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Con un apoyo mayoritario, un joven Bashar Al Assad llegaba al poder hace 20 años. Junto a su esposa, pretendía dar un aire nuevo a la Siria que heredaba de su padre. Hasta que llegaron las protestas sociales de 2011, aplastadas contundentemente. Las revueltas degeneraron en una guerra civil cruenta que ha dejado casi 400.000 muertos y millones de desplazados. En medio del caos, el Daesh llegó a controlar buena parte del territorio.

Bashar al-Ásad es el único dirigente que queda tras la primavera árabe. Llegó al poder hace dos décadas tras la muerte en accidente de su hermano, bajo promesas de cambio y esperanza que se han convertido en una guerra interminable que ha destrozado la región. En 2011 decidió reprimir las movilizaciones populares que enfrió la primavera. 20 años después de su toma de posesión gestiona, con el apoyo de Rusia e Irán, un país en ruinas, en el que la mitad de la población ha huído de sus hogares y sumido en una gran crisis económica. Lo cuenta Cristina Sánchez, corresponsal.

El presidente sirio, Bachar al Asad, ha destituido este jueves por sorpresa al primer ministro, Imad Khamis. El cese se produce cuando el país, destrozado por una guerra civil desde 2011, vive una de las peores crisis económicas.

Khamis, que ocupaba el cargo desde junio de 2016, será sustituido por el ministro de Recursos Hídricos, Husein Arnous. 

Khamis es apartado de su cargo días después de que inaugurara la primera sesión parlamentaria tras un receso de la Asamblea por la pandemia, y en un momento en el que Siria vive una de sus peores crisis económicas por el colapso de la moneda local, la libra siria.

Esta situación ha dado lugar a manifestaciones en contra del Gobierno en la ciudad de Al Sueida, las más destacadas desde la revuelta popular de 2011 que degeneró posteriormente en un conflicto armado.

Según fuentes no oficiales, citadas por Efe, el país registra una inflación del 50%, después de nueve años de guerra y el agravamiento desde finales de 2019 de la situación económica en Líbano, hasta ahora una válvula de escape para la economía siria, que ha provocado protestas en el país vecino.

Los líderes de los 27 estados miembros de la Unión Europea acordaron este jueves la puesta en marcha un fondo de recuperación para relanzar la economía del continente tras la pandemia, pero dejaron para más adelante la estructura del mecanismo. Lo analizamos en este programa, donde hablamos además del nuevo tablero geopolítico después de la pandemia, con el analista Lucas Martín, y repasamos la evolución de la COVID-19 en países como Estados Unidos o el Reino Unido. También tratamos del inicio del Ramadán en el mundo musulmán, y del inicio en Alemania del proceso contra Anwar Raslan, que fue el alto cargo de los servicios secretos sirios. Se trata del primer juicio del mundo por crímenes de lesa humanidad contra miembros del régimen del presidente de Siria Bachar al Asad.

Los tres ataques investigados por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas se produjeron en marzo de 2017 en el oeste de Siria. Según las conclusiones del informe, tres aviones del ejército de Bachar Al Asad habrían disparado proyectiles con gas sarín y cloro contra tres localizaciones, entre las que se encontraría un hospital. Damasco y Rusia, principal aliado de Al Asad, siempre han negado el uso de armas químicas en la zona.

Siria ha entrado en este mes de marzo en su décimo año de conflicto. Desde las iniciales revueltas populares contra el régimen de Bachar Al-Asad en 2011, centenares de miles de personas han muerto y decenas de miles están desaparecidos. La guerra siria provocó también una de las peores crisis humanitarias del siglo, con varios millones de mujeres y hombres, niños y ancianos, que tuvieron que huir del país. Nos recuerda lo transcurrido en el conflicto nuestra corresponsal en Oriente Próximo Cristina Sánchez.

Acuerdo al que han llegado los dos países en Moscú para frenar las hostilidades en la zona siria recoge tres puntos:

- El cese de las hostilidades a partir de esta media noche en la zona.

- La creación de un corredor de seguridad.

Patrullas conjuntas rusas y turcas desde el 15 de marzo.

Erdogan logra frenar la ofensiva de las tropas progubernamentales y Rusia, que éstas no tengan que replegarse de lo avanzado. Un millón de personas desplazadas siguen hacinadas en tiendas de campaña o a la intemperie a lo largo de la frontera turca que permanece cerrada. Informa la corresponsal de Oriente Próximo, Cristina Sánchez. 

Los migrantes sirios que han llegado a la isla de Lesbos en los últimos días van a ser trasladados a un centro de internamiento en el norte de Grecia. Esto se debe a que el campo de refugiados de Moria, el mayor de Europa, está desbordado. Las 20.000 personas que viven en él lo hacen hacinadas y en condiciones infrahumanas, bajo plásticos y rodeados de basura. La inseguridad marca la vida en el campo con robos, apuñalamientos y violencia sexual. A esto se suman la falta de comida, medicamentos y electricidad. Sus habitantes lo describen como algo “peor que el infierno”. Informa la enviada especial Sara Alonso.

Los dos mandatarios se reúnen en Moscú para abordar la situación en el noroeste de Siria a raíz de los enfrentamientos cada vez más graves entre el ejército de Al Assad, apoyado por Rusia, y las unidades turcas.  De hoy puede depender que se alivie en algo la que la Naciones Unidas considera la peor catástrofe humanitaria de la actualidad con un millón de desplazados desde el uno de diciembre.

Informa Cristina Sánchez, corresponsal en Oriente Medio

La Unión Europea firmó hace cuatro años un convenio con Turquía por el que ha pagado, al menos, 6.000 millones de euros. Los políticos europeos no han renovado el acuerdo y el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, ha mantenido hasta ahora a los cuatro millones de refugiados que ya no está dispuesto a contener en su territorio. El gobierno turco no sólo exige los 30 millones de euros que calculan les ha costado mantener a estoslos  refugiados sirios, sino que ha mostrado su hartazgo con Europa tras la no intervención de la OTAN después de la muerte de 35 de sus soldados en la guerra de Siria. 

Grupos de vecinos acosan a periodistas y ONG que rescatan a migrantes tras la apertura de la frontera con Europa de Turquía. En tierra, la Policía griega dispersa con gases y humo la entrada de migrantes. "Es una invasión turca", según el Gobierno griego, que ha suspendido durante un mes el derecho a solicitar asilo, lo que la ONU le recuerda que es ilegal.

La situación en la frontera entre Grecia y Turquía es insostenible, especialmente en las islas del Egeo como Lesbos o Quíos, donde miles de refugiados ya viven hacinados en campos y sin posibilidad de ser trasladados al continente. Miles de personas refugiadas se acercan a las costas griegas para poder entrar en territorio de la Unión Europea después de que Erdogán, presidente de Turquía, abriera las fronteras para presionar a Europa. Hoy un niño ha muerto ahogada al volcar el bote en el que viajaba cuando intentaba alcanzar la isla de Lesbos (Grecia) y un hombre ha fallecido en la frontera. Las autoridades griegas están respondiendo con antidisturbios para impedir la entrada de migrantes. En las costas, grupos organizados de ultraderecha atacan a refugiados, periodistas y miembros de ONGs. Hablamos con Malen Garmendia, coordinadora de ZaporeakONG guipuzcoana que opera en el campo de refugiados de Moria (Lesbos). El equipo de la ONG fue atacado por miembros de ultraderecha. "Destrozaron la furgoneta, nos pincharon las ruedas, abrían las puertas para arrastrarnos fuera y darnos una paliza...", cuenta Garmendia. Además de atacar a miembros de ONGs, estos grupos de extrema derecha impedían de forma violenta el acceso a la costa de la embarcaciones con personas refugiadas. "Esta agresividad que vivimos nosotros ayer puntualmente, los refugiados tienen que vivirla diariamente" cuenta para el 14 Horas en Radio Nacional. "Las condiciones aquí son muy muy precarias y la situación es insostenible. Son campos de concrentración".