Oksana Masters, de las secuelas de Chernóbil a su novena medalla paralímpica
- Oksana sufrió abusos y malos tratos en el orfanato en el que estuvo hasta los siete años
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En Tokyo 2020, Oksana Masters ha conseguido su novena medalla paralímpica (3 oros, 3 platas y 3 bronces) con el oro en ciclismo contrarreloj H4-5. Desde Londres 2012, está en todas las citas paralímpicas independientemente de si son de invierno o de verano, firmando así, su quinta participación en unos Juegos Paralímpicos. La causa de su discapacidad, las radiaciones de Chernóbil. Aún así, esas solo son las cicatrices más visibles de la campeona paralímpica.
Oksana nació en Khmelnytskyi, Ucrania, en 1989. Siempre es importante el lugar y el momento del nacimiento, pero como dice la propia deportista, en este caso, cobra especial importancia. Tres años antes, a algo más de 300 km, el reactor 4 de la central nuclear de Vladímir Ilich Lenin, más conocida como Chernóbil, explotó a causa de un falló en la prueba de seguridad. Eso derivó en una nube tóxica que contaminó el cielo de Europa, pero las grandes consecuencias, a lo largo de los años, las ha vivido el propio país.
Al igual que le sucedió a muchos niños nacidos en esa época, esas radiaciones le afectaron cuando se estaba gestando en el útero de su madre. En su caso, resultó en seis dedos en cada pie, manos con cinco dedos pero palmeados y sin pulgares, la pierna derecha 15 centímetros más larga que la izquierda, falta de alguno de los huesos que soportan el peso (tibia y peroné) en ambas piernas (hemimelia tibial) y, su rodilla izquierda flotaba sobre su pierna en forma de C.
Sus padres biológicos tenían escasos recursos, y al no poder hacerse cargo de los costes médicos que generaban estas malformaciones, la llevaron a un orfanato. Ahí empezaron las penalidades para Oksana. Pasaron diversas parejas, las cuáles le decían que volverían a por ella, aunque nunca lo hicieron. Pero entonces, Gay Masters, una profesora estadounidense, quiso adoptarla en contra de los que los que le decían que cómo iba a ser madre soltera. Por un instante dudó al ver que no era un bebé sino que ya era toda una niña, pero en cuanto vió sus ojos, rellenó los papeles a la gran velocidad. Sin embargo, cuando los entregó le dijeron que Ucrania había cerrado las adopciones hasta dentro de algo más de dos años. Le recomendaron irse a Rusia a por otro niño, pero ella sabía que Oksana era su hija. Luchó por ella dos años y medio, hasta que consiguió darle una nueva vida en Nueva York.
“Mucha gente no quiere creer lo que pasa en los orfanatos, porque esos niños dan igual“
En ese tiempo, la pequeña le preguntó al director del orfanato por qué la que le habían dicho que iba a ser su mamá no había ido a por ella. A lo que este le respondió que había sido una niña mala, y nadie quería una niña mala, así que no irían a por ella. Dentro de todo lo duro que puede ser eso para una niña de cinco años, fue de los menos fuerte que vivió en ese lugar. “Mucha gente no quiere creer lo que pasa en los orfanatos, porque son niños sin familia, son rechazados, dan igual”, explicaba Oksana en el video ‘Survivor’ de The Players Tribune.
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Abusos, muerte y malos tratos durante su infancia
Una de los peores momentos según cuenta la joven de 32 años eran las noches, porque las noches significaban abusos. Explica que pintaba una habitación, en la que había dos camas situadas una en cada extremo, la puerta en el medio estaba abierta de par en par, y en el medio había una sombra negra. “Abusaron de mí”, reconoce la ucrano-estadounidense en una carta para el mismo medio. Abusaron de ella, cada día, desde los 5 a los 7 años.
Otro de los momentos más duros que relata con más tristeza es lo sucedido con su amiga, y lo que en ese momento más se acercaba a una familia para ella. Ambas, se escapaban de la cama para ir a robar algo de pan a la cocina, debido al hambre que pasaban. Uno de esos días las pillaron, corrieron y se escondieron debajo de una mesa. Pero la pequeña Oksana dio sin querer a la silla y el ruido las delató, eso sí, pillaron a su amiga. La golpearon y amenazaron a Masters diciendo que ella sería la siguiente. Fue la última vez que vio a la otra pequeña. Esa noche, según cuenta, falleció su cómplice de pillerías y juegos.
Los tatuajes y las cicatrices cuentan su historia
Un tatuaje decora su cuerpo, es una rosa, a la que acompaña una frase: “una rosa es y siempre será una rosa”, no importa lo fea que esté que siempre lo será. Y eso quiere contar la deportista paralímpica. Para ella, las cicatrices que marcan su cuerpo son como tatuajes porque todas cuentan historias, algunas que la recuerdas perfectamente y otras que las descubres por primera vez, “hay partes de mi historia que las recuerdo como si fuera ayer, partes que, para bien o para mal, encajarán siempre en mi memoria como un guante”. La diferencia es que las cicatrices no las ha elegido.
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Cuchillos, cigarros encendidos, cadenas metálicas
Ella describe el orfanato como algo frío y oscuro, casi diseñado así aposta para dar miedo. Tan frío que ver tu propio aliento era algo cotidiano. El resto de barbaridades que sucedían bajo ese tejado las describe así: “a veces, en lugar de ser gráfica, solo necesito enumerar algunas cosas que no puedo soportar: cuchillos, cigarros encendidos, cadenas metálicas… hoy en día todavía no pueden darme un masaje y que no me asuste”.
“Me costó muchísimo mirarme al espejo y no odiarme“
“Me costó muchísimo mirarme al espejo y no odiarme, darme cuenta que era algo que no podía controlar, no entiendo por qué las mujeres se tienen que sentir tan asqueadas y avergonzadas con algo”, explica Oksana. Sin embargo, el deporte le ha hecho ver que su cuerpo tiene un poder que no debe ser subestimado, y su madre por su parte, le ha hecho poder disfrutar de la vida.
Ya en Estados Unidos, Oksana tuvo que adaptarse a muchas cosas, que para cualquier persona con una infancia corriente, pueden parecer básicas: el cariño, llorar y una cama cómoda donde dormir. Gay Masters cuenta que tardó cerca de un año en llorar, ya que no quería mostrar debilidad para que no le pegaran por eso. Además, tuvo que estar un tiempo durmiendo en un suelo rígido hasta acostumbrarse a la comodidad de una cama, “era como si necesitara re-procesar el trauma de alguna manera, antes de que pudiera dejarlo ir”.
A los 9 años, pasó por la primera amputación. Fue la pierna izquierda por encima de la rodilla, y se llevó a cabo por los dolores que le provocaba la malformación. En cinco años, vivió la amputación de la pierna derecha a la misma altura. A su vez, le operaron las manos para que el quinto dedo pudiera ejercer de pulgar.
Brilla en los Paralímpicos de Invierno y Verano
En ese tiempo, Masters había practicado todos los deportes que había querido, hasta que un día a los 13, le dijeron que probara el remo adaptado. Su primera reacción fue una negativa, no quería practicar un deporte adaptado. Pero decidió probarlo ante las insistencias de su madre. “Estás en el agua y estás controlando con tus manos todo lo que haces, ahí fue cuando se encendió la chispa”, así define Oksana su primer contacto con este deporte, a lo que añade: “lo siguiente que sé es que estaba en los Juegos Paralímpicos” representando a Estados Unidos. En 2011, conoció al que iba a ser su pareja de embarcación, y en tan solo un año consiguieron el bronce en Londres.
Mientras tanto, en invierno, entrenaba practicando esquí de fondo. Esto le llevó a competir en Sochi 2014, donde se llevó una plata y un tercer puesto en este deporte. Después de esta edición invernal, una lesión de espalda le obligó a dejar el remo y buscar otro deporte. Eligió el ciclismo a mano, porque se utilizan los mismo músculos que en el esquí de fondo. Por esta modalidad, llegó a Río 2016, acabando en cuarta posición. Y en Pyeongchang 2018, se coronó como la gran deportista que es: 2 oros, 2 platas y 1 bronce.
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Oksana tiene claro que sí cuenta esto es para poder ayudar a las mujeres y los niños que estén o hayan estado en su misma posición. “No quiero que me vean como ‘lo siento, eres muy fuerte, es increíble', no quiero esas palabras porque no soy fuerte, solamente vivo mi vida como sé”, lo que concluía diciendo: “no quiero que cambie la percepción que la gente tiene de mí porque les doy pena”. En Ucrania, dice no darse cuenta de la discapacidad, “sabía que era diferente, tenía 6 dedos, pero me parecía la cosa más guay que había”. Fue en su adolescencia donde comenzó a notarlo y esconderlo. Ahora, lo muestra sin ningún problema en sus redes sociales, además de tener una carpeta llamada ‘legs’ donde muestra el proceso para construir estas prótesis.
Llegó a los Juegos tras someterse a una operación en la pierna 100 días antes de que dieran comienzo, teniendo que aprender prácticamente a andar otra vez con las prótesis. Pero como dice Oksana, sus acciones, no sus experiencias, son las que la han llevado hasta donde está, y no podía parar de luchar en este momento. Así que se ha llevado el oro, con posibilidades de aumentar esta gesta en la final del miércoles 1 de septiembre.