Eduardo Scala es poeta, ajedrecista y artista polifacético; filósofo, ensayista, un sabio pensador de 80 años que siempre se ha situado en los límites, y con una profunda vida espiritual. Y, en cierta forma, un artista inclasificable: es mejor escucharlo que definirlo.
Fue el pionero en España del ajedrez educativo, allá por los años 70, cuando esto era de frikis, de élites, y muy minoritario. Publicó más de 6.000 diagramas de ajedrez en prensa, dio clases en Málaga, y en Mallorca se llegó recorrer la isla dando clases de ajedrez con un tablero gigante y ambulante a mediados de los años 70. Como un quijote que veía casillas donde solo había cuadros.
Cuando tenía 64 años, ocho por ocho, como la superficie de un tablero de ajedrez, terminó de escribir “El jugador de ajedrez”, que refleja cuatro décadas de investigación y reflexión. Un libro donde cambia la mirada histórica de un juego de guerra a uno de escucha, de reflexión, y hasta filosófico, espiritual, místico.
Ha tenido mucho que ver en la evolución del diseño de las piezas Staunton, las oficiales de competición, que surgen en el s.XIX. Sobre todo en una pieza. ¿Sabéis en cuál?
Una de las últimas noticias del ajedrez es un descubrimiento histórico, arqueológico y muy valioso para el mundo del ajedrez que acaba de presentar y tiene que ver con Santa Teresa, la 'Patrona de los ajedrecistas aficionados' que preside una exposición en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Ese descubrimiento es la arqueta que Catalina de Tolosa, benefactora de Santa Teresa, le regaló a la Santa en 1582. Esta preciosa arqueta del siglo XVI en su base esconde un misterioso tablero de ajedrez y tiene 444 años.
Una conversación con un hombre sabio, pionero del ajedrez educativo, y con una faceta creativa inagotable.
Con la ayuda de Pablo Martín Sánchez y de Pedro Vicente ampliamos la charla a personajes como Marcel Duschamp y George Perec y proponemos juegos que surgen de la relación entre ajedrez y literatura.