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Pakistán y la mediación 'in extremis': los entresijos de una paz temporal que se tambalea

Pakistán se blinda para acoger las negociaciones de paz
Antonio Torné*

La frágil tregua en Oriente Medio ha descubierto un protagonista inesperado: Pakistán. Situado entre Irán y su archienemigo indio, este país islámico ha tutelado el diálogo entre el Irán y EE.UU. para un alto el fuego, como base para un plan de paz. Las discrepancias surgieron casi desde el primer minuto, pero no han enterrado la posibilidad de una negociación. La primera parada será en Islamabad, sede de unas conversaciones previstas para este fin de semana pero sumidas en la incertidumbre.

Antes de la llegada de las delegaciones -encabezadas por el vicepresidente J.D Vance por Estados Unidos y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf- Islamabad ha desplegado fuerzas de seguridad alrededor de la conocida Zona Roja, donde se encuentran los edificios oficiales. La capital se prepara para las conversaciones entre Irán y EE.UU, previstas para este sábado, aunque no está claro si las delegaciones se sentarán en la misma mesa.

La víspera, Ghalibaf dejó claro que su país no va a sentarse a negociar a menos que cesen los bombardeos sobre Líbano, y Vance, antes de montarse en el avión rumbo a la capital pakistaní, confió en que la negociación sea positiva, pero advirtió a los iraníes sobre "cualquier intento de engaño". EE.UU. exige la reapertura del estrecho de Ormuz, que Irán cerró de nuevo el pasado miércoles por los ataques israelíes sobre Líbano, que dejaron unos 350 muertos, y ha endurecido su bloqueo. El viernes solo había cruzado un petrolero.

En medio de este cruce de acusaciones, Pakistán mantiene sus contactos para lograr que se sienten a la mesa. "Esta fase de las conversaciones es crucial para lograr un alto el fuego permanente", afirmó con cautela el viernes el primer ministro pakistaní, ⁠Shehbaz Sharif.

Aunque la situación está tensa y Pakistán, consagrado como mediador internacional con este conflicto, logró la madrugada del miércoles, algo que parecía imposible. A pocas horas de que expirara el ultimátum que el presidente Donald Trump dio a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y bajo la amenaza de "acabar con una civilización entera para no volver jamás", Pakistán logró que las partes accedieran a una tregua de dos semanas para negociar un plan de paz.

 "Me complace anunciar que la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, junto con sus aliados, han acordado un alto el fuego inmediato”, decía esa noche Sharif. Se necesitaba un acuerdo de última hora que evitara una escalada impredecible del conflicto. ¿Cómo se fraguó? A través de aplicaciones de mensajería cifrada, según revelaciones que se han conocido en los días sucesivos.

Un acuerdo por WhatsApp y Signal

Sin rondas formales de conversaciones, la comunicación se desarrolló a través de servicios de mensajería: WhatsApp con los iraníes y Signal con los estadounidenses. Una opción discreta, sin pérdida de tiempo y lejos de la exposición pública.

Los negociadores principales, en contacto con los intermediarios paquistaníes, fueron; por Irán, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y por parte de Estados Unidos, el enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff. Aunque Trump y el vicepresidente J.D. Vance también hablaron directamente con el mariscal Asim Munir, jefe del Estado Mayor paquistaní, con el que la administración estadounidense mantiene una excelente sintonía. Trump lo considera un gran conocedor del régimen iraní y un interlocutor válido.

Pakistán, mediador de la tregua entre Estados Unidos e Irán

Pakistán, mediador clave: ¿por qué?

Existen varios factores que juegan a favor de que Pakistán adopte el rol de mediador entre Irán y Estados Unidos, sostiene el analista paquistaní Shaid Husain a RTVE. Cuenta con la confianza de Teherán —tiene una de las mayores comunidades chiíes del mundo tras Irán— y Washington; además, no se ha visto envuelto en el conflicto de forma directa y ha demostrado ser un mensajero del que tanto ambas partes pueden fiarse. Pakistán ha aprovechado el hueco que han dejado otros mediadores tradicionales en Oriente Medio, como Catar, que ha sufrido ataques en esta contienda regional.

Su creciente capacidad militar gracias a China —es el único país islámico con la bomba atómica — también es un punto positivo para este país. En el programa Cinco Continentes de RNE, Ana Ballesteros, investigadora del Real Instituto Elcano, recuerda cómo Pakistán demostró su fuerza militar durante la escalada con India en 2025, a raíz de un atentado en Cachemira, cuando derribó varios de sus aviones.  

En este conflicto entre Pakistán e India —enemistados desde que Reino Unido salió del subcontinente en 1947— se dio la circunstancia, afirma Ballesteros, de que la nación islámica aceptó la mediación de Trump. Le llegó a nombrar para el Nobel de la Paz al señalar que había posibilitado ese alto al fuego. En junio de 2025, el republicano invitó a la Casa Blanca al jefe del Estado Mayor del ejército paquistaní, al que ha señalado como su “mariscal favorito”. Según The New York Times, ambos se habrían reunido al menos tres veces en el último año.

Cinco continentes - El papel de Pakistán en las negociaciones del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos

Otra pieza en el engranaje de esta buena relación del Gobierno de Pakistán con EE.UU. Es la denuncia por una supuesta injerencia norteamericana en el final del mandato del anterior primer ministro pakistaní, Imran Khan, quien dejó el gobierno tras una moción de censura.

Los principales beneficiados serían Asim Munir y su sucesor, Shehbaz Sharif. El militar, destituido por Khan como jefe de la inteligencia (ISI) en 2019, habría intentado apartar del poder a la facción dominante del ejército que llevaba años, procurando el retorno de los talibanes a Kabul y agrandando el abismo con EE.UU.

En los últimos meses, Pakistán y Estados Unidos han cerrado acuerdos sobre criptomonedas y minerales críticos. El país asiático, además, forma parte de la llamada Junta de Paz, presentada por el presidente Trump para la reconstrucción de Gaza en primera instancia.

Estabilidad y flujo energético: intereses de Pakistán

Por su parte, la relación entre Irán y Pakistán no está exenta de tensiones —ambos países se acusan de acoger grupos armados en su territorio— pero también de intereses compartidos y un hermanamiento histórico cultural y religioso. Irán fue el primer país que reconoció a Pakistán y este fue el primero en hacer lo propio con el régimen de los ayatolás tras la revolución islámica de 1979.

La investigadora Ana Ballesteros recuerda que ambos países comparten "una larga frontera" y le interesa que haya estabilidad en Irán. También incide en que Pakistán "sigue dependiendo de la energía que viene de esta región" y "necesita que esa circulación (en el estrecho de Ormuz) sea libre, porque no se puede permitir pagar un petróleo mucho más caro y una energía más cara".

Hay, en suma, razones diplomáticas que llevan a que Pakistán haya servido como mediador idóneo en la guerra, empujado este a su vez por intereses particulares. El alto al fuego alcanzado el miércoles, dice Ballesteros, hace que Pakistán "se pueda apuntar un tanto diplomático”. Pero también recuerda que, de fracasar, este país de alguna forma "se vería dañado en su reputación".

*Antonio Torné es alumno del máster de Reporterismo Internacional de la UAH con el Instituto de RTVE. Este artículo ha sido supervisado por la redactora jefa de Internacional, Sara Gómez Armas.