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Dalal tiene apenas dos años, pero ya ha experimentado la crudeza de la guerra en su propia piel. Esta niña siria sobrevivió a un incendio que tuvo lugar a principios de año en el campo de refugiados en el que vivía junto a su familia.

Las severas quemaduras en su cuerpo y los graves daños en sus pulmones y garganta pronosticaban un final trágico para ella. Finalmente, los fondos recaudados por un grupo de donantes privados junto a algunas organizaciones benéficas le han brindado una segunda oportunidad.

Sus manos tuvieron que ser amputadas. Ha perdido los párpados, la nariz, las orejas y los labios. Su hermana mayor, Yasmin, falleció mientras trataba de protegerla del fuego. Ahora, esta familia siria golpeada por la tragedia recibe su primera buena noticia en mucho tiempo: después de seis meses, ha podido reencontrarse con la pequeña en Turquía, donde ha sido sometida a varias operaciones.

A Dalal le esperan años de tratamientos y recuperación. Una víctima más del conflicto sirio, que ha matado a casi medio millón de personas y ha desplazado a la mitad de los 23 millones de habitantes del país.
 

Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han bombardeado en la madrugada de este lunes a milicias apoyadas por Irán en zonas fronterizas entre Siria e Irak. Siria ha informado de la muerte de un menor a consecuencia de los ataques y las propias milicias han reconocido bajas, sin precisar su número.

Según el Pentágono, el presidente Joe Biden ha ordenado que las fuerzas estadounidenses lleven a cabo bombardeos "de precisión" de carácter defensivo contra instalaciones de grupos armados respaldados por Teherán.

Los ataques aéreos se han dirigido hacia centros de almacenamiento de armas y de operaciones, dos de ellos en Siria y uno en Irak. EE.UU. acusa a esas milicias, entre ellas las iraquíes Kataeb Hizbulá y Kataeb Said al Shuhadá, de lanzar ataques con drones contra posiciones y soldados estadounidenses en Irak.

Foto: miembros de una milicia iraquí apoyada por Irán. Foto: AHMAD AL-RUBAYE / AFP

Siria celebra este miércoles elecciones presidenciales, con el presidente Bachar Al Asad prácticamente sin oposición. Lleva más de veinte años en el poder, la mitad en guerra. Estas elecciones se celebran con requisitos muy restrictivos: solo se celebran en las zonas bajo control del régimen, es decir, dos terceras partes del país. No podrán votar los que viven en zona bajo control kurdo ni los que están en la provincia Idlib, el último bastión rebelde. Tampoco los millones de refugiados ni los desplazados forzosos, que no tienen asignados centros de votación por el Gobierno. La Unión Europea y Estados Unidos no las reconocen, las consideran un simulacro.

Siria celebra elecciones presidenciales este miércoles. Las últimas fueron hace siete años, tres después de comenzar la guerra civil, y Al Asad obtuvo la inmensa mayoría de los votos. Hoy, con el conflicto todavía vivo en algunas zonas del país, el resultado podría ser similar. Apenas se han permitido candidaturas opositoras y los refugiados no podrán votar.

Noticia Documentos TV 

  • Documentos TV entra en cárceles y campos donde están detenidos, en un limbo legal, los terroristas del Daesh y sus familias
  • Hablamos con varios de estos yihadistas, entre ellos dos mujeres españolas
  • El documental da voz también a las víctimas de los terroristas yihadistas, como las esclavas sexuales yazidíes
  • Ya puedes ver "El legado del califato" en RTVE.es y a las 23.55 en La 2 de TVE

Según la ONU, la guerra en Siria ha provocado que más de cinco millones y medio de personas abandonen el país. España ha acogido a unos 3.000 sirios. La Comisión de Ayuda al Refugiado critica que España solo aprobó el 5% de las solicitudes de asilo presentadas en 2020 por desplazados de todo el mundo. Una tasa muy por debajo de la media europea. Amnistía Internacional pide que se reforme la acogida para que sea más integradora.

Terminamos hoy nuestra serie de reportajes dedicados a una década de conflicto en Siria... Hoy miramos a Idlib, el último bastión de los rebeldes en el noroeste de Siria. Centenares de miles de ciudadanos que huyeron de los combates malviven en la región, muchos de ellos mujeres y niños, hacinados en campos de refugiados en condiciones muy precarias. En el pasado mes de febrero, su situación se deterioró todavía más con unas inundaciones... Nos lo recuerda en este reportaje nuestra corresponsal en Oriente Próximo, Cristina Sánchez.

En 24 horas de RNE nos sumamos a la programación especial de Radio Nacional para recordar que la guerra de Siria se extiende ya una década. Comenzó en 2011, de una mecha que surgió en la estela de las primaveras árabes. Y, diez años después, las consecuencias de ese clamor que se volvió guerra civil son incontables. Esta guerra, que todavía no ha terminado, causó el mayor movimiento de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que unos seis millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares. Tras la crisis humanitaria que sacudió a Europa, más de la mitad quedaron bloqueados en Turquía, como consecuencia del acuerdo firmado entre ese país y la Unión Europea. Otros consiguieron cruzar de continente y algunos siguen varados en condiciones deleznables en las fronteras de los distintos países de la ruta: Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría, Austria... Los hay que todavía se aventuran en la peligrosísima ruta del norte de África para conseguir llegar a Europa, donde Alemania se convirtió en una especie de tierra prometida. Dos de los países con mayor potencia bélica se implicaron en esta batalla: Rusia, que respalda al régimen de Al Asad; y Turquía, que ampara a los llamados rebeldes.

Es difícil resumir en 20 minutos las claves y la situación actual de una guerra que ha removido los cimientos de Oriente y de Europa en varios sentidos, pero vamos a intentarlo con los corresponsales de Radio Nacional para Oriente Próximo, Cristina Sánchez, la enviada especial a Turquía, Aurora Moreno, corresponsal en Berlín, Gabriel Herrero, en Washington, y en Moscú, Erika Reija.

Un muro de hormigón de dos metros de ancho y tres de alto rematado con alambres de púas que se extiende a lo largo de los 764 kilómetros divide la frontera entre Turquía y Siria en Karkemish e impide cualquier intento ilegal de entrar a Turquía. Aquí recuerdan muy bien cómo intentaban escapar los refugiados sirios de la guerra y del Estado Islámico. “Los que llegaban legamente estaban en la miseria”, cuenta la propietaria de una cafetería, “muchos se caían al río Éufrates”. “Primeros nos abrieron sus casas” recuerda Mohan que ahora se ha instalado en Karkemish y huyó de Siria después de que el Estado Islámico matara a varios de sus primos.

Los enviados especiales de RNE Aurora Moreno y Rubén Fernández están en el puesto fronterizo de Karkemish, entre Siria y Turquía.

En pleno siglo XXI el mundo asiste hoy al décimo aniversario de una guerra sin visos de terminar, compleja y salvaje. Naciones Unidas ha denunciado crímenes contra la humanidad de los dos bandos en Siria.

El país, aunque dirigido todavía por Bachar Al Asad, está dividido en zonas de influencia exterior. Hoy se conmemora el inicio de las protestas populares inicialmente pacíficas y la brutalidad con la que fueron reprimidas. En los años posteriores la guerra se fue librando a múltiples bandas: Rusia, Irán, Turquía, EE.UU., Daesh, las fuerzas kurdas... con una principal víctima: la población civil, que fue asediada, masacrada, forzada a huir, detenida, torturada y atacada con armas químicas.

Los menores de 10 años no han conocido la paz. El presidente rechaza toda solución política, sostenido por Moscú y Teherán. Las víctimas buscan justicia.

Wedad Salloum llegó hace unos años a Alemania desde Jordania. Ella forma parte de ese colectivo de gente que pertenecía a la clase media ilustrada y acomodada de Siria que salió del país de forma muy distinta a la de la mayoría. Le ha contado a Gabriel Herrero, nuestro corresponsal en Berlín, que no se siente refugiada: “Soy una persona que ha tenido un nuevo comienzo”. Eso sí, ha sido un comienzo duro, porque no ha podido ejercer su profesión y lucha para que su hija, que sigue en Jordania, se encuentre con ella. Aunque se siente totalmente integrada en la sociedad alemana, cuenta que piensa constantemente en Siria: “Nuestra cabeza y nuestro corazón siguen allí. Si comemos pensamos en la gente que no puede tener comida. Esta es realmente la realidad de nuestra vida”.

Abdulahad Younes tiene 27 años. Vive en un piso compartido en Roma y confía en poder convalidar el título de odontólogo que obtuvo en Siria y poder trabajar y vivir con independencia cuanto antes. Llegó a Italia gracias al trabajo de una ONG cuando la guerra ya estaba en Alepo. Ahora habla todos los días con su familia, pero sabe que no podrá volver a Siria. “Con esta guerra es muy difícil” le cuenta a nuestro corresponsal Jordi Barcia. Relata que la situación que viven sus padres es terrible “Cuando van a comprar, no saben si encontrarán lo que necesitan”.

Yazan Doudedari, odontólogo, cuenta que huyó de Alepo cuando el régimen de Bachar al Assad comenzó a represaliar a todos los que trabajaban con ONG que proporcionaban ayuda humanitaria al país. Tras pasar por Turquía y Egipto llegó a Reino Unido, donde intenta trabajar por la recuperación de su país. Sueña con volver a Siria, pero sabe que no es real: “Me gustaría volver, pero ahora no es seguro” le ha contado a nuestra corresponsal, Sara Alonso. “No puedo regresar a un país que tiene un gobierno criminal. Si vuelvo ahora, me matarían”, concluye.

En el décimo aniversario del comienzo de la guerra de SiriaLas mañanas de RNE con Íñigo Alfonso se vuelca con el análisis del que ya es el peor conflicto internacional del siglo XXI. Abordamos la crisis humanitaria con Francico Otero, coordinador general de Médicos sin Fronteras en este país, además, conectamos con Aurora Moreno, enviada especial a la frontera con Turquía. Los corresponsales de RNE en Oriente Medio y Reino Unido repasan la geopolítica del conflicto y no nos olvidamos del incalculable valor del patrimonio histórico y cultural sirio. Además, nos visitan Leila Nachawati, Profesora de Comunicación en la Universidad Carlos III, especialista en oriente próximo y autora de la novela "Cuando la revolución termine", sobre los procesos revolucionarios de 2011, y Gabriel Garroum Pla, investigador doctorado en el departamento de Estudios de La Guerra en el King´s College de Londres.

Hassan tiene 27 años y abandonó Siria en 2012 huyendo de la guerra. "Me fui porque no quería ni morir ni matar a nadie". Ha pasado por Líbano, Turquía, Grecia, Francia y Suiza, y desde hace unos años vive en Sevilla. "Ha sido un viaje de casi diez años que me ha enseñado muchísimo", cuenta Hassan, que confiesa que le gustaría volver a Siria cuando no haya guerra para reconstruir su país. Además, sueña con ser actor como su ídolo, Antonio Banderas. "De momento estoy un poco lejos, pero no importa, es un nuevo reto para mí".

Hoy se cumple el décimo aniversario del comienzo de una serie de protestas que devinieron en peor conflicto internacional del siglo XXI: diez años desde que esos primeros manifestantes fueron violentamente reprimidos por el régimen de Bachar al Assad, en lo que fue el inicio de la guerra de Siria. Francico Otero, coordinador general de Médicos sin Fronteras en este país, ha hablado en Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso sobre la "dramática" situación que vive la población siria, con millones de desplazados viviendo en campos "en condiciones extremas", y castigados, todavía más, por la pandemia. Otero también ha llamado la atención sobre la inacción de la comunidad internacional para que pueda ponerse fin a un conflico que está afectando también psicológicamente a la población civil, que después de diez años huyendo de los combates y que "hoy día no tienen una perspectiva de futuro". El cooperante ha asegurado que, pese a la complicada situación, y al "riesgo" que asumen desde su organización, no se han planteado abandonar el país.