Nervios y repasos de última hora: los consejos de los expertos antes de la PAU
- Unos 300.000 alumnos se enfrentan este año a la principal prueba de acceso a la universidad
- Descansar, afianzar conceptos durante el repaso y evitar sorpresas, entre las claves
A lo largo de los años, las pruebas de acceso de la universidad han cambiado de nombres y siglas —de la selectividad a la EBAU, pasando por la PAU—, pero si algo se ha mantenido inamovible han sido los nervios de última hora de quienes sienten que, de una manera u otra, se están jugando su futuro estudiantil más inmediato y la esperanza futura de enfocar su carrera profesional por un determinado camino.
La psicóloga Sonia Martínez detecta entre los adolescentes y jóvenes de hoy en día una mayor presión ante este tipo de retos, fruto a su juicio de una batería de causas que incluyen la menor tolerancia a la frustración o la necesidad de potenciar siempre "una imagen de éxito" al amparo de las redes sociales, donde no siempre se reconoce tanto el esfuerzo y se disparan en cambio las "expectativas", tanto propias como ajenas.
Estos mismos jóvenes son quienes estos días entrarán en un aula desconocida y ante el que está llamado a ser el primer gran examen de sus vidas. Unos 300.000 estudiantes al borde de la mayoría de edad y de un ataque de nervios.
Un repaso con sentido
Todos los expertos consultados por RTVE Noticias coinciden en que el estudio se cuece a fuego lento y que, en estas últimas horas, el foco debe estar puesto en afianzar conceptos. "A estas alturas ya tendrían que haber asimilado todo el contenido", apunta José Ángel Morales García, doctor en Neurobiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), por lo que "lo más importante ahora son las técnicas de repaso".
Desde el punto de vista neurocientífico, apuesta por una "recuperación activa", por intentar recordar la información asimilada sin mirar los apuntes, porque así "le dices a tu cerebro que esa información es importante". No pasa nada por volver a esos mismos apuntes si te das cuenta de algo que no sabes, pero tirar de memoria ayuda a afianzar conceptos, según Morales, que recomienda además optar por sesiones cortas porque "nuestro cerebro está adaptado para responder a la novedad", una suerte de explicación científica para lo que ocurre cuando un estudiante se distrae hasta con el vuelo de una mosca.
"Leer y releer" el material sin ningún tipo de estrategia tampoco es lo más aconsejable para Ferran Ballard, profesor de técnicas de estudio en The Brain School. Puede dar "seguridad", pero en el fondo implica "regar sobre mojado". Plantea en cambio que el alumno "se ponga a prueba" intentando explicar de viva voz las ideas principales de un tema, para probar la capacidad real de ir más allá de la "literalidad" del texto y constatar si realmente los conceptos están bien asentados. "Es una manera de dar coherencia al pensamiento interno" y sirve, según este experto, hasta en asignaturas más científicas como Matemáticas o Química.
Por su parte, Sonia Martínez, directora de los centros Crece Bien, sugiere organizar tareas y enfocarse en partes en las que pueda faltar cierto repaso. Si el nerviosismo asoma, añade, se puede volver a un temario más afianzado y, en cualquier caso, "no probar nada nuevo" en estas últimas horas donde parece que asoman las prisas. No sirve de nada recortar horas de sueño si nunca antes se ha utilizado esta estrategia para ganar algo de tiempo.
Técnicas de evasión, pero no atajos
En el estudio existen pocos atajos y desde luego la cafeína o las bebidas energéticas no ayudan, toda vez que envían al cerebro lo que José Ángel Morales describe como una "falsa sensación de empoderamiento". Conllevan estímulos ficticios para que el cerebro esté alerta y "no permiten la consolidación de la información", una pata del aprendizaje en el que el descanso juega un papel esencial.
Mientras dormimos, se produce el "volcado de información" de todo lo aprendido. La información que se almacena en un primer momento en el hipocampo cerebral llega a otras áreas dedicadas a la memoria a largo plazo y esto sólo se consigue cuando "el cerebro interpreta que no hay peligro". Y teniendo en cuenta que los seres humanos disponemos de un sistema nervioso para estar alerta todo el día, para "mantenernos con vida" en un entorno hostil, la necesaria labor de mantenimiento cerebral sólo puede llegar de noche, explica este profesor.
Y recordar, añade Sonia Martínez, que no todo es estudiar. Para "desactivar" el cerebro y calmar en parte los nervios, esta psicóloga recomienda técnicas de relajación sencillas como "prestar atención a los sentidos" y aire libre. “Salir y pasear, dar una vuelta corta y volver a estudiar otra vez” puede suponer un punto de inflexión para bajar el nivel de activación, así como hablar de otros temas o recordar "todos los logros" previos, un aspecto, este último, en el que la familia puede desempeñar un papel importante.
La noche antes: descansar y evitar sorpresas
Para la noche antes, el gran consejo pasa por "dormir bien, cuantas más horas mejor". Ballard recomienda evitar una cena copiosa y excesos de cafeína o azúcar que puedan contravenir el descanso y perjudicar, en última instancia, la "claridad mental". Sacrificar el sueño implica encarar la prueba menos "fresco", aunque muchos estudiantes ven en esta estrategia la última bala antes del primer gran examen de sus vidas —"hay que diferenciar entre aprobar y aprender", añade el experto, aunque ese ya es otro tema—.
Los nervios pueden jugar una mala pasada y Ballard plantea no tanto controlarlos sino entender su función, "cambiar el marco mental". "Ponerse nervioso es normal y una parte del estrés es buena", por lo que la recomendación pasa por "reconducir" esta sensación de alerta hacia una alerta en el sentido positivo.
José Ángel Morales coincide en que tener nervios de última hora es en cierta medida "irremediable" y lo considera incluso "necesario". "El estrés no es ni más ni menos que tu cerebro le dice al resto del cuerpo que viene una situación para la que está preparado". Sólo hace falta canalizarlo. "El problema llega cuando el estrés nos domina", avisa este experto, que da como pautas para "engañar al cerebro" y decirle que "está todo bien", practicar técnicas de respiración o desviar los pensamientos.
También ayuda anticiparse a todos los escenarios, por ejemplo, teniendo clara la ruta a seguir y el tiempo necesario hasta el centro de examen o, una vez en el lugar, asomarse a la clase o saber dónde está el baño. Intentar domar al cerebro dándole una sensación de cierta normalidad. En este sentido, Ballard advierte que el cerebro humano está programado para la "huida" en situaciones de nervios, pero "beber algo de agua o comer algo ligero puede dar sensación de tranquilidad" en todo momento.
¿Cómo hacer el examen?
A la hora de hacer el examen, "lo principal es leerlo todo de entrada y, a partir de ahí, calcular los tiempos", propone Ballard. Para quien considere que no le da tiempo a completarlo todo, aconseja empezar por las preguntas que encaremos con más garantías, pero si hay margen suficiente para contestar de principio a fin sugiere empezar por la parte más difícil, porque si el estudiante se "atasca", puede pasar a la fácil y dejar "en segundo plano" mental la parte que ha dejado aparcada y que surjan nuevas ideas.
Un alumno se prepara ante un examen de la PAU en Madrid Fernando Sánchez / Europa Press
Sonia Martínez propone como técnica enumerar las preguntas de primeras para establecer un orden y calcular tiempos. Si el examen tiene diez preguntas, por ejemplo, la clave pasaría por dividir este tiempo a la mitad y cubrir la primera media hora con al menos cinco de los apartados resueltos, para ganar "seguridad". "Es crucial la organización", insiste en una tónica repetida por todos los expertos consultados para este reportaje.
Ferrán Ballard también plantea adelantarse dentro del aula a lo que pueda pasar después del examen, cuando es más fácil que el alumno se dé cuenta de errores cometidos apenas unos minutos antes y ya sin solución. Así, advierte de que el cerebro tiende a asumir patrones si revisamos una y otra vez el texto y llama a romper el "camino neuronal" que, de una manera u otra, nos condiciona en el repaso de lo recién escrito. "Ponte a pensar en otra cosa, en lo que vas a comer luego, en el viaje del verano", y podrás ver "con ojos nuevos" el examen.
Esta recomendación, la de desviar la mente hacia otra imagen o tema, funciona además como estrategia en situaciones de bloqueo, según José Ángel Morales, que ofreció este mismo consejo a un alumno al que vio atascado y a punto de venirse abajo en una prueba de acceso a la universidad en la que participaba como examinador.
Y después, ¿qué?
Una vez fuera del aula, los ánimos suelen variar. Quienes sienten que lo han hecho bien ganan seguridad y confianza de cara a las siguiente pruebas, pero empezar a detectar errores o sentir que el examen todo lo bien que debía implica en muchas ocasiones un lastre. "No es recomendable recrearte en los errores", incide en este caso Ferrán Ballard, partidario de romper aquí de nuevo el marco mental y cambiar de temas, "hablar de otras cosas", tras esas primeras conversaciones.
Sonia Martínez coincide en que el "desahogo" puede servir para aliviar la carga emocional, al menos para un determinado tipo de personas, mientras que en otros casos lo mejor será "pasar página y enfrentarse de nuevas al siguiente examen". Visualizar, añade, que "llega otra nueva oportunidad".
En cualquier caso, Martínez insiste ante sus alumnos en que la selectividad, como cualquier hito académico, no es más que parte de un "camino" y, si se quiere ver así, una "oportunidad". Del éxito o el fracaso puntual también se sale porque, como ella misma recalca, "lo importante es dónde quieres llegar".