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Irán despide al ayatolá Alí Jameneí en un funeral de seis días cuatro meses después de su muerte

  • El líder supremo fue objetivo de los ataques estadounidenses e israelíes al inicio del conflicto en suelo iraní
  • Le sustituyó su hijo mayor, Mojtaba Jameneí, que todavía no ha aparecido en público
Irán despide al ayatolá Ali Jameneí
Un cartel del ayatolá en las calles de Teherán EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

En medio de una tregua difusa con Estados Unidos y cuatro meses después de su muerte, Irán inicia este sábado los actos del funeral de Estado en honor al ayatolá Alí Jamenei, fallecido en febrero en un ataque estadounidense e israelí contra la República Islámica. Las autoridades iraníes han anunciado que será "el mayor acontecimiento nacional", que incluirá distintos actos que se extenderán durante seis días para despedir al que durante 36 años fue el líder más poderoso del país.

El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la muerte de "una de las personas más malvadas de la historia" y, más tarde, fue la televisión iraní quien confirmó la noticia. El ataque, perpetrado en la madrugada del 28 de febrero, coincidió con una reunión de Jamenei con algunos de sus asesores, así que acabó también con parte de la cúpula iraní. Murió el exsecretario del Consejo de Seguridad Nacional (2013-2023), Ali Shamjani, considerado el artífice de la estrategia defensiva iraní, y el comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Mohamed Pakpur.

La Guardia Revolucionaria lamentó el fallecimiento de su líder a manos de "terribles terroristas y exterminadores" y prometió "venganza" por una acción en la que también murieron la hija de Jameneí, su yerno y su nieto. Los actos de homenaje se celebrarán con un acuerdo de paz aún en vigor, bajo el que, sin embargo, se han registrado ataques recíprocos que ponen en riesgo la estabilidad de la región. Paralelamente, y tras una pausa en la ofensiva, esta semana han tenido lugar conversaciones indirectas para avanzar en la aplicación del llamado 'Memorando de entendimiento', con Catar y Pakistán como mediadores.

Los actos coinciden con la celebración de los 250 años de historia de los Estados Unidos.

La incógnita sobre el nuevo líder

El cuerpo de Jameneí yace en una capilla ardiente desde su muerte, que tuvo lugar en las primeras horas de la guerra en Irán, pero su funeral se ha retrasado a causa del conflicto y del desarrollo de unas negociaciones que han permanecido enquistadas meses. Los actos chiíes en honor al exlíder supremo, al que ha sucedido su hijo mayor, Mojtaba Jameneí, comienzan con una despedida pública en Teherán los días 4 y 5 de julio, en los que su féretro recorrerá la calle Damavand, en Teherán, hasta la autopista Shahid Lashkari, pasando por la plaza del imán Husein y la calle Enghelab.

El lunes 6 se celebrará una gran procesión en la capital y el martes la ciudad de Qom acogerá una ceremonia religiosa que se alargará dos días. Por último, el entierro tendrá lugar el 9 de julio en Mashhad, la ciudad santa en la que nació Jameneí el 19 de abril de 1939. La organización, la seguridad y la logística de los eventos están coordinadas por un comité nacional especial. El ministro iraní de Patrimonio Cultural, Reza Salehi Amiri, ha afirmado que se trata de un acontecimiento "nacional" con "espíritu patrimonial", que ensalzará la "memoria e historia contemporánea iraní".

La gran incógnita es si el acontecimiento que prepara la República Islámica servirá también para presentar al mundo a su nuevo líder. Mojtaba Jameneí, elegido como sucesor el 9 de marzo, no ha aparecido aún en público y las autoridades iraníes se reservan la información al respecto. "La información sobre la presencia del líder supremo de la Revolución en esta ceremonia es competencia exclusiva de su oficina", dijo en declaraciones recogidas por Efe el secretario del comité organizador.

La República Islámica ha incrementado las medidas de seguridad y, aunque no ha confirmado la presencia del nuevo líder, ha advertido a EE.UU. e Israel de que cualquier ataque perpetrado durante los días de la ceremonia traerá consigo "una dura represalia". Hace unos días, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó que Mojtaba Jamenei estaba "marcado como objetivo para asesinarle", a lo que el ministro de Exteriores iraní respondió haciendo alusión al acuerdo firmado por Washington y prometió dar "una dura lección" si amenazaban a su pueblo o a sus dirigentes.

Teherán se ha llenado de carteles con el rostro de Alí Jameneí y del nuevo líder y, entre las medidas de seguridad, se prevé el cierre del espacio aéreo en distintas zonas del país. Las celebraciones, que se prevén multitudinarias, son vistas como una suerte de plebiscito al régimen de los ayatolás, que facilitará la asistencia de miles de personas a los actos.

"La gran afluencia de público a la procesión fúnebre del líder mártir [...] otro referéndum para la República Islámica", dijo a los medios estatales el ayatolá Mohammad Saidi, líder de la oración del viernes en Qom, en declaraciones recogidas por Reuters. El Gobierno habilitará pabellones y mezquitas para acoger a quienes se desplacen a los actos, así como medios de transporte ad hoc para los desplazamientos y descuentos de hasta el 50% en hoteles.

Negociaciones en marcha

A mediados de junio, tras más de 100 días de guerra, Washington e Irán acordaron un Memorando de Entendimiento en el que se comprometían a poner fin "de inmediato" a las hostilidades en todos los frentes, así como a reanudar el tráfico en el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el comercio internacional. Sin embargo, aunque el acuerdo sigue en pie, en los últimos días ambos las partes se acusaron mutuamente de incumplir lo pactado e intercambiaron ataques que hicieron hecho peligrar y mucho un débil alto el fuego.

La oleada de ataques comenzó el jueves, cuando las fuerzas iraníes atacaron un carguero en el estrecho de Ormuz, a lo que Washington respondió con bombardeos a depósitos de misiles y drones en territorio persa. Entre acusaciones mutuas, las hostilidades se sucedieron en los siguientes días, hasta que ambos acordaron detener la escalada y reanudar las conversaciones indirectas en Catar. El martes llegaron a Doha los enviados especiales de EE.UU. Steve Witkoff y Jared Kushner y las autoridades cataríes confirmaron "avances" de cara a la implementación del citado memorando.

Además, según Catar, las partes acordaron celebrar la siguiente reunión lo más pronto posible, una vez concluyan los funerales por Jamenei en Irán. No se han producido, sin embargo, conversaciones directas entre Washington e Irán, ya que son los mediadores quienes transmiten los mensajes. El lunes, Trump aseguró que el gobierno iraní había solicitado un encuentro bilateral con el Ejecutivo estadounidense, un anuncio que sacudió el tablero político y que Teherán no tardó en desmentir, aunque sí confirmó que una delegación iraní se iba a desplazar a Doha.

El documento firmado en junio, que incluía 14 puntos, mencionaba asuntos delicados, como el compromiso iraní de no fabricar el arma nuclear o la suspensión de sanciones estadounidenses, pero aplazaba otros para ser abordados en la negociación de un "acuerdo final", que debía estar listo en un plazo de 60 días.

Los 36 años de Jameneí en el poder

La muerte de Alí Jamenei fue una de las grandes promesas cumplidas de Washington. El líder supremo y guía espiritual gobernó Irán durante 36 años, concentrando todo el poder económico y político del país. Sucedió al ayatolá Ruholá Jomeiní en junio de 1989 y, años antes, participó activamente en el derrocamiento del Sha Reza Palevi, que cayó en 1979. A su llegada al poder se le consideraba un líder moderado que apostaba por estrechar lazos con Occidente y acabar con el aislamiento internacional, aunque su mandato estuvo marcado por décadas de represión.

Su palabra era ley y, durante décadas, se aseguró de que ningún grupo dentro del país pudiera desafiar su autoridad. El último gran episodio represivo bajo su mandato se vivió a principios de año, durante una oleada de protestas, principalmente juveniles, que respondió a la crisis económica en el país. El régimen, que culpó a Estados Unidos del estallido de las movilizaciones, respondió con un corte total de internet en el país y con violencia, causando miles de muertos, heridos y detenidos.

Antes, el Gobierno iraní había lidiado de forma parecida con las protestas desatadas en 2022 tras la muerte bajo custodia policial de la joven kurda Masha Amini. Fue detenida por presuntamente no llevar correctamente el velo en un país que persigue y castiga especialmente el comportamiento de las mujeres. Las movilizaciones, calificadas por Jameneí de "anormales" y "planificadas", fueron sofocadas a base de mano dura, con cientos de muertes y miles de detenciones de manifestantes, periodistas y activistas a lo largo del país.

A lo largo de su mandato, su gran enemigo siempre fue Washington, aunque la tensión se incrementó con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025. El gran desencuentro entre ambos giraba (y gira) en torno al programa nuclear iraní que, según EE.UU. persigue la creación de una bomba atómica. La actual Administración Trump presionó durante meses para que Teherán aceptara un nuevo acuerdo sobre este asunto y justificó la guerra iniciada en febrero bajo la premisa de impedir que la República Islámica tuviera un arma nuclear.

Tras su muerte, la elección de su hijo Mojtaba Jameneí se interpretó también como un desafío a Washington, que ha insistido en la necesidad de un cambio de régimen en Irán. Sin cargo oficial hasta ser designado ayatolá, desde marzo nadie le ha visto ni escuchado y su contacto con la población se ha limitado a comunicados leídos en la televisión estatal o publicados en redes sociales. Su ausencia alimenta las especulaciones sobre su estado de salud, ya que se cree que pudo haber resultado herido en el ataque que mató a su padre.