Pescadores de hombres: el 95% de los barcos de Arguineguín ha participado en el rescate de cayucos con inmigrantes
- Jesús Vega, patrón mayor de la cofradía de pescadores, asegura que "hay que ayudar siempre"
- León XIV visita Arguineguín, la "Lampedusa" canaria, para cumplir el deseo del papa Francisco
La cofradía de pescadores de Arguineguín, formada por 37 embarcaciones, está íntimamente ligada al rescate de inmigrantes que buscan llegar a Europa por la ruta canaria. En el año 2020 se llegaron a concentrar 4.000 personas en lo que el mundo conoció como "el muelle de la vergüenza". Este jueves, otras 4.000 personas han recibido en el mismo lugar al papa León XIV que lo ha rebautizado como "el puerto de la esperanza".
RTVE Noticias, siguiendo las huellas del pontífice, ha llegado hasta este rincón de acogida para escuchar al patrón mayor de la cofradía de pescadores, a Jesús Vega Medina.
Jesús es un hombre que entiende que el mar no solo da la vida sino que, a veces, con una crueldad metódica, intenta arrebatarla. Es la cabeza visible de los 37 barcos que forman una vanguardia de humanidad en la ruta migratoria más peligrosa del mundo.
"Hay que ayudar siempre"
Para los pescadores de esta cofradía, rescatar no es una opción, es un imperativo moral que a veces choca con la supervivencia económica. Jesús es claro: "Hemos parado varias veces de pescar para rescatar personas".
Detener un barco en plena faena, con el pescado ya localizado bajo el casco, significa perder el jornal de toda una tripulación de siete hombres.
Algunos de los barcos pesqueros de Arguineguín amarrados a puerto. SANTI RIESCO
"Incluso hemos dejado el pescado que tenemos debajo del barco para socorrer a una patera", relata con una honestidad que desarma cualquier discurso de oficina.
En un mundo donde un pescador puede ganar 2.000 euros al mes si el año es bueno, o apenas sobrevivir con 10.000 euros al año si la suerte le da la espalda, cada minuto dedicado al rescate es un sacrificio tangible.
"Somos los ojos de la mar"
La pericia de estos profesionales es el primer eslabón de una cadena de supervivencia que rara vez recibe el crédito que merece. Según los datos que maneja la cofradía, cerca del 65% de las embarcaciones que llegan a Canarias son localizadas o situadas inicialmente por los pescadores. Son ellos quienes, a través del canal 16, contactan con Tráfico para dar las coordenadas precisas a Salvamento Marítimo.
Salvamento Marítimo cuenta con dos embarcaciones operando con base en Arguineguín. SANTI RIESCO
"Todo el mundo no está capacitado para eso", afirma Jesús. Un navegante de recreo puede ver una mancha en el agua, pero un pescador profesional sabe leer las dimensiones, el estado de la neumática y la urgencia del momento.
Hace apenas mes y medio, el propio Jesús localizó una embarcación con 68 personas a bordo a unas 30 millas de la costa. Con sus prismáticos, evaluó la situación: no estaban achicando agua, una señal de esperanza en medio del drama.
"Nadie está preparado para eso"
El encuentro en mitad del océano es una escena que ninguna experiencia previa logra suavizar. "Es duro porque nadie en esta vida está preparado para ver a una persona deshidratada a punto de morirse", lamenta el patrón.
Ver niños y mujeres vulnerables en un cayuco frágil, entregados a la merced de las corrientes, es una imagen que impresiona incluso a quienes llevan décadas faenando.
La ética del mar es innegociable para este patrón mayor. Frente a los discursos de odio que a veces lee en redes sociales, Jesús Vega se mantiene firme en la ley del ser humano. "Si no ayudas a salvar la vida de la gente, te conviertes en un asesino sin más", sentencia con rotundidad. Para él, no hay nacionalidad ni color de piel que valga más que una vida en riesgo.
De hecho, en su propia embarcación trabajan tres marineros senegaleses. Ellos son su puente idiomático y cultural cuando se acercan a un rescate. "Esté tranquilo que la Salvamar ya viene", les dicen sus marineros desde la cubierta, calmando el pánico de quienes creen que el fin está cerca.
"Lo de 2020 fue una cosa exagerada"
El recuerdo del año 2020 todavía escuece en Arguineguín. Jesús recuerda cómo el pueblo se volcó cuando miles de personas quedaron atrapadas en el muelle en condiciones indignas. "Fue una cosa exagerada", dice, recordando a las cerca de 4.000 personas que caminaban por el pueblo buscando un poco de humanidad.
En aquel entonces, las Salvamares no daban abasto y los pescadores se convirtieron en el refuerzo necesario e invisible. Jesús critica a quienes hablan desde la comodidad de un despacho sin haber sentido el miedo de un rescate fallido.
"Hay que verse en la posición para después reaccionar", insiste, recordando que incluso los profesionales de salvamento sufren secuelas psicológicas tras ver cómo el mar se traga a alguien a quien intentaban dar la mano.
"Somos pescadores profesionales"
Jesús se siente orgulloso de su pueblo y de sus compañeros. El 95% de los barcos de su cofradía han participado activamente en algún rescate. Es una estadística de solidaridad que supera cualquier expectativa oficial.
Han aprendido a base de golpes, de errores y de una experiencia acumulada que hoy les permite gestionar estas situaciones con una eficacia que salva vidas a diario.
Sede de la cofradía de pescadores, este jueves tras la visita del papa, en el puerto de Arguineguín. SANTI RIESCO
Incluso en los gestos más sencillos se nota esa maestría. Jesús recuerda cómo en su último rescate amarraron cuatro garrafas de agua y, calculando la marea y el viento con precisión quirúrgica, las lanzaron al mar. "Las garrafas fueron derecho a ellos, bebieron agua, estuvieron todos tranquilos", relata con satisfacción.
Para él, esa jornada de trabajo ya está ganada, aunque no haya capturado un solo atún: "No la ganamos en dinero, pero sí la ganamos a veces en salud".
Pescadores de hombres
El día a día de un pescador de Arguineguín es una apuesta contra el horizonte. "Sabemos cuándo salimos [de puerto], pero no sabemos cuándo entramos", explica Jesús con la sencillez de quien ha aceptado la incertidumbre como compañera de viaje.
Su jornada empieza con el estudio de los partes meteorológicos y la búsqueda del cebo vivo, un ciclo que puede mantenerlos fuera de casa entre 12 y 14 días seguidos.
Es una vida de ausencias. Lo más duro, confiesa el patrón mayor, no es el esfuerzo físico ni la furia de una marejada, sino la distancia con la familia y los hijos. Y en medio de esa soledad necesaria para llenar las bodegas aparece la otra realidad de la que todo el mundo habla pero que ellos viven en el silencio de la alta mar.
"Nadie sale por gusto"
El patrón mayor termina su relato con una reflexión que resuena en las palabras que el papa León XIV ha pronunciado hoy en el muelle. "Nadie se va de su país por gusto", afirma Jesús, recordando que todos tenemos algún antepasado que tuvo que buscarse la vida lejos de su hogar.
Es un ciclo de necesidad que los gobiernos deben afrontar desde la raíz para que nadie tenga que confiar su vida a una patera en mal estado.
Mientras la comitiva papal se aleja y el silencio solemne de la ofrenda floral empieza a disolverse entre el ruido cotidiano del puerto, los pescadores de Arguineguín se preparan para otra noche en el abismo.
Volverán a mirar los partes, a despedirse de sus hijos y a navegar hacia esa línea donde el cielo se junta con el agua, sabiendo que, en cualquier momento, tendrán que volver a ser los pescadores de hombres que el mar les obliga a ser.
Poca presencia de los pescadores en la visita del papa
Los pescadores lamentan la escasa representación oficial durante el acto con el papa León XIV en el puerto de Arguineguín. Sólo ha habido tres invitaciones para la cofradía, a pesar de su labor crucial rescatando vidas humanas. Jesús Vega critica que se les relegara al final del muelle, ignorando a quienes realmente conocen el drama diario de la ruta atlántica.
La comunidad pesquera de Arguineguín esperaba un mayor reconocimiento público. Denuncian que los despachos desconocen la realidad de alta mar y la entrega de sus tripulaciones. Para el patrón mayor, la verdadera visibilidad del invisible requiere contar con quienes ponen en riesgo sus propias capturas.