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El Goya que Franco quiso regalar a Hitler cumple 40 años en el Museo del Prado

  • La Marquesa de Santa Cruz de Goya volvió a España en 1986
  • Se expone con una de sus copias, encargada por Franco
El Goya que Franco quiso regalar a Hitler cumple 40 años en el Museo del Prado
'La marquesa de Santa Cruz' de Francisco de Goya, 1805. © Museo Nacional del Prado

Un misterioso cuadro desaparecido de Goya, Franco y Hitler, se entrelazan en una historia fascinante "propia de una novela de aventuras", según Carlos Gónzalez Navarro, comisario de la exposición en el Museo del Prado sobre el retrato de La Marquesa de Santa Cruz, que hace 40 años volvió a España, tras haber sido exportado ilegalmente.

Francisco Franco conocía el interés de Adolf Hitler por el arte y se dio prisa en agasajarle. El 4 de julio de 1939 le entregó como regalo al Führer tres cuadros de Zuloaga (una escena pastoral y dos mujeres con trajes típicos) y dos fíbulas de oro visigodas (broches que servían para sujetar el manto en el hombro) en la Nueva Cancillería de Berlín. El dictador alemán le correspondió con un Mercedes Benz 540 G4 y más adelante con toneladas de objetos religiosos saqueados de las iglesias polacas.

A Franco le debió parecer poco para agradecer el apoyo germano en la Guerra Civil y buscó otro lienzo de mayor valor, un Goya de 1805, en el que Heinrich Himmler se había fijado en su visita a Madrid en octubre de 1940. Alineado con los gustos clásicos de Hitler, en el cuadro de La Marquesa de Santa Cruz, la mujer representa la música, otra de sus pasiones y como detalle la lira está decorada con un lauburu, símbolo tradicional vasco, semejante a la esvástica nazi.

Detalle de 'La Marquesa de Santa Cruz'

Detalle del 'lauburu' en la lira de la Marquesa de Santa Cruz. © Museo Nacional del Prado

Goya había conocido a la marquesa de niña, junto a sus padres, los duques de Osuna y sus tres hermanos, al pintarla en un gran retrato familiar. La retrata con veinte años, según la tipología del retrato neoclásico. Ataviada con un elegante vestido de gasa blanca, va coronada de hojas de vid y pequeños rácimos según la moda, un tocado que simboliza la virtud, la constancia y la fortaleza. La dama apoya su brazo izquierdo en una lira, instrumento propio de las Musas y que enlaza con sus inclinaciones poéticas.

Doña Joaquina Téllez-Girón y Pimentel (1784-1851) se casó a los 17 años con José Gabriel de Silva Bazán y Waldstein, X marqués de Santa Cruz. Encarnaba el ideal de la aristócrata cultivada, con raíces en la Ilustración. Lady Holland celebraba su belleza en sus Journal of Spain y su palacio albergaba tertulias de poetas y literatos. La marquesa de Santa Cruz fue camarera mayor de Palacio, aya de la reina Isabel II y de la infanta Luisa Fernanda.

La marquesa murió en Madrid a los 67 años, pero su figura sigue manteniendo intacto su poder de seducción. En una carta localizada en el Rastro, se ha descubierto que el dictador pagó un millón y medio de pesetas por el lienzo y dejó a deber 9.000 pesetas por tres copias del pintor Nuñez Losada. Las copias estaban destinadas a la Infanta Doña Luisa y a sus hermanos, legítimos propietarios del retrato de su antepasada.

La marquesa y su copia en el Prado

El original de Goya a la izquierda, la copia amarillenta a la derecha. Nave Silvestre, Eduardo MUSEO DEL PRADO

En la exposición La Marquesa de Santa Cruz, una victoria contra el expolio una de esas copias, localizada en diciembre del pasado año en el sur de Francia y adquirida por el galerista José de la Mano para su colección privada, se muestra en la sala 38 del Edificio Villanueva junto al cuadro original. El ferrolano debió cambiar de opinión o esperar a que acabase la Segunda Guerra Mundial porque, aunque su intención era obsequiar a Hitler con el Goya en 1941, nunca llegó a enviárselo.

Cuadro viajero

La pintura fue trasladada de Madrid a Valencia durante la Guerra Civil. Viajó a Barcelona y luego a Ginebra, desde la ciudad suiza regresó a España bajo las órdenes de las autoridades franquistas al terminar la contienda. En 1944, la obra vuelve al Museo del Prado, en la documentación de la intitución no consta que fuese propiedad del Caudillo.

El 19 de febrero de 1947 el lienzo pasa a manos de Félix Fernández-Valdés. El coleccionista vasco abona por la obra la misma cantidad, un millón y medio de pesetas, según un recibo del Banco de Vizcaya en Madrid.

El cuadro permanece en la colección Valdés hasta 1981 o 1982, cuando su heredera, María Mercedes Fernández Valdés lo vende por 25 millones de pesetas, con la claúsula expresa de que no saliera de España. Pedro Saorín Bosch saca la obra de forma clandestina y la lleva a Zúrich donde la compra Lord Wimborne "el pirata inglés y villano de la historia", según el comisario de la muestra.

La Fundación Getty

La marquesa reaparece en Los Ángeles en 1983, ofrecida la Fundación Getty por 12 millones de dólares, que declina su adquisicion al conocer que es una exportación ilegal. El Ministerio de Cultura, liderado por Javier Solana, y el abogado Rodrigo Uría, siguen la pista del cuadro por un laberinto de paraísos fiscales y empresas pantalla. En 1986, el anuncio de la subasta del Goya en la sede londinense de Christie's hace que el Estado inicie una ofensiva legal.

El abogado de la reina Isabel II, Sir Matthew Farrer, ayuda a demostrar que los permisos de exportación eran falsos y que España tiene derecho a evitar el daño económico por el uso de documentos oficiales falsificados. Wimborne aceptó negociar y cedió el cuadro por seis millones de dólares. Miguel Satrústegui, que ofrecerá una conferencia sobre las peripecias del lienzo el próximo 13 de abril, puntualiza que "jurídicamente, fue una compra a un precio de carácter indemnizatorio" para compensar los gastos.

Por su parte, Solana, actual presidente del patronato del museo, revela que un representante de la Fundación Getty se plantó en su despacho un domingo para intentar participar en la adquisición del cuadro, algo a lo que "por supuesto, se negó".