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Del grafiti "GRECO PUTO" al pueblo de Ávila hecho arte, Alberto Greco revive en el Reina Sofía

  • La retrospectiva Alberto Greco.Viva el arte vivo puede verse del 11 de febrero al 8 de junio
  • El MNCARS expone 200 piezas, entre obras y documentos, del pintor informalista argentino
Del grafiti "GRECO PUTO" al pueblo de Ávila hecho arte, Alberto Greco revive en el Reina Sofía
'Todo de todo', 1964, Alberto Greco. Foto: Juan García Rosell, IVAM. © Gentileza derechohabiente de Alberto Greco

"Una especie de pintura teatro literatura que no es ni pintura ni teatro ni literatura". Así definía el arte vivo su creador, Alberto Greco, pintor informalista, que luego bautizaría al arte vivo como vivo-dito. Figura decisiva de la vanguardia experimental su trayectoria siguió un derrotero muy personal, más próximo a la deriva y la disidencia que a un programa estético claro.

Poeta y actor ocasional, flâneur queer y animador de tómbolas, Greco (Buenos Aires, 1931 - Barcelona, 1965) convirtió la exposición pública de su vida en un espacio de invención estética entre el postureo histriónico, el suceso mediático y el rumor callejero. Bohemio en París, pintó murales en cabarets de Montmartre, se ganó la vida como vidente y se prostituyó en los baños públicos en los que la inscripción "GRECO PUTO" era un acto fundacional.

El Museo Reina Sofía le dedica Viva el arte vivo, una retrospectiva, comisariada por Fernando Davis, que recoge 200 piezas, entre obras y documentos de su breve carrera. Vagabundo incansable, salió de Buenos Aires en 1950, viajó a la Puna de Atacama y Humahuaca, de París a Río de Janeiro y São Paulo, de Génova y Roma a Madrid y Piedralaves, de Nueva York a Ibiza y acabó sus días en Barcelona.

Retrospectiva de Alberto Greco

Alberto Greco durante un acto vivo-dito en Roma,1962. FOTO: Claudio Abate

La exposición recoge obras de entre 1949 y 1965: desde sus primeros escritos y su pintura informalista en la que empuja las posibilidades de la materia, extendiendo los pigmentos con manos y pies, exponiendo los lienzos a la intemperie u orinando sobre las telas para ver la reacción orgánica, a sus acciones y objets vivants; sus dibujos madrileños; los collages que llamó "de autopropaganda" y, por último, la novela Besos brujos, escrita poco antes de quitarse la vida.

En el arte vivo, cuya fundación Greco celebró en París en marzo de 1962, la movilidad fugitiva de la vida se vuelve materia para el arte. Bajo las consignas del vivo-dito el artista firmó personas, mercados, y baños; declaró Buenos Aires y Piedralaves como obras de arte; y proclamó con tiza el lema "Viva el arte vivo" por las calles y muros de Roma.

Quema de una obra colectiva

En su Manifiesto dito dell´arte vivo, con el que empapeló las paredes de Génova, llamaba a entrar en contacto "con los elementos vivos de nuestra realidad: movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares, situaciones". Ya en Madrid, convocó un "momento vivo-dito" en Lavapiés, en pleno franquismo, que culminó con la quema de un lienzo pintado colectivamente.

También ejecutó sus "incorporaciones de personajes a la tela", trazando las siluetas de modelos reales sobre grandes lienzos. Greco había llegado a Madrid en 1963 y, salvo episodios puntuales, permanecería en España hasta su suicidio dos años más tarde.

Alberto Greco en el Reina Sofía

Incorporación de personajes vivos a la tela (Encarnación Heredia, mujer sufriente),1964. ALBERTO GRECO

El arte vivo de Greco se extendió también a dibujos y collages, donde coexisten sensibilidades populares, referencias a los medios de masas e impresiones afectivas vinculadas con lo pueril, lo cursi y lo camp. En su trabajo confluyen el vagabundeo callejero y la verbena, el readymade y la festividad religiosa, el pop y el cuaderno de obscenidades.

Sus obras registran las intensidades del cuerpo, las vicisitudes de lo cotidiano y el tránsito del artista por la ciudad. En su imaginario, tiene un lugar destacado la trasgresión del imaginario católico, titula como Las Monjas una exposición en Buenos Aires, hace colgantes con clavos de herradura, agujerea lienzos y se disfraza de religiosa barbada en Roma durante la celebración del Concilio Vaticano II.

Un pueblo con mucho arte

En abril de 1963, Greco se traslada a la localidad abulense de Piedralaves a la que bautiza como "Grequissimo Piedralaves, la capital internacional del grequismo". Declara todo el pueblo y a sus habitantes obras de arte vivo y despliega una tira de papel de casi 300 metros de largo que integra fotos, imágenes publicitarias, dibujos, cartas, recetas de cocina y aportaciones de los niños del lugar.

El artista ofrece funciones de teatro de títeres en la escuela, pero a las Teresianas les preocupa que no vaya a misa y que pueda ser un espía ruso, por ofrecer entretenimiento de manera gratuita, según cuenta en una carta.

Alberto Greco durante un acto vivo dito

Acto vivo-dito de Alberto Greco en Piedralaves, 1963. FOTO: Montserrat Santamaría

Alberto Greco entendió el arte vivo como un arte del futuro. Pero no tanto como programa estético orientado hacia su consumación progresiva, sino como una aventura abierta a lo imprevisto. Como un gesto intempestivo en el que el arte y la vida —con su movilidad, sus posibilidades de transformación, sus interrupciones y desbordes— eran llamados a confundirse.

Autopropaganda

En noviembre de 1961, empapeló la Avenida Corrientes de la capital argentina con cárteles que proclamaban que Alberto Greco era "el pintor informalista más grande de América", en su contexto político la frase "Alberto Greco. ¡¡Qué grande sos!!" remitía al peronismo, ilegalizado en aquel momento.

Retrospectiva de Alberto Greco

'Alberto Greco, ¡qué grande sos!', 1961 (copia póstuma 2012). FOTO: Sameer Makarius, MNCARS

En Madrid, colabora con varios artistas, construye objetos con Manolo Millares a partir de sillones desvencijados adquiridos en el rastro y realiza una obra "bárbara, asquerosa, repugnante" con Antonio Saura. Se trata de Crucifixiones y asesinatos sobre la muerte con motivo del asesinato de J.F. Kennedy, tenía dos paneles y una figura central en relieve, como un crucificado con una lengua enorme de papel higiénico, parte se ha perdido y solo se expone la mitad del lienzo.

Greco convierte el acto de su muerte voluntaria, en su último gesto artístico. Elige Barcelona para suicidarse, con 34 años, toma una sobredosis de barbitúricos en una habitación de hotel y escribe sobre la palma de su mano izquierda la palabra Fin.

La muestra Alberto Greco. Viva el arte vivo puede verse en la planta 0 del Edificio Sabatini del Reina Sofía del 11 de febrero al 8 de junio.