El jefe de OCHA, ante el asesinato de 3.000 trabajadores humanitarios en tres años: "Hay una sensación de impunidad total"
- Tom Fletcher lamenta en una entrevista en TVE el descrédito de la ayuda internacional
- Reconoce el papel de España y su defensa del multilateralismo
Tom Fletcher lleva un año y medio al frente de la OCHA, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas. Este diplomático británico denuncia la impunidad con que se mata a trabajadores humanitarios y civiles. Señala esta falta de asunción de responsabilidades, junto a la falta de cambios fundamentales en las situaciones críticas, al descrédito que la ayuda internacional está sufriendo.
PREGUNTA: ¿Está afectando el recorte en la ayuda humanitaria de países como Estados Unidos a la gestión de la crisis del ébola?
RESPUESTA: Nuestros equipos están ahora mismo sobre el terreno. El doctor Thedros Adhanom, que dirige la Organización Mundial de la Salud, ha estado en los últimos días en el este de la República Democrática del Congo. En estos momentos estamos ampliando esa respuesta. Pero todavía no tenemos una vacuna, y por eso ese trabajo urgente debe intensificarse cuando nos enfrentamos a recortes de fondos.
Calculo que habremos recibido una cuarta parte de la financiación que habríamos recibido en esta fase de los anteriores brotes de ébola. La mayor parte de esa financiación proviene de los EE. UU. y ha sido generosa y es importante para la respuesta, pero ahora mismo necesitamos un apoyo mundial.
P: ¿Cómo está la situación ahora mismo en Gaza?
R: La situación en Gaza sigue siendo absolutamente terrible. He estado allí dos veces este año, y he visto el grado enorme de devastación y destrucción. La gente aún no siente que puede reconstruir sus vidas.
Ahora bien, para nosotros, la situación, en términos de entrada de alimentos, es mucho mejor que antes del alto el fuego, cuando estábamos sometidos a enormes restricciones. Ahora, podemos conseguir que entren alrededor de 1,1 millones de comidas calientes al día, podemos llevar a cabo una gran campaña de inmunización y hacer que más niños vuelvan a la escuela en refugios
Pero no es suficiente. Tenemos que pasar a la segunda fase de este proceso y empezar a reconstruir realmente no solo la infraestructura, sino también la esperanza. Y tenemos que reducir todas estas restricciones de acceso. La reconstrucción de Gaza es esencial para el éxito del plan de paz. Sin embargo, por el momento, lo que está pasando es que Israel está ocupando más territorio y sacando más territorio de la zona de reconstrucción, lo cual es profundamente preocupante.
No estamos viendo el final de Hamás, no estamos viendo el final de la ofensiva israelí. Por eso, las personas no sienten que hayan recuperado su libertad y que puedan empezar la reconstrucción. Nosotros estamos preparados y estamos recaudando fondos para poner en marcha los planes necesarios para la recuperación. Sin embargo, por el momento apenas podemos realizar tareas humanitarias, y mucho menos pensar en la siguiente fase.
P: ¿Está afectando la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz a estas y otras crisis?
R: El cierre del estrecho de Ormuz y el carácter continuo de este conflicto tienen enormes implicaciones para nuestra labor. En primer lugar, en las poblaciones cercanas, del otro lado del Golfo, en Irán y más allá, y luego en las cadenas de suministro. Y muchas personas en África Oriental y Meridional dependen de los convoyes de alimentos, combustible y fertilizantes que circulan por allí. Estamos viendo enormes subidas de precios. Hace poco estuve en Somalia, donde los precios del combustible se han duplicado y los precios de los alimentos han subido un 20%. Pero todo esto tiene una implicación adicional. Está socavando aún más cualquier sentido de cooperación internacional y solidaridad internacional. Y eso hace que las naciones sean menos generosas, porque piensan en su propia defensa.
P: ¿El mundo ha dejado de creer en la protección humanitaria?
R: Creo que el mundo sigue creyendo en la misión humanitaria. No pienso que hayamos perdido la confianza sólo por el resultado de unas pocas elecciones, una pandemia o una crisis económica. No hemos perdido nuestra amabilidad humana básica. Dondequiera que vaya, incluso con los recortes de fondos, veo que, a nivel local, la primera línea de la respuesta humanitaria siempre recae en los seres humanos, en las poblaciones locales, en las comunidades locales.
Lo que sí creo es que el mundo ha perdido algo de confianza en el mecanismo de entrega. Piensan que hemos estado financiando este trabajo durante décadas y que no parece que nada vaya a mejorar sustancialmente. Por eso, tenemos que demostrar que podemos cumplir con eficacia y salvar tantas vidas como podamos con el dinero que recibimos.
Me propongo, este año, como comunidad humanitaria, salvar 87 millones de vidas en todo el mundo. Y eso nos costará 23 000 millones de dólares, es decir, menos del 1% de lo que el planeta se ha gastado en armamento.
Pero también preguntas sobre la protección. Y el mundo no nos está protegiendo. Tres mil trabajadores humanitarios han sido asesinados en los últimos tres años. Y civiles de todo el mundo están siendo objeto de ataques con drones. Son quienes están sufriendo la incapacidad del mundo de acabar con los conflictos.
P: ¿Por qué esta cantidad tan grande de ataques a trabajadores humanitarios, el doble de lo que se había producido tres años atrás?
R: Creo que esto forma parte de una sensación más amplia de impunidad. La gente cree que puede salirse con la suya. Los estados están matando a más de la mitad de esos trabajadores humanitarios, y eso se da en un contexto en el que se producen muchas muertes de civiles. Estamos viendo cómo aumenta el uso de drones en zonas civiles y vemos que quienes nos han matado no rinden cuentas, ni quienes dan la orden ni los que disparan. Y la conversación más difícil que tengo es con las familias de mis colegas humanitarios que han muerto. Me dicen: ¿las personas que nos han hecho esto van a pagar por ello? Y la realidad es que no tengo ninguna confianza en que vayan a hacerlo. ¿Dónde están las investigaciones? ¿Cuántas personas rendirían cuentas por matar a trabajadores humanitarios?
P: ¿De quién es la responsabilidad de que eso suceda?
R: En última instancia, la responsabilidad tiene que recaer en los estados. La ONU no tiene un mecanismo de aplicación de la ley para impedir que las personas nos maten. Para evitar que maten a civiles. Naciones Unidas no tiene un ejército que podamos desplegar, ni la fuerza económica, el corazón del poder, para hacer que los estados rindan cuentas de esa manera. Por lo tanto, necesitamos los sistemas legales para hacer ese trabajo. Y para que eso suceda, necesitamos que los estados miembros sean mucho más valientes a la hora de denunciar lo que está sucediendo y ayudar a hacer frente a los cambios mundiales.
P: Esa no parece la prioridad para una mayoría de naciones que sí están aumentando, sin embargo, su gasto militar…
R: La realidad ahora mismo es que la economía mundial está en pie de guerra. Y las personas que se benefician de eso son los traficantes de armas, los jugadores del casino del armamento, las personas que literalmente juegan con las vidas de los demás. Y quienes más pierden en ese mundo, en el mundo del tráfico de armas, son las personas más vulnerables y que necesitan más apoyo.
Así que se trata de tomar decisiones. Los gobiernos lo hacen todos los días. Una determinada firma en el sector financiero, un podcast, un discurso político o una campaña política contra la ayuda humanitaria tiene el efecto de matar a millones de personas por negligencia. Estamos creando problemas para nosotros, para nuestros hijos y nietos en el futuro, porque ahora estamos tomando decisiones equivocadas.
Por eso, ahora que vemos que gran parte del mundo se está retirando de la acción humanitaria, del sistema multilateral, es increíblemente reconfortante y positivo que España se haya mantenido tan firme en los últimos años a favor del estado de derecho, del sistema multilateral, pero también como piedra angular, como uno de los pocos países que está aumentando su ayuda humanitaria, en lugar de huir de los problemas del mundo. Los mensajes del gobierno han sido muy consistentes por parte del primer ministro y del ministro de Asuntos Exteriores. Y, por supuesto, eso significa mucho para las personas con trabajos como el mío y, sobre todo, para nuestra gente que está en primera línea. Escuchan ese mensaje y eso los tranquiliza porque asume que alguien les respalda cuando se ponen en peligro para ayudar a los demás.