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Coronavirus

Así evoluciona el perfil COVID en hospitales: los mayores sin vacunar comienzan a notar el impacto de la ola en jóvenes

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Los mayores de 60 años, menos vacunados, no terminan de reducir sus ingresos en UCI. RTVE.es / EFE / Marta Pérez

Hasta abril de 2021, las olas de la pandemia nos golpeaban de forma parecida a las ondas que hace una piedra lanzada en un estanque. Primero despuntaban las infeccionesdespués los casos saturaban los hospitales y, finalmente, se reportaban picos de muertes, algunas sin pasar por un centro sanitario. Sin embargo, este esquema ha cambiado a medida que avanza la campaña de vacunación.

El pico de la cuarta ola ya dejó menos fallecidos que en las anteriores, y los hospitales han visto definitivamente el efecto de la vacunación en esta quinta. No obstante, siguen registrando un repunte de ingresos en planta y en UCI impulsado por el crecimiento de la incidencia en los más jóvenes, que unas semanas después ya está teniendo un impacto secundario en personas de más edad, según los expertos consultados por DatosRTVE.

Perfiles distintos y menos ingresos en UCI que en otras olas

Esta semana, la quinta ola ha empezado a frenar su escalada vertiginosa. "Si comparamos el incremento de esta semana con respecto al de las anteriores, se ha reducido en un 30 %", destacaba este miércoles la Ministra de Sanidad, Carolina Darias.

Aun así, los más jóvenes siguen liderando los contagios con una incidencia por encima de los 1.000 casos, y Darias reconoce que sigue habiendo "una circulación muy importante del virus". Los casos de personas entre 20 y 30 años se están trasladando a grupos de edad mayores de 40 que, en palabras de la ministra, "están empezando a sentir las consecuencias o efectos de la elevada incidencia".

"Están ingresando menos gente que en otras olas", reconoce la miembro de la junta directiva de la Sociedad de Medicina Intensiva de Madrid (SOMIAMA), Paloma González, aunque advierte de que el número está aumentando. Los pacientes que ahora terminan intubados en una UCI son más jóvenes. Y las personas de entre 50 y 60 años que ingresan en el hospital donde trabaja esta sanitaria, el Clínico San Carlos de Madrid, no están vacunados.

Los mayores de 60, menos vacunados, no acaban de bajar

El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ofrece la cifra de personas que ingresan cada día en los hospitales españoles clasificados por grupos de edad. El análisis de estos datos revela que la vacunación ha tenido un efecto claro tanto en los mayores de 80 años -que ya en olas anteriores no solían ingresar en las UCIcomo en los que están por encima de 70. Sin embargo, la reducción de la gravedad de los síntomas se estanca en la siguiente década y, como se observa en el siguiente gráfico, ha aumentado entre los más jóvenes.

Los sexagenarios que se contagian, sin embargo, no han visto aún reducida la gravedad de sus síntomas al mismo nivel que los más mayores. Este grupo tiene la particularidad de que es el único que podía recibir cobertura de la vacuna de AstraZeneca, recuerda Quique Bassat. El epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona encuentra en esta peculiaridad -una vacuna cuya efectividad máxima tarda en llegar entre 12 y 16 semanas- parte de la explicación, ya que muchos de ellos todavía no han recibido la pauta completa.

Delta cambia los síntomas y el perfil de ingreso en planta

En planta ocurre algo parecido, aunque ni Bassat ni González creen que ahora estén entrando en los hospitales personas que no se habrían ingresado en otro momento porque los criterios de hospitalización son los mismos. Los datos del ISCIII también muestran un aumento de menores de 10 años que pasan por el hospital, pero el epidemiólogo lo atribuye a la probabilidad.

"Que la incidencia se haya incrementado tanto en niños como en adolescentes hace que una proporción acabe ingresando", pero "todavía no está claro que la variante Delta cause una enfermedad más grave", explica Quique Bassat.

Lo que sí se sabe, y es algo en lo que coinciden los dos expertos, es que Delta causa síntomas ligeramente distintos y centrados en las vías altas: congestión nasal, dolor faríngeo y algo menos de alteración del olfato y del gusto. "Se parecen más a la gripe y están acompañados de fiebre muy alta", explica la portavoz de SOMIAMA, que insiste que tanto las personas que llegaban a la UCI en marzo de 2020 como las que ingresan ahora lo hacen con insuficiencia respiratoria, neumonía y fiebre.

"Si la cosa se pone horrible, llámanos y volvemos"

Si en la primera y la segunda ola los pacientes que acudían a los hospitales eran los que estaban más graves, el reinicio de la actividad sanitaria y de la afluencia de los pacientes a los centros es otra de las claves que está detrás de una mayor presión en esta quinta ola. Un cóctel en el que, según denuncia SOMIAMA, se añaden las vacaciones de verano y las limitaciones de personal.

"Nadie nos lo ha dicho desde la Administración", pero "tenemos planificadas vacaciones con un mensaje a nuestros compañeros: si la cosa se pone horrible llámanos y volvemos", explica Paloma González. La intensivista teme que la situación pueda empeorar en las próximas semanas y critica la incapacidad de abrir más camas si fuera necesario. En su hospital no disponen de suficiente personal de enfermería y este año se han cerrado camas como en otros veranos.

Aunque el número de casos esté bajando, los expertos recuerdan que el efecto de la pandemia en las UCI se nota con un decalaje de unas dos semanas. Por eso, hacen un llamamiento a la responsabilidad: "Hemos doblegado tres olas y media sin vacunas y conocemos las herramientas para disminuir la transmisión".

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