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La mayoría de nosotros damos por hecho que la muerte es el fin de la conciencia. Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué pensamos así? ¿Cómo hemos llegado a esta conclusión, que muchos afirman tajantemente con tanta seguridad? Así comienza su sección "Pensemos fuerte" Enric F. Gel esta semana. Dice Gel que la mente, la conciencia, los recuerdos o la personalida dependen estrechamente del cuerpo es algo que hemos sabido desde siempre. ¿Por qué ahora -pregunta el filósofo catalán- tendemos a interpretar estos mismos datos como prueba definitiva de que la conciencia se extingue con el cuerpo? "Pues esto es lo que se me ocurre: la diferencia no está en la evidencia, está en la cosmovisión", señala Enric.

¿Qué ocurre si cambiamos esa cosmovisión, si nos quitamos esas gafas? Tomemos una propuesta, la del filósofo y psicólogo estadounidense William James quien, a finales del s. XIX, impartió dio una conferencia titulada “Human Immortality”, donde aborda esta cuestión. La pregunta importante es: cuando el cerebro muere, ¿la conciencia desaparece? Pues no necesariamente, va a decir James. Eso va a depender del tipo de relación de dependencia que haya entre el cerebro y la mente. Si el cerebro es un órgano productivo, si produce la conciencia, pues entonces sí, cuando deje de funcionar. Enric nos pone ejemplos prácticos para entenderlo: un prisma o un transistor. Y va argumentando siguiendo el hilo de James. Y al final resulta, según Gel, que el gran argumento a favor de la conclusión de que la muerte es el final en verdad no es tan sólido como parece.

José Ortega y Gasset dejó buena parte de su legado intelectual en libros y conferencias, y además, tuvo la gran iniciativa de dejar una herramienta para que la generación de pensamiento no se detuviera: la Revista de Occidente, que desde el mismo momento de su fundación en 1923 se convirtió en una de las publicaciones más importantes del ámbito humanístico español. Hablamos con su actual director, Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 

Tal día como hoy, 14 de abril, pero de hace 900 años nacía en Córdoba una de las personalidades claves en la historia del conocimiento: Abu Al Walid Muhammad Ibn Rusd, pero el mundo le recuerda como Averroes. Cultivó diversos ámbitos del conocimiento, como la medicina, el derecho y la filosofía. En todo caso fue un adelantado a su tiempo, defendiendo derechos de la mujer, aprovechó los avances de los árabes orientales, seguidores de la medicina hipocrático-galénica, ya buscaba la objetividad huyendo del sectarismo y creía en el mestizaje como instrumento de cultura y de civilización. Analizaremos todas estas facetas sobre su figura y las actividades que se dedican en este Año Averroes con el profesor Israel Muñoz, vicerrector de Estudiantes y Cultura de la Universidad de Córdoba, experto en cultura clásica; y con Juan Pedro Monferrer, atedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Córdoba y comisario de la exposición ‘Averroes y la Córdoba de su tiempo’, colaboración de la Universidad con la Diputación, el Ayuntamiento de Córdoba, la Casa Árabe, el Museo Arqueológico de Córdoba y la Cátedra de Estudios Árabes.

Entre los siglos XII y XIV aparecieron en Europa algunas comunidades femeninas difíciles de clasificar. Vivían y trabajaban juntas, cuidaban enfermos, oraban y escribían, y todo ello en medio de las ciudades. Además, se atrevieron a expresar su experiencia espiritual y personal con una intensidad poco común: hablaron de Dios en el lenguaje del amor y la intimidad. Carlos Javier González Serrano conversa con Prado Pérez de Madrid, médica, música y especialista en las beguinas,  sobre aquellas mujeres que, en la actualidad, nos obligan a preguntarnos qué significa realmente la espiritualidad.

"Confiar es dar tregua al miedo, compartirlo, dividirlo y debilitarlo entre los demás pero para eso debo tener la valentía de reconocer a los demás como yo mismo o mejor aun a mi mismo como parte de los demás". Este extracto del último libro de Vico podría ser una buena sinopsis de lo que pretende contarnos. Nuestro colaborador, filósofo de la ética, ha publicado su tercer libro, "Filosofía para desconfiados. Una reivindicación del nosotros" (Ed.Ariel), un alegato contra el cinismo contemporáneo en el que Vico recuerda cómo ya Aristóteles nos dijo hace 2.500 aquello de que sólo los animales y los dioses pueden vivir en soledad.

Al final, cuenta el autor, el ser humano es un animal político y ético cuya supervivencia depende del clan. Un clan que, tras la explosión de las grandes urbes, se ha perdido. Y sin clan, fuera de la polis, el hombre es un ser desvalido y asustado que corre el riesgo de no sobrevivir o de perder su humanidad, como le ocurrió a Víctor de Aveyron, el niño criado por lobos que nunca logró conectar con sus cuidadores. "Necesitamos sentirnos pertenecientes a un algo", asegura Vico. Por eso, ahora nos buscamos lo que él denomina pseudoclanes: las redes sociales. Pero son fake. Así lo explica Vico: "La tecnología ha avanzado exponencialmente pero nuestro cerebro el pobre sigue prácticamente como hace 200.000 años. Somos trogolitas con teléfonos inteligentes".Vico explica la diferencia entre el yo público, el yo privado y el yo íntimo que se muestra en las redes sociales.

El filósofo sevillano detalla cómo hemos llegado hasta la situación actual de desconfianza. Él apuesta por la educación, la juventud y el nosotros. Para este pensador, el acto más revolucionario del sigo XXI es, sencillamente, confiar. Ese sería el primer paso, ubicado dentro de la ética de la responsabilidad, para cambiar el mundo. O, al menos, intentarlo.

Martha Nussbaum es una filósofa contemporánea de gran reconocimiento, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y una mujer muy influyente en el ámbito de la educación en su país, Estados Unidos. Paz Pérez Encinas trae su figura y pensamiento a "Un cuarto propio". contándonos cómo esta pensadora quiere dar su espacio a la filosofía moral. Para Nussbaum, las emociones no están alejadas de la racionalidad. Contamos con muchos ejemplos, detalla la estadounidense, de las emociones en el mundo animal, y algunas muy significativas para explicar tanto el comportamiento del animal no humano como el humano, como por ejemplo la indefensión aprendida. Hablamos de una de las manifestaciones de la depresión en personas y animales, vinculada a la idea de que uno no es capaz de controlar el entorno. Le película española "Te doy mis ojos" muestra claramente, explica Pérez Encinas, la situación de indefensión aprendida de la protagonista.

"Los seres humanos -explica Nussbaum- experimentan las emociones de formas modeladas tanto por su historia individual como por las normas sociales". Parte del pensamiento central de esta filósofa se apoya en que el conocimiento de las emociones a través de la literatura puede ayudar a enriquecer nuestra vida emocional. Experimentamos por empatía el sentimiento como si nos pasara a nosotros, no como algo simplemente teatral o imaginativo, sostiene; por eso, son tan necesarias todas las disciplinas que educan y potencian la imaginación creativa. La empatía en definitiva sería, por lo tanto, una ventaja evolutiva y la compasión jurídica adecuada es la misericordia. Como conclusión, según Martha Nussbaum, en la educación habría que darle un amplio espacio a las humanidades y a las artes.

Puede interesarte escuchar de nuevo este capítulo de Daniel Tubau sobre razones y pasiones que complementa a la perfección este contenido. (Pulsa sobre pasiones para escuchar)

En el mundo presocrático, nos cuenta David Hernández de la Fuente en "Retorno a Mileto", la navegación de las ideas sigue en ocasiones el curso del Sol de de Oriente a Occidente. En este recorrido de este a oeste encontramos a clásicos como Empédocles, originario de Sicilia, un pensador que dejó su legado en forma de poesía, que tenía un aura de hombre divino, que decía recordar vidas pasadas y que aseguraba manejar las tempestades a su antojo.

Este pensador que nos recuerda tanto a Pitágoras va a unificar dos corrientes: la pitagórica y la de Parménides. Empédocles va confiar en todo lo que le dicen los sentidos, con lo que anticipa lo que va a ser luego el empirismo de Aristóteles. Empédocles considera que podemos basar nuestro conocimiento en los sentidos, lo que denomina “mañas". Hablamos de un filósofo pluralista, que defiende la existencia de cuatro elementos básicos o raíces (“rhizomata”) que explican el surgimiento del cosmos: fuego, agua, tierra y aire, y que dejará poso en filósofos como Shopenhauer o Nietszche.

Puede interesarte recordar este capítulo de Hernández de la Fuente analizando la figura de Pitágoras que complementa muy bien el contenido (Pulsa sobre Pitágoras)

Hay algo profundamente inquietante en la risa. Reímos cuando algo se quiebra en la realidad: una expectativa, una norma, la excesiva solemnidad. La risa irrumpe como una pequeña explosión que disloca el orden de lo previsible.  Carlos Javier González Serrano charla con Bernat Castany, profesor universitario de literatura, sobre por qué la risa sabe algo que la seriedad tiende a olvidar. Reír es aceptar que el mundo no encaja del todo en nuestros esquemas. Y en esa grieta dibujada por una sonrisa, inesperadamente, respiramos.

María Zambrano, una de las más grandes pensadoras del siglo XX, nos legó una extensa obra filosófica, de ensayo y poética. En su ciudad natal, Vélez-Málaga, podemos seguir una ruta que nos acerca a su figura y su biografía; y hoy nosotros os proponemos acercarnos hasta allí para conocer una parte especial de esa ruta. ¿Nos acompañáis?

“Qué desperdicio 3.0”, aridez terrenal y mental. Transición ¿justa? hacia la energía limpia. Acoplamiento sectorial, energía verde con cabeza.

Pudiera parecer que un programa de filosofía no debiera ocuparse de los alienígenas. Pero estaríamos desatendiendo esta realidad de la que hoy nos habla Enric F. Gel en "Pensemos fuerte": los filósofos han reflexionado sobre los aliens desde la época clásica. Váis a alucinar.

El ser humano siempre se ha hecho la gran pregunta: ¿existen otros mundos aparte del nuestro? Para los atomistas, sí. De hecho, defendían que hay muchos mundos simultáneamente. Infinitos. Estábamos emocionados hasta que llegaron Platón y Aristóteles para aguarnos la fiesta. Eso sí, el segundo dejó una puertita abierta porque pensaba que las estrellas eran seres inteligentes. Seguimos. Para Plutarco, la Luna era la segunda Tierra. Luciano de Samosata, quédate con el nombre, ideó la primera "Guerra de las Galaxias". Un obispo de París llamado Guillermo de Vorilong se tiró a la piscina al afirmar que hay infinitos mundos que probablemente estén habitados por criaturas como nosotros. Hablamos además de San Agustín, Kepler, Nicolás de Cusa, Galileo, Giordano Bruno o Kant. Y del siglo XVIII al presente con Trump y Obama, que vaya la que ha liado en un pódcast asegurando que los aliens son reales. ¿Y tú? ¿Piensas que estamos solos en el universo?

Puede apetecerse una dosis doble de Enric. Te proponemos esta, cuando habló de los infinitos mundos y el realismo modal (pulsa sobre infinitos a lo Dr. Strange)

Daniel Tubau viene dispuesto a examinar a fondo dos maneras tramposas de usar el escepticismo, la de los magufos o terraplanistas y la de algunos antimagufos. En su sección "Sképsis, atrévete a dudar" cuenta que estamos ante dos casos de escépticos hipócritas. Un escéptico honesto, aclara nuestro colaborador, es el que opina que en muchos asuntos o es difícil o imposible afirmar algo que sea absolutamente cierto, por lo que siempre mantiene un resto de duda y, en consecuencia, rechaza el dogmatismo. No es el caso de nuestros protagonistas de hoy. A estos, Tubau les tilda de "lobos con piel de cordero" porque realmente son dogmáticos disfrazados de escépticos.

Los primeros son los conocidos como magufos. Esos a quienes les atrae lo del pensamiento mágico y suelen ser aficionados a historias de alienígenas acusando a lo que llaman ciencia oficial de esconder oscuros intereses y fabricar mentiras. Aluden a errores científicos (que los ha habido, y muchos) y recuerdan que ciertas teorías que parecían extravagantes en el pasado hoy se consideran válidas científicamente. La deriva de los continentes de Alfred Wegener es un buen ejemplo. La historia real explicada en la película "El aceite de la vida", otro.

Y ahora nos ponemos con aquellos a quienes más molestan los magufos, sus contrarios, los antimagufos. Estos suelen ocurrir al argumento de autoridad para justificar sus teorías como este: "Lo dice la ciencia". Tubau advierte que no tenemos por qué exigir que todo esté demostrado científicamente. Puede haber diversos grados de probabilidad, como decía el escéptico académico Carnéades.

Conclusiones: ideas locas o extravagentes si, ahí tenemos a Kepler o Einstein, pero puestas a prueba, contrastables. "El escepticismo no debe emplearse como un arma de combate, sino más bien como un estímulo para seguir investigando", asegura Tubau. Por tanto, instalémonos -comenta- en la modestia escéptica y no en la soberbia escéptica del que todo lo tiene claro.

Podríamos dedicar media temporada a este gran dilema. De momento, entrega con Vico en "Ágora 3.0" en la que comienza a hablar del Sócrates optimista que creía, inocente él (o no) que el ser humano es bueno por naturaleza. Si alguien obra mal, decía el clásico, es por ignorancia. Siglos más tarde, Thomas Hobbes sostuvo una posición radicalmente distinta. En "El Leviatán" afirmó que el hombre es un lobo para el hombre. El filósofo inglés mantenía que el ser humano está naturalmente inclinado a la desconfianza, la competencia y la violencia cuando considera que su interés está en juego. Entonces, se busca una solución para evitar una guerra permanente de todos contra todos: debemos ceder el uso legítimo de la violencia a un poder superior, el Estado, ese gran Leviatán que garantiza la paz.

Nos vamos al lado opuesto de la balanza filosófica. Y ahí tenemos a Jean-Jacques Rousseau, para quien el hombre nace bueno, pero es la sociedad la que lo corrompe. La desigualdad, la propiedad y la competencia deforman una naturaleza originariamente pacífica. Lo explica en su obra "El contrato social". Y de ahí Vico aborda la modernidad psicológica, que añadirá otra capa con Freud y sus dos pulsiones básicas. Para este psicoanalista y filósofo, no somos pura bondad ni pura maldad; somos conflicto. La genética y la psiquiatría señalan que puede existir predisposición en algunos individuos, aunque conviene recordar a Ortega y Gasset en esto: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. ¿Qué es el hombre? Para el Sr. Smith, un virus. Si, Matrix también tiene su lugar en esta sección.

¿Y tú? ¿Crees en la bondad del ser humano?

Te dejamos este capítulo de María Gómez para complementar el contenido: ¿Somos buenos o malos por naturaleza? (Pulsa en buenos, no seamos negativos)

Pensar en el desarrollo de una nueva conciencia implica atreverse a cuestionar la forma habitual en que miramos el mundo. Se trata de cuestionar nuestra manera uniformada de ver las cosas. Carlos Javier González Serrano charla con Silvia Bardelás, editora, filósofa y escritora, sobre la posibilidad de reconfigurar nuestra mirada para intentar abrirnos a una forma de atención más amplia, menos condicionada, más imaginativa, menos homogeneizada por los estándares del sistema productivo. ¿Es posible aún modificar nuestra mirada para generar una conciencia nueva?

Nos adentramos en los secretos del Tao de la mano de Víctor. Él descubrió las filosofías orientales tras un viaje a la India en 2003 y ahora trata de transmitir su experiencia y conocimiento a través de distintas redes sociales. Les ofrecemos también el testimonio de varios refugiados libaneses en España, que asisten con espanto a las noticias que llegan cada día sobre los ataques de Israel en su país. Además, hablamos de un proyecto de formación y organización de mujeres agricultoras en India.

Si te gusta Oscar Wilde te gustará Sócrates. Hablemos del segundo. Puso en riesgo su vida en varias ocaciones. Este hombre tan majete que ha sido el pilar de la filosofía moderna resulta que fue un valiente. Enric F. Gel nos cuenta varias anécdotas que lo confirmarían. En "Pensemos fuerte" el pensador catalán explica cómo Sócrates termina condenado a muerte por practicar la filosofía y cómo se niega a escapar aun cuando sus discípulos lo tenían todo preparado. Se pudo salvar y no lo hizo. ¿Por qué? Aquí viene lo bueno. Sócrates decía que el temor a la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, porque o bien con la muerte desaparecemos y eso no tiene por qué ser malo en si mismo, siempre según Sócrates, o bien algo de nosotros sobrevive a la muerte, pero entonces quizá nos espere algo bueno, como dicen los mitos. Por tanto, nadie conoce la muerte. Lo que sí conozco es que es malo y vergonzoso cometer alguna injusticia.

Y esto nos lleva a uno de los personajes principales dibujados por ese otro genio irlandés, Oscar Wilde. Hablamos del personaje tan platónico de Dorian Gray. Mientras su retrato envejece y refleja su alma podrida, el joven que se muestra a la sociedad permanece bello e impoluto esconde su verdadera esencia carcomida por el mal. Dice Sócrates a este respecto que actuar mal es hacerse daño y que eso deja consencuencias para el alma, marcas, cicatrices. Y que el injusto en realidad es un desgraciado, aunque disfrute de los placeres terrenales. Aquí llega el dilema: "Ser noble y morir justamente o convertirte en un tirano podrido por dentro?. Tú eliges.

Nuestra mente está predispuesta a creer en algo más grande que nosotros. Llámalo Dios, energías, algo que nos guíe, ese algo más allá de nosotros, el Universo lo llaman algunos (y ya lo apuntaban los presocráticos). Así comienza hoy su exposición María Gómez. En "Diálogos internos" aborda el papel de la fe hoy en día. En todas las religiones, en todas las culturas, aunque estén hablando de distintos dioses, apunta María, se suele hablar de lo mismo. Es la necesidad de tener una estructura, un marco de valores, un guion, un orden, una figura de autoridad y la búsqueda de sentido a la vida.

Gómez alude al famoso "Dios ha muerto" pronunciado por Nietzsche que, llevado a nuestros días, condensa la crisis de la modernidad en la que pudiera parecer que la religión va perdiendo peso, por lo que perderíamos certezas y el poder de la comunidad mientras irían surgiendo nuevos rituales. Comenta nuestra psicóloga social que la religión tiene un papel positivo sobre la salud mental pero hay algo que ha hecho mal: imponer discursos que limitan nuestra vida. Como siempre, María Gómez nos trae literatura, cine y música. Hablamos del último disco de Rosalía y su estética religiosa, de las filósofas Simone Weil y Rabia Al Adawiyya, del machismos en las religiones, del asunto planteado en la película "Los domingos" y el debate que genera cuando vas a verla.

Y tú, ¿cómo reaccionarías si una chica joven de tu familia decide ser monja de clausura?

Las costumbres y tradiciones ordenan el tiempo, marcan el calendario y dotan de sentido simbólico a nuestra vida cotidiana. Son mecanismos sociales que estructuran nuestra vida y sostienen una moral compartida. Vico nos conduce hoy por un apasionante viaje en el tiempo desde las saturnales romanas del año 217 a.C. pasando por la festividad del "Sol invicto" hasta nuestros días. Si pensabas que la Navidad o Halloween son inventos modernos para que te pases el día en un centro comercial, te sugerimos que escuches hoy a Vico en su "Ágora 3.0" porque vas a alucinar. El roscón y el árbol son símbolos ancestrales, tuvieron y tienen su aquel. Y es que, señala Vico, "nuestras morales están profundamente ligadas a nuestras costumbres".

"¿Está en peligro el Día de Todos los Santos por la irrupción de Halloween? ¿O simplemente estamos viendo cómo las tradiciones se transforman?", apunta el experto en ética y moral. Esas costumbres cambian de nombre, de forma y de justificación, pero mantienen un núcleo simbólico constante. Nos dicen cuándo celebrar, cuándo recordar, cuándo empezar de nuevo. Eso si, una tradición familiar, una fiesta popular o incluso una norma social pueden y hasta deben, en ocasiones, evolucionar.

En una época como la nuestra, que consume imágenes incansablemente, hasta atiborrarnos y caer en un pavoroso tedio, las artes escénicas apuestan por la presencia: por el cuerpo vulnerable, por la voz que tiembla, por el silencio compartido. Subirse a un escenario, o situarse frente a él, resulta hoy un gesto contrahegemónico: exige escucha, espera, atención. Exige tener el atrevimiento de exponerse, ya sea como espectador o como intérprete. Carlos Javier González Serrano conversa con Eva Garrido Samper, dramaturga y actriz, directora de escena y escenógrafa, sobre la importancia del teatro y las artes escénicas.

Al final, Daniel Tubau nos acabará convenciendo, cargado de argumentos, que todos los filósofos de la historia fueron en parte escépticos. ¿No es ese el sentido de la filosofía? Lo es. En este caso, preparáos, porque nos va a presentar a unos filósofos un tanto extravagantes, como Calano, que acabarán muriendo sin mostrar un ápice de dolor, queja o sufrimiento. Otro de ellos será Anaxarco, que siempre fue conocido como el feliz o "eudamónico" y que murió machado literalmente en un mortero gigante sin quejarse en absoluto.

Tal vez Anaxarco fue el primer escéptico de todos los tiempos. En cualquier caso, no cabe duda de que inspiró a nuestro protagonista de hoy, Pirrón de Elis, un filósofo griego que acompañó a Alejandro Magno en sus conquistas, siempre aconsejándole. La sección de hoy con Tubau en "Sképsis, atrévete a dudar" adopta tintes tan gores como interesantes. Conoceremos historias alucinantes y nos acercaremos al pensamiento del hombre que llegó a una conclusión: la causa de nuestro sufrimiento es querer tener siempre certezas. Para Pirrón, sólo podemos conocer las apariencias, pero no las cosas en sí mismas. Para librarnos de esa preocupación constante, lo mejor es -según el pensador clásico- adoptar la indiferencia. Que él mismo se saltó en ocasiones. ¿cuándo? Te lo contamos en el pódcast.

Puede resultarte de interés recordar este capítulo sobre el escepticismo, una corriente de la que es experto Daniel Tubau (Pulsa sobre escepticismo)

El miedo una de las emociones más profundamente primitivas. Y, como animales que somos, solemos optar por cuatro formas de reaccionar cuando sentimos ese terror real o imaginado: atacar, huir, someternos o hacernos los muertos. Vico, en su "Ágora 3.0" añade una quinta posibilidad. Y aquí cita a un gran amigo suyo, un referente en el pensamiento español de las últimas décadas, José Antonio Marina. Además de esas cuatro respuestas -apunta Marina- existe la opción de hacer algo exclusivamente humano: hacer lo que tenemos que hacer. Actuar conforme al deber o la razón, aunque el miedo siga presente.

A eso, y no a la temeridad, le llamamos valentía, que no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de sentirlo. Hablamos de gobernarlo, del pensamiento crítico, del contexto, de la autoconfianza. Si el miedo decide por nosotros, dejaremos de ser libres. Si lo escuchamos, argumenta Vico, lo analizamos y actuamos conforme a lo que debemos hacer, entonces se convertirá en aliado.

Puede interesarte recordar la diferencia entre autoestima y autoconfianza (Pulsa en autoconfianza para escuchar).

El gigante intelectual del siglo XVIII tenía un anlelo filósofico que podía resumirse en estas tres preguntas: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar?. Nos cuenta Enric F. Gel en "Pensemos fuerte" que Immanuel Kant pretende llevar las diferentes capacidades cognitivas humanas a examen. Kant empieza su viaje filosófico siendo un racionalista convencido. Pero entonces lee a Hume y, según cuenta él mismo, eso lo despierta de su sueño dogmático. El problema es que la filosofía de Hume conduce a un escepticismo radical acerca de la ciencia y de la moral y la mente que conoce deja de ser un mero sujeto pasivo del conocimiento, que se limita a recibir lo que le entra por los sentidos y ya está. Pero eso no convence a este filósofo prusiano.

Y aquí llega su famoso giro copernicano: para Kant, la unidad y la forma del objeto de conocimiento ya no tienen su origen en las cosas mismas, sino en el sujeto, que pasa a estar en el centro del proceso cognitivo. Según este pensador, conocemos el mundo filtrado por nuestra mente. Es decir, el sujeto recige unos datos informes de los sentidos y les da una cierta forma ante su conciencia. Es como si llevásemos puestas unas gafas de realidad virtual, por lo que en la filosofía de Kant la verdad -o la realidad- dependen de la mente del pensador.

Atención porque en este capítulo hay dos cameos interesantes: Aristóteles y Einstein.

Puede interesarte recordar la primera entrega que tuvimos sobre Aristóteles con David Hérnadez de la Fuente. (Pulsa sobre Aristóteles)

En una pequeña villa del Cerrato, en Palencia, las casas se expresan en latín. Así lo han decidido sus propietarios, que quieren que se conozcan los encantos de su pueblo. Puestos a la obra han colocado en fachadas, dinteles y ventanas, más de un centenar de frases en la lengua de la antigua Roma. Con su acción han demostrado que una lengua muerta pueda dar vida a todo un pueblo.

La idea es de Andrés Román, un profesor de Filosofía jubilado que se dio cuenta de que Antigüedad, topónimo de la villa; Román, el apellido más común entre los vecinos, y Flora, diosa representada en la plaza de la iglesia, son palabras que provienen del latín. Una confluencia que ha convertido en recurso para promocionar a la población

Conversaciones con José María Brunet

Javier Gomá. La filosofía que se abrió al mundo

La serie de podcast de Conversaciones con José María Brunet, dedicada a la memoria y los retos de España, se lanza esta vez al hiperespacio. No es que vayamos a adentrarnos en el ámbito de la ciencia ficción, pero sí al de la aventura y los viajes con misterio. Nuestro invitado es muy polifacético. Todo lo que hace tiene que ver con la cultura y con el pensamiento, pero manejado desde perspectivas muy distintas. Es jurista, filósofo, literato, ensayista y dirige una fundación muy prestigiosa. Se trata de Javier Gomá (Bilbao, 1965), letrado del Consejo de Estado y desde hace 23 años director de la Fundación Juan March, instalada en un elegante y funcional edificio del madrileño barrio de Salamanca, donde hacen y tienen de todo, protegidos en la zona de acceso por sólidas esculturas de Eduardo Chillida. En esa sede hay música, conferencias, cine, enseñanza de las más diversas materias, y además un espléndido jardín, eficaz remanso de paz para cuando no llueve y el visitante quiere ponerse en manos del gran padre amarillo, el rey sol, ya esté tibio, cálido o candente. Javier Gomá se diría que conoce y domina el cosmos, llevando como equipaje el manual de instrucciones del gusto por la vida, condensado en su célebre obra “Filosofía mundana”. Ignoro si alguna vez se propuso poner en pie una nueva escuela filosófica, pero ni falta que hace. Lo que queremos es que comparta su saber con nosotros. Sobre todo, que nos ayude a comprender si las principales leyes de la Física están a punto de ceder y cualquier día se nos altera la percepción del cruce espacio-tiempo. Todo ello referido, claro está, al arte de vivir, a la mejor gestión de pasiones y escrúpulos, de ambiciones y lecciones del destino, de desafíos y esperanzas. Exigiremos a nuestro invitado el manual de instrucciones del hombre o la mujer capaces de resolver encrucijadas con soltura, y de enfrentarse al paso del tiempo sin retiradas ni renuncias, con abundancia de dones, y bondad y rectitud para administrarlos.

En Eckhart, Tauler y Suso la experiencia de lo divino acontece en lo más hondo del alma, allí donde el yo aprende y consiente en vaciarse de sus pretensiones para abrir un espacio inédito a algo que lo excede. En ese renacimiento se juega una comprensión distinta de la libertad: no como una ruidosa afirmación, sino como entera disponibilidad. Carlos Javier González Serrano dialoga con Silvia Bara Bancel, profesora de teología y traductora de estos autores, sobre un linaje espiritual, místico y filosófico que nos propone habitar nuestra interioridad con una singular hondura.

El cambio, lo que todo fluye, el famoso "panta rei" versus lo esférico, lo inmutable, el inmovilismo. Esta semana enfrentamos, aparentemente, a dos titanes presocráticos, Heráclito y Parménides. Aunque, según aclara nuestro experto en clásicos David Hernández de la Fuente en su sección "Retorno a Mileto", si bien es habitual enfrentarlos en filosofía se parecen más de lo creemos.

Cuenta De la Fuente que coinciden en su visión del ser único y en que la verdad (el Ser o el Logos) es eterna, única y revelada por la razón, no por los sentidos. Ambos establecen el problema central de la filosofía presocrática: la tensión entre el devenir (Heráclito) y la permanencia (Parménides) como fundamentos de la existencia.

Conviene señalar que estamos ante dos grandes de la filosofía. Por ejemplo, los estoicos usaron a Heráclito para fundamentar su idea de una razón-logos divino y común que sería para ellos la mente ordenadora del universo. El pensamiento de estos dos grandes impactaría sobremanera en grandes filósofos como Nietzsche y Heidegger. Y tú, ¿con cuál de estos titanes te quedas?

Si te quedas con Parménides, aquí una entrega sobre su pensamiento (Pulsa sobre Parménides)

Lo sabemos. En el título ponemos una cosa y en la foto véis otra: esos tomates bien rojos, igual de rojos que los micrófonos de Radio Nacional, ya que es nuestro color corporativo. Ese color no puede ser apreciado por Mary, dado que vivió encerrada en un cuarto durante años. Mientras veía la vida en blanco y negro, leía como una poseída libros de neurociencia para intentar hacerse a la idea y entender qué era el color rojo.

Estamos de nuevo en la filosofía de la mente, esa que aborda el problemón de la conciencia, un tema que a Enric F. Gel le apasiona y que consigue explicarnos a las mil maravillas en su sección "Pensemos fuerte". Estamos hablando del dilema mental conocido como "La habitación de Mary" y de una teoría filosófica conocida como materialismo reduccionista, una teoría también conocida como fisicalismo según la cual los estados mentales pueden reducirse a estados físicos. Y tú, ¿qué color tiene para ti la vida?

En la vida estamos decidiendo continuamente. Señala Vico en su "Ágora 3.0" que sólo hay dos momentos en la vida en los que no decidimos nada. ¿Adivinas? El resto del tiempo vital, a tomar decisiones a punta pala. Entonces, convenimos que no estamos ante un tema menor. La pregunta es: ¿qué es decidir bien?. Cuenta Vico que se trata de interpretar las circunstancias, valorar riesgos y oportunidades; eso que llamamos contexto. "No se trata solo de querer algo, sino de entender si es el momento, si tenemos las herramientas y si el entorno acompaña", cuenta.

Hay que decidir con sentido común y pensamiento crítico. Y se pueden dar tres escenarios tras la toma de una decisión: el éxito total, el éxito relativo y el fracaso. En los tres escenarios hay algo que no cambia: la responsabilidad. El filósofo sevillano experto en ética habla de perdonarse a uno mismo, del aprendizaje, de distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. De saber crecer para, al final, decidir en libertad. Y en esto tienen mucho que decirnos Epicteto y los estoicos.

Y tú, ¿aplazas tus decisiones o las tomas en un santiamén?

Carlos Javier González Serrano conversa con Carmen Herrando, profesora de ética y prologuista de El arraigo (Alianza Editorial), obra decisiva de Simone Weil para pensar nuestro tiempo, y se preguntan, en el seno de una sociedad crecientemente fragmentada, qué significa hoy estar arraigados y por qué sólo recuperando la atención y el cuidado mutuos podríamos volver a habitar el mundo sin sentirnos unos extraños en él.