Médicos sin Fronteras: "Está en juego el propio concepto de humanidad"
- Los asesinatos de trabajadores sanitarios y pacientes en zonas de conflicto se duplicaron en 2025
- Raquel González, coordinadora de MSF en España, señala a los Estados como perpetradores de la mayoría de ataques
Los ataques contra centros sanitarios, ambulancias y personal médico en zonas de conflicto se están multiplicando en los últimos años. Sudán, Palestina y Ucrania concentran las agresiones contra quienes tratan de aliviar el sufrimiento de la población civil, “deshumanizada” por quienes los atacan. Médicos sin Fronteras (MSF) ha recopilado datos de organizaciones internacionales y considera que el momento es muy grave, con Estados dirigiendo ataques sistemáticos contra infraestructuras sanitarias con absoluta impunidad.
Las conclusiones, desveladas en un informe publicado este miércoles, desvelan que el año pasado fueron asesinadas un total de 1.981 personas en 1.348 ofensivas contra instalaciones médicas. Una cifra que se duplicó con respecto a las 944 registradas en 2024. Sudán fue el país más afectado, con 1.620 trabajadores sanitarios, humanitarios y pacientes asesinados, seguido por Myanmar, con 148; Palestina, con 125; Siria, con 41; y Ucrania, con 19 personas asesinadas.
Hablamos con Raquel González, coordinadora de MSF en España.
PREGUNTA: ¿Qué está pasando con los ataques a centros sanitarios en lugares de conflicto?
RESPUESTA: Lo que estamos viendo es un deterioro creciente y un aumento vertiginoso de los ataques tanto a instalaciones médicas como a personal humanitario y a vehículos sanitarios cuando van a recoger heridos o cuando intentan desplazarse para llevar atención médica. Estamos viendo una deriva muy peligrosa. Haciendo un poco de retrospectiva, en 2015 sufrimos uno de los peores ataques. Fue a un hospital de traumatología que teníamos en la región de Kunduz, en Afganistán, que daba atención a 250.000 personas. Y ahí hubo un ataque que provocó la muerte de 42 personas entre pacientes, familiares y enfermos y personal sanitario. Fue un ataque enormemente grave en la historia de los ataques a la misión médica. Como parte también de un movimiento más global, en marzo de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2286, que prohibía precisamente los ataques a la misión médica en zonas de conflicto. Sin embargo, diez años después de esta resolución, vemos cómo esos ataques no sólo no han disminuido, sino que han aumentado de forma vertiginosa. Y, además, un dato también importante, y es que los perpetradores de ocho de cada diez ataques de 2024 son los propios Estados. Es decir, ya no son grupos armados, no estatales, milicias, grupúsculos… sino que son Estados. Muchos de ellos incluso firmantes de esas resoluciones de Naciones Unidas o que forman parte del sistema de Naciones Unidas.
P: ¿En qué países o regiones del mundo se están concentrando estos ataques?
R: Desde la Segunda Guerra Mundial estamos en el momento histórico con mayor número de conflictos abiertos. El año pasado se cifraron en 59 conflictos armados activos. Podemos hablar de Ucrania, podemos hablar de Sudán, podemos hablar de Gaza. Sí que es cierto que en 2023 y 2024 el mayor número de ataques perpetrados por un Estado fue por parte del Estado israelí. Concretamente en Gaza y Cisjordania. Y podemos hablar también de Sudán, donde el número de muertes el año pasado por ataques a la misión médica fue el mayor en todo el mundo.
01.28 min
Transcripción completa
Según el informe de los sanitarios en el punto de mira, los estados cada vez
respetan menos las normas que el derecho internacional humanitario
establece para la atención a la población
civil en zonas de conflicto.
Y lo hacen con total impunidad porque no hay investigaciones independientes
sobre los ataques ni organismos con capacidad de castigarlos.
La participación de estos estados también incrementa los ataques y los
daños porque normalmente tienen una mucha mayor
capacidad militar operativa en términos de bombardeos masivos, en zonas
densamente pobladas
El derecho internacional obliga a proteger a la población civil y a los
sanitarios en zonas de conflicto, pero los estados han pasado
de calificar estos ataques como errores y pedir disculpas a casi exigir a los
civiles que demuestren
que lo son. Al final es casi casi los hospitales,
los centros médicos, la propia población
la que tiene que justificar y tiene que demostrar que es susceptible de
protección
Esta violencia obliga a que el personal sanitario se retire de las zonas en
conflicto y se cierren servicios médicos
esenciales, lo que impide el acceso a la atención sanitaria a comunidades que
a menudo no tienen alternativas
Lo que genera es enormes bolsas de población que ya están en una situación
de extrema vulnerabilidad
que se quedan sin atención médica.
Cerca de 2.000 personas fueron asesinadas en 2025
entre personal sanitario y pacientes por ataques a instalaciones sanitarias
en países como Sudán, Myanmar, Palestina Siria..
o Ucrania
P:¿Justifican los Estados estos ataques públicamente?
R: Estamos en un momento también extremadamente preocupante porque observamos un cambio de narrativa. Es decir, si bien hace diez años y vuelvo al ataque y al bombardeo del Hospital de Kunduz, había una narrativa de que eso había sido un error, y a pesar de que no hubo ningún tipo de responsabilidad penal posterior o judicial, sí hubo una responsabilidad política y hubo unas disculpas por parte del gobierno de Estados Unidos a Médicos sin Fronteras, justificando que el ataque había sido un error. De que los ataques sean errores hemos pasado a una narrativa, tanto por parte de líderes políticos como de gobernantes y de responsables militares, que ya directamente hablan de que no tenemos derecho a ningún tipo de protección. Se está distorsionando el principio de protección de los civiles y las instalaciones médicas que están protegidas por el derecho internacional humanitario, y se ha pasado a esta narrativa donde se nos dice que los civiles y los hospitales han perdido la protección, porque se dice, sin aportar pruebas no se están utilizando los hospitales para fines médicos. O se afirma que la población civil no merece nuestro respeto dado que está bajo el control de un grupo armado X, ya sea Hamás, el ISIS, o Al-Qaeda. Y esta mimetización que se está haciendo de la población civil con el grupo político o armado que está controlando el territorio, es enormemente peligrosa porque ha despojado a la población civil de que sean considerados como civiles y pasan a considerarse automáticamente todos como terroristas. Desde ahí consideran que pueden atacar cualquier objetivo civil, a la población civil, y también también infraestructuras médicas, porque además están ayudando a lo que los agresores consideran que es su enemigo.
P: ¿Qué se busca con estas acciones? ¿Aterrorizar a la población? Si es así, ¿es un terrorismo de Estado?
R: Lo que hemos visto es que la involucración de los Estados en los conflictos, lógicamente, eleva el nivel de intensidad tanto de los métodos militares como de la violencia empleada. Es decir, normalmente los Estados pueden utilizar aviones, pueden hacer bombardeos masivos desde el aire, lo que a veces los grupos armados no estatales no tienen esa capacidad. Pueden también utilizar material explosivo a gran escala y además lo están haciendo en zonas densamente pobladas. Es decir, el impacto en la población civil es enorme. Lo hemos visto en zonas de Ucrania, pero lo hemos visto también con el ejército sudanés en la propia Sudán. Lo hemos visto en Gaza, en esas zonas densamente pobladas. Los ataques tienen una contundencia militar enormemente alta. Lógicamente, las consecuencias para la población son directas. Más número de muertos, más número de heridos, mayor destrucción de todo tipo de infraestructuras civiles.
P: ¿Hay una deshumanización de los civiles?
R: Sí, clarísimamente. Hemos visto una deshumanización absoluta. En concreto en Gaza, es decir, el despojar a la población de cualquier tipo de elemento, de ser considerados humanos, no se humaniza a la población de Gaza. Hay una distancia primero emocional del Estado que está atacando para realizar los ataques con la intensidad con que los está realizando. Y volvemos al cambio de narrativas. La narrativa ya no es: “somos conscientes de que hemos bombardeado un hospital, puede ser un error”. No, la narrativa es: “no, no, este hospital merece ser bombardeado porque argumentamos que se está utilizando con fines militares”. El problema es que no vale solo con argumentarlo, hay que comprobarlo. Es decir, debería de haber investigaciones, debería de haber un grupo de expertos. Si efectivamente un hospital pierde su protección, esto tiene que estar muy bien justificado. No vale solamente un argumento lanzado al aire, sin ningún tipo de pruebas, sin ningún tipo de base independiente del Estado que está realizando esa acusación. Y eso es lo que no se ha producido. Con lo cual, al final la narrativa es una narrativa de aceptación absoluta de que no pasa nada por atacar a los civiles. Por tanto, tampoco pasa nada por atacar a los hospitales y dar por hecho y presuponer un mal uso de los hospitales sin ni siquiera demostrar que se están utilizando para usos inadecuados. Digamos que se lanza esa especie de ruido, de confusión, de poner en duda sin pruebas que en los hospitales puede que no estén siendo utilizados para lo que deberían para que se pierda cualquier legitimidad de que ese hospital tiene que ser respetado, con lo cual no tengo por qué respetarlo. Es un círculo vicioso en esta narrativa de retorcer el concepto de protección hasta el punto de que es la población civil y son los hospitales los que tienen que demostrar que no deberían de ser atacados, cuando la lógica debería de ser la inversa, o al menos es lo que marca el derecho internacional humanitario.
P: ¿Esa impunidad es otro cambio en estos diez años, desde Kunduz?
R: Efectivamente, hay una erosión clara de esas normas de la guerra, de esos límites que el derecho internacional humanitario trataba de poner en los conflictos, tratando de proteger a la población civil. Esto es verdad que está saltando por los aires cada vez mientras hay una apuesta por la fuerza y no tanto por el intento de respetar esas líneas rojas, esas normas de la guerra que el mundo se había autoconferido para tratar de poner límites de alguna manera a la barbarie. Todo eso está saltando por los aires. Y efectivamente, la enorme impunidad que hay, es decir, el que no haya consecuencias para los Estados cuando sobrepasan los límites que marca el Derecho Internacional humanitario. No hay ninguna consecuencia cuando todo es impunidad, y efectivamente, pensamos que eso ayuda o favorece el aumento de estos ataques. No hay ningún tipo de consecuencia, ni política, ni diplomática, ni militar, ni financiera, ni económica, ni legal.
P: ¿Crees que, en estas circunstancias, vuestra actividad está comprometida? ¿Crees que dentro de diez años podréis seguir desarrollando vuestro trabajo en zonas de conflicto?
R: Nosotros vamos a seguir intentar trabajando en zonas de conflicto porque es donde hemos decidido centrarnos. Es ahí donde es más difícil para las organizaciones humanitarias llegar porque hay que negociar con grupos armados, porque has de asegurar un mínimo de unas condiciones de seguridad al propio personal nacional y al personal internacional que lleva la organización. Esto siempre ha sido complejo, pero se está recrudecido la complejidad, porque precisamente los ataques activos y directos contra la misión médica están siendo cada vez mayores en intensidad y en número. Pueden limitar nuestro trabajo porque, generalmente, cuando como Médicos sin Fronteras sufrimos un ataque y no digo ya si además hay pérdida de vidas humanas, una consecuencia lógica es la retirada de esa zona. Porque nosotros no somos ni héroes ni mártires, y una de nuestras líneas rojas es la protección de nuestro propio personal. En el momento en el que empieza a haber bajas de nuestro personal sanitario porque nos están atacando, una medida directa y clara es evacuar y reevaluar la situación. Por supuesto, siempre con el ánimo de volver, porque cuando dejas esa zona, al final hay cientos de miles de personas que se quedan sin la atención médica. ¿Está en cuestión nuestro trabajo? Yo no diría tanto. Creo que en todos estos más de 50 años de historia que tiene Médicos sin Fronteras siempre hemos conseguido, a pesar de la crudeza de los conflictos, encontrar unas vías con más o menos limitaciones para trabajar. Pero lo que sí que tal vez está en juego es el propio concepto de humanidad, el propio concepto de la atención médica a personas que son como nosotros, que están en otras zonas del planeta. Y ese principio básico de ser personas ayudando a personas desde la atención médica de la humanidad. Esto es lo que sí que está tal vez se ha puesto más en cuestión desde hace unos años. Pero es para lo que vamos a seguir trabajando y vamos a seguir defendiendo sin ningún género de dudas.