Abdelaziz Baraka Sakin, el escritor sudanés censurado: "Los gobiernos ven mis libros como bombas atómicas"
- "Lo que ocurre en Sudán no es una guerra civil, es una invasión extranjera disfrazada"
- Cuenta con una trayectoria internacional donde destaca su nombramiento como Caballero de las Artes y las Letras en Francia
Envuelto en una jalabiya tradicional sudanesa de un tono beige rosado que resalta su piel oscura, Abdelaziz Baraka Sakin se acomoda en la sala de invitados de Torre España con la serenidad de quien ve la historia escribirse en primera persona. Alto y de presencia imponente, pide un café solo, sin leche ni azúcar, y comienza a hablar con ese tono pausado y culto que caracteriza a una de las voces más brillantes y valientes de la literatura africana contemporánea.
Nacido en Kassala, cerca de su amada aldea de Khashm el Girba, su vida está marcada por el contraste entre la riqueza cultural de Sudán y la violencia política que asola el país desde su independencia. Hoy es un referente intelectual que denuncia no solo la crisis en Sudán —donde su obra está censurada—, sino también la hipocresía internacional respecto a la venta de armas y el drama de la inmigración.
El autor visita Madrid para recoger el premio en la categoría de Libertad de Expresión en la XII edición de los Premios Optimistas Comprometidos, un galardón que se suma a una trayectoria internacional donde destaca su nombramiento como Caballero de las Artes y las Letras en Francia. A pesar de los honores, el discurso de Baraka Sakin sigue anclado en la realidad de su pueblo, recordando que para él la literatura es el motor para liberar el miedo y dar voz a quienes han sido silenciados por el poder.
Abdelaziz Baraka Sakin minutos antes de la gala para recoger el premio Optimistas Comprometidos de la revista Anoche tuve un sueño Goyo Conde Foto cedida por Goyo Conde (Anoche tuve un sueño)
PREGUNTA: Usted ha contado que su chispa como escritor nació a los 13 años, leyendo a Edgar Allan Poe a escondidas junto a un río. ¿Qué queda de ese niño que descubría el terror y el misterio en la naturaleza en el escritor que hoy denuncia el terror real de la guerra?
RESPUESTA: En realidad, no se ha perdido nada de ese niño; todavía tengo miedo. Edgar Allan Poe me enseñó el arte de escribir el cuento corto y la técnica del relato breve. También aprendí de él cómo mezclar la realidad pura con la imaginación desatada; dos cosas que parecen contradictorias pero que en su obra están profundamente vinculadas. Lo que queda de ese niño es ese amor profundo por la lectura y el ser alguien a quien las palabras cautivan. El miedo sigue siendo uno de los motores que me impulsa a escribir, para poder liberarme de él.
P: ¿Siente que el exilio ha modificado su lenguaje o la forma en que recuerda y describe los paisajes de Sudán?
R: Cuando salí de Sudán, solo salí físicamente. Espiritualmente y de forma cognitiva sigo presente allí. Sin embargo, la memoria visual ha cambiado. Actualmente escribo sobre el exilio en una pentalogía que incluye "El cuervo que me amó", buscando que el refugiado sea comprendido por los demás y por sí mismo. Como inmigrante, mi lenguaje y mis temas cambian; antes mi visión del mundo tenía una suavidad que el dolor del exilio ha transformado.
P: ¿Qué le impulsa a escribir?
R: Escribo por mi madre, Maryam bint Abu Gabriel. Ella me crió en condiciones muy difíciles y siempre me decía que el futuro sería hermoso. Escribo para confirmarle, allá donde esté, que el futuro es hermoso y para dar voz a los grupos pobres y tristes a los que ella pertenecía. Mis 20 libros están dedicados a ella.
P: Afirma que "las palabras son como balas o fusiles" para los dictadores. Si sus libros son sus armas, ¿cuál ha sido el impacto que más le ha sorprendido?
R: Los gobiernos ven mis libros como "bombas atómicas". Mi problema para ellos es que doy mi opinión sin miedo. Para un gobernante solo hay dos opciones: o te callas o te pones de su lado. Como yo no hice ninguna de las dos, sienten que mis libros son explosivos que tambalean sus conceptos sociales y políticos.
P: Usted sostiene que lo de Sudán no es una guerra civil, sino una invasión extranjera por recursos. ¿Es la etiqueta de "guerra civil" una forma de la comunidad internacional de lavarse las manos?
R: Exactamente. Una guerra civil suele ser entre grupos internos, pero lo de Sudán es una lucha por el oro, las tierras y la posición estratégica, dirigida por potencias extranjeras con agentes locales. Al llamarla "guerra civil", la comunidad internacional cierra los ojos ante intervenciones descaradas y justifica su papel de espectadora mientras fluyen las armas del exterior.
P: ¿Cómo analiza el papel de los políticos civiles en este ciclo de violencia?
R: En la historia de Sudán, los partidos civiles de miras estrechas son los que a menudo traen a los militares cuando hay desacuerdos en el parlamento. Ha pasado con los golpes de Abboud, Nimeiry y Al-Bashir. Los partidos necesitan entender que el papel de los militares es solo proteger al Estado y nunca entrar en política.
P: Usted critica la "hipocresía europea": vender armas y luego lamentar la llegada de refugiados. ¿Cómo gestiona vivir en París con esa dualidad?
R: Es una dualidad muy dolorosa. Aprecio la libertad de expresión en Francia, pero no puedo callar ante políticas que destruyen nuestros países. Es una paradoja que las fábricas que producen armas sean las mismas que a veces financian la ayuda humanitaria. Mi título de Caballero de las Letras me da la responsabilidad de ser un espejo de estas contradicciones y decir la verdad, no maquillarla.
P: ¿Es el humor negro o el surrealismo la única forma de procesar esta realidad?
R: La ironía es mi herramienta de resistencia contra la desesperación, el poder y la injusticia. En mi nueva novela, "El bizco cuyos sueños volaron como un dron", llevo esa ironía a su cima. Es la única manera de abordar la narración de una realidad tan amarga.
P: Escribe en árabe pero desafía el pensamiento conservador. ¿Cómo usa la lengua para deconstruir dogmas?
R: El lenguaje es un portador de valores. Aunque mis lenguas originales son el Bilala y el Masalit, amo el árabe porque es el idioma en el que lee la gente sobre la que escribo. Lo uso para transmitir mis ideas y cuestionar estructuras, manteniendo siempre una distancia respetuosa con las religiones, tratándolas solo como componentes narrativos.
P: ¿Cree que la literatura puede servir de puente para una futura reconciliación?
R: El impacto del pensamiento es lento y requiere mucho tiempo. Soñamos con el cambio y trabajamos por la concienciación, pero sabemos que la cultura sola no basta; necesita ir acompañada de cambios económicos y sociales.
Abdelaziz Baraka Sakin dando un discurso tras recoger el premio de Optimistas Comprometidos Goyo Conde Foto cedida por Goyo Conde (Anoche tuve un sueño)
P: ¿Adivina usted el futuro? Sus libros parecen predecirlo.
R: (Se ríe) Hace 15 años imaginé situaciones que el gobierno tildó de "fantasía dañina". Predije la secesión del Sur 11 años antes de que ocurriera y dijeron que era locura. El problema es que los gobernantes no actúan según lo que se escribe porque no leen, y si leen, es para prohibir mediante leyes de censura. La escritura es útil, pero solo si se lee de forma positiva.
P: Recibe hoy un premio en Madrid por la Libertad de Expresión. ¿Qué significa España para usted?
R: España es una zona de creatividad. Amo a Picasso, Dalí y Lorca, y me fascina la conexión del Al-Ándalus con la cultura europea. Estoy muy feliz con este premio porque la libertad de expresión es algo por lo que he sufrido mucho. No tengo miedo al escribir, solo tengo miedo a la guerra. Yo no uso armas; solo uso mi pluma.