a dispersarse en 1877, al ser depositados en diferentes instituciones. Los lienzos suscitaron interés en su época, otros pintores los copiaron y el que encabeza esta información fue reproducido en un sello de Correos.
El artista entregó en 1866 las obras aragonesas: dos cuadros, uno ambientado en un interior y otro en la fiesta mayor en Moncayo, el 15 de mayo, y los tres sorianos: un baile popular y dos retratos de oficios del Burgo de Osma (un leñador y una hilandera).
'Hilandera en las cercanías de Burgo de Osma', Valeriano D. Bécquer, 1866. Alberto Otero Herranz FOTO: Alberto Otero Herranz
Un año después, en el envío de Ávila, Bécquer optó por representar la peregrinación a la ermita de Sonsoles, en el valle de Amblés, que se celebra en septiembre.
El pintor refleja a los romeros descansando (La fuente de la ermita), una joven que porta una cesta con una ofrenda de huevos a la Virgen y un hombre vestido como “armado” o “alabardero”, un tipo frecuente en las procesiones de Castilla. Este último cuadro estaba "en un estado comprometido" y ha sido restaurado "de manera muy eficiente" para la exposición.
'Tipo del valles de Amblés', Valeriano D. Bécquer, 1867. MUSEO DEL PRADO
La misma figura masculina del valle de Ambés se puede observar también en un grabado de Bartolomé Maura y Montaner.
El comisario explica que Bécquer pretende hacer "un dechado de las costumbres de cada provincia. En la tradición popular, un dechado es un textil en el que se muestran distintos tipos de bordado, un sinónimo de muestra" y subraya su grado de "compromiso y conocimiento" en cada una de las provincias en las que trabajó.
Bécquer escogió Vera del Moncayo para ilustrar Zaragoza. En el primer cuadro, plasma una escena hogareña protagonizada por mujeres y la titula Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate.
'Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate' de Valeriano D. Bécquer, 1866. de la fotografía: IGNACIO DEL RÍO MUSEO DEL PRADO
El pintor se esmera en la descripción de las indumentarias, de rico colorido, e incluso una joven recostada enseña la piel de un hombro descubierto, un gesto impensable en el exterior. Las mujeres aparecen relajadas jugando la merienda a las cartas, se supone que la que perdía pagaba el chocolate.
El segundo cuadro recoge una gran diversidad de trajes (desde el alcalde a los danzantes) y de prácticas festivas, como el paloteo (baile con palos de madera habitual en gran parte de España) o el llamado presente, ágape o puñado, pequeño convite que costea un miembro de la hermandad o cofradía organizadora de la fiesta.
'El presente. Fiesta mayor en Moncayo, la víspera del santo patrono' de Valeriano D. Bécquer, 1866. Otero Herranz, Alberto FOTO: Alberto Otero
Soria calidad
El conjunto de Soria, el de mayor calidad, se vincula además con la vida personal del pintor y de su hermano, el poeta Gustavo Adolfo. De sus viajes por Villaciervos y Burgo de Osma saldrían los tres óleos mencionados con anterioridad.
El artista escoge plasmar el momento en que los carros se cargan con los tablones de madera ya secos y cortados. La escena trascurre en el mes de diciembre, una niña se sienta abrigada en un carro, pero tiene la nariz roja y congestionada por el frío. Un tambor toca de forma rítmica, una pareja de adultos bailan y otra de niños pequeños les imita, la única manera de transmitir el patrimonio inmaterial (ver arriba).
La dureza de la vida en los bosques es atenuada por el tratamiento de los dos tipos individualizados. En el cuadro de la hilandera incluye una golondrina, no la de los versos de su hermano, sino aquella que la cultura popular dice que es sagrada porque ayudó a quitar las espinas clavadas en la frente de Cristo. Mientras que confiere una dignidad casi monacal al leñador con su saya marrón y su herramienta.
'Un leñador en las cercanías del Burgo de Osma', Valeriano D. Bécquer, 1866. Alberto Otero FOTO: Alberto Otero
Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres puede verse hasta el 8 de octubre en la sala 60 del Museo del Prado dentro del programa Almacén abierto, que ofrece exposiciones de pequeño formato, con obras del siglo XIX, que habitualmente no están expuestas.