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Militares afines al 23F atribuyeron su fracaso a la decisión de "dejar al Borbón libre" y lo veían un "objetivo a batir"

Los golpistas atribuyeron el fracaso del golpe del 23F a la estrategia de "dejar al Borbón libre"

Un grupo de militares afín a los golpistas atribuyeron el fracaso del golpe del 23F al hecho de "dejar al Borbón libre", por lo que consideraban que era el rey Juan Carlos I: un "objetivo a batir y anular". Es lo que se desprende de un documento manuscrito con el análisis de los "fallos" cometidos, así como de lo que habría que corregir ante "actuaciones sucesivas", que se ha hecho público este miércoles junto a otros 166 archivos que se han desclasificado cuando se cumple el 45 aniversario de la asonada golpista.

Se trata de uno de los archivos que estaba clasificado sobre el golpe de Estado del 23F y que ya se pueden consultar en la web oficial de Moncloa tras la aprobación de la desclasificación por el Consejo de Ministros el martes.

Los documentos se han hecho públicos a las 13-00 horas y entre ellos figuran los que estaban en poder de los Ministerios de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores. Pero no así el sumario del juicio del 23F, ya que, según el Gobierno, no es un documento clasificado, sino custodiado por el Tribunal Supremo. En total, son 167 documentos, aunque el martes la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, anunció que serían "153 unidades documentales".

Los militares creían que Juan Carlos I era "objetivo a batir y anular" tras el 23F

El archivo que analiza el fracaso del 23F se incluye entre los documentos del Ministerio del Interior y la Guardia Civil y se titula 'Documentación con una presunta planificación del golpe, manuscrita (1980)'. Está escrito a mano y su autoría no aparece. En él se asegura que el "primer fallo" fue "dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero".

Aunque el manuscrito versa sobre la planificación del golpe de Estado que se hizo a finales de 1980, en realidad parece escrito con posterioridad, ya que también se mencionan unas "consignas" de "militares españoles" sobre "lo que se debe hacer después del 23F".

En opinión de los militares, Juan Carlos I seguirá en su "intento suicida" de buscar un gobierno con los socialistas, por lo que creen que no puede ser considerado "ni como un símbolo a respetar" si en el futuro hay otro golpe de Estado. "Es por tanto un OBJETIVO A BATIR Y ANULAR", tal y como aparece redactado en el manuscrito.

Además, señala que los militares "no están decepcionados por los acontecimientos del 23F y que no es el momento de hacer críticas de lo que debieron hacer los 'heroicos camaradas de armas' y sí, en cambio, de analizar qué es lo que habrá que hacer de ahora en adelante". También sostienen que les quedan dos "alternativas" a partir de ese momento: "Plegarse" a su "gradual demolición" o "reaccionar como soldados de España".

Y, si reaccionan, ven necesario corregir "fallos" cometidos en el 23F ante "actuaciones sucesivas". En este sentido, creen que será necesario en el futuro contar con "hombres dispuestos a forzar por las armas" el cumplimiento de órdenes y lograr mecanismos que garanticen que quienes estén comprometidos en la operación "actúen en la forma prevista".

"Hemos de seguir actuando para lograr hacernos con el control de los recursos jurídico-constitucionales, culturales y sociales, de todos los resortes de poder que puedan impedir la ruptura de la unidad de España", señala el documento.

Los bulos sobre la Corona

Otro de los documentos desclasificados recoge que tras el 23F los "defensores de los verdaderamente implicados" en la asonada, así como "los grupos políticos y círculos simpatizantes" de su causa intentaron difundir "bulos" sobre la "implicación del rey" en el golpe de Estado. En concreto, Interior reúne algunos de los "panfletos más significativos que han dado lugar a la creación de bulos".

De acuerdo a la documentación desclasificada, se acusaba a los ideólogos de la intentona golpista de haber "tergiversado algunos hechos reales". "Se han interpretado de forma malintencionada otros y se han inventado acontecimientos que sólo han existido en la mente de sus creadores", expone.

Uno de esos bulos indicaba que el rey "se puso de acuerdo" con el general Alfonso Armada "durante las vacaciones navideñas" en Baqueira para "la caída del presidente del Gobierno, Adolfo Suárez". También sostenían que Juan Carlos I forzó la dimisión de Suárez, y "preparó el golpe en connivencia con los generales Milans del Bosch y Armada".

Para apuntalar la idea de que el rey era conocedor del golpe de Estado, aporta "algunos de los panfletos más significativos que han dado lugar a los bulos", como que "tenía preparado un avión para salir de España si los hechos no salían bien" o que "envió a sus hijos a Inglaterra".

En los papeles también se alertaba de que Juan Carlos I quería un "Gobierno de coalición" formado por "Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, Santiago Carrillo y Manuel Fraga, bajo la Presidencia del general Jaime Milans del Bosch, y se sostiene que el rey utilizó el plan golpista "para consolidar su figura", para lo que "empleó al general Armada, a quien luego desautorizó, y él quedó ante los partidos políticos como el 'salvador de la Constitución y la democracia'".

En otro de los documentos se expresa que durante el juicio los acusados trataron de involucrar a Juan Carlos I en el golpe con dos motivos: el "deseo de disminuir la responsabilidad penal de los procesados" y "tener argumentos contra la Corona que justifiquen un intento similar en el futuro". Durante la vista, varios generales "coinciden en afirmar que cumplieron órdenes convencidos de que emanaban" del rey.

Y en un archivo titulado 'Nota: Partido Comunista de España PCE. Intento de la extrema derecha de implicar a la monarquía en el 23F (11 de mayo de 1981), aparece la alerta al secretario general del Partido Comunista del peligro "que supone dejar a la extrema derecha que impere en el mercado negro del rumor las declaraciones del [tachado] y, lo más grave, incidir en la supuesta implicación del rey en el golpe".

Las conversaciones del rey

En la noche del 23F, el rey mantuvo varias conversaciones telefónicas: con el general Alfonso Armada, el teniente general Jaime Milans del Bosch y el teniente coronel Antonio Tejero. Esas conversaciones se detallan en el documento del Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid) - el antecedente del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI)- titulado 'Sucinto relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero de 1981 a raíz del asalto al Congreso según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela'.

En las horas sucesivas a la entrada de Tejero en el Congreso, diversas autoridades civiles, instituciones y representaciones políticas y sindicales llamaron a Zarzuela. A todas ellas, afirma, "se les tranquiliza y aconseja que mantengan y hagan observar la serenidad y la calma, dándoles conocimiento de la actitud y órdenes que está impartiendo S.M. el rey".

En el documento consta que el rey Juan Carlos I ordena que "de ninguna forma" se autorice al general Alfonso Armada, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército, acuda al Palacio de la Zarzuela en los minutos posteriores al asalto al Congreso del teniente coronel Antonio Tejero.

El rey ordena que "de ninguna forma" se autorice al general Armada a ir palacio

En una de las llamadas transcritas, el general Armada llama al rey entre las 18.30 horas y las 19.00 horas para comunicarle su intención de ir al Palacio de la Zarzuela, algo que rechaza Juan Carlos I, que le dice que continúe "en su puesto".

Poco después, el secretario general de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campos, habla con el general José Juste, jefe de la División Acorazada, quien le pregunta sobre si Armada estaba en Zarzuela. Fernández Campos le responde que "en absoluto está en Zarzuela el general Armada, a lo que el general Juste contesta: "Esto cambia totalmente la situación".

También se detalla la conversación que mantuvo el rey con el teniente general Jaime Milans del Bosch a la 1.20 horas del 24 de febrero, minutos después de su mensaje en TVE contra el golpe de Estado. Milans del Bosch había tratado de imponer el estado de excepción en Valencia y había sacado los tanques a la calle.

En esta conversación, el rey le transmite su "rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente" y da una orden clara a Milans de Bosch de que retire todas sus unidades. Y añade: "Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar. Y será responsable de ello, una nueva guerra civil". La respuesta de Milans al rey es que cumplirá las órdenes, pero añade: "Tejero ya no me obedece".

También aparece transcrita la conversación que mantuvo desde su despacho Fernández Campo a las 20.20 horas con Tejero en el que le espeta: "¿Qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente", a lo que el golpista responde que "no recibe órdenes sino de Milans del Bosch".

El rey defendió que las Fuerzas Armadas se sintieran "consideradas"

Entre los documentos también figura una carta del secretario general de la Casa del Rey del 14 de diciembre de 1981 al director del Cesid, Emilio Alonso Manglano, con el "guion" de la reunión que Juan Carlos I había tenido con el Gobierno y la Junta de jefes del Estado Mayor para hablar de una situación militar que calificó de "delicada".

En esa carta, el monarca advierte al Gobierno y a la cúpula militar de la necesidad de que las Fuerzas Armadas se sintieran "consideradas y protegidas" por los poderes públicos, en especial después del "manifiesto de los 100" en el que los militares habían expresado su malestar por el trato que recibían.

"Unas Fuerzas Armadas vencedoras en una triste guerra civil, que no obtuvieron beneficios destacados después de su victoria y que durante 40 años sirvieron a España con espíritu de sacrificio, estaban acostumbradas -eso sí- al mayor respeto, a la más destacada consideración, a la protección de su dignidad por parte de los distintos sectores de la Nación", señala Juan Carlos I en esa reunión.

El rey habló con Milans para que no le perjudicara en el juicio

Una nota interior del CESID, del 5 de febrero de 1982, se da credibilidad a informaciones de "ambientes castrenses de la capital" según las cuales el rey mantuvo "algunas entrevistas confidenciales y sigilosas" con Milans del Bosch antes del juicio por el 23F para tratar "que la Corona no salga lesionada en el proceso".

Según esta nota, se asegura que "alguien muy importante de la Casa Real se ha entrevistado con el general Armada matizando con él comprotamientos relativos a la vista oral del proceso", pero no aporta detalles sobre quién fue quien se reunió con el militar que sería luego condenado. Pero sí aclara que Milans del Bosch exigió que fuera el propio rey, "no admitiendo intermediarios, ni eslabones inferiores".

El autor de la nota interna de los antiguos servicios de inteligencia argumenta que las opiniones no son de "callebajeros", sino que circula en "algunos núcleos cualificados de opinión cántabra" e "incluso algunos de ellos están integrados en el sector militar".

Además, señala que en cualquier caso, si la información no fuera cierta, "el rumor es grave" y que si es cierta "también serían graves las ligerezas filtrantes". Y reitera que "no es un rumor popular, sino perteneciente a parcelas de opinión oíbles y cuantitavamente restringidas".