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¿Por qué Estados Unidos siempre está del lado de Israel?

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Estados Unidos, firme aliado de Israel desde la Guerra Fría y el 11S

Estados Unidos es el aliado más poderoso de Israel. Es el que más armas le da y el que más lo defiende frente a la comunidad internacional. Es uno de los pocos países (sólo catorce) que el día 27 de octubre, después de veinte días de guerra, votaron en contra de una tregua en la Asamblea General de la ONU. Ciento veinte votaron a favor. ¿Por qué Estados Unidos siempre se pone del lado de Israel? Le hemos hecho esta pregunta a un hombre que lleva décadas tratando de responderla: Joel Beinin, profesor de historia y de historia de Oriente Medio en la Universidad de Stanford.

No es fácil dar una respuesta corta. Si se lo pedimos, Beinin nos dice que este apoyo inquebrantable se debe a “una combinación de cosas: por un lado, el papel que juega Israel en mantener la hegemonía de Estados Unidos en el mundo y, por otro lado, el poder del lobby sionista”. Ahora bien, no queremos engañar a nadie: la respuesta buena es la respuesta larga. Aquí la desgranamos, en tres puntos.

El sentimiento de culpa

Para entender esta alianza hay que mirar atrás. Lo primero, destaca Beinin, es el sentimiento de culpa: “El sentimiento entre la vieja clase política y entre los estadounidenses mayores de que Occidente no hizo nada para detener el exterminio de seis millones de judíos por los nazis. El estado de Israel es la compensación a los judíos por el Holocausto”.

El presidente de Estados Unidos Harry Truman fue el primer líder mundial que reconoció el estado de Israel el 14 de mayo de 1948, sólo once minutos después de su proclamación de independencia.

Una relación cada vez más estrecha

No todos los presidentes de Estados Unidos han sido tan pro israelíes. Eisenhower,  por ejemplo, se enfureció con Israel cuando atacó a Egipto en 1956. En esa guerra, quienes se aliaron con Israel fueron Francia y el Reino Unido. “Pero en 1967, después de otra guerra, la de los Seis Días, Estados Unidos empezó a ver a Israel como un activo”, explica Beinin. “La Unión Soviética apoyaba a los estados árabes: Egipto, Siria, Irak…, los mayores adversarios de Israel. En plena Guerra Fría, Israel se convirtió en el activo de Estados Unidos en Oriente Medio”.

Los atentados del 11S marcaron otro punto de inflexión. “El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, vino a Estados Unidos y ofreció su ayuda a George Bush. Le dijo: nosotros entendemos mucho de terrorismo y podemos ayudarte. Los dos países empezaron a forjar una relación en materia de espionaje y lucha contra el terrorismo. Esa relación sigue en pie. Sus industrias militares están muy entrelazadas”. Beinin pone algunos ejemplos. Israel fabrica piezas de muchas armas estadounidenses, incluidos los cazas F 35. También fabrica las cámaras que vigilan la frontera entre México y Estados Unidos.

El poder del 'lobby' sionista

En Estados Unidos, hay varios grupos que presionan a favor de Israel en el Congreso. No son sólo grupos judíos. Por un lado, está la derecha cristiana. 'Cristianos Unidos por Israel' presume en su página web de ser la organización pro israelí con más socios de Estados Unidos. Para muchos cristianos evangélicos, la causa sionista es fundamental por una cuestión de fe. Según su interpretación de algunos pasajes de la Biblia, la segunda venida de Jesucristo ocurrirá después de que los judíos regresen a la Tierra Santa.

Por otro lado, “el sionismo tiene un aliado silencioso: la industria militar. Estados Unidos le da cada año a Israel armas por valor de más de 3.000 millones de dólares. Todo eso se lo compra a los grandes fabricantes de armas”, destaca Beinin.

Para terminar, está el 'lobby' judío. Buena parte del dinero que recaudan los congresistas demócratas viene de donantes judíos. No todos esos donantes son sionistas, pero entre unas cosas y otras, “los políticos temen que si hablan mal de Israel pueden perder votos y dinero”.

El papel de Joe Biden

En el caso de Joe Biden, además, su apoyo a Israel tiene también un componente emocional y se remonta a otra guerra, la de Yom Kippur, en 1973. Entonces Golda Meir era la primera ministra de Israel y Biden estaba en su primer año como senador de Estados Unidos. Cuando fue a visitarla, ella le dijo: “No se preocupe, senador. Los israelíes tenemos un arma secreta: no tenemos otro lugar al que ir”. A Biden le gusta contar esta historia y cuánto le marcaron esas palabras. También suele repetir esto: “No tienes por qué ser judío para ser sionista”.

Joel Beinin también tiene una historia personal que contar. Él es judío y nació en 1948, el año en que se creó el estado de Israel. Se crió en una familia sionista en Estados Unidos y emigró a Israel cuando era joven, dispuesto a vivir en un kibutz. Allí, vio de cerca las consecuencias de la ocupación y sus viejos ideales se vinieron abajo. En 1973, el mismo año en que Biden, sin ser judío, simpatizó con el sionismo, Joel Beinin se desencantó con él.

Desde que empezó esta guerra, algo ha cambiado en la opinión pública. Las encuestas indican que cada vez más estadounidenses se oponen a enviar armas a Israel, mientras ven en sus televisores cómo esas armas matan a familias atrapadas en Gaza. ¿Veremos también un cambio en la política? Joel Beinin cree que no. Al menos, de momento.

Joe Biden ha prometido a Israel que le enviará todo lo que necesite para defenderse. Ha pedido al Congreso que autorice una partida extraordinaria para enviarle más armas y esa ayuda a Israel es de las poquísimas cosas en las que están de acuerdo la mayoría de demócratas y de republicanos.

A medida que la guerra se recrudece, Joe Biden ha ido modulando su discurso. Ahora le pide a Israel que proteja a los civiles y aboga por “pausas humanitarias” para evacuar a los rehenes y para que llegue más ayuda a las familias palestinas atrapadas en Gaza.

Para algunos votantes de Biden, no es suficiente. Los demócratas más progresistas, los más jóvenes y los musulmanes, no entienden por qué su presidente no pide un alto el fuego, sin rodeos y sin tapujos. También algunos congresistas demócratas han empezado a pedirlo, pero son la minoría.