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Peluquerías, taxis o clínicas, los otros divanes en los que reposa nuestra salud mental

  • "Si alguien me comenta que tiene ansiedad y no sabe cómo solucionarlo, le digo que necesita ayuda", cuenta Dori, peluquera
  • Para los psicólogos, es positivo escuchar a los demás resto porque pone en marcha las neuronas encargadas de la empatía
  • Línea 024 de atención a la conducta suicida y Teléfono de la Esperanza, ambos gratuitos y confidenciales
Peluquerías o taxis, otros divanes donde reposa la salud mental
Una mujer sonríe durante su cita en la peluquería. GETTY IMAGES

Dori nunca olvidará la cara de una de sus clientas. Era la sobrina de una de sus usuarias habituales; le habían detectado recientemente cáncer de estómago y la habían operado. Cuando entró en su peluquería, acompañada de su tía, Dori ya vio inicios de alopecia causada por el tratamiento contra la enfermedad. Le preguntó si quería que le lavara el pelo y se lo secara, pero ella se negó porque, decía, se le caía mucho. No obstante, la peluquera la convenció para que la dejara hacer y la pasó al tocador. "Jamás olvidaré su reacción cuando terminé. Sonreía porque se vio guapa, y eso que solo había hecho una tontería", recuerda ahora. Dos semanas después, falleció. Entonces su tía regresó a la peluquería y le agradeció el gesto porque fue una de las últimas veces que su sobrina sonrió, cuando ya llevaba dos años sin hacerlo.

He llegado a abrir mi negocio durante dos horas por la tarde solo para atender y escuchar a una clienta

Aquel fue uno de los momentos más satisfactorios de los más de 40 años de Dori en el sector de la peluquería. Su trabajo le permite dialogar con los clientes, quienes pueden desahogarse en ese encuentro íntimo. "He llegado a abrir mi negocio durante dos horas por la tarde solo para atender y escuchar a una clienta porque estaba en un momento de angustia y no podía compartirlo con mucha gente", indica.

No solo el diván de la consulta del psicólogo puede servir para expresar nuestros problemas y desahogarnos. A veces se sustituye por una silla frente a un tocador luminoso, un diálogo en la recepción de un negocio, un espacio en la parte trasera de un coche, una sesión de manicura o una camilla. Si bien no son psicólogos, huelga decir, existen oficios en los que hay momentos en el que las palabras salen a modo de desahogo, dada la intimidad generada o la confianza establecida. Es el caso de las peluquerías, taxistas, clínicas de fisioterapia o cualquier establecimiento con un recepcionista que, a la espera de ser atendidos, se muestra amable y comienza a hacer preguntas.

"Sería egoísta escuchar a la gente hablar de sus problemas y tú no compartirlos"

La empatía y el cariño son los sentimientos que caracterizan a Dori, peluquera en Zaragoza. "Son clientas porque hago un servicio y ellas me pagan, pero para mí son personas que forman parte de mi vida, cada una con sus características y circunstancias", afirma. A su negocio, que solo abre por las mañanas, acuden desde jóvenes adolescentes, con problemas con sus padres o amoríos propios de esos años, hasta personas de 50 años cuyas inquietudes son más serias.

El diván del psicólogo, reconvertido en conversaciones entre tintes, masajes o kilómetros en carretera

Dori tiene una peluquería en Zaragoza y trabaja en el sector desde hace más de 40 años. D. ZALBA

Además, la experiencia le ha llevado a conocer cuándo sus clientas están más bajas de moral, ya sea por una separación tras una infidelidad o el diagnóstico de una enfermedad, y señala que "hay que estar a la altura de la situación y dar ánimos". Así que siempre trata de dar una visión positiva. Sin embargo, es tajante: cuando ve que una persona necesita ayuda profesional, le aconseja acudir a terapia. "Cuando alguien me comenta que tiene muchas crisis de ansiedad y no sabe cómo solucionarlo, le digo que necesita ayuda de un profesional".

El diálogo no es unidireccional, porque Dori también habla y se desahoga con las clientas: "Sería muy egoísta escuchar a la gente hablar de sus problemas y tú no compartir los tuyos. Al fin y al cabo, es dar y recibir".

"A veces pienso cómo pueden contarme esto"

Jesús es taxista en Zaragoza desde hace una década y el primer día tomó la iniciativa de dar una hoja a sus pasajeros para expresar sus emociones. A día de hoy, reúne todas ellas en una caja y las comparte en su cuenta de Instagram. "Creo que tenemos que sonreír más, ser humanos. No tenemos que olvidar que hacer bien a los demás se convierte en un bien común", reza una de ellas. "La vida está sobrevalorada. Necesito apearme ya y descansar para siempre", dice otra.

En su oficio, en el que las personas van y vienen y es raro coincidir, hay quien cuenta sus penas y alegrías e incluso hasta pide consejos: "El cliente agradece que lo escuches y puedas aconsejarle. Es lo menos que podemos hacer... ¡Si no cuesta dinero!". La solidaridad y comprensión son algunos de los valores que definen a Jesús, cuya jornada laboral oscila las 12 horas. "Tienes que ser consciente de que esa persona ya se ha marchado y a lo mejor no vuelves a ver más, así que hay que ser agradable en el momento", apunta.

El diván del psicólogo, reconvertido en conversaciones entre tintes, masajes o kilómetros en carretera

Jesús es taxista desde hace 10 años y realiza al día unos 25 servicios: "El taxi es como un confesionario" J. ARAGÜES

Entre esas anécdotas, recuerda que un hombre le confesó que quería divorciarse de su pareja, pero no se atrevía a dar el paso. "A veces piensas: '¿Pero cómo me puede estar contando esto a mí?'. Pero es porque necesita contárselo a alguien y el taxi es como un confesionario: tú vas y expones lo que tengas que decir", señala.

Del mismo modo, una vez subió a su coche una clienta y le pidió que siguiera al coche de enfrente porque estaba su marido e intuía que le estaba engañando. "Les aconsejo hasta cierto modo. Hay que andarse con mucho cuidado porque depende de lo que digas para intentar apoyar, puedes cagarla".

"Generamos mucha intimidad porque nos saltamos las barreras físicas"

Cuando una persona no se encuentra en una buena situación de salud, acude al psicólogo; en cambio, cuando hay disfunciones de rango de movimiento u otro tipo de patologías físicas, se acude al fisioterapeuta. Lucía ha trabajado durante varios años en una clínica y sabe bien lo que es escuchar a los demás durante los 50 minutos que duran las sesiones: "Nosotras generamos mucha intimidad porque al final nos saltamos todas las barreras físicas".

Además, desde su profesión, recurren al abordaje biopsicosocial; es decir: tienen en cuenta todos los aspectos del paciente para saber cómo va a influir en el tratamiento. "Tenemos banderas rojas, con las que derivamos al médico, y amarillas. Con estas últimas, preguntamos, por ejemplo, si ha tenido más carga laboral o si está atravesando un mal momento", explica. "Al final, somos servicios, como el psicólogo, que estamos bastante privatizados y no muchas personas se lo pueden permitir. Entonces yo trato de ayudar".

Más que preguntar, Lucía deja que los pacientes se expresen en consulta. Así, ha llegado a escuchar a una mujer que ha sufrido vivencias denunciables o lamentos de personas mayores, que no sienten que su familia les quiera. En este último caso, normalmente expresado por personas mayores, les recuerda que tienen a su familia y a su entorno, que son quienes les quieren y les cuidan. Sin embargo, cuando la situación trasciende los límites y esta joven no se ve capaz de abordarla, recomienda tratar con alguien experimentado en el campo.

"Muchas personas tienen una parte humana de relacionarse"

Marta Asenjo es la dueña de Serene Psicología, en Madrid. Asegura que hay determinas profesiones que nos pueden servir para desahogarnos: "En las peluquerías la gente pasa mucho tiempo y ellas suelen ser personas que preguntan y cuentan. Su profesión tiene mucho de relacionarse y expresarse". En estos espacios, es posible que se recurra a la técnica de la ventilación emocional, con la que manifestamos sentimientos acumulados de una manera abierta y saludable, lo que desde la psicología tiene un efecto positivo. "Muchas personas tienen una parte humana de relacionarse y de saber acompañar emocionalmente y no tienen por qué ser terapeutas".

"Cuando nos abrimos a personas que no nos conocen, como un peluquero o un taxista, es mejor sentirse escuchada que recibir consejos. Al fin y al cabo, no tienen el contexto de toda la situación que nosotros los psicólogos sí tenemos", expresa Asenjo. El escuchar a los demás es positivo, porque activa nuestras redes y pone en marcha las neuronas espejo, que se encargan de la empatía. "Nos ayuda a saber que tenemos estrategias para hacer frente al malestar y nos mantiene conectados con otras personas. El escuchar también nos ayuda a ver otras realidades y conocer otras formas de sentir, lo que nos puede servir de cara a asesorar", indica.

Cuando nos abrimos a personas que no nos conocen es mejor sentirse escuchada que recibir consejos

Por otro lado, aquellas personas que vomitan sus emociones ante personas que no pertenecen a sus círculos no tienen por qué recurrir de manera inmediata a terapia. La psicóloga considera que cada uno tiene que ir en su debido momento, por ejemplo en casos en los que pueda aportarle algo de beneficio. "A veces me encuentro con gente que llama porque se lo han recomendado después de haber contado una cosa a alguien que no sabía cómo aconsejar, pero no son necesariamente problemas que requieran de una atención psicológica", matiza. "Sin embargo, sí hay personas que pueden beneficiarse de venir. Son aquellas que están en conflicto continuo consigo mismas y siempre que cuando acuden a un lugar hablan de todo lo malo: de lo triste que están o de lo mal que les va la vida, porque un día son los hijos, otro el trabajo, la pareja, su madre o su amiga...".

"Hay quien puede adaptarse a las distintas situaciones que le acontece, algunos lo hacen de manera más sana y otros, quizá, de una forma más dañina. Pero ir al psicólogo es una decisión personal", asevera. "Haría una llamada a todas las personas que sienten que necesitan ayuda, pero que no vienen a nosotros porque prefieren hacerlo solos y sentirse así más fuertes. En cambio, yo creo que somos más fuertes cuando reconocemos que necesitamos que nos echen un cable".

Una conversación entre tintes o manicura, en un viaje por carretera o en una rehabilitación pueden ser el espacio perfecto para desahogarse y compartir una experiencia tormentosa. Quienes trabajan en estos lugares no son psicólogos, pero están para escuchar y dar una sonrisa en un día gris. Sin embargo, cuando esa pena ahoga, cuando la vida se hace bola, están los profesionales para aconsejar y dar soluciones a los problemas. El diván de la consulta de un psicólogo —cómodo e íntimo— siempre está ahí cuando se necesita.

Información de interés

  • Línea 024 de atención a las conductas suicidas.
  • Teléfono 016 atiende a víctimas de violencia machista.
  • Servicios de Emergencia a través del 112 (SAMUR, SUMMA)
  • Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza: 717 003 717
  • Teléfono contra el suicido de la Asociación Barandilla: 911 385 385
  • Teléfono de Prevención del Suicidio: 900 925 555
  • Línea de Ayuda a Menores de la Fundación ANAR: 900 20 20 10