Hugo Mujica, ganador del Premio Loewe: "Comencé a escribir poesía cuando empecé a escuchar el silencio"
- Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras logra el premio internacional de la Fundación Loewe
- Leonor Pataki con Una madeja de estambres obtiene el reconocimiento a la creación joven
"En el origen fue la luz
y al final será el principio,
pero sin aferrar la luz,
sin hacer de ella mi sombra".
Este breve poema del argentino Hugo Mujica cierra Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras, Premio Loewe de Poesía 2025, dotado con 30.000 euros y publicado por Visor Libros. La Fundación también ha reconocido la creación joven de la mexicana Leonor Pataki con Una madeja de estambre y 12.000 euros.
Mujica invita a la meditación y a la calma interior con unos versos de ligera musicalidad. “Una obra filosófica y meditativa, alejada de lo banal y de lo ornamental, que descansa sobre la coherencia de la atención plena y de la sabiduría”, para el jurado, y una lectura ideal para celebrar el comienzo de la primavera y el día mundial de la poesía.
A sus 83 años, sacerdote jubilado, Mujica ha experimentado muchas vidas la del obrero adolescente, el estudiante nocturno, el preso objetor de conciencia, el hare krishna o el monje trapense. Viajero impenitente y poeta reconocido en una entrevista con RTVE.es considera "un placer grande" este premio.
Pregunta: ¿Por qué el poemario se titula Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras?
Respuesta: El estudio, donde vivo y trabajo, da un ventanal enorme, maravilloso. Y ahí hay un árbol, está la cortina que se mueve y las ramas que se mueven. Hace poco me di cuenta de que hace años que estoy viendo eso. Cada vez que levanto la vista, veo la danza de las luces y las sombras, que se parece a la danza de la vida. El libro ya estaba escrito, pero de ahí salió el título, de lo que estuve mirando años y años.
P: Sus versos nacen del silencio y la contemplación. ¿Siente que tras un largo viaje ha llegado, por fin, a Ítaca?
R: No, líbreme dios de las Ítacas. Yo creo en el viaje, no en la llegada y esta Ítaca es volver a donde uno partió.
P: ¿Sigue de viaje, entonces?
R: En el sentido de el estar viajando si. En otro poema, que no está en este libro, digo "que el horizonte jamás se alcance es el don final de la vida", porque siempre podemos estar viviendo el ahora. Más que la imagen del camino me gusta la imagen de la fuente. La vida está brotando.
P: A los 13 años tuvo que ponerse a trabajar en una fábrica de vidrio. ¿Tiene nostalgia de la infancia?
R: No, no soy de las nostalgias. Es más, la nostalgia me parece como una sensación de disconformidad con el presente y mucho más con el futuro. Yo soy más de de mirar adelante que atrás. Lo de atrás es lo que ya me morí y lo de adelante, lo que me queda por hacer.
P: En tres poemas menciona a niños que juegan, tiran una piedra al río o chapotean bajo la lluvia...
R: Sí, pero un niño es mucho más que lo que pueda haber sido en mi infancia. Un niño, desde Heráclito, es la primera imagen de lo que es la vida. El niño representa la inocencia, el juego, pero es el niño ideal, no es mi infancia. No creo que me remita a mi infancia.
P: Fue objetor de conciencia, huyó de Argentina para no hacer la mili y le encarcelaron cuando volvió a ver a su familia. ¿Qué recuerda de su estancia en prisión?
R: Recuerdo que me trataban bien, pues venía de estar en Nueva York. Venía a visitar a mi familia y luego me iba para allá. Me di cuenta que para los compañeros ahí yo representaba el ideal, o sea, un joven que era libre y, al salir, se iba a vivir a Estados Unidos porque imaginaban que todos éramos millonarios allá. Rememoro ese cuidarme a mí porque yo era el sueño de ellos.
P: Artista plástico en el New York de los años 60 del siglo pasado. ¿Por qué dejó de pintar?
La pintura me dejó a mí.
P: ¿Cómo fue?
En primaria, empecé a ganar premios de dibujo, estudié Bellas Artes y, de hecho, siempre creí que mi vida iba a ser toda eso, pero no. Una vez terminé un cuadro, como tantos otros. Y cuando uno termina, tiene un momento así de éxtasis, de orgasmo, de satisfacción, hasta que cae en la cuenta de algún error, y empieza otro para tratar de subsanarlo. Cuando me separé de ese cuadro no lo sentí. Miraba la obra fuera de mí y yo fuera de la obra. Aún tengo la técnica, pero ya no estaba más ahí, entonces me dejó ella (la pintura).
P: En aquel ambiente experimentaba con las drogas, pero pasó a interesarse por la espiritualidad de los Hare Krishnas. ¿Cómo fue esa transición?
R: Eran los 60 y estaba muy involucrado con el jipismo o la guerra en Vietnam. Pasé del 1961 al 1970 en Nueva York, y bueno, era una carnicería. Mataron a Luther King, a Malcom X, a Bob Kennedy y a John Kennedy. Era una época muy intensa. En el 68, ya era obvio que todo eso había pasado y que la ilusión de una revolución, desde la creatividad, había perdido. Una vez más, había ganado el dinero. Era hora de buscar otros caminos. Hasta entonces, me interesaba lo oriental de forma intelectual. Los beatniks fueron a La India y en los 60 el hinduismo fue a Estados Unidos. Me involucré con lo que no era lo ya conocido y gastado, el cristianismo, las velas, que yo rechazaba. No había sido bautizado, vengo de la cultura anarquista sindicalista.
P: De acólito hinduista pasó a ingresar siete años en un monasterio trapense ¿Cómo se le ocurrió profesar el voto de silencio?
R: Creo que las cosas pasan por casualidad. Yo era uno de los discípulos que vivía con el gurú Swami Satchidananda, cuando él viajaba, yo lo acompañaba y fue al monasterio trapense a dar una conferencia. Me encontré con una tradición de la que no conocía nada, pese a ser mis raíces culturales. No sabía que los cristianos tenían monasterios. Fui ahí y tuve una experiencia estética, que la sentí muy propia. Era un lenguaje nuevo para mí. En realidad, me impactó el silencio, por así decirlo, depositado entre esos muros.
P: ¿En ese momento empezó a escribir poesía?
R: Yo diría que comencé a escribir poesía cuando empecé a escuchar el silencio vaciando el pensamiento. Lo que llamamos silencio es la posibilidad de escuchar sin escuchar nada. O sea, escuchar como dilatación.
P: Puso por escrito su biografía, pero tengo entendido que la tiró. ¿No conserva ninguna copia?
R: No, no soy como Teresa de Ávila, que la Inquisición le pidió su libro y se hizo hacer una copia. No era una biografía literal, creo que fue la manera inconsciente de contarme a mí mismo mi propia vida. Dado que todos somos una especie de Frankenstein y cosemos pedazos aislados, para darnos una coherencia. Fue para contarme después de tantos años de viaje, de esto y de lo otro, dónde estaba.
P: ¿Cuándo decidió ordenarse sacerdote?
R: Tras siete años de vida monacal, estaba en Estados Unidos y me mandaron a la Argentina porque habían fundado allí el monasterio. Después fui a uno de Francia y me pareció la forma más coherente de poder transmitir mi experiencia. Nunca fui responsable de una comunidad, trabajé en alguna parroquia, pero después ya me fui a vivir solo. Por la edad, ya lo dejé, estoy jubilado y tengo más tiempo libre.
P: Sus versos transmiten luz y calma, pero también le interesa el encuentro con el otro para no quedar "huérfano de vida" o "incumplido"...
R: Sí. A mí me gusta mucho el poema sobre la soledad de una vida en relación a las otras, como que si no estamos uno en el otro estamos todos incompletos.
"La soledad de una vida
nunca es tan solo la suya,
es la de todas las otras
a las que les falta esa vida."
P: En otros poemas también se hace eco de la reverberación que tiene el uno en el otro...
R: Hay uno que termina diciendo "es unos a otros que nos estamos creando". Hablo de poemas que no son de este libro en particular. Para mí, es clave la idea de que la vida me fue dada sin haberla pedido, por lo tanto yo estoy constituido por la alteridad.
P: Defiende también que la poesía siempre habla de una espiga, aunque mencione gavillas. ¿Es necesario un ancla en lo concreto para que los versos puedan elevarse?.
R: Creo que lo que dices es así, pero a lo que apunto ahí es a la posibilidad del amor como algo único, lo intransferible de cada uno y su misterio. La poesía y el amor es lo que entre muchos nos elige y esa elección convierte a cada uno en una persona única. En la poesía nunca trato no lo de todos, sino del singular particular. El filósofo busca lo universal, el poeta lo singular.
P: "Nadie debiera decir rosa si una espina no lo ha herido" es uno de sus versos. ¿Cree que hay cierta tendencia al victimismo fácil en la contemporaneidad?
R: Sí, creo que hay lo que yo llamo un "nihilismo de la queja". Si me quejo de todo, de lo mal que estamos, parece que estoy del lado de los buenos, por así decirlo. Nadie va a negar lo mal que estamos. Hay que saber que el cielo está muy oscuro pero quedan rayos de luz y encender una fogata quizás ayude mucho más que contar sobre la oscuridad.
P: ¿Qué inspira su poesía?
R: A mí me inspira básicamente y totalmente la música, más que otros poetas, y también me inspira mucho la pintura. Sobre mi escritorio tengo una reproducción de un cuadro de Morandi, porque yo quiero escribir como pintaba Morandi, un imposible, pero bueno. Por mi vida, mi alimentación no me viene de la literatura.
P: Antes ha citado a Teresa de Jesús, supongo que también habrá leído a San Juan de la Cruz, los grandes místicos...
R: Sí, claro que puedo citar a Santa Teresa, a San Juan, a poetas de ahora, pero hay algo que digo, en broma y en serio, que la única prueba de la existencia de Dios es La pasión según San Mateo de Bach. Y si Dios no existe, entonces es La pasión según San Mateo de Bach, es Dios.
P: Como ganador del Premio Loewe le toca ser jurado en la siguiente edición. ¿Qué le parece?
R: Un trabajo bárbaro va a ser porque se han recibido más de 3.000 poemarios, pero es una linda tarea. He estado en otros jurados, pero como mucho éramos cuatro. Esto va a ser discutible y el debate va a ser enriquecedor.
P: ¿Cómo animaría a alguien a leer su libro?
R: Le diría que tengo fe y ciencia en que mi libro toca. La gente se conmueve con mis libros. No es algo que diga por vender libros, sino porque es una experiencia muy rica que me devuelven.
P: ¿Cree que la poesía aporta algo de calma en estos tiempos de velocidad, pantallas y scroll infinito?
R: La calma la tiene que poner el lector, esa es la puerta de entrada. Mi poesía es una poesía de serenidad, da un cierto silencio, pero también se abre al otro. Yo sé que es difícil en estos tiempos escribir poesía, porque es un poco la única espiga, una experiencia en la que no basta el libro ni basta el lector. Tienen que abrirse en el otro. Es algo que se dice el lector, pero se lo dice desde lo que yo digo.
"...nunca tendríamos que mentirnos
nombrando lo que no sangramos".