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Análisis

El asesinato de Villavicencio demuestra la fuerza del narco en Ecuador: "La situación es peor de lo que se podía imaginar"

  • Las rutas de la cocaína y la debilidad institucional ponen al Estado a los pies del narcotráfico
  • El crimen organizado se beneficia de la crisis económica y la falta de cooperación internacional en América Latina

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Varias personas pasan frente al lugar donde fue asesinado el candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, en Quito. Foto: Rodrigo BUENDIA / AFP
Varias personas pasan frente al lugar donde fue asesinado el candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, en Quito.

El asesinato a tiros del candidato presidencial Fernando Villavicencio en Ecuador ha causado conmoción y ha puesto de manifiesto la profundidad de la crisis de seguridad, en un país que hace menos de una década era de los más pacíficos de América Latina.

La crisis económica, el narcotráfico y la debilidad del Estado se combinan para crear el peor escenario en el que celebrar las elecciones, previstas para el próximo día 20. Las perspectivas no son buenas. El expresidente Rafael Correa calificó a Ecuador de "Estado fallido".

"El asesinato envía el mensaje de que el crimen organizado es más fuerte que el Estado", advierte Rogelio Núñez, investigador asociado del Real Instituto Elcano.

"Es un aviso de que la situación es peor de lo que se podía imaginar", asegura, en declaraciones a RTVE.es, Anna Ayuso, investigadora sénior del CIDOB para América Latina. "Villavicencio había señalado a gente con nombres y apellidos. Esto es un aviso de que están dispuestos a pelear para mantener su dominio", ha añadido.

"Ecuador está viviendo lo que en los años noventa se vivió en Colombia y en los años 2000 en México", señala por su parte Silvio Falcón, politólogo y analista de la situación en América Latina. "Las instituciones van a la baja, y en cambio el crimen organizado ha ganado en influencia sobre los candidatos y en poder efectivo en las calles. Y esto es una diferencia con lo que era tradicional en ese país", explica a RTVE.es

Las rutas del narcotráfico disparan la violencia

Ecuador vive la peor crisis de seguridad de su historia. El año 2022 terminó con una tasa de 25,32 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, la más alta desde que se tienen registros. Entre el 1 de enero y el 2 de julio de 2023, en el país se registraron 3.568 muertes violentas, según medios ecuatorianos, un incremento del 74,73% respecto al mismo periodo del año anterior.

Ecuador está viviendo lo que en los años noventa se vivió en Colombia y en los años 2000 en México

Nadie duda de que detrás está el narcotráfico. La cocaína sale de Colombia y pasa por Ecuador con destino a México y a Estados Unidos y a Europa, donde llega a menudo escondida en contenedores de bananas (Ecuador es el mayor productor del mundo).

En 2022, las autoridades decomisaron casi 180 toneladas de cocaína, según la organización Insight Crime. Los puertos de Guayaquil y Esmeraldas son dos de los focos de este tráfico.

El "caos" de Ecuador tras el asesinato de Villavicencio

La cocaína ha puesto en contacto a las mafias locales con los carteles colombianos y mexicanos. En Ecuador operan una constelación de organizaciones criminales, con grupos y subgrupos, que se disputan el negocio de la droga y otras fuentes de ingresos, como la minería ilegal.

Según InSight Crime, la banda hasta ahora hegemónica, los Choneros, se enfrenta a muerte con una asociación formada por los Lobos, los Tiguerones, los Chone Killers y los Pipos. Sus redes operan tanto en las calles como en las prisiones, y la violencia carcelaria se ha disparado.

Aún no está claro si alguna de estas organizaciones está detrás del asesinato, aunque la Policía ha informado de que los seis detenidos hasta el momento son colombianos.

Un Estado débil incapaz de combatir el crimen

Ante esta situación, el actual presidente, Guillermo Lasso, ha respondido decretando estados de excepción. Así lo hizo para todo el sistema de prisiones y para regiones o ciudades concretas. Este jueves, Lasso decretó un estado de excepción de 60 días en todo el país.

En abril, además, el presidente autorizó el uso de armas por parte de civiles como autoprotección. Los ecuatorianos que pueden permitírselo se arman y entrenan para mejorar su puntería.

Rogelio Núñez cree que el estado de excepción "en la práctica significa poco". "El Estado ecuatoriano es incapaz de controlar sus cárceles y la seguridad ciudadana más básica. No tiene medios, es débil para afrontar el crimen organizado", ha explicado en el Canal 24H de TVE.

El estado ecuatoriano es incapaz de controlar sus cárceles y la seguridad ciudadana más básica

Además, según Núñez, "la Policía ecuatoriana no confía en las Fuerzas Armadas, ni estas en la Policía, y así es imposible hacer la guerra eficaz frente al crimen organizado".

El asesinato de Villavicencio en Ecuador, un "mensaje" de los narcotraficantes al Estado - Ver ahora

"Hay dudas de hasta qué punto las fuerzas de seguridad están penetradas por el narco, y es muy probable que haya conexiones", concede Anna Ayuso, quien descarta sin embargo que pueda calificarse a Ecuador de "Estado fallido" pese a su debilidad institucional. "Todavía no está en esa situación, pero se encamina hacia ella, y necesita una reforma institucional de la judicatura, las Fuerzas Armadas y la Policía, sobre todo".

Silvio Falcón cree que si el poder del narco está a punto de superar al de las propias instituciones, se debe "a un desmantelamiento del Estado, del poder público" desde el mandato de Lenín Moreno (presidente entre 2017-2021).

"No es irreversible, pero nos encontramos con un país polarizado, muy descontento con su clase política, con un sistema de partidos endeble, que salvo excepciones no tienen recorrido, con políticos que cambian de partido en cada elección", continúa el politólogo.

"El poder institucional se encuentra en una situación de descrédito y de debilidad, de falta de hilo conductor, en el cual incluso un presidente que acaba de llegar poder, como Lasso en 2021, automáticamente pierde apoyos y se convierte en un presidente sin mayoría legislativa, sin capacidad para impulsar proyectos, deslegitimado totalmente. Eso hace que si el poder latente, que es el de la droga, quiere avanzar, lo haga de manera más contundente", opina Falcón.

La seguridad, un problema regional

El caso de Ecuador sorprende precisamente porque ha sido, tradicionalmente, un país seguro. Pero la criminalidad asociada al narcotráfico se ha extendido por la región, con incidentes en Brasil, Argentina o Chile.

Anna Ayuso apunta a un "efecto globo": la relativa mejoría de la situación en Colombia ha dispersado la criminalidad por otros países. Y también a circunstancias socio-económicas.

Cuando hay crisis económica en America Latina, siempre crece la delincuencia

"Cuando hay crisis económica en America Latina, siempre crece la delincuencia, porque no hay red de seguridad social, no hay Estado protector, y se genera el caldo de cultivo para que el narco pueda entrar más fácilmente, sobre todo entre gente joven que no tiene futuro y no tiene forma de salir adelante. Es más fácil reclutarles", explica la investigadora del CIDOB.

"La inseguridad es 'el tema' en estos momentos en América Latina", subraya Rogelio Núñez.

El investigador del Real Instituto Elcano destaca que los estados pequeños de Centroamérica y el Caribe tienen más obstáculos para hacer frente al crimen organizado. "México y Brasil, con sus dificultades, pueden, pero los que pueden ser fallidos o narcoestados son esos. Ya tenemos uno que es Haití. Puede que dentro de un tiempo el caso haitiano no sea una excepción, sino que se unan estados caribeños, centroamericanos y otros andinos, como Ecuador".

Para responder a este reto, muchos mandatarios se están fijando en las políticas represivas de Nayib Bukele en El Salvador.

Sin embargo, la represión interna no es una solución a largo plazo, según los analistas consultados.

Más importante es la cooperación regional e internacional para luchar contra un fenómeno que trasciende fronteras. "Los gobiernos pueden hacer pocas cosas porque son muy débiles, están divididos, con políticas contra el crimen organizado no coordinadas, cuentan con medios deficientes y poca financiación", señala Núñez.

Para Anna Ayuso, es necesaria también una "política antidrogas diferente", que no excluya la posibilidad de una legalización. "El planteamiento de una politica antidrogas diferente es el tabú que muchos expresidentes dicen que hay que afrontar, pero mientras son presidentes nadie quiere abrir la caja de Pandora", se lamenta.