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La guerra comercial entre EE.UU. y China, un conflicto que amenaza a la economía mundial

  • Ambos se han aplicado mutuamente aranceles sobre la mayor parte de los productos que importan desde el otro
  • El FMI avisa de que el crecimiento mundial se reducirá por la guerra comercial, de la que nadie saldrá beneficiado

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El presidente de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos, Donald Trump, en una imagen de archivo
El presidente de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos, Donald Trump, se saludan en una imagen de archivo. REUTERS/Thomas Peter/File Photo

Desde hace casi un año y medio, Estados Unidos y China libran una guerra comercial impulsada por el proteccionismo económico que abandera el presidente norteamericano. El objetivo de Donald Trump es negociar con el gigante asiático, al que acusa de realizar prácticas comerciales desleales, y reducir el elevado déficit exterior de la primera economía mundial respecto de su competidora.

La diferencia entre lo que exporta y lo que importa EE.UU. a China es cada vez más abultada y supera ya los 400.000 millones de dólares (unos 350.000 millones de euros). Washington reprocha a Pekín ser el responsable de este desequilibrio y le exige que adquiera más productos Made in USA, así como reducir subvenciones a empresas públicas o prohibir la "violación" de la propiedad intelectual estadounidense.

Mientras, todos los organismos internacionales advierten de que el conflicto entre las dos potencias mundiales, que a su vez son sus principales socios comerciales, se ha convertido en la gran amenaza para la expansión económica global. No en vano el FMI espera que este año la mayor parte de los países sufran una desaceleración.

La guerra comercial se traslada estos días a la cumbre del G-20 de Osaka (Japón). Allí los líderes de ambos países, el presidente chino, Xi Jinping, y el estadounidense, Donald Trump, se reunirán con el objetivo de poner fin al pulso económico, cuyo origen se remonta a los inicios de 2018.

La guerra comercial entre EEUU y China

La guerra comercial entre EEUU y China RTVE.es

Cuatro batallas y una tregua en 2018

El primer movimiento tiene lugar hace casi un año y medio, en febrero de 2018. Entonces Estados Unidos impuso aranceles sobre la importación de lavadoras y paneles solares que afectaban a productos valorados en 10.300 millones de dólares. La medida no se dirigió contra ningún país en concreto, pero afectó sobre todo a dos: Corea del Sur -que llevó el caso a la Organización Mundial del Comercio (OMC)- y a China, máximo productor mundial de paneles solares.

El siguiente objetivo de EE.UU. fue el aluminio y el acero, a los que puso una tasa del 10% y del 25%, respectivamente, por motivos de "seguridad nacional". Como en el primer paso proteccionista, la medida iba dirigida al conjunto de importaciones, pero Trump libró a varios países de ella. La respuesta de los afectados no se hizo esperar y surgieron aranceles en respuesta en Canadá, Turquía, China y la Unión Europea, entre otros, tasas que en la mayoría de los casos siguen vigentes.

Lo anterior solo era el preludio de lo que iba a ocurrir. Washington fijó su objetivo en las presuntas prácticas desleales de Pekín y preparó la imposición de aranceles a miles de productos importados desde China, provocando la respuesta del gigante asiático. Pese a las amenazas, las nuevas tasas no se aplicaron hasta el verano. Fueron restricciones a productos valorados en 50.000 millones de dólares que, de manera recíproca, establecieron las dos mayores potencias económicas.

Pocas semanas después, en septiembre, Trump daba una vuelta de tuerca más al establecer un arancel del 10% a bienes valorados en 200.000 millones de dólares y amenazó con subirlo al 25%. China hizo lo propio, pero sobre una cantidad inferior (60.000 millones de dólares). De esta forma, más del 90% de las importaciones que realiza el país procedentes de EE.UU. y el 46% de las que realiza hacia la primera potencia mundial se han visto afectadas por una penalización arancelaria.

Subida de aranceles, negociación y Huawei

Ambos países se dieron una tregua para negociar, un alto que se rompió en mayo de este año. Washington acusó a China de incumplir sus promesas de realizar cambios en su economía, como dar menos subsidios a las empresas estatales y facilitar el acceso al país asiático de compañías norteamericanas, así como las transferencias de tecnología forzadas a las expresas extranjeras y la "violación" de la propiedad intelectual estadounidense.

En ese momento Trump ordenó subir del 10% al 25% la tasa que se impuso a miles de productos en septiembre de 2018. Xi Jinping respondió con una medida igual que entró en vigor en junio. Al mismo tiempo, declaraba una emergencia nacional para prohibir a las compañías de su país usar equipos de telecomunicaciones fabricados por empresas que supuestamente intentan espiar a EE.UU., lo que ha afectado de plano a Huawei, el mayor fabricante de equipos de telecomunicaciones del mundo.

"Los aranceles son una gran herramienta de negociación", escribía Trump en la red social Twitter, donde se declaró listo para volver a actuar. "China no quiere librar una guerra comercial, pero no nos asusta librarla. (...) Responderemos con determinación y lucharemos hasta el final", aseguraba el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Geng Shuang, en declaraciones recogidas por Reuters.

Pese a todo, ambos países han vuelto a retomar el contacto para llegar a un acuerdo en la cumbre del G-20 de Osaka (Japón), cita a la que llegan bajo la amenaza estadounidense de gravar la totalidad de importaciones chinas (productos valorados en 300.000 millones de dólares) y el temor de los inversores a que el país asiático tome represalias poniendo a empresas de EE.UU. en listas negras o prohibiendo las exportaciones de tierras raras, imprescindibles para la fabricación de móviles.

¿A quién afectan los aranceles que se imponen a China?

No están de acuerdo con su presidente muchas empresas de comercio minorista de Estados Unidos, como J. C. Penney Co y Macy's, que se han opuesto a que haya más aranceles a bienes chinos porque, entre otras cosas, esto afectará a los consumidores, que tendrían que pagar más por sus productos, unos 12.200 millones de dólares adicionales cada año en ropa, calzado, juguetes y artículos para el hogar.

Es lo que revela un estudio de la Federación Nacional de Minoristas (NRF, por sus siglas en inglés) recogido por Reuters y que revela qué ocurriría si Trump cumple su amenaza de ampliar los aranceles a otros bienes importados de China por valor de 300.000 millones de dólares. El motivo de este aumento del coste es que los minoristas no pueden cambiar de proveedores de un día para otro.

Los aranceles impuestos por EE.UU. a bienes chinos buscan que no se consuman productos de ese país. Pero si no lo hacen, son los importadores estadounidenses los que los tienen que abonarlos, no las empresas chinas. Por eso, si no los repercuten en los consumidores, deben afrontar una bajada del margen de ganancias o tienen que reducir costes (como por ejemplo despidos).

Por otra parte, los datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos reflejan ya el efecto de la guerra comercial entre ambos países. En el primer cuatrimestre de 2019, las importaciones chinas en el país americano han bajado un 12,8% respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que las exportaciones estadounidenses al país asiático han caído más, un 20,9%.

Nadie sale beneficiado de la guerra comercial, avisa el FMI

Ante esta situación, China ha optado por rebajar los aranceles a otros países, como son Japón, Alemania o Canadá, según un estudio del Peterson Institute for International Economics (PIIE, por sus siglas en inglés). Desde el año pasado, el gigante asiático ha reducido las tasas a las importaciones del resto del mundo del 8% al 6,7%.

Con este movimiento, Pekín busca minimizar el daño económico para su economía: por una parte sus empresas y sus consumidores pueden buscar proveedores lejos de EE.UU. y, por otra, mantiene parte de la cuota de mercado. De paso, le asestan otro golpe a su rival, que ve cómo las compañías de otros países tienen acceso a productos chinos, más baratos.

La guerra comercial no va a beneficiar a nadie a largo plazo, ha asegurado esta misma semana la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. El organismo, según recoge Efe, teme una "reducción del 0,5% del crecimiento mundial para 2020 como resultado del incremento del 25% en los aranceles del comercio entre EE.UU. y China".

El pasado mes de abril, el Fondo ya alertaba de que este año la economía mundial se iba a ralentizar por -entre otros motivos- las tensiones comerciales entre las dos mayores economías. Por eso redujo en dos décimas respecto a lo calculado en enero, hasta el 3,3%, el crecimiento estimado, con el 70% de la economía global desacelerándose.

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