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La epidemia de ébola continúa en el Congo un mes después: lentitud en los diagnósticos y escasez de agua potable

  • Las autoridades han confirmado 192 muertes y 808 casos en las provincias de Ituri, Kibu del Norte y Kibu del Sur
  • La falta de recursos ha obligado a las asociaciones a reducir sus equipos de sensibilización
El ébola sigue haciendo estragos en el Congo un mes  después
Miembros de equipos especializados de respuesta trasladan al depósito de cadáveres el cuerpo de una persona fallecida a causa del ébola en Bunia, Ituri Jospin Mwisha / AFP

La República Democrática del Congo (RDC) y las organizaciones internacionales continúan en la lucha por controlar el brote de la variante Bundibugyo del virus ébola, declarado emergencia de salud pública de importancia internacional por la OMS. Este lunes se cumple un mes desde que se detectasen los primeros casos en la provincia de Ituri, al este del país y limítrofe con Uganda. 31 días después, las autoridades sanitarias congoleñas han informado de 808 casos confirmados y 192 fallecimientos a causa de esta fecha. Una cifra que podría llegar a ser mucho mayor.

En Uganda 19 personas han sido detectadas, 14 de ellos importadas de la RDC, lo que aumenta la preocupación por un virus que, pese a su baja y difícil capacidad de transmisión, está avanzando a una velocidad alarmante. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) han confirmado que este es ya el mayor brote de ébola de Bundibugyo registrado.

Para muchas comunidades del interior de la región, esta epidemia es un ejemplo más de la falta de respuestas por parte del exterior para solventar las emergencias sanitarias. Una situación que, según los expertos, fomenta la desconfianza y la desinformación.

Las cifras oficiales, la punta del iceberg

Médicos sin Fronteras lo tiene claro: las cifras oficiales "solo reflejan una parte de la realidad": "Las pruebas diagnósticas siguen siendo una de las principales debilidades de respuesta", aclara Kate White, coordinadora de MSF en RDC, que explica que muchas comunidades en la región, especialmente las afectadas por la inseguridad provocada por los grupos rebeldes militares, tienen un acceso limitado a estas pruebas. White también apunta que existen importantes retrasos en la recepción de los resultados de laboratorio: "Sin pruebas más rápidas y ampliamente disponibles, será difícil detectar los casos a tiempo para contener el brote".

El rastreo de los contactos es una de las piedras angulares para hacer frente al virus, pero ha sufrido un claro deterioro con respecto al pasado brote de 2018. Por aquel entonces, la cobertura de los rastreos un mes después del inicio del brote era del 79%, frente al 43% de junio de 2026.

A pesar de que Ituri es el principal epicentro de la epidemia y aglomera el 95% de los más de 808 infectados oficiales, las regiones de Kivu del Norte y Kivu del Sur también han detectado 62 y 3 casos, respectivamente. Aunque el número de afectados en estas zonas aún es bajo, el desafío en el diagnóstico es similar. En Kivu Norte solo existe un laboratorio para analizar las pruebas de sangre, denuncia MSF, y la inexistencia de un sistema automatizado para enviar los resultados provoca que los centros sanitarios tarden casi una semana en obtener los resultados.

Además de las dificultades a la hora de detectar estos casos, la situación bélica al este del Congo agrava y dificulta la acción sanitaria. Esta región de la RDC lleva décadas viviendo en medio de conflictos activos contra los grupos rebeldes. En la actualidad, el llamado Movimiento 23 de marzo (M23) opera en gran parte de Kibu Norte y tiene el control de su capital, la ciudad de Goma. La existencia de estas tropas por el territorio ha obligado a la población congoleña a desplazarse constantemente y ha impedido que las respuestas humanas actúen con seguridad.

La desinformación, otra epidemia diferente

La financiación humanitaria está dando la espalda a la RDC. Según la organización Oxfam Intermón, la la ayuda humanitaria destinada al Congo se ha reducido en un 46% en los últimos dos años, de 2.220 millones de euros en 2024 a 1.400 millones en 2026, el nivel más bajo en la última década. Una desescalada monetaria que coincide con el inicio de la segunda etapa de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. En 2025, el líder de la Casa Blanca desmanteló la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el mayor donante de ayuda humanitaria internacional con un 42% de la financiación total.

Además, las organizaciones locales han recibido menos del 6% de la financiación humanitaria reciente, a pesar de ser las principales responsables de la respuesta a los brotes.

Esta reducción de los recursos afecta a los equipos de protección, a las instalaciones de saneamiento y a las infraestructuras de agua potable. Además, ha llevado a las organizaciones humanitarias a disminuir sus operaciones. Concretamente, les ha obligado a reducir los equipos comunitarios de sensibilización, eliminando un pilar fundamental de la respuesta. Su misión es informar y educar a la población en la región, y su ausencia potencia el miedo y la desconfianza de los congoleños.

"El miedo y la desinformación pueden acelerar el riesgo de transmisión al disuadir a las familias de buscar atención médica, cooperar con el rastreo de contactos o informar de los síntomas a tiempo", explica Greg Ramm, director de Save the Children en la RDC. Freederic Lai Manantsoa, coordinador de emergencias de MSF en el Congo, afirma que para luchar contra esta otra cepa, la de la falta de confianza de los locales, es necesario "escuchar las preocupaciones de los ciudadanos, permitiendo que participen en el diseño de la respuesta".

El acceso a agua potable

A pesar de que el virus del ébola no se transmite por el aire, por el agua ni por el simple contacto casual, el acceso al agua potable y su adecuado abastecimiento son las primeras líneas de defensa para luchar contra la cepa, ya que permiten mantener una higiene y una desinfección adecuadas. Además, ayuda a la rehidratación de los pacientes.

Sin embargo, los datos de Oxfam señalan que solo uno de cada cinco centros de salud en Ituri tiene acceso suficiente a agua potable. Particularmente, señalan el caso de la ciudad de Mongbwalo, de casi 140.000 habitantes, en la que solo el 20% de la población tiene acceso a agua potable, mientras que el 25% dispone de infraestructura funcional de saneamiento e higiene.

"El agua simplemente no está disponible aquí", protesta Manel Rebordosa, coordinador de Respuesta de Oxfam Intermón en la provincia de Ituri. "Veinte litros de agua limpia cuestan dos dólares, algo por encima de las posibilidades de la mayoría de las familias".

Los estragos de las infraestructuras sanitarias

Desde 1976, el Congo ha sufrido 16 epidemias de ébola. Sin embargo, una de las principales diferencias de este brote con respecto a otros anteriores, como el de 2018, es que no existe aún ninguna vacuna autorizada ni un tratamiento aprobado para esta cepa particular, la Bundibugyo.

Los escasos recursos de salud y el colapso en las infraestructuras han lastrado durante un mes la contención del virus y la identificación de infecciones con la rapidez necesaria. Según el Banco Mundial, encargado de otorgar préstamos apalancados a países en desarrollo, la RDC cuenta aproximadamente con 0,2 médicos por cada 1.000 habitantes.

Oxfam denuncia que el conflicto bélico entre el M23 y las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) ha dejado tras de sí más de 70 centros de salud destruidos o parcialmente dañados en Kibu del Norte, un 6% del total.

Varios niños en el campamento de Kigonze para personas desplazadas internas, situado en las afueras de Bunia, en Ituri Xinhua / Xinhua News / Europa Press / ContactoPhoto Xinhua / Europa Press / ContactoPhoto

La infancia, principal víctima de la epidemia

Otra de las desgracias de esta pandemia es cómo ha repercutido en los menores. Save the Children ha publicado esta semana un informe basado en datos de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades, en el que denuncia la muerte de 19 niños a causa del ébola, además de 52 casos confirmados desde la declaración del brote el pasado 15 de mayo. 16 de ellos eran bebés o niños pequeños

La organización señala que los niños menores de 14 años tienen más del doble de probabilidades de morir tras contraer la enfermedad que los pacientes de mayor edad, debido a que suelen empeorar "más rápidamente" al infectarse.

La muerte no es la única amenaza para la infancia en una epidemia de este tipo. Existen otras consecuencias secundarias, como la separación familiar, las consecuencias psicológicas o el abandono escolar.

A pesar de todo, Lai Manantsoa asegura que "este brote aún puede controlarse, aunque la ventana de oportunidad se estreche". Para ello, exige reforzar el diagnóstico, la vigilancia, el acceso a la atención sanitaria y la participación sanitaria. Medidas que pretenden solventar la grave situación de un país al que han dado la espalda.