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Broncas y peleas por el reloj en un Congreso de los Diputados encendido

  • Ánimos caldeados en la bancada popular durante la intervención de Rubalcaba
  • La intensidad del cara a cara Rajoy-Rubalcaba se traslada a los diputados
  • Tranquilidad durante la intervención matutina del presidente del Gobierno
  • El tiempo para intervenir, la cruz para todos los portavoces parlamentarios

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Ambiente vivido en el Congreso de los diputados durante el debate sobre el estado de la nación

Máxima expectación para ver el rifirrafe entre Rubalcaba y Rajoy. El debate del estado de la nación cambió de tono   después de comer. Las gradas del hemiciclo, a reventar, con muchos periodistas en el suelo. Ya no   estaban los presidentes de Castilla-La Mancha, Aragón y La Rioja, presentes por la mañana, pero apenas   había hueco en el sitio reservado a las autoridades.

Atrás quedaba la tranquilidad de ánimos matutina de los parlamentarios. Ni un ruido se   oía durante la intervención inicial del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, solo interrumpido por los   aplausos del Grupo Popular, que incluso desperezaban a algún diputado que bostezaba aún con sueño.

Con fuerzas renovadas tras la hora de comer, la intervención del líder del PSOE, Alfredo   Pérez Rubalcaba, despertó a sus señorías. En especial a los diputados del Partido   Popular, que abuchearon, gritaron e interrumpieron una y otra vez al secretario general de los   socialistas, arropado también por su bancada, que también aplaudió y defendió a su   portavoz.

Pero el Grupo Popular se impuso. Cuando Rubalcaba tocaba el tema de la corrupción, se oían gritos   de “¡caso campeón!” o “¡los ERE, los ERE!”; si hablaba de recortes, se   recordaba la herencia recibida. Cuando Rajoy respondía, los diputados ‘populares’ cerraban filas. El   fragor de la batalla dialéctica fue tal que hubo hasta debates paralelos entre diputados del PP y el PSOE.

Mientras,  el secretario general del PSOE pedía ser escuchado cuando hablaba de “tensiones   territoriales” y nacionalismos, y antes de proponer una reforma de la Constitución.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, tuvo que intervenir en una ocasión (a punto estuvo de hacerlo   una segunda) para defender el turno de palabra de Rubalcaba. “Está hablando, demasiado sí, pero   está hablando”, decía poco antes de recordar al líder socialista que se le acababa el   tiempo.

El tiempo de las intervenciones, problema para todos

El tiempo fue también el mayor enemigo del resto de portavoces de los grupos parlamentarios.  El que   más lo sufrió, el de ICV.  Joan Coscubiela y Jesús Posada se enzarzaron en un debate de   tiempos que ganó el presidente del Congreso.

Posada le advirtió en numerosas ocasiones al diputado de La Izquierda Plural, al que le llegó a   quitar la palabra y apagar el micrófono, de que se había excedido del tiempo estipulado.

En muchas ocasiones también fue advertido el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, al que Posada dijo que   “ya lleva tanto tiempo hablando como el señor Rubalcaba”.

Duran i Lleida, por cierto, sufrió un año más la estampida de la prensa y de los diputados. Y tuvo   que esperar un cierto tiempo antes de que el hemiciclo recuperara cierta normalidad, que no el silencio matutino, que ya no   regresó.