La fotógrafa Isabel Matoses deslumbra con sus imágenes "desmaterializadas" en el Museo Lázaro Galdiano
- Isabel Matoses. La imagen recuperada puede verse hasta el 6 de septiembre en Madrid
- La fotógrafa experimental manipula el negativo hasta lograr la impresión deseada
Isabel Matoses fue una fotógrafa pionera y experimental de la Transición, retrató a personajes como Adolfo Suárez, María Dolores Pradera, Juan de Borbón, Pitita Ridruejo, Camilo José Cela, Lucía Bosé o Rafael Alberti, pero siempre yendo más allá del valor documental del medio con una clara vocación artística.
La obra innovadora de esta artista gráfica permanecía dispersa en colecciones particulares, inédita o fuera de la circulación desde hace cuarenta años. Por primera vez, en este siglo, el Museo Lázaro Galdiano le dedica Isabel Matoses. La imagen recuperada con más de 70 fotografías en blanco y negro. Las fotos proceden de la familia de Matoses o de coleccionistas privados y algunas han viajado desde Nueva York a Madrid para esta exposición.
La muestra con solarizaciones, sobreexposiciones continuas, virados al sepia o impresiones sobre aluminio es una oportunidad para descubrir a una de las figuras pioneras y más singulares de la fotografía experimental. El museo ha distribuido sus obras en dos pequeñas salas, en la galería superior y también a lo largo de la escalera.
'Camilo José Cela' de Isabel Matoses, 1974.
Reconocida en su tiempo, fue responsable de la imagen de la campaña electoral de Suárez en 1977 y publicó sus retratos en la revista Sábado Gráfico pero luego desaparece sin dejar rastro en los relatos académicos e históricos posteriores. Los personajes retratados son la materia prima, pero siempre interviene la fotografía como se puede apreciar en su visión del autor de La colmena (ver arriba). En el positivado, superpone trazos que desdibujan el rostro, lo que añade carga psicológica al escritor.
Vibración inmaterial
La comisaria de la muestra, Begoña Torres, apunta que en sus desmaterializaciones "lleva la imagen a un elemento casi de vibración o inmaterial, como es el caso, por ejemplo, del ángel caído. Le encanta repetir esa imagen y la va haciendo en diferentes técnicas hasta llegar a algo que ya no sabes ni lo que es porque ya no tiene referencia al mundo real y es la línea que sigue, muy innovadora para el momento".
A la hora de explicar porque Matoses cayó en el olvido, Torres apunta que quizás porque no se volcó en la fotografía documental de hechos históricos y tampoco era una mujer reivindicativa desde el punto de vista político o social. Ella creaba "otro tipo de técnicas para llegar a una fotografía diferente, con más relación con el mundo del arte, la pintura y el dibujo". Añade que era de buena familia y se fue a estudiar a Roma, lo que le permitó relacionarse con la escena artística italiana "más avanzada".
'Il cigno kosmico' (El cisne cósmico) de Isabel Matoses, 1970.
Matoses reinterpreta poéticamente el mundo y explora cuestiones como la memoria, el tiempo, la identidad y la percepción. Le interesa plasmar paisajes, arquitecturas o esculturas que casi desintegra o reduce a unas pocas líneas maestras. Un trabajo de deconstrucción que aplica al Castelo de Sant Angelo, la playa de Biarritz, el Gran Canal de Venecia, la plaza mayor de Madrid o el arco romano de Medinacelli.
Con un lenguaje visual afín al Pop Art, el Op Art y cierta estética psicodélica que difumina las fronteras entre fotografía, dibujo, grabado y pintura, la exposición y el catálago rescatan a una artista con una mirada fundamental para replantear la interpretación tradicional de la fotografía en España y comprender la cultura visual de la época.
Torres confiesa que conocer las fotos de Matoses, fue como encontrar "un tesorito". Explica que ver la imagen solarizada del Aquelarre de Goya, uno de los cuadros icónicos del Museo Lázaro Galdiano, fue determinante para impulsar esta exposición.
'El Aquelarre de Goya' de Isabel Matoses, 1972.
Maestra de fotógrafos
Matoses dominaba los procesos fotográficos, trataba los negativos de forma casi artesanal y tenía una manera muy personal de entender la fotografía. Estos factores la llevaron a crear uno de los pocos espacios de aprendizaje en el Madrid de los 70: el estudio-escuela Alamillo, del que surgió toda una cantera de fotógrafos y contribuyó a renovar el lenguaje fotográfico en España.
Precisamente instó a sus alumnos a salir a la calle y plasmar las pintadas de la Transición en el año 1976, unas fotos que captan la ebullición política de aquel momento en España mediante los mensajes escritos en los muros.
La creatividad de Matoses desbordaba los soportes habituales, Torres destaca su relación con la moda, no solo fotografiando a modelos, sino también plasmando sus imágenes sobre textiles, una práctica con la que cruzaba al campo de la decoración ahora muy extendida, pero rompedora en su época: "Recuperaba fotografías de prensa y luego las utilizaba en cojines. Se lo encargaba a una empresa y hacía ese tipo de cosas que son ahora muy normales pero entonces eran innovadoras".
Autorretrato de Isabel Matoses.
Matoses tenía la voluntad de hacer arte con la fotografía "más allá de una versión de la realidad". Hacía copias muy grandes como para exponer cuando "ninguno de los fotógrafos que había en España las hacía" como un bodegón intervenido en el estudio con "ampliaciones enormes que luego manipulaba o cambiaba" o incluso impresiones sobre planchas de aluminio. Una técnica, la impresión sobre metal, que la premio nacional de fotografía Isabel Muñoz acaba de usar en su exposición sobre El Escorial.
La comisaria apunta que escribir el texto del catálogo "ha sido complicado" porque la familia de la fotógrafa le ha contado alguna cosa, pero "no hay nada en internet sobre ella", algo "curiosísimo" y asegura que, sin duda, Isabel Matoses es "una apuesta interesante" y la exposición contribuye "a poner en el mapa a una artista que no se conoce como es debido".
Isabel Matoses. La imagen recuperada puede verse en el Museo Lázaro Galdiano del 8 de julio al 6 de septiembre.