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Tumbas sin nombre: la última travesía de los que llegan sin vida a Canarias

  • La visita del papa pone el foco sobre una de las fronteras más duras de Europa
  • Una ruta silenciosa une el puerto de Los Cristianos con el cementerio de Santa Lastenia
Las tumbas sin nombre de los migrantes que llegan a Canarias
ELISA CARDENAL / Tenerife

En Canarias, la crisis migratoria no solo se mide en desembarcos, también en ausencias, en llamadas que nunca se responden, en familias esperando noticias desde Senegal, Mali, Mauritania o Marruecos y en tumbas sin nombre frente al océano que intentaron cruzar.

En el muelle del puerto de Los Cristianos, en Tenerife, quienes trabajan en primera línea viven pendientes del horizonte y pasa lo mismo en Arguineguín o en La Respinga.

Juan David Dávila, jefe del servicio de la Policía Portuaria de Los Cristianos, lleva años recibiendo embarcaciones migratorias y reconoce que hay imágenes imposibles de normalizar: “Lo más duro es verles la cara y pensar que en el fondo del cayuco puede venir algún fallecido”, explica. “Estás esperando sacar a todo el mundo sano y salvo, aunque vengan enfermos. Pero cuando registras y te encuentras un cadáver... esa es la gota que colma el vaso”.

El jefe de la policía portuaria

Juan David Dávila, jefe de servicio de la Policía Portuaria en el Puerto de los Cristianos. FOTO: Luis A. Lacorzana

“En casa o con los amigos intentamos hablar lo menos posible del tema, pero siempre necesitas a alguien cercano para poder contarles lo que estás pasando, realmente qué es lo que estás sufriendo, lo que estamos viviendo”, señala Dávila.

"Hay una pregunta que me hago a menudo: ¿qué los empuja a tener que hacer esa travesía, a arriesgarse en el mar? Te juegas la vida, dejas a tu familia atrás para poder darles una vida mejor y cuando llegas aquí te entierran incluso sin nombre porque no se conoce, porque a muchos de ellos ya no se les puede identificar de ninguna manera. Y es más habitual de lo que parece. Este año hemos recibido solamente cuatro cayucos y unas 336 personas, pero creo que han salido muchos más”, añade el oficial.

Drama en la puerta de Europa

La ruta canaria se ha convertido en una de las más mortales hacia Europa. Muchos migrantes pasan más de una semana en alta mar. Otros desaparecen sin dejar rastro. “Hay cayucos que salen y nunca llegan. Y eso pasa más de lo que la gente piensa”, explica el responsable portuario.

Con la inminente visita del papa León XIV a Canarias —dentro de su primer viaje a España—, el foco vuelve a colocarse sobre los olvidados de la frontera sur europea. Por eso considera necesaria la visita de León XIV: “Es importante que conozca el drama que está sufriendo Canarias como puerta de Europa. Es necesario”. Y añade una frase que resume también la dimensión simbólica de esa visita para quienes trabajan a pie de muelle:

“Yo soy uno de los, entre otros compañeros, de los que vamos a ir a reforzar a la Policía de Santa Cruz para estar ayudando... y además para poder verlo”.

Cayucos abandonados en Tenerife

Cayucos apilados en el puerto de Granadilla, al sur de Tenerife. FOTO: Luis. A. Locorzana

Del muelle al cementerio

A varios kilómetros del puerto, en la otra punta de la isla, el silencio sustituye al ruido de los motores y de las sirenas. En el Cementerio de Santa Lastenia, otros intentan dar dignidad a quienes no llegaron vivos a tierra.

Entre las más de 32.000 sepulturas del camposanto, hay una fila distinta al resto: lápidas sin fotografías, sin flores, sin nombres. "Son 15 los que están aquí. Del 26 al 40”, señala Jonathan Méndez Silva, sepulturero tinerfeño, mientras recorre la hilera inferior de nichos. Eran 15 de los 24 migrantes malienses fallecidos el 26 de abril de 2021 en el Atlántico.

Encontraron el cayuco al sur de El Hierro. Algunos llegaron sin documentación, otros jamás pudieron ser identificados oficialmente. Jonathan explica que esas tumbas son diferentes al resto del cementerio. “Son lápidas en vacío”, dice. “No tienen nombre, no tienen flores, ni siquiera tienen la conchita donde normalmente los familiares colocan recuerdos o ramos”.

A diferencia de otros entierros, aquí casi nunca hay despedidas. “En otros procedimientos están las familias, se comparte la pena, hay una unidad familiar alrededor. Aquí estamos solo nosotros. Somos los únicos que les damos la última despedida”.

La mayoría de los nichos apenas tienen una referencia numérica compartida. Nada que permita reconocer rápidamente quién descansa ahí. Nada que cuente la historia que quedó interrumpida en el mar.

Un elemento rompe el silencio visual de esa fila: una placa colocada por la Asociación de Malienses de Tenerife. Es la única referencia visible a los sepultados. Un mensaje de homenaje y adiós: “A todas las personas que un día dejaron sus hogares en busca de una vida mejor, huyendo de la guerra, buscando la libertad o la prosperidad que merecen. A todos los que han perdido la vida en el camino y especialmente a las víctimas del cayuco encontrado el 26/04/21 con esos 24 cuerpos al sur de El Hierro”.

Los malienses recuerdan a sus compatriotas

Placa en memoria a los 24 fallecidos durante una travesía en cayuco el 26 de abril de 2021. FOTO: Pablo Velázquez

Y termina con una despedida que resume el dolor de quienes sí recuerdan sus nombres: “Que la tierra les sea leve, hermanos. Y a todos los que seguirán emprendiendo esas rutas... buen viaje”.

Entierro humanitario

Jonathan cuenta que el cementerio intentó, dentro de sus posibilidades, mantener unidos a esos migrantes fallecidos. Muchos de ellos eran musulmanes y, según explica, se trató de respetar su tradición funeraria. “Lo más cerca posible sería enterrarlos directamente bajo tierra, pero muchas veces no hay espacio”, relata. “Por eso se buscó la primera fila, la más cercana al suelo”.

El sepulturero insiste en que, aunque el proceso se haya hecho con rapidez y en condiciones difíciles, el objetivo era al menos ofrecerles “un sitio adecuado y respetuoso”. “Lo ideal sería que todos estuvieran identificados y que se supiera quién está en cada nicho”, lamenta. “Pero muchos llegan indocumentados y todo termina siendo muy complicado”.

Habla despacio. Como quien ha vivido varias veces la misma escena. “Es triste, pero esta es la realidad. Son personas que estaban buscando una oportunidad y esto es lo que encontraron”.

La futura visita del Papa León XIV también ha llegado hasta este rincón del cementerio. Jonathan cree que puede servir para sacar esta realidad de la invisibilidad. “Es genial porque se le está dando un poco de luz al asunto”, explica. Quizá ahora la gente se conciencie más e intente buscar soluciones”.

Y vuelve a la frase que más se repite durante toda la conversación: “Nosotros solo vemos a la gente que llega. Pero nunca nombran a los que no llegan”.

Voluntarios musulmanes

En el cementerio también trabaja de manera voluntaria Mamadou Saido, miembro de la comunidad musulmana en Tenerife. Carga tablones, organiza materiales y ayuda a preparar sepulturas para quienes no tienen recursos ni familiares cerca. “Ahora mismo las familias somos nosotros”, dice.

Cuenta que, cuando fallece un migrante sin recursos ni familiares en la isla, la comunidad musulmana suele organizar colectas para comprar materiales funerarios y garantizar un entierro digno. También intentan localizar a familiares o facilitar información cuando alguien desaparece durante la travesía.

“Si la familia no se entera, ni nos enteramos nosotros... ahí se quedan”. Mamadou también conoce el viaje migratorio desde dentro, aunque él lo hizo por tierra y aire. Salió de Guinea hace más de dos décadas huyendo del conflicto en la frontera con Liberia. Por eso insiste en desmontar una idea que considera injusta. “Nadie se juega la vida por capricho”, afirma. “La gente deja su casa porque quiere ayudar a la familia, porque busca una oportunidad o porque en su país ya no puede vivir”.

Asegura que la mayoría vienen engañados, sin información real de los riesgos. “Si a ti te dicen: vas a ir, pero puede que no llegues con vida, ni yo mismo hubiera venido.”

Un voluntario musulman en el cementerio

Mamadou Saido, voluntario de la comunidad musulmana, preparando nichos para migrantes fallecidos. FOTO: Pablo Velázquez

Saludar al papa

Mientras habla de quienes murieron en el mar, la conversación deriva inevitablemente hacia la próxima visita del Papa León XIV a Canarias. Y entonces Mamadou sorprende con una naturalidad desarmante: dice que irá a verle. “Claro que voy a ir”, asegura sonriendo. “Si tengo oportunidad, iré a saludarlo”.

Lo dice sin contradicción alguna pese a ser musulmán practicante. Para él, la religión no debería separar a quienes defienden la dignidad humana. “Porque yo sea musulmán, saludar a un cristiano no me va a quitar mi religión”, explica. “Todos estamos hablando de lo mismo: respeto, humildad y ayudar a la gente”.

Mamadou recuerda que también acudió a ver a Juan Pablo II cuando visitó África. Ahora espera repetirlo con León XIV. “¿Has visto la humildad que tiene?, ¿Has visto el respeto que tiene?, ¿Has visto el mensaje que está dando al mundo?”, insiste. “Si el mundo hiciera caso a mensajes así, habría menos miseria”.

Cree que poner la atención sobre los migrantes puede ayudar a que el sufrimiento deje de normalizarse. “El papa está haciendo el trabajo que debe hacer un ser humano”, dice. “Sea musulmán o sea católico, la tarea es la misma”.Y antes de despedirse, vuelve a repetir que irá a verle “si Dios quiere”.

Ahora, con León XIV mirando hacia Canarias, quienes conviven con esa realidad esperan que el foco no dure solo una visita.