Adiós al maestro entre gaitas y flores: así ha sido la emotiva despedida a Fernando Ónega en la Casa de Galicia
- Decenas de periodistas, políticos y amigos acompañan a la familia en la capilla ardiente en Madrid
- Ónega es recordado como cronista imprescindible de la Transición, admirado por su retranca gallega y sentido del humor
En la puerta de la Casa de Galicia en Madrid este miércoles se respira emoción. La emoción que provoca la despedida de un maestro de nuestro oficio: Fernando Ónega, “un gallego de pro” en cuyo adiós no podía faltar el sonido de las gaitas. La mañana transcurre entre abrazos contenidos. A la capilla ardiente no dejan de llegar coronas de flores. Tampoco cesa el goteo de caras conocidas que acuden a darle el último adiós. Periodistas, políticos, familiares, amigos y personas que le admiraban por su trayectoria se acercan para despedirse de quien fue referente de la crónica política española durante más de medio siglo.
La Casa de Galicia no es un escenario casual. Ónega nació en 1947 en Pol, un municipio de Lugo “pequeño pero muy acogedor”, como lo define su alcalde, Lino Rodríguez Ónega, que merodea por la calle buscando cobertura para firmar un decreto de dos días de luto oficial. En Pol, cuentan, ya apuntaba maneras desde joven. “Destacaba por su intelectualidad, tenía mucha facilidad para las letras”, recuerda este miércoles José Antonio Fernández, maestro y compañero suyo en el instituto. Según cuenta, Ónega ya dirigía por aquel entonces el periódico de su residencia de estudiantes. A la capilla ardiente, Fernández ha acudido con su hermano Luis, que describe a Ónega como un hombre “sensato”, cuya trayectoria “se veía venir”. “Era corresponsal de El Progreso de Lugo a los 14 años”, rememora.
Entre los asistentes, se encuentran compañeros de profesión que con el tiempo se convirtieron en amigos. El periodista Miguel de los Santos, que trabajó en Televisión Española y en la Cadena SER, evoca con emoción el día en que, por azar, le abrió la puerta de la radio: “Tengo el honor, el placer y ahora también el sentimiento de haber sido la primera persona que le dio la oportunidad de ponerse ante un micrófono”. Buscaba entonces “un periodista de buena pluma” para una sección y llamó al diario Arriba preguntando por Pedro Rodríguez. Al otro lado respondió un joven redactor de 19 años: Fernando Ónega. “Si puedo ayudarle yo…”, se ofreció. “Le dije que no sabía si se atrevería, y Fernando, muy gallego, muy periodista y muy español, me dijo, ah sí, sí, yo lo hago”. Y así empezó todo. “Desde entonces hemos compartido una amistad de medio siglo”, resume.
Quienes lo conocieron coinciden en que, fuera de los micrófonos, era casi igual que en sus artículos: con retranca gallega y una inteligencia luminosa. María Esther López González, lucense de 92 años que trabajó con él en los años 70, lo llama con cariño “Fernandiño” y lo define como “la persona más inteligente que tuvo el periodismo español”. Con los ojos humedecidos y tras dar el pésame a la familia, recuerda que Ónega fue autor de gran parte de los discursos del presidente Adolfo Suárez, como el mítico “puedo prometer y prometo”. Y destaca su sencillez: “Era una persona llana, normal, que no presumía de nada y tenía mucho de qué presumir”.
Un maestro del periodismo
También se ha acercado a la capilla ardiente la reina Letizia, para quien Ónega fue un auténtico referente: “Ha sido un profesor y un maestro para muchas generaciones de periodistas”. Doña Letizia ha recordado emocionada cómo todos los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid en los años 90 “teníamos a Fernando Ónega como un hombre inalcanzable, como un profesional al que todos nos queríamos parecer”. “Luego tuve la suerte de que conocí a una de sus hijas en los trabajos en los que fui redactora, así que Fernando pasó de ser un referente a ser el padre de mi amiga”, ha señalado.
El periodista Carlos Alsina también compartió con Ónega una relación de trabajo y amistad. Lo define como una persona cercana y cariñosa. Le conoció cuando estaba comenzando su propia trayectoria profesional y lo recuerda como “un jefe muy generoso”. “Lo que más feliz le hacía era descubrir a alguien con talento y con pocos años. Cuando veía a alguien que le había tocado hacer una sustitución y lo había hecho bien, iba a decirle a esa persona ‘oye, tú vales, para esto, y quiero que lo sepas’. Y si no te lo creías mucho, te lo volvía a repetir”.
Aunque Ónega proyectaba una imagen seria y profundamente analítica, sabía reírse de sí mismo, según Alsina. En una ocasión, durante una intervención en directo desde su casa, comenzó a sonar en su móvil una canción que no lograba apagar. En plena emisión, no sabía cómo reaccionar. “Acabamos haciendo algo verdaderamente disparatado: transmitir en directo la angustia de Fernando Ónega intentando apagar un teléfono que no dejaba de colarse en antena”, recuerda. La situación derivó en un momento cómico inesperado. Y cuando finalmente rompía a reír, ya no podía parar. Sus ataques de risa eran “muy inusuales”, pero especialmente contagiosos: “Lo más divertido que le podía pasar a alguien era oír a este señor tan serio, muerto de risa, riendo sin parar e incapaz de dejar de hacerlo”.
Ónega fue director de informativos de la Cadena SER, COPE y Onda Cero y de varios programas en TVE. “Ha pasado por todos los medios y en todos ha dejado un sello de gran calidad periodística y de esa voluntad de concordia”, afirma Iñaki Gabilondo. El periodista le recuerda como un hombre “vinculado a Adolfo Suárez” al que considera “el representante más genuino del espíritu de esa Transición”. “El heredero de aquella UCD que pinchó, pero que dejó flotando una especie de pensamiento que él encarnaba”.
Fernando Ónega en una foto de archivo Europa Press
Para el periodista Lorenzo Milá, Ónega representaba “la cara y la energía del periodismo sensato y responsable”: “Una voz tan lejos de esas voces polarizantes que parecen estar inundando el ecosistema comunicativo en España”. Como legado, Ónega deja sus enseñanzas a decenas de periodistas. “No es casualidad que en todos los obituarios en la prensa la palabra más repetida sea maestro”, señala Lucía Méndez, que entró de becaria en la cadena SER cuando él “ya era una figura”. “Vamos a recordar a una persona que nunca se apuntó a ningún bando, siempre defendió su neutralidad, su sentido común, su moderación y su talante”, añade la periodista.
"Todos queríamos ser amigos de él"
En la acera frente a la Casa de Galicia, un grupo de personas observa en silencio desde fuera. Algunos preguntan si pueden entrar a dar el pésame. Es el caso de Fabiola Lázaro, una mujer de 64 años que viene desde Carabanchel para mostrar sus condolencias a la familia. “Me parecía muy buen periodista y también vengo por las hijas, me gusta mucho lo que hacen”, comenta. A tan solo unos metros se encuentra la maquilladora Susana Pérez, que coincidió con él en televisión y se encargó de maquillarlo, lo recuerda como una persona muy educada y amable. “Si tuviera que poner por delante periodista o buena persona, no sabría cuál de las dos cosas elegir. Las dos las hacía maravillosamente”.
De las palabras que se escuchan a las puertas de la Casa de Galicia se desprende una certeza compartida: Ónega fue, ante todo, un hombre querido. “Todos queríamos ser amigos de él”, afirma el padre Ángel, que subraya su bondad y recuerda una conversación reciente: “Antes de recaer me llamó y me dijo: ‘Reza mucho por mí, que todavía tenemos muchas cosas que hacer juntos’. Después se fue al hospital”.