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Una investigación revela que milicianos de Al Asad viven en Suecia y han obtenido la ciudadanía o la residencia

  • Son más de una docena de milicianos y funcionarios de seguridad sirios acusados de crímenes con el régimen de Asad
  • Han sido identificados por reporteros del programa de investigación Kaliber de la Radio Sueca
Silueta de una persona con una pierna amputada, caminando con muletas por una puerta enrejada de un edificio en ruinas. Atmósfera sombría.
SR (Radio Sueca) / Pilar Requena

Un grupo de milicianos del régimen del antiguo dictador sirio vive actualmente en Suecia, donde han obtenido la residencia o la ciudadanía sueca y algunos disfrutan de prestaciones sociales. Los periodistas de investigación de SR, la radio pública sueca, han localizado también en Siria a uno de los torturadores más conocidos de las prisiones sirias. Vive en libertad en la capital, Damasco, a la espera de una decisión sobre su solicitud de residencia en Suecia.

Los reporteros de la radio sueca han conseguido identificarlos gracias a fuentes policiales y de los servicios de inteligencia de su país y de Siria, al seguimiento de sus actividades en las redes sociales, la información sobre el terreno en Suecia y Damasco y a los testimonios de antiguos presos. Los periodistas han localizado a un grupo de 15 antiguos combatientes, funcionarios de seguridad o miembros de milicias, vinculadas a crímenes de guerra contra la población civil, torturas, violaciones y asesinatos sistemáticos. Fueron cometidos durante el asedio de Yarmouk o en el interior de las prisiones más terribles del régimen de Asad, que cayó en diciembre de 2024 tras una cruenta guerra civil que provocó más de medio millón de muertos y millones de refugiados y desplazados.

Algunos torturadores niegan las acusaciones

Ibrahim (nombre real, apellido oculto) vive en Damasco y ha solicitado la residencia en Suecia. Según antiguos presos y fuentes de los servicios de inteligencia sirios, que confirmaron su identidad a SR, desempeñó un papel destacado en los asesinatos sistemáticos dentro de las prisiones del régimen de Asad, como la Sección 235, también conocida como la Rama Palestina, y la infame prisión de Sednaya.

“Violó, torturó y mató”, asegura Rania, que estuvo encarcelada durante más de doce años bajo la dictadura de Asad, incluso en la Rama Palestina. “Era el mayor verdugo de la prisión”. Cuando el periodista sueco le mostró una fotografía de Ibrahim, le reconoció como el hombre que le echó ácido y que disparó a su hermano delante de ella. Otro antiguo preso también confirmó que había sido torturado por Ibrahim en la tristemente célebre prisión de Sednaya. Fuentes de los servicios de inteligencia sirios confirmaron que también estuvo activo en esa cárcel.

Oleada de violencia entre las fuerzas de seguridad sirias y los insurgentes leales al exdictador Bachar al Asad

Miembros de las fuerzas de seguridad sirias patrullan una calle de la localidad de Jableh, a 25 km al sur de Latakia Moawia Atrash / DPA via Europa Press

Cuando los periodistas de SR le preguntaron y le mostraron su fotografía, Ibrahim negó que fuera él el que aparecía en la imagen. “Pero es la foto de su pasaporte”, le dice el periodista. “¿La foto de mi pasaporte?”, pregunta y acaba reconociendo que sí, que es él, pero niega ser el autor de los terribles crímenes que señalan sus víctimas. “Me han tratado injustamente, porque se trata de denuncias falsas y malintencionadas, soy un civil”, asegura cuando los periodistas le indican que varias personas le están señalando y diciendo cosas terribles sobre él.

El reportero de la Radio Sueca le filmó caminando libremente por Damasco, pero Ibrahim consiguió escabullirse entre los callejones del casco antiguo de la capital siria. Cuando las autoridades sirias tuvieron conocimiento de las investigaciones de SR, emitieron una orden de búsqueda contra él.

La investigación de SR también ha sacado a la luz a otros 15 milicianos del régimen de Asad que cometieron delitos graves en Siria. Varios de ellos han tenido acceso a los servicios sociales suecos, incluyendo un programa de empleo público y un seguro. Nassar (nombre ficticio) era miembro del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea Siria, una de las unidades más temidas del aparato de seguridad de Asad. Se cree que estuvo implicado en secuestros y ejecuciones durante la dictadura, incluido el internamiento de dos miembros de su propia familia. Nassar obtuvo un permiso de residencia sueco y encontró trabajo a través de un programa de inserción laboral, del Servicio Público de Empleo de Suecia, como auxiliar de guardería en un centro de educación infantil. Él también niega ser autor de esos delitos.

Otro miliciano, Jamal (nombre ficticio), está vinculado al secuestro de varias personas en Yarmouk, un barrio de Damasco que fue escenario de intensos combates. Entre sus víctimas se encontraban Khalid y dos de sus amigos. Khalid relató que fue liberado después de que su familia pagara un rescate, pero que nunca más volvió a ver a sus amigos. Jamal, conocido en su país como un peligroso líder de la milicia, llegó a Suecia en 2015 y solicitó asilo. Ahora vive en una pequeña localidad sueca y publica fotos en redes sociales de la playa y de fiestas. Ha participado en un programa de integración y trabaja en un restaurante de comida rápida. En su día fue condenado por morder a un agente de policía sueco. Él mismo afirmó en un interrogatorio de la policía sueca que su familia era cercana a la familia Asad, pero ha negado por escrito las acusaciones de la radio sueca, que ha conseguido fotos de Jamal en uniforme y con armas.

Siria sufre el peor estallido de violencia desde la caída de Al Asad con más de 1.000 muertos

Siria sufre el peor estallido de violencia desde la caída de Al Asad con más de 1.000 muertos Moawia Atrash/dpa

Recientemente, un antiguo miliciano de Yarmouk fue condenado a cadena perpetua por graves violaciones del derecho internacional por el Tribunal de Distrito de Solna, en la capital sueca, Estocolmo. Pero Reena Devgun, fiscal especializada en crímenes de guerra, señala que es difícil demostrar los delitos que tuvieron lugar en Siria. “Se trata de delitos cometidos en el extranjero. Muy a menudo, no se dispone de testigos en Suecia. Hay que demostrar los actos delictivos que se cometieron allí y en aquel momento, lo cual supone un verdadero reto, pero seguimos trabajando en ello”, explica.

Las actuales autoridades sirias, dispuestas a colaborar

Tras la investigación de SR, las autoridades sirias se han ofrecido a colaborar con las autoridades suecas y de otros países europeos en sus investigaciones para enjuiciar a los criminales de guerra que han conseguido escapar y ahora viven fuera de Siria, algunos en Europa. “Todo lo que nos soliciten las autoridades de Suecia o de otros países europeos”, afirma el portavoz del Ministerio del Interior sirio, Nour Al-Din Al-Baba, “ya sea para localizar a los delincuentes implicados en abusos o para rastrear lo que se sospecha que son células que amenacen la estabilidad de Europa, especialmente en Suecia, estamos totalmente dispuestos a cooperar y a facilitar el intercambio de información y una estrecha coordinación”. Y añade que disponen “de una parte considerable, y en gran medida intacta, de los archivos del régimen derrocado, especialmente de materiales relacionados con los departamentos de seguridad y de las unidades militares. Estamos utilizando estos archivos para localizar y enjuiciar a las personas implicadas en abusos y delitos contra el pueblo sirio”.

El ministro de Migración de Suecia, Johan Forssell, tras la investigación de la radio sueca que ha descubierto a este grupo de criminales sirios, reconoce que “esto demuestra por qué es tan importante endurecer los requisitos para obtener la ciudadanía sueca. En este caso, se ha concedido la ciudadanía sin los controles de seguridad suficientes, sin ningún requisito real. Y como Gobierno, también queremos introducir la posibilidad, en ciertos casos específicos, de poder revocar la ciudadanía sueca”. Señala que quiere ser prudente porque “se trata de una parte muy pequeña de los sirios que han llegado a Suecia los que entran en esa categoría”. “La gran mayoría son personas honradas y solidarias, y constituyen una parte valiosa de nuestro país”, afirma. Eso sí, asegura que “para el pequeño grupo que ha cometido delitos o que es peligroso, la legislación debe ser muy clara. En ese caso, no deberían estar en Suecia, deberían ser deportados y tenemos la intención de asegurarnos de que eso suceda”.