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Cinco brechas que siguen abiertas tras el 8M

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Las brechas van cerrándose, pero aún hay camino por recorrer.
Las brechas van cerrándose, pero aún hay camino por recorrer. metamorworks

Que la desigualdad de género -como otras desigualdades- se reduce en el mundo es un hecho. Que sigue existiendo, también. Después de este 8M raro, repasamos algunas de las brechas que siguen abiertas.

1. La brecha laboral

“Pese a la convergencia general entre hombres y mujeres en las tasas de participación en el mercado laboral, las mujeres siguen estando por detrás de los hombres en al menos tres dimensiones esenciales, sin que se haya observado mejora alguna en la brecha de género en los últimos 15 años”, concluye el estudio de Claudia Hupkau y Jenifer Ruiz-Valenzuela, Trabajo e hijos en España: Retos y oportunidades para la igualdad entre hombres y mujeres, publicado en EsadeEcPol.

No es solo que la tasa de desempleo siga siendo 2,5 puntos más alta para las mujeres. Los datos demuestran, además, que el desempleo desciende más lentamente desde 2013 para las mujeres que para los hombres.

La brecha está especialmente enquistada en el trabajo parcial. Las mujeres trabajan más horas, pero la proporción de mujeres con contratos a tiempo parcial apenas ha cambiado en los últimos 15 años: más del 20 % de las mujeres trabajan a media jornada, mientras que en el caso de los hombres el porcentaje nunca llega al 10 %.

La pandemia nos ha recordado que las mujeres están desproporcionadamente representadas en algunos sectores que, si bien pueden considerarse esenciales, están peor pagados. La brecha salarial no solo no se ha cerrado en este año pandémico, sino que se ha agrandado y amenaza con persistir muchos años.

Y cuánto más arriba, más ancha es la brecha.

2. La brecha de poder

El techo de cristal para las mujeres está presente en la política autonómica, como mostró la periodista Laura García: solo tres de los 17 parlamentos están actualmente presididos por mujeres. La representación parlamentaria está en línea con los objetivos de paridad, con un 53 % de diputados, en masculino. Pero no llega hasta el puesto más visible, que se elige dentro de las estructuras de los propios partidos y que supone, además de un mayor reconocimiento, una diferencia salarial considerable.

El peso relativo de las mujeres en los consejos de las empresas cotizadas españolas es del 25,8 %, según el último Informe de mujeres en el IBEXde Atrevia y el IESE. La tendencia es positiva, pero aún por lejos de un reparto equitativo. Un ejemplo sectorial muestra cómo esto ocurre también en los bancos: el informe sobre equilibrio de género en el sector bancario en 2021, elaborado por OMFIF (el Foro Oficial de Instituciones Monetarias y Financieras), reconoce que el nombramiento de Christine Lagarde como primera presidenta del Banco Central Europeo (BCE) sigue sin ser suficiente. “El número de mujeres en la Junta del BCE ha alcanzado un máximo histórico… de dos”, destaca el estudio.

Y en un ámbito especialmente visible como son los medios de comunicación, la desigualdad de género en el liderazgo también es manifiesta: aunque las mujeres suponen el 40 % del total de los periodistas, apenas el 22 % de los puestos jerárquicos está en manos de mujeres. Es uno de los hallazgos del informe del Instituto Reuters sobre Mujeres y liderazgo en los medios informativos en 2021, que analiza una muestra estratégica de 240 grandes medios online y offline en 12 mercados -que este año también incluye a España- de cuatro continentes.

Además, observan los autores del estudio, la tendencia general en el último año no muestra avances hacia una mayor igualdad. Solo el 16 % de los nombramientos realizados en el último año fue de mujeres.

Un dato más, que destaca la economista Marta Suárez-Varela, sobre el coste personal de obtener una promoción: la probabilidad de divorcio tras una mejora laboral aumenta en el caso de las mujeres, pero no en el de los hombres.

3. La brecha de los hijos

Cada vez más evidencias de que el género explica una parte de la brecha laboral, pero la madre del cordero son los hijos.

“Con la reactivación de la economía, la brecha de género empezó a aumentar de nuevo para la mayoría de estos indicadores. La situación se agrava en el caso de las mujeres con hijos, sea cual sea el indicador que se use”, señalan Hupkau y Ruiz-Valenzuela. Su análisis profundiza en la situación agravada de las madres en el mercado laboral, que tienen el doble de probabilidad de estar desempleadas. También tienen siete veces más probabilidades que los hombres en la misma situación de trabajar a tiempo parcial, y un 20 % más de probabilidades de que su contrato sea temporal.

La literatura académica sigue encontrando pruebas de la penalización que supone para las mujeres ser madres. Un ejemplo reciente es este estudio que utiliza datos casi 55.000 residentes en Alemania a lo largo de 33 años para estimar el impacto de tener hijos en los ingresos anuales de hombres y mujeres. Una de sus conclusiones es que las mujeres pierden el 63% más de sus ingresos potenciales que los hombres debido a los hijos; en euros, esto supone para ellas una pérdida media de 10.500 euros anuales durante los 20 años siguientes a tener un hijo, mientras que los hombres ingresan casi 7.000 euros más al año.

4. La brecha del tiempo

“La primera frontera de la igualdad es la disponibilidad de la propia vida”escribía esta semana el sociólogo Jorge Galindo. Y mientras las mujeres dediquen más tiempo a cuidar -de hijos, de mayores, de una casa-, sus vidas fuera del hogar arrancarán con desventaja.

La brecha en el tiempo de cuidar no ha hecho sino agrandarse durante la pandemia, como recogen Hupkau y Ruiz-Valenzuela en su artículo. “Los datos sobre el uso del tiempo muestran que las mujeres tenían más probabilidades de asumir la responsabilidad principal en la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado de los hijos, aun en el caso de que trabajaran ambos progenitores durante la cuarentena”. Se estima que la brecha de género en las horas diarioas de cuidado de los hijos se ha incrementado en más de una hora en el último año.

Aunque la desigualdad es mayor en los países más pobres, también ocurre en los más ricos, donde las mujeres hacen al menos un 20 % más del trabajo no pagado, según un informe publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2019. Incluso cuando la mujer es la única que trabaja en el hogar, el peso de las tareas recae en mayor proporción sobre ella, como revela el análisis de Joan García Román, del Centro de Estudios Demográficos de la UAB. Y el hecho de que el ‘reparto’ de las tareas del hogar sea a menudo un eufemismo dificulta la proyección laboral de las mujeres.

Pese a su naturaleza privada, las tareas del hogar no se quedan en casa. Como explicaba el artículo del FMI, la distribución de ese trabajo no remunerado, que recae desproporcionadamente en las mujeres, representa una parte importante de la actividad económica que, sin embargo, no cuenta en el PIB global. Según sus cálculos, este podría aumentar al menos un 4 % con las políticas adecuadas.

5. La brecha de las decisiones (o no)

En el estudio del FMI se hacen referencias a las limitaciones impuestas por normas culturales, características del mercado de trabajo o la falta de servicios públicos en esta distribución de estas tareas. Y también se afirma que “gran parte del trabajo de cuidados no remunerado se hace por elección”.

"No pocas veces tenemos que leer cómo no deberíamos preocuparnos por estas diferencias porque 'es lo que las mujeres quieren', 'son las preferencias', etc.", criticaba Ariane Aumaitre, que investiga sobre desigualdad. ¿Hasta qué punto responde a una preferencia que las mujeres tengan peores trabajos? Las autoras del artículo de EsadeECPol sobre madres en el mercado laboral afirman que es “muy poco probable” que las diferencias se deban únicamente a elecciones. “Los datos indican que es muy poco probable que estas preferencias, por sí solas, puedan explicar la totalidad de las diferencias observadas en los distintos indicadores laborales: más de un tercio de las mujeres con hijos de menos de 5 años de edad y más de la mitad de las que tienen hijos de 5 a 15 años y que trabajan a tiempo parcial desearían trabajar más horas”, concluyen.

Más allá de los motivos, los efectos serían suficientes para justificar la atención. "La independencia económica es crucial en el mundo en el que vivimos", concluía Aumaitre. "O te crees que las mujeres somos muy vagas o muy idiotas (nos gusta escoger trabajos mal pagados), o la brecha salarial no ajustada sigue siendo un problema a tener en cuenta", ironizaba la politóloga Berta Barbet. "No es menos problema que cobremos menos porque tenemos peores trabajos".

Y mientras la desigualdad exista, es clave entender lo que hay detrás de esas elecciones. Los intangibles, como el tiempo, tienen efectos muy visibles. Las horas de menos, el síndrome del impostor de más, las voces que no se alzan. “Son las piezas pequeñas del puzle con el que se construye y reproduce la desigualdad de género”, apuntaba la politóloga Sandra León. Las piezas grandes ya las hemos visto.

Bola extra: el INE confirma que no hay 'baby boom'

Como auguraban los expertos, la pandemia no ha revertido la tendencia de la natalidad española, sino todo lo contrario. Según los datos del INE - que ha puesto en marcha una operación experimental para estimar el número de nacimientos mensuales-, en diciembre se alcanzó un mínimo histórico

“El retraso en la edad para tener un primer hijo tiene causa y consecuencias laborales”, explicaba en la presentación del informe de EsadeECPol el profesor de la Universidad de Alcalá Juan F. Jimeno. En el momento en el que deberían empezar la promoción profesional y el ascenso en la escala dentro del mercado de trabajo, llegan las responsabilidades familiares. “Tiene que ver con lo que se tarda en encontrar un puesto de trabajo estable y, a su vez, tiene importantes consecuencias laborales porque el momento del primer hijo es un momento crucial de la vida de las mujeres”.

PD: Y sí, ya ha pasado un año desde que cambió todo.

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