Mujeres corredoras en los encierros de San Fermín: "Para correr delante del toro, primero luchamos contra el machismo"
- En 1974 el Ayuntamiento de Pamplona derogó una antigua ordenanza municipal de 1867 que prohibía correr a las mujeres
- RTVE Noticias habla con una de las primeras mozas y con una corredora actual, que destacan la "adrenalina" de la carrera
- Sigue en directo el cuarto encierro de San Fermín
Siguen siendo minoría en los encierros de Sanfermines- se calcula que tan solo un 6% de los corredores- pero cada vez son más las mujeres que se animan a correr y ser también protagonistas en estos históricos y tradicionales festejos que bullen estos días en Pamplona.
Aunque las imágenes hablan por sí solas y la mayoría de hombres es aplastante, a nadie extraña ahora ver a mujeres mozas preparándose para correr delante de los toros durante el recorrido por el casco antiguo de Pamplona hasta llegar a la plaza de toros, compartiendo la tensión, los nervios y la adrenalina del momento, pero hasta hace medio siglo directamente lo tenían prohibido.
En 1974, casi en los estertores del régimen franquista, el Ayuntamiento de Pamplona derogó una antigua ordenanza municipal de 1867 que prohibía expresamente la participación femenina en los encierros. No se permitía a "mujeres, niños y ancianos" situarse en las calles "que ha de recorrer el ganado".
Una restricción machista que apelaba a la supuesta vulnerabilidad de estos tres colectivos y a la menor capacidad de las mujeres para correr delante de los astados.
Esa España en blanco y negro en la que la palabra igualdad era puro espejismo le muy pilla lejos a Raquel Pérez del Notario, de 27 años, que desde hace ocho corre en los Sanfermines cada día de encierros. Este año a las 8:00 está preparada cada mañana en el tramo del Ayuntamiento para esperar la llegada de los toros.
Vive en un pueblo de Navarra y cuenta a RTVE Noticias que decidió lanzarse a estas carreras trepidantes para "vivir la experiencia" y ahora reconoce el "enganche" que tiene con los encierros. "Son unas fiestas muy especiales y unas ganaderías únicas", afirma, para poner en valor esa "adrenalina brutal" que genera correr estos encierros.
Lo suyo no es tradición familiar, es la primera de los suyos que corre, y como un reloj en estos sanfermines está cumpliendo su propia tradición particular.
Las primeras corredoras, frente a los toros y el machismo
Pero Raquel es muy consciente de que para que ella acuda a las calles de Pamplona a correr en igualdad de condiciones, antes otras mujeres revolucionarias y valientes tuvieron que plantar cara y luchar contra el machismo de la época y de quienes decían que las mujeres eran inferiores para correr los encierros y podían "molestar" en las carreras.
"Ellas soportaron y sufrieron en esos años miradas y comentarios para que yo ahora pueda ir", afirma.
En los años 70 y 80 algunas mujeres tomaron Santo Domingo, la calle Estafeta, la plaza del Ayuntamiento y Mercaderes- que forman parte del recorrido de los encierros- e iniciaron en esas décadas una compleja carrera que no era solo para huir de los toros.
La suya fue una carrera en Sanfermines para escapar de los miuras, sí, pero sobre todo y lo más importante, ganarle la carrera al machismo incrustado en la época y que permeaba en cada capa de la sociedad.
Así, en 1975, dos mujeres, en medio de un mundo completamente masculinizado, decidieron camuflarse entre un grupo de hombres para correr un encierro que se convertiría en histórico. Mariví Mendiburu y Alicia Rivas fueron las primeras que corrieron en los Sanfermines.
Asunción Apesteguía fue otra de las mozas pioneras que, en esa década de los 80, se envalentonó y se lanzó a la carrera. En una entrevista con RTVE Noticias cuenta cómo se revolvió cuando, siendo concejal del PSN en el Ayuntamiento de Pamplona, escuchó "por boca además de una mujer" comentarios negativos en torno a la participación de las mujeres en los encierros.
"A mí eso me sublevó y decidí correr, así que ahí comenzó mi participación en los encierros. Les dije 'pues este año me veis a mí correr' y así fue", relata, orgullosa. Una participación que empezó cuando tenía 38 años, que duró más de una década y de la que guarda en su memoria momentos más que especiales.
Asunción cuenta que nunca ha tenido ningún problema con ningún corredor hombre en los muchos años de participación en las carreras, pero lo tiene claro: "Para correr delante del toro, primero hubo que luchar contra el machismo".
"Me pasó un toro al lado y era más alto que yo"
Cuenta cómo en sus años de corredora cuando se acercaba al encierro a veces se preguntaba "pero qué necesidad tengo yo", pero ella misma se decía "adelante con los faroles". Define la sensación de correr como un "desafío a una misma" y mantiene un recuerdo muy vívido de entonces: ella es una persona muy calurosa y afirma que en los segundos previos a comenzar a correr "el frío recorre el cuerpo". Después, una vez en marcha, "la adrenalina manda".
Jamás tuvo un susto serio, pero sí recuerda el día que un toro le pasó demasiado cerca: "Me pasó un toro al lado y vi que era más alto yo".
Bromea, al ser preguntada por qué cree que las mujeres se siguen animando menos que los hombres, para decir que "las mujeres tienen un mayor grado de sensatez", ven más el peligro y valoran más las consecuencias. De hecho, ella dejó de correr por las responsabilidades familiares y de cuidados a un hijo y personas dependientes a su cargo. Los datos hablan por sí solos: en los encierros que llevamos este año, ya va una treintena de heridos o contusionados y ninguno es mujer.
Como experta y veterana corredora lanza un mensaje para las que se lo estén pensado: "Toda corredora debe tener el convencimiento de que quiere participar, la preparación física adecuada y tener claro el itinerario y en qué tramo quiere correr. No dudar".
"La presencia de las mujeres causa más sorpresa"
Raquel Pérez del Notario reconoce que la presencia femenina causa más "sorpresa", pero cree que es más por "minoritaria" que por cualquier "aspecto negativo". Reconoce que el estereotipo de que "los hombres corren más que las mujeres" existe, pero ella afronta cada año los encierros sin problemas.
Raquel juega al fútbol, hace deporte de forma habitual y no prepara los encierros de ninguna manera especial. Los días previos al momento de ponerse delante de los miuras hay "nervios" pero las "ganas" les superan.
Cuenta que ha tenido caídas y golpes sin importancia pero "susto, susto fuerte" afortunadamente nunca ha sufrido.
En la historia de los Sanfermines cuatro mujeres han sido heridas por asta de toro, las cuatro extranjeras: Anne Karlin Kvan, noruega, de 24 años, fue alcanzada por un toro en 1991; Jennifer Smith, estadounidense de 29 años, fue herida en 2001; Elinzey Sain, estadounidense de 19 años, fue alcanzada por el toro en 2002; y Jessica Escarlet, australiana, es la última mujer herida por asta de toro en 2013.
Otra lucha en Sanfermines: el fin de las "madrinas"
Pero no solo las mujeres tuvieron que luchar para poder correr en igualdad de condiciones en estas fiestas, un grupo lo hizo para que desaparecieran las denominadas "madrinas" de Sanfermines o lo que es lo mismo, esa figura de acompañante al delegado o presidente de las peñas a actos oficiales durante las fiestas.
Esta figura se remonta a los años 30 del siglo pasado y hasta los 80 era 'normal' que estas madrinas escenificaran los roles de genero, la desigualdad y la limitación de ellas en espacios festivos. Solo podían asistir a las becerradas y algunas eran 'invitadas' a las corridas de toros, solo en ocasiones.
En ese grupo está Miren Larrainzar que luchó por que el papel de las mujeres en las fiestas y en el mundo de las peñas se desarrollase en igualdad de condiciones. "En las peñas no había socias y esas madrinas, que no podían participar en las actividades, tenían su premio de consolación que era elegir a la más maja, a las más simpática, en una decisión que, por supuesto, tomaban los hombres", cuenta a RTVE Noticias.
"No a las madrinas y no a las agresiones en Sanfermín" fue el lema que rezaba la pancarta que Miren Larrainzar y otras mujeres desplegaron en el año 1978 en plenas fiestas. Fue la primera piedra que se ponía en ese muro que fue creciendo y creciendo en la lucha contra las agresiones machistas y la desigualdad que campaba a sus anchas en estas fiestas.
"Ahora a mis hijas ni les suena esto de las madrinas", afirma, para recordar que no hace tanto existían estos roles sexistas tan marcados: "Pintábamos muy poco en el ámbito público. El protagonista era el chico pamplonica y la figura femenina quedaba diluida y en un segundo plano". Concluye para decir ahora lo que ya gritaban antes: "La calle también es nuestra".